Pacific Press®Publishing AssociationNampa, IdahoOshawa, Ontario, Canadawww.pacificpress.comTeperdono,pero…Sabemos que debe...
TE PERDONO, PERO…ReconocimientosUn libro como este, que ha tomado tanto tiempo desarrollar, es el resultadode muchas contr...
ContenidoPrefacio. .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  ....
Prefacio¿Alguna vez le ha pasado? Cree que ha perdonado a una persona y seha olvidado de toda la situación, pero de repent...
TE PERDONO, PERO…puerta a la autorrenovación y a la reconciliación.En lo personal, yo llegué a valorar esta joya preciosa ...
PREFACIOsu único hijo moreno. La identidad sexual dudosa de Ralph, que todosnosotros atribuíamos a la homosexualidad, no a...
10TE PERDONO, PERO…vía el regalo, no con sólo ayudarme a alcanzar mis objetivos, sino enverlo verdadera y profundamente fe...
11PREFACIOdecir: “Lo siento tanto”. Y yo sólo contestaba: “Oh, papá, yo lo sientotambién”.Fue el principio de un largo via...
12TE PERDONO, PERO…7. Cuál es la relación entre la justicia y el perdón.8. Cómo la memoria puede contribuir a alimentar la...
13IntroducciónRecientemente hice una búsqueda superficial de libros sobre el temadel perdón y encontré más de 900 títulos ...
14TE PERDONO, PERO…Aunque Galli se refiere al tema de la tortura, fácilmente podríamosemplear las mismas bases para defend...
15INTRODUCCIÓNmuerto, nos dio nueva vida a través del perdón gracias a la cruz de nues-tro Salvador y Señor Jesucristo. El...
16TE PERDONO, PERO…profundamente incrustado en quienes somos como seres humanos, elamor lo está incluso a un nivel más pro...
17Capítulo UnoLa anatomía de unaofensaErrar es humano, perdonar es divino —Alexander PopeVivimos en un mundo en el que la ...
18TE PERDONO, PERO…dolor, así es. Por eso es que la mente humana no distingue algunos mati-ces teóricos en la vida real. L...
19busca desplazar la responsabilidad por sus sentimientos heridos fuera desí misma (culpa a otra persona y llora), a la ve...
20TE PERDONO, PERO…ese entonces Sara ha tenido tiempo para pensar y aprecia que Raquel tome lainiciativa de comenzar una c...
21humo que permite al ofensor ocultar su culpa. Este tipo de ocultamientopermite que la culpa, la vergüenza y el enojo sup...
22TE PERDONO, PERO…doctores esperaban que muriera de un ataque fulminante. Todos emitie-ron el mismo diagnóstico, excepto ...
23críticas? ¿Habría ayudado a Sara a convertirse en una mejor hermana? Dehecho, es mucho más factible que Sara olvidara su...
24TE PERDONO, PERO…ConfrontaciónPara superar el resentimiento, la próxima decisión que debe tomarsees si confrontar o no a...
25decidió visitarlo en el hospital.Para cuando entró a su habitación, Gene se había enterado de que susituación no era tan...
26TE PERDONO, PERO…mite que tarde o temprano nos trae a la mesa con nuestra culpa y unaconfesión. Ese límite está conectad...
27e) Si pudiese volver atrás, ¿qué enfoques habría empleado para “con-frontar” al ofensor?f) Si todavía guarda sentimiento...
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Te perdono pero...sabemos que debemos

  1. 1. Pacific Press®Publishing AssociationNampa, IdahoOshawa, Ontario, Canadawww.pacificpress.comTeperdono,pero…Sabemos que debemos,pero, ¿por qué es tan difícil?Lourdes E. Morales-Gudmundsson
  2. 2. TE PERDONO, PERO…ReconocimientosUn libro como este, que ha tomado tanto tiempo desarrollar, es el resultadode muchas contribuciones. Quiero agradecer a todas las directoras de Ministe-riosparalaMujer,alospastoresyoficialesaniveldelasiglesias,lasasociaciones,uniones y divisiones que han creído en mi ministerio del perdón y me han in-vitado a compartir mis seminarios con sus congregaciones. Me siento profun-damente agradecida con todas las mujeres y los hombres que han asistido a misseminarios a lo largo de los años y han compartido sus historias conmigo, per-mitiéndome entender mejor el potencial sanador del perdón.También deseo agradecer a Roger Morton, de Quality Life Seminars(Seminarios de calidad de vida), quien me ayudó a publicar mi seminarioen vídeo y en DVD. Y ¿qué hubiera podido hacer sin la ayuda de misamigos y colegas en la Universidad de La Sierra que me dieron libros yartículos, muchos de los cuales se citan en este libro? Un agradecimientoespecial a Iris Landa por compartir conmigo todos esos libros y grabacio-nes sobre el tema del perdón.Extiendo un agradecimiento especial al Dr. Lawrence Geraty (teólogo ypresidente de la Universidad de La Sierra); el profesor Frederic Luskin(Stanford Forgiveness Project [Proyecto de perdón de Stanford]); el profe-sor Douglas Morgan (historiador y director de Adventist Peace Fellowship[Hermandad adventista de paz], Colegio de la Unión de Columbia); elprofesor Daniel Smith-Christopher (teólogo y director de Peace Studies[Estudios de la paz], Universidad de Loyola Marymount), el profesor Geor-ge Knight (Universidad de Andrews) y el profesor Everett L. Worthington,hijo (psicólogo y estudioso del perdón en la Universidad de la Comunidadde Virginia), que tomaron el tiempo para leer y recomendar mi manuscrito.Otra persona que me bendijo con su sabiduría mientras yo luchaba porterminar este libro es Pat Habada (TEAM), quien me ayudó a ver cómodebía reenfocar este estudio. ¡Gracias, Pat!Finalmente, mi gratitud sincera para Russell Holt, Nicole Batten,Bonnie Tyson-Flyn y Miguel Valdivia, de Pacific Press, quienes trabaja-ron conmigo para asegurar la alta calidad del producto final.
  3. 3. ContenidoPrefacio. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13CÓMO EL PERDÓN SANA LAS HERIDAS:¿Cómo es que una ofensa nos perjudica? ¿Qué es en esencia elperdón y cómo funciona? ¿Por qué tengo que perdonar?Capítulo 1: La anatomía de una ofensa. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17Capítulo 2: ¿Qué es el perdón?. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 28Capítulo 3: ¿Por qué los cristianos deben perdonar?. . . . . . . . . . . . 48LO QUE LA BIBLIA ENSEÑA ACERCA DEL PERDÓN¿Qué enseña la Biblia que nos ayudará a perdonar?Capítulo 4: Doce principios bíblicos del perdón . . . . . . . . . . . . . . 59EL VIAJE POR EL CAMINO AL PERDÓNAvanzando desde el rencor al perdón. Manteniendola promesa del perdón.Capítulo 5: El camino desde el rencor al perdón. . . . . . . . . . . . . . . 95Capítulo 6: Cómo conservar la promesa del perdón. . . . . . . . . . . 118EL PERDÓN Y LA ORACIÓNLa oración y el hábito de “probar”. La oracióny el temor. La oración y el Espíritu.Capítulo 7: La oración: la clave para el perdón. . . . . . . . . . . . . . . 146Apéndice. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 155Obras consultadas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 156Obras citadas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 165Referencias. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 172
  4. 4. Prefacio¿Alguna vez le ha pasado? Cree que ha perdonado a una persona y seha olvidado de toda la situación, pero de repente se encuentra recordan-do todo “aquello” mientras charla con un amigo o en alguno de esosmomentos espontáneos de reflexión. Se siente mal consigo mismo por-que en verdad creía que ya había ganado esa victoria. Pero allí está “aque-llo” otra vez: recuerda lo que esa persona le hizo y cómo lo hizo sentir ycómo ha afectado toda su vida y… Y entonces, para empeorar las cosas,se acuerda: Pero… ¡yo soy cristiano!Este libro es para cristianos que necesitan perdonar o que han perdonado,pero… En otras palabras, es para aquellos cristianos que creen que el perdónes importante para su bienestar espiritual, pero que quizá no entienden quées el perdón realmente y no consiguen de ninguna forma superar una ofensaprofunda: la traición del cónyuge, un amigo cercano que ha dejadodehablar-le, un tío que abusó sexualmente de usted cuando era niño/a, un miembro dela iglesia que le ha robado un dinero que le debía.Para que usted mantenga su promesa de perdón, ayudará si entiendequé es lo que sucede cuando alguien le ofende; qué es y qué no es el per-dón; y cómo se relaciona a algunos temas que tienen que preceder o seguirla decisión del perdón. En las siguientes páginas encontrará las respuestasa estas y a otras preguntas relacionadas: ¿Qué es el perdón? ¿Por qué deboperdonar? ¿Cómo hago para llegar al punto en que quiero perdonar o per-donar nuevamente? ¿Por qué es tan difícil recuperarse de ciertas ofensas?¿Puede el olvido ayudarme a perdonar? ¿Si busco la justicia, significa queno he perdonado? Más importante, este libro contesta las preguntas:¿Cómo puedo estar seguro/a de que he perdonado? Una vez que estoyseguro/a de que he perdonado, ¿cómo puedo conservar el perdón?Los encuentros que he tenido durante casi dos décadas de presentar elseminario “Te perdono, pero…” han sido una revelación para mí. Dentroy fuera de Estados Unidos, hablando con iglesias adventistas y en retirosespirituales para mujeres y para familias, he podido apreciar la capacidadque tiene este tema para afectar profundamente a las personas y abrir la
  5. 5. TE PERDONO, PERO…puerta a la autorrenovación y a la reconciliación.En lo personal, yo llegué a valorar esta joya preciosa a través de múlti-ples encuentros personales dolorosos con mi padre, encuentros que meforzaron a encarar mis propios problemas con el perdón.La relación que compartí con mi padre, un artista dotado, un provee-dor responsable para la familia y un esposo cariñoso, pero un padre queen lo esencial estuvo ausente de nuestras vidas hasta su vejez, había llega-do a ser una fuente de culpabilidad en mi vida. Mientras crecíamos, mishermanos y yo sabíamos que nuestro padre provenía de un hogar que-brantado, que su padre estuvo ausente de su vida, y que no estaba conec-tado a ninguna iglesia y no creía en la religión organizada. Pero aun asíyo no podía entender su decisión de vivir lejos de su familia y llegar alhogar solamente los fines de semana, siempre tan malhumorado. Parecíasiempre que su mayor deseo fuera que sus hijos no estuvieran presentes.Yo resentía el hecho que él rehusaba compartir con nosotros en laiglesia y en los cultos familiares del hogar. Al mismo tiempo, sentía alivioporque no estaba con nosotros, porque así no nos hacía la vida tan mise-rable. Papá al fin se unió a la iglesia cuando se jubiló, ¡porque sabía quela vida de mamá era la iglesia, y que si él quería pasar tiempo con ella,tendría que ser en la iglesia! Sin más haber, la única virtud de papá eraque adoraba a mamá; y resultó que esta fue su salvación en más de unsentido.Sin embargo, en aquel entonces, yo no estaba dispuesta a considerarsu decisión de bautizarse como nada más que una conversión por conve-niencia, sólo uno más de los trucos manipuladores de papá. Él tenía elhábito de portarse bien con nosotros sólo cuando quería algo: Raúl era elhijo favorito si necesitaba que alguien fuera a comprar el café cuandomamá no estaba mirando (tengo que admitir que el café era su único vi-cio); yo era la favorita cuando necesitaba jactarse de que uno de sus hijossacaba buenas notas en la escuela. Al darse cuenta que esta era la manerade ganar la aprobación de su padre, mi hermano Ralph volvió a la escue-la e hizo un doctorado en la Administración de Cocinas para hoteles yhospitales. Desafortunadamente, esto no hizo nada por mejorar la rela-ción entre él y nuestro padre, quien, siendo de piel morena, despreció a
  6. 6. PREFACIOsu único hijo moreno. La identidad sexual dudosa de Ralph, que todosnosotros atribuíamos a la homosexualidad, no ayudó a la relación. Sóloen los últimos años, después de casi 40 años de estar felizmente casadocon el amor de su vida, Elsa Cruz, Ralph pudo descubrir que todos sussíntomas eran compatibles con una condición poco común conocidacomo el Síndrome de Klinefelter.1Si mantenerse alejado de nosotros era el método que utilizaba mipadre para enfrentar todo eso, se distanció aun más cuando Tito, nuestrohermano mayor, que se preparaba para estudiar Medicina en la Univer-sidad de La Sierra para ese entonces, empezó a manifestar comporta-mientos extraños y finalmente fue diagnosticado con esquizofrenia. Conlas crisis físicas y sociales casi diarias de Ralph, mi propia batalla con aler-gias severas a los alimentos, las cuales provocaban interminables episo-dios de bronquitis, y los viajes semanales al Hospital Estatal Patton paralas terapias de electrochoque para Tito, mi valiente madre tenía las ma-nos llenas. Yo resentía profundamente el hecho de que a mamá se la de-jaba sola para enfrentar todos los desafíos de criar a tantos hijos enfer-mos.El momento crítico en mi relación con papá ocurrió cuando estába-mos viviendo en Puerto Rico. Mi esposo, Reynir, y yo habíamos acepta-do empleos como maestros en el entonces Colegio de las Antillas (ahorala Universidad Adventista de las Antillas). Papá y mamá aceptaron venira vivir con nosotros para ayudar a cuidar a nuestra hijita, Carmen, paraque yo pudiera terminar mi tesis doctoral. Nunca había visto tan feliz ami padre como en esos años que vivimos en aquella mansión al estiloantiguo español, que rentamos por apenas $350 mensuales de una fami-lia puertorriqueña adinerada. Mamá atendía la cocina y papá cuidaba elpatio de casi medio acre que rodeaba la casa y trabajaba en la huerta quetenía 18 árboles de mango, árboles de guayaba, mandarina y caragua, yun pequeño sembrado de bananos (plátanos). Cuando no estaba afueraen el patio, papá estaba en su estudio artístico en la planta alta que abríaa una terraza apoyada en las columnas elegantes del pórtico del frente. Dealguna manera, yo sentía que le había regalado a mi padre, artista, algoque nunca antes había tenido: el don de la belleza y la paz. Y él me devol-
  7. 7. 10TE PERDONO, PERO…vía el regalo, no con sólo ayudarme a alcanzar mis objetivos, sino enverlo verdadera y profundamente feliz, al fin.Sin embargo, yo todavía sentía que él me debía una explicación portodos aquellos años de abandono. Ciertamente, él tuvo una niñez difícil,en la que ayudaba a su madre a ganarse la vida en su tierra natal, Vene-zuela. Me sentía culpable por mencionar el pasado cuando él estaba tanplenamente feliz, probablemente por primera vez en la vida. Pero yo ar-gumentaba conmigo misma que si no lograba extraerle una disculpa aho-ra, perdería para siempre la oportunidad.Una tarde agradable, después de haber orado, subí las gradas hastadonde mamá y papá estaban sentados en su dormitorio, y empezamos acharlar acerca de esto y aquello, hasta que al fin logré expresar cuánto mehabía dolido el nunca tener a mi padre cerca mientras crecía. Mamá sequedó en silencio, y ambas esperamos la reacción de papá. Por un tiempono dijo nada, pero noté cómo se ensombrecía su semblante. Entonces meatacó verbalmente: ¿Acaso no había trabajado suficiente por sus hijos, y nohabíamos disfrutado de una educación cristiana gracias a que él se rompía laespalda y cuán ingrata era yo precisamente ahora que él estaba allí para ayu-darme a terminar el doctorado? Sin decir ni una palabra más, me levanté,salí del cuarto y bajé las gradas.Extrañamente, para mí resultó catártico el escuchar a mi padre deta-llar sus propias heridas relacionadas con su familia. Nunca se había per-mitido ser tan honesto, pero eso no disminuía el dolor que me causó.Terminé yendo a mi oficina a llorar. No recuerdo cuánto tiempo estuveallí, hasta que escuché un toque tímido en la puerta. Era papá, pregun-tando si podía entrar. Cuando entró, vi sus ojos enrojecidos: él tambiénhabía estado llorando. Creo que mi padre nunca había reconocido cuánprofundamente su resentimiento no resuelto contra su propio padre ha-bía afectado su relación con sus hijos. Estoy convencida que mamá, sen-tada a solas con él en ese cuarto espacioso, bañado en la luz del sol tropi-cal, le ayudó a ver lo que había hecho a lo largo de los años y que no sóloyo, sino también mis hermanos teníamos razones para sentirnos decep-cionados. Me paré y nos abrazamos por largo rato, dejando que el dolormutuo de tantos años rodara por nuestras mejillas. Papá sólo lograba
  8. 8. 11PREFACIOdecir: “Lo siento tanto”. Y yo sólo contestaba: “Oh, papá, yo lo sientotambién”.Fue el principio de un largo viaje hacia el perdón que me permitió ver ami padre como el hijo dolorido y abandonado de un padre infiel, un niñoy un hombre que se mantuvo al lado de su madre y de su esposa, cuidán-dolas fielmente, un artista brillante y talentoso cuyos temores y baja autoes-tima no permitieron que alcanzara todo su potencial. Años después, fue miprivilegio cuidar a mamá y papá en sus últimos años. Lo hice con una pro-funda y duradera gratitud porque había hecho las paces con papá muchotiempo antes y ahora podía disfrutar todos los beneficios del perdón.Nunca pude imaginar que aquel encuentro doloroso pero beneficiosocon mi padre fuera el inicio de un largo y fructífero camino de descubri-miento de uno de los fundamentos más básicos de la fe cristiana. ¿Acasono fue en primer lugar el perdón de Dios lo que hizo posible que nosreconciliáramos? ¿No tomó Dios la iniciativa en perdonarme cuando yole era indiferente? ¿Y no fue a través de su don sagrado de perdón que fuiplenamente restaurada? Fue el descubrimiento del perdón lo que me li-beró de la lucha emocional que de otra manera me hubiera consumido ypermitió que yo valorara a mi padre como la persona honorable, leal yconsciente, aunque a veces testaruda, que era.Muy pocos de nosotros no tenemos algún asunto relacionado con elperdón que necesitamos encarar. Este libro le ayudará a responder alcompromiso a largo plazo que el perdón requiere. La promesa del perdónrequiere comprender varias cosas:1. Lo que el perdón es y no es.2. La importancia que la Biblia da al perdón y por qué.3. Por qué vale la pena cumplir la promesa del perdón —tanto parausted como para la persona que lo ofendió.4. Cómo el saber la “verdad” abre la puerta a la empatía y al perdón.5. Cómo confrontar con gracia, cuando sea necesario, a fin de quetanto usted como la otra parte puedan mantener su lado del compromisode perdón.6. Cómo el arrepentimiento y la confesión contribuyen a su salud,tanto mental como física.
  9. 9. 12TE PERDONO, PERO…7. Cuál es la relación entre la justicia y el perdón.8. Cómo la memoria puede contribuir a alimentar la ira o el perdón.9. Que el perdón es una decisión diaria que puede sostenerse mejor sise la mantiene mentalmente en el presente a través de la oración.Más importante es cómo lograr que su decisión de perdonar dure.Aun si ha logrado tomar la decisión intelectual y emocional de perdonar,todavía hay que tener en cuenta que se trata de un proceso largo. ¿Qué sisu ofensor hace lo mismo otra vez? ¿Hay condiciones que usted debeponer para asegurar que podrá cumplir su promesa de perdón? ¿Cuándoha perdonado suficiente? ¿Hay límites al perdón?Este libro también es un manual breve de paz interior. Históricamen-te, los devotos religiosos han buscado la paz interior a través de la medi-tación y las experiencias místicas, alejados del ruido y los conflictos delmundo. A través del perdón, usted puede tener esa paz interior aun enmedio del conflicto y hasta de la guerra. Cuando Jesús prometió la paz,la diferenció de la paz de corta duración que el mundo da: “La paz osdejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbevuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). La paz llega cuando real-mente creemos que Dios, a través de Cristo, nos ha perdonado y estádispuesto a seguir perdonándonos cuando confesamos nuestros errores ydebilidades a él y a nuestros semejantes.Es mi deseo que las respuestas que se ofrecen aquí, tomadas de la Es-critura y de la vida real, contribuyan a esa paz interior en su vida.Lourdes E. Morales-Gudmundsson, Ph.D.Riverside, CaliforniaEl perdón es el aroma que la rosadeja en el talón que la aplasta.—Anónimo
  10. 10. 13IntroducciónRecientemente hice una búsqueda superficial de libros sobre el temadel perdón y encontré más de 900 títulos únicamente en amazon.com. Elperdón se ha tornado en un tema de investigación científica, y está pre-sente en centenares de libros y artículos en una amplia gama de revistasespecializadas y de difusión masiva.¿Por qué ha surgido este interés en el perdón? Pareciera que la canti-dad de libros sobre este tema guarda proporción con el aumento de losconflictos en nuestra sociedad y en nuestro mundo. Muchos se estánconvenciendo de que las respuestas violentas a la agresión, ya sea personalo colectiva, no son la solución. Se emplean conceptos tales como la justi-cia de la restauración, lo que sugiere que la justicia de la retribución nonos está dando buenos resultados. Los presos a menudo terminan su“castigo” más enojados y vengativos que cuando entraron en la prisión. Yhay suficiente evidencia anecdótica para mostrar que el perdón no sólo esbueno desde el punto de vista religioso, sino que es bueno para su saludmental e incluso física.En términos específicos, ¿por qué debiéramos los adventistas estar in-teresados en este tema? Lo que escribió Mark Galli, editor administrativode Christianity Today, para sus hermanos evangélicos puede aplicarse fá-cilmente a los adventistas: “Los evangélicos debieran pensar más sobre laética, porque es parte fundamental de las Escrituras y es algo relativamen-te descuidado en comparación con nuestro interés, por ejemplo, en elcrecimiento de iglesias, el evangelismo, las misiones y la doctrina”(Galli.p. 8).En su editorial, el Sr. Galli añade que la “chapucería moral” que ca-racteriza a la iglesia hoy día disminuye bastante la distinción entre susmiembros y el mundo en lo que respecta a actitudes y conducta. ParaGalli, el desafío ético mayor para la iglesia de hoy es el de “desarrollar unamoralidad mucho más rigurosa y considerada que acompañe nuestraobra rigurosa y considerada en el área de la doctrina y la exégesis”(Ibíd.).
  11. 11. 14TE PERDONO, PERO…Aunque Galli se refiere al tema de la tortura, fácilmente podríamosemplear las mismas bases para defender el perdón. Quizá porque requie-ra la práctica de valores personales que son vistos como “imprácticos”para el mundo real, según escuché de un miembro de iglesia. Así, el per-dón no ha recibido la atención prioritaria que ha tenido en los últimosaños el tema del crecimiento de iglesia o el de la apariencia personal.¿Por qué? En primer lugar, hay un riesgo público implícito en la vul-nerabilidad creada por el perdón. El arrepentimiento, la confesión, laempatía —que son parte del proceso del perdón— suponen que alguienha actuado mal para con otro. Pocas personas, especialmente los cristia-nos, están dispuestas a admitir públicamente sus faltas morales.El perdón también involucra riesgo personal. ¿Qué haría usted si per-dona a su cónyuge infiel y ella vuelve a hacer lo mismo? ¿Qué pasa siusted perdona a un compañero de trabajo cuyas críticas han llegado a lossupervisores y lo ponen en riesgo de perder el empleo? Muchas personasprefieren ignorar estos asuntos incómodos. Al fin de cuentas, hay que“perdonar y olvidar”.Pero no podemos esquivar estos asuntos. Para los cristianos el perdónes un deber moral imprescindible, no sólo un tema doctrinal que puededebatirse. Cómo usted observa el sábado o si cree en la dieta vegan uovolactovegetariana son asuntos debatibles hasta cierto punto. Inclusoalgunos temas doctrinales como el juicio investigador o la fe y las obraspueden llevarnos toda una tarde de sábado en discusiones.Pero el perdón es un deber moral inescapable que no admite muchodebate. ¿Cómo podría oponerse usted al hecho de que el Dios cristianoestableció la religión cristiana y lo que llamamos “salvación” con un actode perdón, el primer acto del perdón cristiano? Ese primer acto divino dela gracia es el corazón mismo de la religión cristiana. Si no hubiese sidopor la acción generosa del amor de Dios, a pesar del rechazo de sus cria-turas, hombres y mujeres, no habría religión cristiana; Jesucristo no ha-bría hecho el sacrificio necesario para darnos acceso al perdón; no habríala necesidad de salvación o de discipulado ni del sábado ni de ningunaotra cosa que valoramos como cristianos adventistas. Existimos porqueDios nos dio vida por medio de la creación, y cuando debimos haber
  12. 12. 15INTRODUCCIÓNmuerto, nos dio nueva vida a través del perdón gracias a la cruz de nues-tro Salvador y Señor Jesucristo. El mandato del perdón ocupa un papeltan central en nuestra fe, que ignorarlo es ignorar nuestra misma sal-vación. Nosotros perdonamos porque él nos perdonó primero. Perdona-mos porque, como seres perdonados, nuestro perdón es apenas un actode gratitud por lo que tenemos y continuamos recibiendo por la gracia.He descubierto que el perdón es el vehículo que lleva mi profesiónreligiosa al mundo en el cual habito, y testifica de la autenticidad de mireligión. Se introduce profundamente en mi humanidad con el potencialde extraer la “luz” con la cual Dios ha iluminado a todo ser humano quenace en este planeta (Juan 1:4). Esa luz, oscurecida por el egoísmo y elorgullo, es encendida de nuevo por el perdón de Dios, y al ser ejercidapor los cristianos puede iluminar las tinieblas de la relación más destro-zada.Los adventistas creemos que estamos viviendo en los últimos días dela historia de la tierra. Nuestra pasión por el evangelismo nace de estaconvicción. Pero, ¿por qué no percibimos que también se nos ha llamadoa atender los conflictos en los hogares y en la sociedad con los principiossalvíficos del perdón, que pueden abrir las puertas al evangelio? A vecesnuestros propios hijos no están interesados en escuchar el evangelio acausa de la dureza de nuestro corazón y de nuestra poca disposición aperdonar. ¿Pueden los cristianos ignorar estos principios en tiemposcomo estos? ¿Puede nuestra predicación del evangelio ignorar la impor-tancia central de esta doctrina cristiana fundamental que se aplica a lareconciliación entre los pecadores y su Dios?Como usted sabrá por experiencia, el perdón no es fácil. En primerlugar, requiere buscar dentro de uno mismo para encontrar que uno esvulnerable a los errores. En segundo lugar, a diferencia del refrigeradorque usted acaba de comprar, el perdón no ofrece garantía por si se des-compone. El perdón no garantiza que usted no volverá a ser la víctimadel egoísmo ajeno.Entonces, ¿por qué perdonar? Según descubriremos, nuestro amanteDios nos creó para perdonar. Somos los seres más miserables cuando loretenemos y los más felices cuando lo ofrecemos. Al igual que el odio está
  13. 13. 16TE PERDONO, PERO…profundamente incrustado en quienes somos como seres humanos, elamor lo está incluso a un nivel más profundo en nuestra psique. Cuandouna injusticia detiene el flujo del amor, buscamos la manera de regresaral amor cruzando el puente del perdón. Incluso todas nuestras protestasa favor de la justicia en esencia son intentos por abrir nuevamente lascompuertas del amor, porque sin el amor morimos de mil maneras.A pesar de su importancia crucial en nuestra fe y existencia, el perdónes una de las virtudes cristianas menos comprendidas. Por esta razón co-mienzo este libro con la explicación de lo que constituye una ofensa,cómo afecta la mentalidad humana y cómo el verdadero perdón ayuda asanar el espíritu humano herido. La segunda porción del libro es un estu-dio bíblico que he encontrado útil para ayudar a los cristianos a entendercuánto hemos descuidado el perdón en nuestras iglesias y cuán importan-te es aplicarlo en nuestra vida como individuos y como comunidad reli-giosa. La última porción del libro trata específicamente de los pasos quese pueden dar para comenzar y continuar en el camino del perdón. Ellibro termina con un capítulo sobre la oración, lo que lo ayudará a ser fiela su promesa de perdonar.Quizá no le den una placa de reconocimiento por perdonar a un pa-dre descuidado o un cónyuge infiel, pero, a largo plazo, su decisión ínti-ma y secreta de librar a un ofensor del castigo que merece es lo que loidentifica como una verdadera hija o hijo de Dios, y producirá tanto gozoen el cielo como el bautismo de mil almas.
  14. 14. 17Capítulo UnoLa anatomía de unaofensaErrar es humano, perdonar es divino —Alexander PopeVivimos en un mundo en el que la violencia aumenta en cada sectorde la existencia humana. Hay violencia en los hogares, crímenes delnarcotráfico, guerras genocidas y religiosas. En su libro A Terrible Love ofWar (Un amor terrible por la guerra), James Hillman, como hicieraEmanuel Kant hace muchas décadas, argumenta que la guerra es el estado“normal” de la humanidad. La paz es la pausa “anormal” entre las guerrasfrías y calientes. Hollywood hace eco de esta condición fundamental denuestra humanidad: los aniquiladores y piratas del mar y del espacio,disfrazados de héroes, recurren a la violencia para resolver sus dilemas.No es de extrañar que la violencia se haya tornado en la solución predi-lecta de los conflictos en el hogar donde se la observa continuamente através de la televisión.Pero el llamado al perdón no está limitado a la violencia directa. Ensu libro sobre el perdón, los doctores Sidney y Suzanne Simon enumeranlas ofensas más comunes en el “desfile del dolor”: el chasco, el rechazo, elabandono, la crítica, la humillación, la traición, el engaño y el abuso (Si-mon, p. 24). Ya sea usted sobreviviente de un genocidio o del abandono,ha sido víctima de la “violencia” y sentirá el dolor causado por tal perjui-cio.Hay personas que descartan el dolor ajeno como algo de poca montacomparado con el suyo, pero el hecho es que lo que sucede a otro no lecausa dolor a usted, sino a él. Y si lo que le pasa a otra persona le causa
  15. 15. 18TE PERDONO, PERO…dolor, así es. Por eso es que la mente humana no distingue algunos mati-ces teóricos en la vida real. Lo que duele, duele…Las ofensas son de todo tipo, al igual que los seres humanos. Esto ex-plica por qué varían nuestras reacciones a un perjuicio del grado que sea.Es interesante que una ofensa aparentemente menor puede despertar lamisma secuencia de emociones negativas que una ofensa profunda quetodos consideran grave, tal como un asesinato o una violación. Tododepende de quién experimenta la acción. Debido a que todos experimen-tamos ofensas de algún tipo, el perdón es un tema universal, especial-mente para los cristianos.Para entender plenamente lo que el perdón es y cómo funciona, nece-sitamos entender la composición de una ofensa. ¿Qué sucede en nuestramente cuando somos las víctimas de una ofensa real o percibida?Sara* y Raquel son hermanas. Sara es la mayor y disfruta cuando humillaa Raquel ante otras personas: la familia, sus amigas y las amigas de Raquel;en resumen, todo el mundo. Raquel ha comenzado una amistad especial conLorenzo y después de varios meses, decide traerlo a la casa para presentárseloa la familia. Lo prepara de antemano para el predecible acoso de Sara.Tan pronto se sientan a cenar, Sara comienza a burlarse de Raquel. Lue-go de quince minutos de esta situación, Raquel levanta la vista del plato y ledice calmadamente a Sara: “¿Podrías venir conmigo a la cocina un momen-to?” Sara, sin advertir siquiera lo que ha estado haciendo, accede. En la coci-na, Raquel, nuevamente con una actitud calmada, le dice a su hermana:“Quiero que sepas que te quiero, Sara, pero si no puedes decir nada positivosobre mí frente a Lorenzo, él y yo nos vamos a levantar de la mesa e irnos ala sala hasta que nos pidas disculpas”. Sara queda atónita, enojada y dolida,pero no tiene una respuesta. Agitada y murmurando entre dientes que Raqueles “injusta” y “mala”, deja la mesa y se va a su dormitorio con lágrimas quele corren por las mejillas. Raquel regresa a la mesa con los demás.Vergüenza y culpaAunque Raquel es la víctima de las burlas de su hermana mayor, aho-ra Sara es la que experimenta vergüenza y culpa. El impacto inicial dehaber sido “descubierta” coloca a Sara en la defensiva, de manera que
  16. 16. 19busca desplazar la responsabilidad por sus sentimientos heridos fuera desí misma (culpa a otra persona y llora), a la vez que se protege de un doloradicional ocultándose en su habitación (siente vergüenza y se va a su cuar-to). David Augsburger sugiere que el dolor inicial de una injusticia puedeaminorarse si la víctima está dispuesta a reducir su sentido de inocenciaultrajada (Augsburger, p. 10). En este momento, Sara no está dispuesta aasumir responsabilidad por su contribución a esta situación. Muchos eru-ditos en el estudio del perdón concuerdan en que cuando surge un con-flicto entre adultos, aunque uno lleve la mayor responsabilidad, el otroadulto también ha contribuido de alguna manera a la situación. SegúnAugsburger, obtener justicia y alcanzar el perdón ocurre mejor “por elproceso más maduro de evaluar la culpa y definir la responsabilidad, envez de recurrir a la táctica anterior de la vergüenza y la culpa” (p. 14).¿Por qué nos gusta culpar a otros? Augsburger dice que llegamos acreer que culpar a otra persona reducirá el dolor, o que un “lo siento” depalabras solamente nos librará del conflicto subyacente, o que dejar lascosas tranquilas de alguna manera nos ayudará a reconciliarnos, o, lo quees peor aun, que chismear con otro nos va a unir nuevamente con la per-sona. No obstante, ninguna estrategia de negación o escapismo produci-rá la reconciliación; esto sólo se logra enfrentando la realidad del dañoinfligido (p. 16).Es importante distinguir entre la vergüenza y la culpa. La vergüenza,según la define Augsburger, “es el sentido de rechazo total, confusión ex-trema, exposición completa, [que se siente] antes de rechazar a los de-más”, una sensación de haber sido descubierto que nos motiva a escon-dernos (p. 14). Es sentir que se nos ha culpado de algo y necesitamoscolocar la culpa en otro. La culpa, por otra parte, es una sensación relacio-nada con una conducta inapropiada o un valor violado. Nos lleva a admi-tir que hicimos algo equivocado, a confesar y a pedir disculpas (p. 15). Elfoco de la culpa es la responsabilidad, no buscar a quién acusar. Para queSara reciba el perdón de Raquel, tanto ella como Raquel deben desplazar-se de la culpa a una posición de participación mutua en la ofensa.Finalmente, Lorenzo le agradece a la familia por la cena y se va. Raqueltoca a la puerta del dormitorio de Sara y le pide permiso para entrar. ParaLA ANATOMİA DE UNA OFENSA
  17. 17. 20TE PERDONO, PERO…ese entonces Sara ha tenido tiempo para pensar y aprecia que Raquel tome lainiciativa de comenzar una conversación. Raquel comienza pidiendo discul-pas por “haber tenido que hacer las cosas de esta manera”, pero espera queSara entienda por qué tuvo que confrontarla. Sara, todavía renuente a acep-tar su responsabilidad, acusa a Raquel de ser insensible. “¿Cómo hiciste estofrente a Lorenzo?” En vez de entrar en la larga historia de las humillacionessufridas por causa de Sara, Raquel le pregunta a esta cuándo habría sido elmejor momento para confrontarla. Sara no sabe qué responder y finalmenteabraza a su hermana y le pide perdón entre lágrimas. Reconoce que está celo-sa de Raquel porque es más bonita que ella y consigue los chicos más apuestos.Raquel, por su parte, responde al abrazo de su hermana y confiesa que debe-ría haber confrontado a Sara mucho antes, que nada de esto habría pasadosi ella hubiese sido más firme y colocado límites más claros.En los casos cuando uno es atacado por un extraño sin motivo alguno,parecería claro que la culpa debiera caer únicamente sobre el atacante,aunque se trate de dos adultos. Sin embargo, en los casos donde existeuna relación, como hemos visto en el relato de Sara y Raquel, es útil queambos adultos entiendan lo que cada uno contribuye al conflicto.La negaciónUn derivado de la etapa de la vergüenza y culpa es la negación, y fun-ciona de manera diferente en la víctima y el ofensor. Para la víctima, elimpacto de la ofensa puede ser tal que la reacción inicial sea la negación:“A mí no me puede estar pasando esto”. O, “aquí no pasó nada serio”. Esmuy importante para la víctima superar la etapa de la negación, porquese requiere un reconocimiento del daño sufrido para poder proseguir aresolverlo.Cuando Raquel entra al dormitorio de Sara, Sara siente alivio porquesu hermana ha decidido romper el hielo, pero todavía niega sus celoshacia Raquel. Cuando Raquel le pide una “fecha” para resolver el proble-ma, Sara advierte que no hay mejor momento que el presente y, final-mente arrepentida, confiesa.Pero Sara todavía tenía la prerrogativa de negarle a su hermana y a símisma que su conducta fuera irresponsable. La negación es una capa de
  18. 18. 21humo que permite al ofensor ocultar su culpa. Este tipo de ocultamientopermite que la culpa, la vergüenza y el enojo supuren día tras día y añotras año, con todos los perjuicios colaterales que esto representa para lamente y el cuerpo.El enojo¿Por qué es el enojo un resultado natural de una ofensa real o imagi-naria? El enojo es un recurso de autopreservación frente a un peligroreal o sentido como tal, y por lo tanto no siempre es algo malo. Frentea un ataque, la ira puede movilizar a la víctima a defenderse a sí mismao a escapar. Se cuenta de una dama de mediana edad que cuando salíadel teatro oyó pasos detrás de sí. De inmediato se llenó de temor, peroluego sintió enojo al pensar que alguien pudiese planear asaltarla. Ami-noró su marcha y de pronto se dio vuelta y gritó a todo pulmón: “¡Alé-jese de mí, *#@¿ o lo mato!” ¡El presunto asaltante salió huyendo! (Mc-Kay, p. 3).El enojo puede proteger también de abusadores que insisten en tras-pasar barreras colocadas por uno. Este tipo de enojo positivo puede ma-nifestarse en la manera firme de aclararle a su jefe o a su cónyuge hastadónde puede llegar. Esta fue la estrategia utilizada por Raquel para con-frontar a Sara. Pero la violación de barreras en el caso del abuso de unniño por parte del padre es algo más complicado y devastador, porque ladistribución de poder es muy desigual y la capacidad del niño para “de-fenderse” con un enojo apropiado está limitada por su inmadurez e ino-cencia. La recuperación requerirá que en algún momento la víctima hagavaler su enojo legítimo de manera que supere el dolor y la humillación.Cecilia fue criada en un hogar donde el alcoholismo había destruidola vida de tres generaciones. En su infancia fue violada por dos tíos, ycomo consecuencia tuvo dos abortos. Como adolescente, fue violada dosveces por el mismo hombre. Había pasado toda su vida intentando aho-gar su confusión y dolor en el alcohol y las drogas. Para Cecilia, el enojola había condenado a la autodestrucción.La noche de su graduación tomó dos tipos de drogas, un estimulantey un tranquilizante, y esto provocó un paro cardiaco. En el hospital, losLA ANATOMİA DE UNA OFENSA
  19. 19. 22TE PERDONO, PERO…doctores esperaban que muriera de un ataque fulminante. Todos emitie-ron el mismo diagnóstico, excepto un médico que venía a visitarla cadamedia hora para asegurarle que se mejoraría. Finalmente sobrevivió, perocuando regresó al hospital para agradecerle al amable doctor, le dijeronque no había tal médico en ese hospital. Hasta el día de hoy, Cecilia creeque fue un ángel en la forma de un médico quien la sostuvo en el crucepor el valle de sombra de muerte. Cecilia conoció a Cristo y su vida fuetransformada. Hoy es una mujer casada y feliz.Aunque en el caso de Cecilia los resultados fueron excelentes, la pre-gunta persiste: ¿Por qué un niño que ha sido abusado desea autodestruir-se? Este fenómeno se entiende fácilmente cuando aceptamos que todapersona necesita amar. La luz de amor que Dios nos ha dado que haceque el niño abrace apasionadamente a su madre es la energía que cadauno de nosotros llevamos dentro y que nos permite vivir en comuniónunos con otros. Cuando ese impulso natural se topa con un obstáculo(como sucede cuando hay abuso), la persona se enfada y ese enfado setorna en lo que Eli Siegel denomina “desprecio”. La persona no despreciaúnicamente al abusador, sino que se desprecia a sí misma por odiar alabusador. Los humanos somos por naturaleza animales sociales con unaprofunda necesidad de estar en un contacto saludable con los demás.Cuando se nos niegan el amor y la comunión, nos enfermamos. Cuandoel Creador dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gén. 2:18), es-taba declarando un hecho espiritual, físico y psicológico respecto de no-sotros.¿Está mal que nos enojemos por una injusticia? La Biblia nos aseguraque “podemos” enojarnos. Sin embargo, se nos dice que no debemosacostarnos con enojo. “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobrevuestro enojo” (Efe. 4:26; ver Sal. 4:4). El Salmo 30:5 nos recuerda queincluso Dios puede enojarse, pero él merece nuestra alabanza: “Porqueun momento será su ira, pero su favor dura toda la vida”.El enojo que puede hacernos el mayor daño es el que cultivamos yacariciamos a largo plazo, aunque sea justificado. ¿Qué hubiera sucedidosi Raquel no se hubiese enfrentado a su hermana y más bien le hubieseguardado rencor durante toda la vida? ¿Habría resuelto el problema de las
  20. 20. 23críticas? ¿Habría ayudado a Sara a convertirse en una mejor hermana? Dehecho, es mucho más factible que Sara olvidara su costumbre de criticar asu hermana, mientras que Raquel continuara apuntando cada ofensa reci-bida en su registro de “inquinas”, lo que la haría cada vez más miserable.El perdón permite que la víctima supere los efectos potencialmente dañi-nos del enojo almacenado en la forma de rencores y resentimientos.Creando el resentimientoLuego de que la víctima supera la etapa de la negación, comienza acrear el recuento de lo sucedido a través de los lentes del enojo. Este re-cuento inspirado por el resentimiento es lo que mantiene vivo el enojo.Debbie Cuevas Morris, quien junto a su novio Mark Brewster fue asalta-da violentamente por tres jóvenes, uno de los cuales se hizo famoso porla película Dead Man Walking (Abran paso a hombre muerto) cuentacómo comenzó a dar forma a su recuento de resentimiento con una seriede “porqués” dirigidos a Dios, no sólo respecto de su horrible vivencia,sino respecto a toda su vida en general: el alcoholismo de su padre, losdos divorcios, la irresponsabilidad de su madre. “Mientras más preguntasme hacía, más víctima me sentía, más abandonada por Dios, y cada vezmás enojada” (Morris, p. 107). Cuando se enteró que una monja, laHna. Helen Prejean, era la consejera espiritual de su atacante, nuevamen-te se sintió traicionada, esta vez por el sistema de justicia.En cierto sentido, el relato de lo sucedido es algo positivo para la víc-tima si esta puede situarse más allá del daño causado por la ofensa. Elrecuento contiene lo que sucedió: los hechos y los sentimientos de lavíctima. Pero contar un relato y albergar un resentimiento son dos cosasdiferentes. Un resentimiento es un relato atorado. Se lo cuenta de la mis-ma manera vez tras vez, y la persona que lo cuenta siempre es la víctima.No hay información nueva sobre los hechos o el ofensor, no hay empatía;siempre son los mismos argumentos, los mismos jugadores y la mismajustificación para aferrarse al resentimiento. Se ha dicho que negarse aperdonar y albergar resentimientos es como tomarse un veneno y esperarque muera la persona que nos ha ofendido. Un resentimiento es un ve-neno capaz de destruir literalmente a la persona.LA ANATOMİA DE UNA OFENSA
  21. 21. 24TE PERDONO, PERO…ConfrontaciónPara superar el resentimiento, la próxima decisión que debe tomarsees si confrontar o no al ofensor. Para la víctima, esto requiere recordarcuidadosamente los hechos de manera que los detalles sean tan claros yprecisos como sea posible. Recordar los hechos y las emociones facilitará,aunque sin garantías, que el ofensor reconozca su culpa.Esta etapa requiere mucha consideración y oración, porque no puedeenfrentarse por razones equivocadas ni de la manera equivocada. Comoveremos más adelante, la confrontación debe tener una intención reden-tora y no debe ser meramente un desahogo. También debe efectuarsecalmadamente y con emociones controladas; de otra manera, el ofensorno se sentirá “animado” a admitir sus errores. Raquel escogió cuidadosa-mente el momento y el lugar para confrontar a su hermana con calmapero con firmeza. Esta confrontación bien pensada le ofreció a la ofensorala oportunidad de una salida elegante. Aunque se señaló el perjuicio, seabrió una puerta al perdón. ¿No es así como Dios nos trata a nosotros?Cathy Brammer aprendió que la confrontación puede venir en mu-chas formas (Brammer, pp. 84-87). Su esposo Gene, con quien tenía 29años de casada, la había abandonado por otra mujer, y Cathy no podíaaceptar que —después de haberle dado tanto durante tantos años— élpudiese traicionarla. Se torturaba pensando en todas aquellas vacacionesque habían planeado con sus amigos y sus planes de envejecer juntos enla casa de sus sueños. Ahora había quedado totalmente sola.El día de los enamorados, cuando se encontraba especialmente deprimi-da, caminó por casualidad frente a uno de sus libreros y notó un libro deCharles M. Sheldon, In His Steps (En sus huellas), en el que el pastor Shel-don desafiaba a su congregación a pensar en términos de “¿Qué haría Jesús?”.Ella había leído este lema en pulseras y camisetas, y de pronto se le ocurrióque la respuesta a esta pregunta en su situación particular era “amar”.Pero, ¿cómo amar a un hombre que le había dado la espalda con tan-ta crueldad? Pronto se enteraría. Pocos meses después de leer este libro yhacer suyo el lema, sonó el teléfono. Era Gene, lo habían ingresado alhospital con problemas del corazón. La primera reacción de Cathy fuevengativa: ¡Que “ella” lo cuide! Pero luego de pensar en qué haría Jesús,
  22. 22. 25decidió visitarlo en el hospital.Para cuando entró a su habitación, Gene se había enterado de que susituación no era tan grave como se había pensado inicialmente, y se sor-prendió de ver a Cathy. Pero se sintió agradecido por su presencia yconfesó que se había dado un tremendo susto. Lo dijo como si ella fuesela única que lo pudiera comprender plenamente. Aunque nunca vivieranjuntos nuevamente, Cathy se sintió agradecida porque había podido“confrontar” a su ofensor y mostrarle bondad. Si él hubiese muerto, ellahabría quedado con una carga de culpa durante el resto de su vida.Aunque la confrontación física no sea posible debido a la muerte delofensor o por los peligros físicos que esto represente para la víctima, estaúltima puede “confrontarla” de diversas maneras, incluso aprendiendomás sobre el ofensor y permitiéndose sentir empatía de manera que estolleve al perdón. Por ejemplo, cuando su atacante estaba a punto de serejecutado y se publicó en todos los periódicos que la Hna. Prejean lo es-taba aconsejando espiritualmente, Debbie Morris había llegado al puntode sentir alivio al saber que el agresor —que había jurado matarla si salíade la cárcel— había tenido la oportunidad de hacer las paces con Dios.Esa noche, por medio de su empatía, ella mentalmente “confrontó” aRobert Willie y lo perdonó.Arrepentimiento y confesiónNi Sara ni Raquel estaban totalmente al tanto de su propia necesidadde arrepentimiento hasta que ocurrió la confrontación. El arrepentimien-to se relaciona con el reconocimiento de un error cometido. La confesiónes la expresión verbal de tal reconocimiento a la persona ofendida. Elorden en que ocurren no es tan importante como el hecho de que debie-ran ocurrir.¿Qué fue lo que produjo en Sara el deseo de arrepentirse? ¿Fue la se-guridad de la cocina y su dormitorio, aparte del escrutinio público? ¿Fueel acercamiento calmado y racional de Raquel? ¿Estaría cansada de alber-gar rencores, de sentirse enojada contra su hermana más joven y bonitaque ella? Afortunadamente para aquellos que desean perdonar, hay unlímite de tolerancia al pecado en la mayoría de los seres humanos, un lí-LA ANATOMİA DE UNA OFENSA
  23. 23. 26TE PERDONO, PERO…mite que tarde o temprano nos trae a la mesa con nuestra culpa y unaconfesión. Ese límite está conectado al amor, y a pesar de todos los ser-mones sobre el fuego y el azufre del castigo divino que escuchamos cuan-do crecíamos, el amor es tan poderoso como el odio en la psique huma-na. Por muy horrendo que haya sido el pecado cometido contra nosotros,todavía somos capaces de perdonar porque todavía somos capaces deamar.Al definir el perdón, encontrará que la confrontación, en la forma quesea, no siempre produce una confesión o arrepentimiento. No obstante,todavía se puede perdonar, y si lo hace, usted —el/la ofendido/a— es lapersona que recibirá la mayor bendición.PARA ESTUDIARCapítulo 1: La anatomía de una ofensa1) Piense en las maneras en que una ofensa es similar a la ocasión en queusted hizo algo que el matón de la escuela o una persona que usted respe-taba, no aprobaba.a) ¿Por qué se sintió avergonzado?b) ¿A quién culpó y por qué?c) ¿Por qué se sintió enojado? ¿Hacia quién se dirigía su enojo?d) ¿A quién quiso “confrontar” sobre este asunto? ¿A quién se lo infor-mó (si hizo tal cosa), y por qué?e) ¿Hubo algún tipo de arrepentimiento o confesión? ¿Por qué?2) Recuerde a una persona que recientemente lo haya ofendido profun-damente.a) ¿Cómo lo hizo sentir su insulto, traición o crítica, etc.?b) ¿Qué se le ocurrió hacer inmediatamente para “resolver” esta ofen-sa? (¡Sea honesto!)c) Si usted entró en algún tipo de negación, ¿recuerda por qué? ¿Quécreyó lograr por medio de la negación?d) ¿Cómo trató con la vergüenza producida por esta ofensa? ¿Quéacerca de la culpa o el enojo?
  24. 24. 27e) Si pudiese volver atrás, ¿qué enfoques habría empleado para “con-frontar” al ofensor?f) Si todavía guarda sentimientos de dolor o resentimiento hacia estapersona, ¿qué estrategias emplearía para iniciar el proceso sanador delperdón? ¿Emplearía la oración?3) ¿Qué en cuanto a la confrontación solo o con testigos que estén de suparte? ¿Usaría el perdón “puro”? Explique. (Quizá tenga que leer un pocomás de este libro antes de responder a esta pregunta.)4) Recuerde un resentimiento que haya albergado y qué preguntas espe-cíficas sobre el “porqué” se hizo para justificarlo. Entonces intente recor-dar los pasos que siguió para librarse del resentimiento. Escríbalos. ¿Loayudaron a librarse totalmente de sus sentimientos? ¿O meramente pos-pusieron o enterraron sentimientos que perduran hasta hoy?5) ¿Ha confrontado alguna vez a un ofensor diciéndole lo que hizo en vezde decirle cómo le hizo sentir lo que hizo? ¿Obtuvo los resultados desea-dos… una disculpa? ¿Por qué?*A lo largo del libro, muchos de los nombres han sido cambiadospara proteger la identidad de las personas.LA ANATOMİA DE UNA OFENSA

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