Rosa María Pérez Acosta homenajea a su amiga en el primer aniversario de su partida, expresando el dolor de su pérdida y la persistente presencia de los recuerdos compartidos. Aunque anhela poder volver a abrazarla, reconoce que ha llegado su tiempo y que ahora está en un lugar de paz. La autora afirma que la vida es efímera y que el recuerdo de su amiga vivirá eternamente en los corazones de quienes la amaron.