Este documento discute la relación entre la imagen de Dios y la prosperidad familiar. Argumenta que la imagen de Dios es la unidad entre el hombre y la mujer, viviendo como una sola vida expresada en dos personas, representando el misterio de Cristo y la iglesia. Solo al aceptar y vivir esta unidad se cumple con el diseño divino para el matrimonio. Además, la bendición de Dios sobre la familia sigue a la imagen de Dios, por lo que esta es fundamental para alcanzar la prosperidad familiar.