En junio de 2016, el Banco Popular llevó a cabo una ampliación de capital de 2.500 millones de euros para afrontar problemas de solvencia y mejorar su situación financiera ante pérdidas acumuladas. A pesar de un beneficio de 998 millones en el negocio principal, sus pérdidas totales alcanzaron los 3.600 millones debido a provisiones y otros factores, lo que llevó a la entidad a ser adquirida por el Santander en un proceso de resolución bajo el mecanismo único. Durante este tiempo, varios fondos de inversión ajustaron sus posiciones en las acciones del Banco Popular, con movimientos significativos de BlackRock en su capital social.