Oh, tú, el más sabio y el más hermoso de los Ángeles, /
Dios traicionado por la suerte y privado de toda alabanza.
Príncipe del exilio, / que padece injusticia, y que, aunque
vencido, te levantas más fuerte. / Tú que lo sabes todo / rey de lo
subterráneo, / familiar curador de la angustia humana.
Tú, que aún a los leprosos y a los parias
malditos despiertas, por amor, el gusto al Paraíso /
Oh, tú que de la muerte / tu vieja y fiel amante / engendras
la esperanza / ¡que loca encantadora! / Tú que das al
proscrito esa mirada, calma que, en torno a un patíbulo
condena a todo un pueblo. / Tú que sabes en qué rincones
de tierras envidiadas encierra el Dios celoso / las piedras
más preciadas. / Tú, cuya mirada conoce los profundos
arsenales donde duerme sepultado / el pueblo de los metales. /
Tú, cuya larga mano oculta los precipicios al sonámbulo
que camina errante al borde de los edificios. / Tú que
magníficamente suavizas los duros huesos del borracho
empedernido pisado por los caballos. / Gloria y loor a tí
Satán, / en las alturas del Cielo, donde reinas, y en las
profundidades del Infierno, donde, vencido, sueñas en
silencio. / Haz que mi alma un día, bajo el Árbol de la
Ciencia, cerca de tí repose, / cuando sobre tu frente, igual
que un Templo nuevo, esparza su ramaje. / Tú, que para
consolar al hombre frágil que sufre, / nos enseñas a mezclar
el salitre y el azufre. / Tú que imprimes tu marca, / oh
cómplice sutil, en la frente de Creso / despiadado y vil. / Tú
que pones en los ojos y en el corazón de las jóvenes / el culto
de las llagas y el amor por los andrajos. / Báculo de exiliados,
lámpara de inventores, / confesor de colgados y de conspiradores. /
Padre adoptivo de aquellos que en su negra cólera
arrojó del Paraíso terrenal el Dios Padre.
Espero que algún día, por casualidad, te topes con esto.
Para: José Rubén Nacero Leoni.
De: Tú sabes quién soy.

Para j.r.n.l.

  • 1.
    Oh, tú, elmás sabio y el más hermoso de los Ángeles, / Dios traicionado por la suerte y privado de toda alabanza. Príncipe del exilio, / que padece injusticia, y que, aunque vencido, te levantas más fuerte. / Tú que lo sabes todo / rey de lo subterráneo, / familiar curador de la angustia humana. Tú, que aún a los leprosos y a los parias malditos despiertas, por amor, el gusto al Paraíso / Oh, tú que de la muerte / tu vieja y fiel amante / engendras la esperanza / ¡que loca encantadora! / Tú que das al proscrito esa mirada, calma que, en torno a un patíbulo condena a todo un pueblo. / Tú que sabes en qué rincones de tierras envidiadas encierra el Dios celoso / las piedras más preciadas. / Tú, cuya mirada conoce los profundos arsenales donde duerme sepultado / el pueblo de los metales. / Tú, cuya larga mano oculta los precipicios al sonámbulo que camina errante al borde de los edificios. / Tú que magníficamente suavizas los duros huesos del borracho empedernido pisado por los caballos. / Gloria y loor a tí Satán, / en las alturas del Cielo, donde reinas, y en las profundidades del Infierno, donde, vencido, sueñas en silencio. / Haz que mi alma un día, bajo el Árbol de la Ciencia, cerca de tí repose, / cuando sobre tu frente, igual que un Templo nuevo, esparza su ramaje. / Tú, que para consolar al hombre frágil que sufre, / nos enseñas a mezclar el salitre y el azufre. / Tú que imprimes tu marca, / oh cómplice sutil, en la frente de Creso / despiadado y vil. / Tú que pones en los ojos y en el corazón de las jóvenes / el culto de las llagas y el amor por los andrajos. / Báculo de exiliados, lámpara de inventores, / confesor de colgados y de conspiradores. / Padre adoptivo de aquellos que en su negra cólera arrojó del Paraíso terrenal el Dios Padre. Espero que algún día, por casualidad, te topes con esto. Para: José Rubén Nacero Leoni. De: Tú sabes quién soy.