Normalmente esta palabra de “Navidad” nos trae
brisas de alegría y nos da contento el saber que
estamos en el día de los regalos, del arbolito o el
“nacimiento”, de los adornos, de la buena comida.
Es porque estamos celebrando un cumpleaños
especial. Pero ¿De quién? Desgraciadamente muchos
que abundan en la comida y sobre todo en la bebida
no nos podrían dar una respuesta exacta. Tampoco
tendrán preparado un regalo para el cumpleañero.
Pero nosotros sí lo sabemos y queremos prepa-
rar, si no lo tenemos, un buen regalo para Él.
En este año de la misericordia bueno es recordar que la
misericordia de Dios se ha hecho realidad ante la
humanidad en el nacimiento del Hijo de Dios.
O como dice el papa
Francisco en la
convocatoria de este
año jubilar: “Dios no
ha cesado de dar a
conocer su
misericordia. En la « 
plenitud del tiempo » 
(Gal 4,4), cuando todo
estaba dispuesto
según su plan de
salvación, Él envió a
su Hijo nacido de la
Virgen María para
revelarnos de manera
definitiva su amor.
Y aquí tenemos la misericordia de
Dios hecha Niño para mejor salvarnos.
para
que el
hombre
pueda
llegar a
ser hijo
de
Dios.
Y ahí queremos estar nosotros como los pastores o los
magos de Oriente para adorarle. Y para
darle un beso de amistad.
¿Y qué le vamos a decir? Debemos agradecerle todo ese
inmenso amor y decirle que le queremos corresponder
con un gran amor.
Y como muestra de amor
debemos darle algún regalo.
Él no necesita ningún regalo
material, porque todo lo
hubiera podido tener. Sin
embargo no rechazaría
muchas cosas materiales para
tantos niños, y no tan niños,
que viven necesitados,
porque en las casas pobres
también Jesús quiere nacer y
quiere que allí se sientan
contentos.
Pero quiere sobre todo
nuestro corazón. El
ofrecer nuestro corazón,
suena bonito, pero no es
fácil. Es poner nuestro
corazón junto al suyo
para tener “los mismos
sentimientos”. Y en este
año especialmente
imitarle en sus entrañas
de misericordia.
Parece decirnos que para ser grandes en el Reino de
Dios, no es necesario tener mucho dinero y poder. Más
bien esto suele ser impedimento, porque los que tienen
mucho de lo material se creen que todo lo pueden y que
no necesitan de nadie ni de Dios.
Hay una
gran
lección
que nos
quiere dar
Jesús
desde su
nacimiento
en Belén:
Los que se
sienten más
cómodos en el
Reino de Dios (y
ante el portal de
Belén) son los
que, viviendo con
su trabajo
normal, tienen un
corazón de niño,
porque ponen su
confianza en
Dios, como los
pastores.
Por eso en Belén no había campanas ni fiestas.
Pero había muchísimo amor y entrega.
Automático
en Belén
un niño
lloraba,
mientras
su madre
sufría.
Y sin
embargo
en Belén
era Dios
el que
nacía.
no hubo
en Belén
cumplidos
ni
agasajos.
en Belén
un niño
lloraba,
mientras
su madre
sufría.
Y sin
embargo
en Belén
era Dios
el que
nacía.
no hubo en
Belén
despliegue
de
invitados.
En Belén
hubo ternura
y
sentimientos
En Belén
no había
campanas,
en Belén
no había
alegría,
en Belén
un niño
lloraba,
mientras
su madre
sufría.
Y sin
embargo
en Belén
era Dios
el que
nacía.
En Belén un
niño lloraba,
mientras su
madre sufría.
Y sin embargo
en Belén era
Dios el que
nacía.
Y sin
embargo
en Belén
era Dios el
que nacía.
Así también
nosotros
estemos en
las manos
de María.
AMÉN

Navidad. 2015