El documento argumenta que a veces el silencio vale más que las palabras. Señala que hay cosas demasiado bellas para describirlas con palabras y que es mejor admirarlas en silencio. También sugiere que pocas palabras son necesarias para expresar lo esencial, mientras que los discursos largos solo sirven para confundir. Además, propone que una mirada puede decir más que mil palabras y que la naturaleza nos dio dos orejas y una lengua para que escuchemos más y hablemos menos.