El documento describe un juego educativo llamado CASHFLOW diseñado para enseñar conceptos financieros básicos. La autora, una contadora, participó en una prueba del juego con su hija y otros. Aunque al principio estaba escéptica, se dio cuenta que el juego hacía que aprender contabilidad e inversiones fuera divertido. Observó que los otros jugadores adultos sabían poco sobre finanzas a pesar de sus ocupaciones, y concluyó que el juego llenaba una necesidad de mejorar la educación financiera.