Este documento discute tres puntos sobre los videojuegos independientes. Primero, describe el juego de Daniel Benmergui como un pasillo estrecho sin texto o contexto donde el jugador avanza. Segundo, contrasta este enfoque minimalista con las tendencias cinemáticas de las grandes consolas. Tercero, argumenta que los mejores juegos como Braid usan los recursos propios de los videojuegos en lugar de cinemáticas para generar una reacción emocional en el jugador.