El caminante




                        Capítulo I

        Estaba tan cansado que había decidido envejecer sentado.
A ojos ajenos parecía enguyido por su soledad, pero él se sabía
acompañado. –No estoy sólo– se decía –estoy con el mundo–. Lejos
de justificar su soledad, se deleitaba compartiéndola. Ya había
olvidado que su cuerpo estaba sucio. De hecho, aún que lo hubiera
recordado no le habría importado lo más mínimo. Cerraba los ojos y
se abstraía respirando lenta y profundamente como si burlara el
paso del tiempo. Sin embargo, su piel morena y su pelo canoso
delataban el desgaste de una vida entera.


Él no pedía dinero, simplemente saludaba a los transehuntes que,
de vez en cuando, le daban alguna moneda. Ya no le importaba que
no le dieran dinero, sin embargo, le seguía poniendo enfermo que le
negaran el saludo. No podía soportar a la gente maleducada. De
hecho, cada vez que alguien pasaba enfrente suyo y miraba hacia
otro lado, él refunfuñaba entre dientes. A veces, la gente que se
dignaba a mirarle apartaba enseguida la vista pues sus ojos eran
como espejos de la estupidez. Preferían refugiarse en la ignoracia a
enfrentarse a esa temible mirada fría.


Por la noche la ciudad se vestía de colores alegres para disfrazar la
El caminante


apatía de un pueblo agonizante. Los ciudadanos decían divertirse
bebiendo alcohol y llamando la atención .


Quien escuchaba estas palabras, pronunciadas por él, se sentía
esclarecido y en posesión una nueva verdad absoluta.
<


Alma impoluta




                         Capítulo II
       A Guillermo y a mí, no nos apetecía salir a perdernos en el
bullicio y decidimos quedarnos en mi casa. Preparamos su cama y
nos dispusimos a dormir, no sin antes prolongar la conversación.
Las palabras despertaron en nosotros un instinto extraño que nos
obligó a salir de casa para seguir conversando. Como bien
dedujimos después, salimos a buscar algo sin saber realmente qué.
El tema de la discusión debía ser de carácter profundo, pero tratado
con la superficialidad de quien pasea y dialoga a la vez. Decidimos,
por lo tanto, inconscientemente sentarnos en un banco a la vera del
El caminante


río.


Encuentro
           Sin darnos cuenta estábamos volviendo
plaza
discusión
           generalización
           infantil o pueril
           filosofía
calle peligrosa
banco
silencio
mal estar
           poner a prueba la confianza
bien estar
           la risa de la verdad absoluta
estación
amigo
           Alejándonos del meollo, o más bien buscando a nuestro
compañero que se había alejado un poco, un amigo.
           Nos preguntó uno a uno –¿Habéis dado siempre el máximo
en todo lo que os habéis propuesto?-. A lo que Guillermo contestó
negativamente, yo hice lo mismo, sin embargo, su amigo contesto
afirmativamente. Sergio se enfadó, le miró fijamente a los ojos y se
lo volvió a preguntar. Esta vez, tardó un poco más en responder,
El caminante


pero su respuesta seguía siendo afirmativa. -¡Mentiroso!- gritó
Sergio -¡Eres un mentiroso!-.


Je en t'agrèsse pas, je te carèsse. ¿Tú hiciste todo lo posible para
no ir a la cárcel? No, porque yo no quiero volver a veros.
vuelta a la realidad
realidad modificada

Sergio

  • 1.
    El caminante Capítulo I Estaba tan cansado que había decidido envejecer sentado. A ojos ajenos parecía enguyido por su soledad, pero él se sabía acompañado. –No estoy sólo– se decía –estoy con el mundo–. Lejos de justificar su soledad, se deleitaba compartiéndola. Ya había olvidado que su cuerpo estaba sucio. De hecho, aún que lo hubiera recordado no le habría importado lo más mínimo. Cerraba los ojos y se abstraía respirando lenta y profundamente como si burlara el paso del tiempo. Sin embargo, su piel morena y su pelo canoso delataban el desgaste de una vida entera. Él no pedía dinero, simplemente saludaba a los transehuntes que, de vez en cuando, le daban alguna moneda. Ya no le importaba que no le dieran dinero, sin embargo, le seguía poniendo enfermo que le negaran el saludo. No podía soportar a la gente maleducada. De hecho, cada vez que alguien pasaba enfrente suyo y miraba hacia otro lado, él refunfuñaba entre dientes. A veces, la gente que se dignaba a mirarle apartaba enseguida la vista pues sus ojos eran como espejos de la estupidez. Preferían refugiarse en la ignoracia a enfrentarse a esa temible mirada fría. Por la noche la ciudad se vestía de colores alegres para disfrazar la
  • 2.
    El caminante apatía deun pueblo agonizante. Los ciudadanos decían divertirse bebiendo alcohol y llamando la atención . Quien escuchaba estas palabras, pronunciadas por él, se sentía esclarecido y en posesión una nueva verdad absoluta. < Alma impoluta Capítulo II A Guillermo y a mí, no nos apetecía salir a perdernos en el bullicio y decidimos quedarnos en mi casa. Preparamos su cama y nos dispusimos a dormir, no sin antes prolongar la conversación. Las palabras despertaron en nosotros un instinto extraño que nos obligó a salir de casa para seguir conversando. Como bien dedujimos después, salimos a buscar algo sin saber realmente qué. El tema de la discusión debía ser de carácter profundo, pero tratado con la superficialidad de quien pasea y dialoga a la vez. Decidimos, por lo tanto, inconscientemente sentarnos en un banco a la vera del
  • 3.
    El caminante río. Encuentro Sin darnos cuenta estábamos volviendo plaza discusión generalización infantil o pueril filosofía calle peligrosa banco silencio mal estar poner a prueba la confianza bien estar la risa de la verdad absoluta estación amigo Alejándonos del meollo, o más bien buscando a nuestro compañero que se había alejado un poco, un amigo. Nos preguntó uno a uno –¿Habéis dado siempre el máximo en todo lo que os habéis propuesto?-. A lo que Guillermo contestó negativamente, yo hice lo mismo, sin embargo, su amigo contesto afirmativamente. Sergio se enfadó, le miró fijamente a los ojos y se lo volvió a preguntar. Esta vez, tardó un poco más en responder,
  • 4.
    El caminante pero surespuesta seguía siendo afirmativa. -¡Mentiroso!- gritó Sergio -¡Eres un mentiroso!-. Je en t'agrèsse pas, je te carèsse. ¿Tú hiciste todo lo posible para no ir a la cárcel? No, porque yo no quiero volver a veros. vuelta a la realidad realidad modificada