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Historia de José (37.1—50.26)
37

1-2

Ésta es la historia de Jacob, que vivió en la tierra de Canaán, donde antes su padre había

vivido como extranjero.
Los sueños de José
Cuando José tenía diecisiete años, ayudaba a sus hermanos, los hijos de Bilhá y de Zilpá, a
cuidar las ovejas. Pero José le contaba a su padre lo mal que se portaban sus hermanos.
3

Jacob amaba a José más que a sus otros hijos, pues había nacido cuando ya era muy anciano.
4

Por eso le hizo una capa de muchos colores. Pero sus hermanos lo odiaban, y ni siquiera le
hablaban, pues veían que su padre lo quería más que a ellos.
5

6

Un día José tuvo un sueño. Cuando se lo contó a sus hermanos, ellos lo odiaron aún más, pues

les dijo:
7

—Anoche tuve un sueño, y soñé que estábamos en medio del campo, atando el trigo en
manojos. De repente, mi manojo se levantó y se quedó bien derecho, mientras los de ustedes lo
rodeaban y se inclinaban ante él.
8

Sus hermanos protestaron:

—¡Ahora resulta que vas a ser nuestro rey y nuestro jefe!
Y por causa del sueño y por lo que decía, creció en ellos el odio que le tenían.
9

José tuvo otro sueño, y también se lo contó a sus hermanos. Les dijo:

—Fíjense que tuve otro sueño. Resulta que esta vez el sol, la luna y once estrellas, se inclinaban
ante mí.
10

Cuando les contó este sueño a su padre y a sus hermanos, su padre lo reprendió, y le dijo:

—¿Qué clase de sueño es ése? ¿Quieres decir que tu madre y tus hermanos, y yo mismo, vamos
a ser tus esclavos?
11

Y sus hermanos le tenían envidia, pero su padre trataba de entender el significado de sus

sueños.
José es vendido como esclavo
12

Los hermanos de José habían llevado las ovejas de su padre a los pastos de Siquem.

13-14

Unos

días después, Jacob le dijo a José:
—Ya sabes que tus hermanos están en Siquem, cuidando las ovejas. Quiero que vayas a ver si
todo está bien, y que regreses a contármelo.
—Sí, papá, enseguida voy —le respondió.
José salió del valle de Hebrón, y llegó a Siquem,

15

pero no encontró a sus hermanos por ningún

lado. Poco después lo encontró un hombre y le preguntó:
—¿Qué andas buscando?
16

José le respondió:

—Busco a mis hermanos y a sus rebaños. Tal vez usted pueda decirme dónde están.
17

Aquel hombre contestó:

—Hace días que se fueron. Alcancé a oír que se iban a Dotán.
José siguió buscando a sus hermanos, y allá los encontró.

18

Cuando ellos lo vieron acercarse,

antes de que él llegara a donde ellos estaban, se pusieron de acuerdo para matarlo.

19

Unos a

otros se decían:
«¡Vaya, vaya! ¡Aquí viene ese gran soñador!

20

Vamos a matarlo y a echarlo en uno de estos

pozos, y diremos que algún animal feroz se lo comió. ¡Ya vamos a ver si se cumplen sus sueños!»
21-22

Al oír esto, Rubén trató de librar a José de sus hermanos, para luego llevárselo a su padre.

Por eso les dijo: «No está bien que lo matemos. ¿Para qué matarlo? Si quieren, échenlo en este
pozo del desierto; ¡pero no le hagan daño!»
23

Cuando José llegó a donde estaban sus hermanos, ellos le quitaron la capa que su padre le

había hecho
25

24

y lo echaron al pozo, que estaba seco. Y Rubén se fue.

Los hermanos se sentaron a comer. De pronto vieron que se acercaba un grupo de

comerciantes. Eran unos ismaelitas que venían de Galaad. Sus camellos estaban cargados de
finos perfumes y hierbas de rico olor, que los ismaelitas pensaban vender en Egipto.
26

Judá entonces les dijo a sus hermanos:

«No ganamos nada con matar a nuestro hermano, y luego tener que mentir acerca de su muerte.
27

Nos conviene más vendérselo a estos ismaelitas. Después de todo, José es nuestro hermano;

¡es de nuestra propia familia!»
Esta idea les pareció bien,

28

así que cuando los comerciantes pasaron por allí, los hermanos de

José lo sacaron del pozo y lo vendieron en veinte monedas de plata. Entonces los comerciantes
se lo llevaron a Egipto.
29

Cuando Rubén regresó y vio que José ya no estaba en el pozo, rompió su ropa en señal de

tristeza,

30

y luego fue a decirles a sus hermanos: «¡José ya no está en el pozo! Y ahora, ¿qué le

voy a decir a mi padre?»
31

Mataron entonces un cabrito, y con la sangre del cabrito mancharon la capa de José.

32

Luego le

llevaron la capa a Jacob, y le dijeron:
—¡Mira lo que encontramos! Nos parece que es la capa de tu hijo.
33

Jacob la reconoció, y lleno de dolor gritó:

—¡Sí, es la capa de mi hijo! ¡Seguramente algún animal feroz lo hizo pedazos y se lo comió!
34

Allí mismo Jacob rompió su ropa en señal de tristeza, se vistió de luto, y durante mucho tiempo

lloró por la muerte de su hijo.

35

Todos sus hijos llegaron para consolarlo, pero él no quería que lo

consolaran. Más bien, lloraba y decía que quería morirse para estar con José.
36

Cuando los comerciantes llegaron a Egipto, vendieron a José. Lo compró Potifar, que era un

oficial del rey de Egipto y capitán de la guardia.
José y la esposa de Potifar
39 Cuando los comerciantes llevaron a José a Egipto, lo compró Potifar, que era oficial del rey y
2

capitán de su guardia. A José le fue muy bien allí, en la casa de su amo egipcio, pues Dios
3

estaba con él. Potifar vio que Dios ayudaba a José y hacía que todo le saliera bien.

4-6

Por eso

trató amablemente a José, lo puso a cargo de su casa y de todo lo que tenía. A partir de ese
momento, y gracias a José, Dios bendijo a Potifar en todo, y él no se preocupaba ya de nada, más
que de comer.
7

Como José era muy guapo y atractivo, la mujer de su amo se fijó en él, y le propuso:
—¡Ven, acuéstate conmigo!
8

En vez de aceptar, José le contestó:

—Mi amo confía en mí, y por eso ha dejado todo a mi cargo. Estando yo al frente de todas sus
9

riquezas, él no tiene nada de qué preocuparse. No me ha prohibido nada, y en esta casa nadie
tiene más autoridad que yo. Pero usted es su esposa. Tener relaciones sexuales con usted, sería
pecar contra Dios.
10

Y aunque todos los días ella le insistía, él la rechazaba.

11

Un día, José entró en la casa para

hacer su trabajo. Entonces ella, aprovechando que no había nadie en la casa,

12

lo agarró de la

ropa y le exigió:
—¡Acuéstate conmigo!
Pero José prefirió que le arrebatara la ropa, y salió corriendo de la casa.
con la ropa de José en las manos,

14

13

Entonces ella, al verse

llamó a gritos a los sirvientes y les dijo:

—¡Miren, este hebreo que trajo mi esposo ha venido a burlarse de nosotros! Se metió aquí y quiso
violarme, pero yo me puse a gritar con todas mis fuerzas.

15

En cuanto me oyó gritar y pedir ayuda,

salió corriendo ¡y hasta la ropa dejó!
16

Ella guardó la ropa de José hasta que regresara su esposo.

17

Cuando Potifar llegó, ella le contó

la misma historia: «Ese esclavo hebreo que nos trajiste quiso violarme.

18

Pero en cuanto empecé

a gritar pidiendo ayuda, dejó su ropa junto a mí y salió corriendo de la casa».
19

Al oír Potifar las quejas de su esposa, se enojó mucho.

20

Entonces agarró a José y lo metió en

la cárcel, donde estaban los presos del rey.
Pero aun en la cárcel

21

Dios siguió ayudando a José y dándole muestras de su amor, pues hizo

que el carcelero lo tratara bien.

22

Y así, el carcelero puso a José a cargo de todos los presos y de

todos los trabajos que allí se hacían.
José y hacía que todo le saliera bien.

23

El carcelero no tenía que vigilarlo, porque Dios ayudaba a
Los sueños del copero y del panadero
40

1-2

[a]

Algún tiempo después, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos ofendieron al rey de
3

Egipto, y el rey se enojó mucho con estos dos ayudantes. Entonces los puso bajo vigilancia en la
4

cárcel donde José estaba preso. El capitán de la guardia los dejó al cuidado de José.
5

Pasó el tiempo, y una noche el copero y el panadero tuvieron cada uno un sueño, y cada sueño
6

tenía su propio significado. Al día siguiente, cuando José llegó a verlos, los encontró muy tristes,
7

y les preguntó:

—¿Por qué están hoy tan tristes?
8

Ellos respondieron:

—Resulta que los dos tuvimos un sueño, pero no hay quien pueda decirnos lo que significan.
José les dijo:
—Vamos a ver, cuéntenme sus sueños, y Dios nos dirá lo que significan.
9

El primero en contar su sueño fue el copero. Le dijo:

—En mi sueño yo veía una planta de uvas

10

que tenía tres ramas. Tan pronto como las ramas

brotaban, también echaban flores, y las uvas maduraban.

11

Yo tenía en mi mano la copa del rey,

así que tomaba las uvas y las exprimía en la copa, y luego se la daba al rey.
12

José le dijo:

—Las tres ramas son tres días. Eso quiere decir

13

que dentro de tres días el rey te perdonará y te

devolverá tu cargo, para que vuelvas a servirle como su jefe de los coperos.

14

Por favor, cuando

todo esto suceda, no te olvides de mí. Tan pronto puedas, háblale de mí al rey, y sácame de esta
cárcel.
16

15

Yo soy hebreo, y me trajeron aquí a la fuerza, aunque no hice nada para merecerlo.

Cuando el jefe de los panaderos vio que José le había dado un significado muy bueno al sueño

del copero, le dijo:
—También yo tuve un sueño. Sobre mi cabeza había tres canastas de pan.

17

La canasta de más

arriba tenía los mejores pasteles para el rey; sin embargo, las aves venían a comérselos.
18

José le dijo:

—Las tres canastas son tres días. Eso quiere decir

19

que dentro de tres días el rey mandará que

te cuelguen de un árbol. Allí los buitres se comerán tu cuerpo.
20

Tres días después el rey de Egipto celebraba su cumpleaños, así que hizo una gran fiesta e

invitó a todos sus ayudantes y consejeros. Allí, delante de sus invitados, el rey mandó a sacar de
la cárcel al jefe de los coperos y al jefe de los panaderos.
cargo,

22

21

Al jefe de los coperos le devolvió su

pero mandó que colgaran de un árbol al jefe de los panaderos. Así se cumplió lo que

José les había dicho.
23

Sin embargo, el jefe de los coperos se olvidó completamente de José.
Los sueños del rey de Egipto
41 Dos años después, el rey de Egipto tuvo un sueño en el que se veía de pie, junto al río Nilo.
2

De pronto vio que del río salían siete vacas, gordas y bonitas, las cuales se ponían a comer el
3

pasto que había a la orilla del río. También vio salir del río otras siete vacas, flacas y feas, las
4

cuales se pararon junto a las primeras siete vacas. Y de repente, ¡las flacas y feas se comieron a
las gordas y bonitas!
5

En ese momento el rey se despertó. Pero volvió a dormirse, y tuvo otro sueño. Soñó que de un
6

mismo tallo brotaron siete espigas, verdes y llenas de trigo. Tras ellas brotaron otras siete
7

espigas, sin trigo y marchitadas por el viento del desierto. ¡Y las espigas secas se tragaron a las
verdes y llenas de trigo!
8

El rey se despertó, y vio que se trataba de un sueño. Sin embargo, al levantarse estaba tan
preocupado que mandó llamar a todos los magos y sabios de Egipto. Les contó sus sueños, pero
9

ninguno pudo decirle lo que significaban. De pronto, el jefe de los coperos se acordó de José y le
dijo al rey:
—¡Soy un malagradecido!

10

Una vez usted se enojó conmigo y con el jefe de los panaderos, y

mandó que nos encerraran en la cárcel, al cuidado del capitán de la guardia.
tuvimos un sueño.

12

11

Una noche, los dos

Allí en la cárcel estaba con nosotros un joven hebreo, que ayudaba al capitán

de la guardia; le contamos nuestros sueños, y él nos dijo lo que significaban.

13

¡Y dicho y hecho! A

mí usted me devolvió a mi cargo, y al otro mandó que lo mataran.
14

El rey mandó llamar a José, y de inmediato lo sacaron de la cárcel. Entonces José se afeitó, se

cambió de ropa, y luego se presentó ante el rey.

15

Y el rey le dijo:

—Tuve un sueño, y nadie puede decirme lo que significa. Pero me han dicho que en cuanto oyes
un sueño, sabes su significado.
16

José le respondió:

—Yo no tengo ese poder, pero Dios sí lo tiene, y le dará a usted la respuesta esperada.
17

Entonces el rey le dijo:

—Resulta que, en mi sueño, yo estaba de pie a la orilla del río Nilo.

18

De pronto vi que del río

salían siete vacas gordas y bonitas, las cuales se pusieron a comer el pasto que había a la orilla
del río.

19

Tras ellas salieron otras siete vacas, muy flacas y feas. ¡Jamás vi vacas tan feas en todo

Egipto!

20

Y resulta que las vacas flacas y feas se comieron a las vacas gordas que habían salido

primero.

21

Eran tan flacas y feas esas vacas, que después de comerse a las otras, no se les

notaba nada; ¡seguían tan flacas como al principio!
»Yo me desperté.

22

Pero volví a soñar, y en mi sueño vi también siete espigas verdes y llenas de

trigo, que brotaban de un mismo tallo.

23

Después de ellas brotaron otras siete espigas, delgadas y

marchitas, resecadas por el viento del desierto.

24

Esas espigas delgadas se comieron a las siete
espigas llenas de trigo. Todo esto se lo he contado a los magos, pero ninguno ha podido
explicármelo.
25

José le dijo al rey:

—Los dos sueños que tuvo Su Majestad son uno solo. Dios le ha hecho saber a usted lo que
piensa hacer.

26

Las siete vacas gordas son siete años, lo mismo que las siete espigas llenas de

trigo; el sueño es uno solo.

27

Las siete vacas flacas y feas que salieron detrás de aquéllas son

también siete años, lo mismo que las siete espigas marchitas y resecadas por el viento del
desierto. Ellas significan siete años de hambre.
28

»Dios quiere que Su Majestad sepa lo que él está a punto de hacer.

años de abundantes cosechas,

30-31

29

Egipto va a tener siete

pero después vendrán siete años en que no habrá qué comer.

Cuando eso suceda, nadie se acordará de la abundancia que antes hubo. Habrá tanta hambre
que acabará con el país.

32

Su Majestad tuvo el mismo sueño en dos formas distintas, y eso

significa que Dios ha decidido hacerlo, y lo va a hacer muy pronto.
33

»Yo le sugiero a Su Majestad que busque a alguien muy sabio e inteligente, y que lo ponga a

cargo del país.

34

También le sugiero que nombre gente que se encargue de recoger la quinta

parte de las cosechas durante los siete años de abundancia.

35

Durante los siete años buenos que

van a venir, Su Majestad debe darles autoridad para que junten y almacenen en las ciudades
todos los alimentos y el trigo.

36

Ese alimento quedará guardado, para usarlo durante los siete

años de hambre que habrá en Egipto. Así el país no quedará arruinado por el hambre.
37

El rey y sus consejeros estuvieron de acuerdo en que el plan de José era bueno,

38

y el rey les

comentó: «En ningún lado vamos a encontrar a nadie más inteligente que este joven».

39-41

Por eso

le dijo a José:
—Dios te ha dado a conocer todo esto, y eso quiere decir que no hay nadie tan sabio e inteligente
como tú. Por eso, a partir de este momento quedas a cargo de mi palacio y de todo mi pueblo.
Todos en Egipto tendrán que obedecerte. Sólo yo tendré más poder que tú, porque soy el rey.
42

Después, el rey se quitó el anillo que usaba para sellar sus cartas, y se lo puso a José. Luego

ordenó que lo vistieran con ropas de lino fino y que le pusieran un collar de oro,

43

y le pidió que lo

acompañara en su carro, como su gobernador. Delante de José gritaban: «¡Abran paso!» Así fue
como el rey puso a José a cargo de todo su país.

44

Luego le dijo a José: «Aunque yo soy el rey de

Egipto, nadie en este país hará nada sin tu permiso».
45

Además, el rey le cambió el nombre a José, y le puso Safenat-panéah, y le dio por esposa a la

hija de Potifera, sacerdote de On, la cual se llamaba Asenat. Después de eso, José comenzó a
recorrer todo Egipto.
José se hace cargo de Egipto
46

José tenía treinta años cuando se despidió del rey y comenzó a viajar por todo Egipto.

los siete años de abundancia, en todo Egipto hubo muy buenas cosechas,

48

47

Durante

así que José juntó
todo el alimento que se produjo en esos siete años y lo almacenó. En cada ciudad guardó el
alimento que produjeron los campos vecinos.

49

José almacenó tanto trigo que parecía haber

juntado toda la arena del mar; hasta dejó de anotar la cantidad de trigo guardada, porque ya no
era posible llevar la cuenta.
50

Antes de que llegaran los años de escasez, Asenat y José tuvieron dos hijos.

51

Al primero de

ellos José lo llamó Manasés porque dijo: «Dios ha hecho que me olvide de todos mis problemas y
de la familia de mi padre».

52

A su segundo hijo lo llamó Efraín, porque dijo: «Dios permitió que yo

tuviera hijos en este país donde he sufrido tanto».
53-54

Tal como lo había anunciado José, a los siete años de abundancia siguieron los siete años de

escasez. Y aunque había hambre en todos los otros países, en Egipto había de comer.

55

Cuando

comenzó a sentirse el hambre en Egipto, los egipcios fueron a pedirle al rey que les diera de
comer. Entonces el rey les dijo: «Vayan a ver a José, y hagan lo que él les diga».
56

Cuando ya no había comida en todo el país, José abrió los almacenes y les vendió trigo a los

egipcios.

57

Era tanta la escasez de alimentos que de todos los países iban a Egipto para

comprarle trigo a José.
Los hermanos de José van a Egipto
42

1-2

Cuando Jacob supo que en Egipto había trigo, les dijo a sus hijos:

«¿Qué hacen allí, mirándose los unos a los otros? Me han dicho que en Egipto hay trigo. Si
queremos seguir con vida y no morirnos de hambre, más vale que vayan allá y compren trigo para
nosotros».
3-5

El hambre en Canaán iba en aumento, y mucha gente viajaba a Egipto para comprar trigo; entre

esa gente iban diez hermanos de José. Jacob no dejó que Benjamín se fuera con ellos porque
tenía miedo de que le sucediera alguna desgracia. Como sabemos, Benjamín era hermano de
José por parte de padre y madre.
6

Cuando los hermanos de José llegaron a Egipto, se inclinaron ante José con mucho respeto,

pues él gobernaba en Egipto y era el que vendía el trigo a todo su pueblo.

7-8

José reconoció a sus

hermanos enseguida, pero ellos no lo reconocieron. Así que los dejó creer que era egipcio y con
cara muy seria les preguntó:
—Ustedes, ¿de dónde vienen?
Ellos le respondieron:
—Venimos de Canaán, y queremos comprar trigo.
9

Entonces él se acordó de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les contestó:

—Yo creo que ustedes son espías, y sólo han venido a ver por dónde pueden atacarnos.
10

Ellos se defendieron:

—¡De ninguna manera, señor! Nosotros estamos para servirle, y sólo hemos venido a comprar
trigo.

11

Somos gente honrada, todos hijos del mismo padre. ¡No somos espías!
12

José insistió:

—¡No les creo! Ustedes sólo han venido a ver por dónde pueden atacarnos.
13

Ellos le respondieron:

—Nosotros somos doce hermanos, todos hijos de un mismo padre. El más joven se quedó con
nuestro padre en Canaán, y el otro ya ha muerto.
14

José volvió a decirles:

—¡Tal como les dije! ¡Ustedes son espías,

15

y les voy a probar que tengo la razón! Yo les juro, por

la vida del rey de Egipto, que no van a salir de aquí hasta que traigan a su hermano menor.
16

Vamos a ver si es cierto lo que dicen: Uno de ustedes va a ir por su hermano, y los demás van a

quedarse presos. Si no traen aquí a su hermano, quiere decir que ustedes son espías. ¡Lo juro por
el rey de Egipto!
17

Y así, José los puso a todos bajo vigilancia durante tres días.

18-20

Pasado ese tiempo, les dijo:

«Yo creo en Dios. Si ustedes realmente son gente honrada y quieren seguir con vida, hagan lo
siguiente: dejen aquí a uno de ustedes, y vayan los demás a llevarles trigo a sus familiares, pues
deben estar muriéndose de hambre. Pero tienen que traerme a su hermano menor. Así veré si es
cierto lo que dicen».
Ellos aceptaron lo que José les propuso,

21

pero se decían los unos a los otros:

«Seguramente estamos recibiendo nuestro merecido por lo que le hicimos a nuestro hermano.
Cuando nos rogaba que le perdonáramos la vida, no le hicimos caso, aunque podíamos ver su
miedo. Ahora estamos pagando las consecuencias».
22

Entonces dijo Rubén: «¿Acaso no les decía yo que no le hicieran daño al muchacho? ¡Pero

ustedes no me hicieron caso! ¡Por eso ahora recibimos este castigo!»
23

Como José estaba hablando con ellos por medio de un traductor, no se dieron cuenta de que él

les podía entender.

24

Sin embargo, José se apartó de ellos y se echó a llorar. Luego regresó a

donde estaban y ordenó que tomaran preso a Simeón, y que lo encadenaran.

25

Después ordenó

que les llenaran de trigo sus sacos, y que pusieran en los sacos el dinero que habían pagado.
También ordenó que les dieran comida para el viaje. Una vez hecho esto,

26

los hermanos de José

echaron el trigo sobre los burros y se pusieron en camino.
27

Cuando llegaron al lugar donde iban a pasar la noche, uno de ellos abrió su saco para darle de

comer a su burro, ¡y se encontró con que en el saco estaba su dinero! Enseguida les dijo a sus
hermanos:

28

«¡Me devolvieron mi dinero! ¡Mírenlo, aquí está, dentro del saco!»

Al ver esto, todos ellos se asustaron y empezaron a temblar de miedo, mientras se preguntaban:
«¿Qué es lo que Dios está haciendo con nosotros?»
29

Cuando llegaron a Canaán, le contaron a su padre todo lo que les había pasado. Le dijeron:

30

«El gobernador de Egipto nos habló muy fuerte, y hasta nos acusó de ser espías.

dijimos que no éramos espías, sino gente honrada.

32

31

Nosotros le

También le dijimos que éramos doce

hermanos, hijos del mismo padre; que uno de nosotros ya había muerto, y que el menor se había
quedado contigo aquí en Canaán.
33

»Pero el gobernador nos dijo: “Ahora voy a ver si de veras son gente honrada: Dejen aquí a uno

de sus hermanos, y váyanse a llevarles comida a sus familiares, que deben estar muriéndose de
hambre.

34

Pero tienen que traerme a su hermano menor. Así sabré que no son espías, sino gente

honrada, y yo les devolveré a su hermano. Entonces podrán hacer negocios aquí”».
35

Cuando comenzaron a vaciar sus sacos, se encontraron con que en cada uno de ellos estaba su

dinero. Al ver las bolsas de dinero, tanto ellos como su padre se asustaron mucho.

36

Entonces su

padre les dijo:
—¡Ustedes me van a dejar sin hijos! José ya no está con nosotros; Simeón, tampoco; ¡y ahora
quieren llevarse también a Benjamín! ¡Todo esto acabará por matarme!
37

Pero Rubén le propuso a su padre:

—Tú deja a Benjamín en mis manos, que yo te lo devolveré. Y si no te lo traigo de vuelta, ¡te dejo
que mates a mis dos hijos!
38

Sin embargo, Jacob respondió:

—Mi hijo no va a ir con ustedes. Ya su hermano está muerto, y sólo me queda él. Si algo llega a
pasarle en este viaje, viviré triste por el resto de mis días.
Benjamín en Egipto
2

43 En todo Canaán el hambre seguía aumentando, así que cuando se acabó el trigo que habían
traído de Egipto, su padre les dijo:
—Vuelvan a Egipto y compren más trigo para que tengamos comida.
3-5

Pero Judá le dijo:

—El gobernador de Egipto claramente nos dijo que no va a recibirnos si no llevamos a nuestro
hermano. Así que iremos a comprar trigo sólo si dejas que él nos acompañe.
6

Su padre les dijo:

—¿Y para qué le dijeron que tenían otro hermano? ¿Por qué me causan tantos problemas?
7

Ellos le respondieron:

—Es que ese hombre nos hacía muchas preguntas acerca de nosotros y de nuestra familia. Que
si todavía vivías, que si teníamos algún otro hermano. Nosotros no hicimos más que responderle.
Jamás nos imaginamos que nos pediría llevar a nuestro hermano.
8

Por su parte, Judá le dijo a su padre:

—Si queremos seguir con vida, Benjamín tiene que venir con nosotros. Déjalo ir, y nos iremos
9

enseguida. Yo me hago responsable por él. Si no te lo devuelvo aquí mismo, toda mi vida
cargaré con la culpa.

10

Francamente, si no hubiéramos dejado pasar tanto tiempo, ¡ya hubiéramos

ido y vuelto dos veces!
11-13

Ante esto, su padre no tuvo más remedio que aceptar:

—Pues si no hay otra solución, llévense a su hermano y vuelvan ya a donde está ese hombre.
Pero hagan lo siguiente: Llenen sus sacos con los mejores productos de nuestro país para
regalárselos. Llévenle bálsamo, un poco de miel, algunas especias, y mirra, pistachos y
almendras. Lleven también una doble cantidad de dinero, pues tienen que entregar el que les
devolvieron en sus sacos. Tal vez lo pusieron allí por error.

14

Que el Dios todopoderoso haga que

ese hombre les tenga compasión, y deje que Benjamín y su otro hermano regresen con ustedes.
En cuanto a mí, si he de perder a todos mis hijos, tendré que aceptarlo.
15

Los hijos de Jacob tomaron los regalos, una doble cantidad de dinero, y a Benjamín, y a toda

prisa se fueron a Egipto. Al llegar, se presentaron ante José,

16

y cuando José vio a Benjamín con

ellos, le dijo al mayordomo de su palacio: «Lleva a esos hombres a mi casa, y prepara la comida.
Mata un animal, porque al mediodía van a almorzar conmigo».
17

El mayordomo cumplió con sus órdenes y llevó a la casa de José a sus hermanos;

18

pero ellos

se asustaron mucho y pensaron: «Este hombre nos ha traído a su casa por el dinero que se nos
devolvió en el primer viaje. Lo que quiere es atacarnos, hacernos sus esclavos y quedarse con
nuestros burros».

19

Por eso, al llegar a la entrada de la casa se acercaron al mayordomo de José

y le dijeron:
20

—Señor, como usted sabe, la vez pasada vinimos a comprar trigo.

21-22

Y resulta que cuando

paramos para pasar la noche, al abrir nuestros sacos cada uno de nosotros encontró allí su
dinero. ¡No faltaba nada! Pero no sabemos quién lo haya puesto allí. Aquí lo traemos con
nosotros, y también traemos más dinero para comprar más trigo.
23

El mayordomo los tranquilizó:

—No se preocupen, que todo está en orden. Yo recibí el dinero que ustedes pagaron. Tal vez el
Dios de ustedes y de su padre les puso en sus sacos ese regalo.
Entonces sacó a Simeón

24

y a todos ellos los invitó a entrar en la casa de José; luego les dio agua

para que se bañaran, y les dio de comer a sus burros.

25

Y como ellos ya sabían que José iba a

comer con ellos al mediodía, prepararon los regalos para cuando él llegara.
26-28

Cuando José llegó a su casa, ellos se inclinaron delante de él y le entregaron los regalos que

le habían llevado. Luego de saludarlos, José les preguntó si su padre aún vivía.
Ellos le respondieron:
—Así es, nuestro padre todavía vive, está bien de salud y listo para servirle.
29

José miró a su alrededor, y cuando vio a Benjamín, su hermano de padre y madre, les preguntó:

—¿Es éste su hermano menor, del que me hablaron? ¡Que Dios te bendiga, hijo mío!
30

Tan conmovido quedó José al ver a su hermano, que salió de prisa, entró en su cuarto y se echó

a llorar.

31

Luego se lavó la cara y, controlando sus emociones, salió y dijo:

—¡Sirvan ya la comida!
32

A José le sirvieron de comer aparte, porque los egipcios no comen con los hebreos, pues los

consideran gente repugnante.

33

Los hermanos de José se sentaron frente a él según su edad, del

mayor al menor, y unos a otros se miraban sin salir de su asombro.

34

Cuando les sirvieron de lo

que José tenía en su mesa, a Benjamín le sirvieron cinco veces más que a los otros. Y bebieron
con José y estuvieron muy alegres.
La copa de plata de José
44

1-2

Más tarde, José le ordenó al mayordomo de su casa que llenara los sacos de sus hermanos

con todos los alimentos que cupieran en ellos, y que en cada uno de los sacos pusiera el dinero
que habían pagado por el trigo. También le ordenó que en el saco del más joven pusiera, además
del dinero, su copa de plata.
3

El mayordomo lo hizo así, y al amanecer los hermanos de José tomaron sus burros y se pusieron
4

en marcha. No habían avanzado mucho cuando José le dijo a su mayordomo:
«Vete enseguida tras esos hombres, y cuando los alcances diles: “¿Por qué le han pagado mal a
5

mi señor? ¡Esta copa es la que mi señor usa para beber, y también para adivinar el futuro!
¡Realmente se han portado muy mal con él!”»
6

7

Cuando el mayordomo los alcanzó, les repitió todo esto, palabra por palabra. Pero ellos le

respondieron:
8

—¿Por qué nos dice usted todo eso? ¡Nosotros jamás haríamos algo así! A usted le consta que
desde nuestra tierra trajimos de vuelta el dinero que encontramos en nuestros sacos. ¿Por qué
9

habríamos de robar el oro y la plata de su señor? Si esa copa de plata se encuentra en poder de
alguno de nosotros, que se le condene a muerte; y además todos nosotros nos haremos sus
esclavos.
10

El mayordomo respondió:

—De acuerdo. Que sea como ustedes quieran. Pero sólo quien tenga la copa será mi esclavo; a
los demás no se les acusará de nada.
11

Rápidamente, todos ellos bajaron sus sacos y los abrieron.

12

Entonces el mayordomo comenzó

a registrar cada saco, comenzando por el del mayor y acabando por el del más joven, ¡y resultó
que la copa se encontró en el saco de Benjamín!

13

Cuando los hermanos de José vieron esto, se

llenaron de miedo y tristeza; luego volvieron a cargar sus burros y regresaron a la ciudad.
14

Cuando llegaron, José todavía estaba en su casa. Judá y sus hermanos se arrojaron a sus pies,

15

pero él les dijo:

—¿Por qué me han hecho esto? ¿No sabían que soy adivino?
16

Judá respondió:

—¿Y qué podemos decirle a usted, mi señor? No podemos demostrar que somos inocentes. Dios
nos ha encontrado culpables, y ahora todos somos esclavos de usted, junto con el que tenía la
copa en su poder.
17

José les respondió:

—¡Yo jamás haría tal cosa! Sólo será mi esclavo el que tenía la copa. Los demás pueden volver
tranquilos a la casa de su padre.
18

Pero Judá se acercó a José y le dijo:
—Mi señor, yo sé que hablar con usted es como hablar con el rey mismo. Pero yo le ruego que no
se enoje conmigo y me permita decirle una sola cosa.
nuestro padre, o algún otro hermano.

20

19

Usted nos preguntó si todavía teníamos a

Nosotros le respondimos que nuestro padre ya era

anciano, que había tenido dos hijos con su esposa Raquel. Uno de ellos murió y sólo queda el
más joven, que nació cuando él ya era viejo. Por eso nuestro padre lo quiere mucho.
pidió que lo trajéramos para conocerlo.

22

de tristeza si el muchacho lo dejaba solo.

21

Usted nos

Nosotros le aclaramos que nuestro padre podría morirse
23

Con todo, usted nos dijo que volvería a recibirnos sólo

si regresábamos con nuestro hermano.
24

»Cuando volvimos a la casa de nuestro padre, le contamos todo lo que usted nos dijo,

cuando nuestro padre nos pidió que volviéramos acá para comprar más trigo,

26

25

así que

nosotros le

dijimos: “Iremos solamente si nuestro hermano menor nos acompaña. Si él no viene con nosotros,
el gobernador de Egipto no volverá a recibirnos”.
27

»Nuestro padre nos dijo: “Ustedes bien saben que mi esposa Raquel me dio dos hijos.

28

Uno de

ellos se marchó, y jamás he vuelto a verlo. Me imagino que alguna fiera se lo habrá comido.

29

Si

también me quitan a este hijo mío, y algo malo llega a pasarle, viviré triste por el resto de mis
días”.
30-31

»Como puede ver usted, si yo regreso a la casa de mi padre sin mi hermano, seguramente mi

padre morirá. Tan apegado está a este muchacho que su vida depende de que él viva. Así que, si
nuestro padre se muere de tristeza, nosotros tendremos la culpa.

32

Yo mismo me hice

responsable ante mi padre de que a su hijo nada le pasaría. Hasta le dije: “Padre mío, si no te
devuelvo a tu hijo, toda mi vida cargaré ante ti con esa culpa”.
33

»Yo le ruego a usted que me acepte como su esclavo, y que le permita al muchacho volver con

sus hermanos. Yo me quedaré en su lugar.

34

¿Cómo podría yo volver a la casa de mi padre, si mi

hermano no vuelve conmigo? ¡No, yo no podría ver la desgracia que caería sobre mi padre!
José se da a conocer a sus hermanos
45

1-3

José no aguantó más y les ordenó a todos sus ayudantes que salieran de allí, así que

cuando se dio a conocer a sus hermanos, nadie más estaba con él. A sus hermanos les dijo:
—¡Yo soy José! ¿Vive mi padre todavía?
Y se echó a llorar. Fue tanto lo que lloró, que todos en Egipto y en el palacio del rey llegaron a
saberlo. Sin embargo, sus hermanos se asustaron tanto de verlo vivo que no pudieron
4

responderle. Entonces José les dijo:
—Vengan acá.
Ellos se acercaron, y entonces José les dijo:
—Yo soy José, el hermano que ustedes vendieron a los egipcios.

5-7

Pero no se preocupen, ni se

reprochen nada. En los dos años anteriores no ha habido comida en toda esta región, y todavía
faltan cinco años en que nadie va a sembrar ni a cosechar nada. Pero Dios me envió aquí antes
que a ustedes, para que les salve la vida a ustedes y a sus hijos de una manera maravillosa.
8

»Como pueden ver, no fueron ustedes los que me enviaron acá, sino que fue Dios quien me
9

trajo. Él me ha convertido en amo y señor de todo Egipto, y en consejero del rey. Así que
regresen pronto a donde está mi padre, y díganle de mi parte que Dios me ha hecho gobernador
de todo Egipto, y que venga acá enseguida.

10

Díganle que va a vivir en la región de Gosen, junto

con sus hijos, nietos, ovejas, vacas, y todo lo que tiene. Así estará cerca de mí.

11

Todavía vienen

cinco años de hambre, pero yo voy a cuidar de él. De lo contrario, tanto él como su familia van a
quedarse en la pobreza, y perderán todo lo que tienen.
12

»Ustedes y mi hermano Benjamín son testigos de que yo personalmente le mando a decir esto.

13

Cuéntenle a mi padre todo lo que han visto, y todo el poder que tengo en este país, y tráiganlo

enseguida.
14

Después de haber dicho esto, José abrazó a Benjamín y ambos se echaron a llorar.

15

Luego

José besó a todos sus hermanos y lloró con ellos; fue en ese momento cuando sus hermanos se
atrevieron a hablarle.
16

Tanto gusto les dio al rey y a todos sus asistentes saber que los hermanos de José estaban en

Egipto,

17

que el rey mismo mandó a decirles, por medio de José:

«Carguen sus animales y regresen a Canaán

18

para que traigan a su padre y a sus familias. Yo

voy a darles las mejores tierras de Egipto, para que disfruten de lo mejor del país.

19

Llévense

algunas de nuestras carretas para que traigan a sus hijos, a sus esposas y a su padre.

20

Y no se

preocupen por lo que dejen allá, pues aquí en Egipto tendrán todo lo mejor».
21

Los hermanos de José aceptaron la oferta del rey, así que José les dio carretas y comida para el

viaje.

22

A cada uno de ellos les dio ropa nueva, pero a Benjamín le dio trescientas monedas de

plata y cinco trajes muy finos.

23

A su padre le envió diez burros cargados con los mejores

productos de Egipto, y diez burras cargadas de pan, trigo y otros alimentos para su viaje.

24

Luego

despidió a sus hermanos, pero antes les recomendó que no se fueran peleando.
25-26

Los hermanos de José salieron de Egipto. Y cuando llegaron a Canaán y le contaron a Jacob

que José todavía estaba vivo, y que era el gobernador de todo Egipto, Jacob casi se desmayó,
pues no podía creer lo que le decían.

27

Sin embargo, recobró el aliento cuando le contaron lo que

José mandaba a decirle, y vio las carretas que José había enviado para que lo llevaran a Egipto.
28

Entonces dijo: «¡Me han convencido! ¡Mi hijo José todavía está vivo! ¡Iré a verlo antes de que

me muera!»
Jacob llega a Egipto
46 El padre de José salió de Canaán con todas sus pertenencias, y al llegar a Beerseba ofreció
2

sacrificios al Dios de su padre Isaac. Esa noche Dios le habló en un sueño, y le dijo:
—¡Jacob!
—¡Sí, aquí estoy! —respondió Jacob.
3-4

Entonces Dios le dijo:

«Yo soy el Dios de tu padre. No tengas miedo de ir a Egipto, porque yo voy a ir contigo. Te
convertiré en una gran nación, y te haré volver de nuevo a Canaán. Además, cuando mueras,
José estará a tu lado».
5-7

Entonces los hijos de Jacob lo ayudaron a subir a las carretas que había enviado el rey de

Egipto. Así fue como Jacob se fue de Beerseba a Egipto con toda su familia, con todo su ganado y
todo lo que tenía.
Jacob y José se encuentran
28

Antes de salir de Canaán, Jacob envió a Judá para que le preguntara a José cómo llegar a la

región de Gosen. Cuando todos ellos llegaron allá,

29

José mandó que le prepararan su carro, y

salió a encontrarse con su padre. En cuanto José lo vio, corrió a sus brazos y se soltó a llorar un
buen rato.

30

Y Jacob le dijo:

—Con mis propios ojos te he visto, y sé que estás vivo. ¡Ya puedo morir en paz!
31

José les dijo a sus hermanos y a todos sus familiares:

—Voy a hablar con el rey. Le diré que toda mi familia, que vivía en Canaán, ha venido a quedarse
conmigo.

32

que tienen.

Le diré que ustedes crían ovejas, y que se han traído sus rebaños y ganado, y todo lo
33

Cuando el rey los llame y les pregunte a qué se dedican,

34

respóndanle que siempre

han sido pastores, como nuestros abuelos. Así los dejará quedarse en la región de Gosen.

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Reli historia de josé

  • 1. Historia de José (37.1—50.26) 37 1-2 Ésta es la historia de Jacob, que vivió en la tierra de Canaán, donde antes su padre había vivido como extranjero. Los sueños de José Cuando José tenía diecisiete años, ayudaba a sus hermanos, los hijos de Bilhá y de Zilpá, a cuidar las ovejas. Pero José le contaba a su padre lo mal que se portaban sus hermanos. 3 Jacob amaba a José más que a sus otros hijos, pues había nacido cuando ya era muy anciano. 4 Por eso le hizo una capa de muchos colores. Pero sus hermanos lo odiaban, y ni siquiera le hablaban, pues veían que su padre lo quería más que a ellos. 5 6 Un día José tuvo un sueño. Cuando se lo contó a sus hermanos, ellos lo odiaron aún más, pues les dijo: 7 —Anoche tuve un sueño, y soñé que estábamos en medio del campo, atando el trigo en manojos. De repente, mi manojo se levantó y se quedó bien derecho, mientras los de ustedes lo rodeaban y se inclinaban ante él. 8 Sus hermanos protestaron: —¡Ahora resulta que vas a ser nuestro rey y nuestro jefe! Y por causa del sueño y por lo que decía, creció en ellos el odio que le tenían. 9 José tuvo otro sueño, y también se lo contó a sus hermanos. Les dijo: —Fíjense que tuve otro sueño. Resulta que esta vez el sol, la luna y once estrellas, se inclinaban ante mí. 10 Cuando les contó este sueño a su padre y a sus hermanos, su padre lo reprendió, y le dijo: —¿Qué clase de sueño es ése? ¿Quieres decir que tu madre y tus hermanos, y yo mismo, vamos a ser tus esclavos? 11 Y sus hermanos le tenían envidia, pero su padre trataba de entender el significado de sus sueños. José es vendido como esclavo 12 Los hermanos de José habían llevado las ovejas de su padre a los pastos de Siquem. 13-14 Unos días después, Jacob le dijo a José: —Ya sabes que tus hermanos están en Siquem, cuidando las ovejas. Quiero que vayas a ver si todo está bien, y que regreses a contármelo. —Sí, papá, enseguida voy —le respondió. José salió del valle de Hebrón, y llegó a Siquem, 15 pero no encontró a sus hermanos por ningún lado. Poco después lo encontró un hombre y le preguntó: —¿Qué andas buscando?
  • 2. 16 José le respondió: —Busco a mis hermanos y a sus rebaños. Tal vez usted pueda decirme dónde están. 17 Aquel hombre contestó: —Hace días que se fueron. Alcancé a oír que se iban a Dotán. José siguió buscando a sus hermanos, y allá los encontró. 18 Cuando ellos lo vieron acercarse, antes de que él llegara a donde ellos estaban, se pusieron de acuerdo para matarlo. 19 Unos a otros se decían: «¡Vaya, vaya! ¡Aquí viene ese gran soñador! 20 Vamos a matarlo y a echarlo en uno de estos pozos, y diremos que algún animal feroz se lo comió. ¡Ya vamos a ver si se cumplen sus sueños!» 21-22 Al oír esto, Rubén trató de librar a José de sus hermanos, para luego llevárselo a su padre. Por eso les dijo: «No está bien que lo matemos. ¿Para qué matarlo? Si quieren, échenlo en este pozo del desierto; ¡pero no le hagan daño!» 23 Cuando José llegó a donde estaban sus hermanos, ellos le quitaron la capa que su padre le había hecho 25 24 y lo echaron al pozo, que estaba seco. Y Rubén se fue. Los hermanos se sentaron a comer. De pronto vieron que se acercaba un grupo de comerciantes. Eran unos ismaelitas que venían de Galaad. Sus camellos estaban cargados de finos perfumes y hierbas de rico olor, que los ismaelitas pensaban vender en Egipto. 26 Judá entonces les dijo a sus hermanos: «No ganamos nada con matar a nuestro hermano, y luego tener que mentir acerca de su muerte. 27 Nos conviene más vendérselo a estos ismaelitas. Después de todo, José es nuestro hermano; ¡es de nuestra propia familia!» Esta idea les pareció bien, 28 así que cuando los comerciantes pasaron por allí, los hermanos de José lo sacaron del pozo y lo vendieron en veinte monedas de plata. Entonces los comerciantes se lo llevaron a Egipto. 29 Cuando Rubén regresó y vio que José ya no estaba en el pozo, rompió su ropa en señal de tristeza, 30 y luego fue a decirles a sus hermanos: «¡José ya no está en el pozo! Y ahora, ¿qué le voy a decir a mi padre?» 31 Mataron entonces un cabrito, y con la sangre del cabrito mancharon la capa de José. 32 Luego le llevaron la capa a Jacob, y le dijeron: —¡Mira lo que encontramos! Nos parece que es la capa de tu hijo. 33 Jacob la reconoció, y lleno de dolor gritó: —¡Sí, es la capa de mi hijo! ¡Seguramente algún animal feroz lo hizo pedazos y se lo comió! 34 Allí mismo Jacob rompió su ropa en señal de tristeza, se vistió de luto, y durante mucho tiempo lloró por la muerte de su hijo. 35 Todos sus hijos llegaron para consolarlo, pero él no quería que lo consolaran. Más bien, lloraba y decía que quería morirse para estar con José. 36 Cuando los comerciantes llegaron a Egipto, vendieron a José. Lo compró Potifar, que era un oficial del rey de Egipto y capitán de la guardia.
  • 3. José y la esposa de Potifar 39 Cuando los comerciantes llevaron a José a Egipto, lo compró Potifar, que era oficial del rey y 2 capitán de su guardia. A José le fue muy bien allí, en la casa de su amo egipcio, pues Dios 3 estaba con él. Potifar vio que Dios ayudaba a José y hacía que todo le saliera bien. 4-6 Por eso trató amablemente a José, lo puso a cargo de su casa y de todo lo que tenía. A partir de ese momento, y gracias a José, Dios bendijo a Potifar en todo, y él no se preocupaba ya de nada, más que de comer. 7 Como José era muy guapo y atractivo, la mujer de su amo se fijó en él, y le propuso: —¡Ven, acuéstate conmigo! 8 En vez de aceptar, José le contestó: —Mi amo confía en mí, y por eso ha dejado todo a mi cargo. Estando yo al frente de todas sus 9 riquezas, él no tiene nada de qué preocuparse. No me ha prohibido nada, y en esta casa nadie tiene más autoridad que yo. Pero usted es su esposa. Tener relaciones sexuales con usted, sería pecar contra Dios. 10 Y aunque todos los días ella le insistía, él la rechazaba. 11 Un día, José entró en la casa para hacer su trabajo. Entonces ella, aprovechando que no había nadie en la casa, 12 lo agarró de la ropa y le exigió: —¡Acuéstate conmigo! Pero José prefirió que le arrebatara la ropa, y salió corriendo de la casa. con la ropa de José en las manos, 14 13 Entonces ella, al verse llamó a gritos a los sirvientes y les dijo: —¡Miren, este hebreo que trajo mi esposo ha venido a burlarse de nosotros! Se metió aquí y quiso violarme, pero yo me puse a gritar con todas mis fuerzas. 15 En cuanto me oyó gritar y pedir ayuda, salió corriendo ¡y hasta la ropa dejó! 16 Ella guardó la ropa de José hasta que regresara su esposo. 17 Cuando Potifar llegó, ella le contó la misma historia: «Ese esclavo hebreo que nos trajiste quiso violarme. 18 Pero en cuanto empecé a gritar pidiendo ayuda, dejó su ropa junto a mí y salió corriendo de la casa». 19 Al oír Potifar las quejas de su esposa, se enojó mucho. 20 Entonces agarró a José y lo metió en la cárcel, donde estaban los presos del rey. Pero aun en la cárcel 21 Dios siguió ayudando a José y dándole muestras de su amor, pues hizo que el carcelero lo tratara bien. 22 Y así, el carcelero puso a José a cargo de todos los presos y de todos los trabajos que allí se hacían. José y hacía que todo le saliera bien. 23 El carcelero no tenía que vigilarlo, porque Dios ayudaba a
  • 4. Los sueños del copero y del panadero 40 1-2 [a] Algún tiempo después, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos ofendieron al rey de 3 Egipto, y el rey se enojó mucho con estos dos ayudantes. Entonces los puso bajo vigilancia en la 4 cárcel donde José estaba preso. El capitán de la guardia los dejó al cuidado de José. 5 Pasó el tiempo, y una noche el copero y el panadero tuvieron cada uno un sueño, y cada sueño 6 tenía su propio significado. Al día siguiente, cuando José llegó a verlos, los encontró muy tristes, 7 y les preguntó: —¿Por qué están hoy tan tristes? 8 Ellos respondieron: —Resulta que los dos tuvimos un sueño, pero no hay quien pueda decirnos lo que significan. José les dijo: —Vamos a ver, cuéntenme sus sueños, y Dios nos dirá lo que significan. 9 El primero en contar su sueño fue el copero. Le dijo: —En mi sueño yo veía una planta de uvas 10 que tenía tres ramas. Tan pronto como las ramas brotaban, también echaban flores, y las uvas maduraban. 11 Yo tenía en mi mano la copa del rey, así que tomaba las uvas y las exprimía en la copa, y luego se la daba al rey. 12 José le dijo: —Las tres ramas son tres días. Eso quiere decir 13 que dentro de tres días el rey te perdonará y te devolverá tu cargo, para que vuelvas a servirle como su jefe de los coperos. 14 Por favor, cuando todo esto suceda, no te olvides de mí. Tan pronto puedas, háblale de mí al rey, y sácame de esta cárcel. 16 15 Yo soy hebreo, y me trajeron aquí a la fuerza, aunque no hice nada para merecerlo. Cuando el jefe de los panaderos vio que José le había dado un significado muy bueno al sueño del copero, le dijo: —También yo tuve un sueño. Sobre mi cabeza había tres canastas de pan. 17 La canasta de más arriba tenía los mejores pasteles para el rey; sin embargo, las aves venían a comérselos. 18 José le dijo: —Las tres canastas son tres días. Eso quiere decir 19 que dentro de tres días el rey mandará que te cuelguen de un árbol. Allí los buitres se comerán tu cuerpo. 20 Tres días después el rey de Egipto celebraba su cumpleaños, así que hizo una gran fiesta e invitó a todos sus ayudantes y consejeros. Allí, delante de sus invitados, el rey mandó a sacar de la cárcel al jefe de los coperos y al jefe de los panaderos. cargo, 22 21 Al jefe de los coperos le devolvió su pero mandó que colgaran de un árbol al jefe de los panaderos. Así se cumplió lo que José les había dicho. 23 Sin embargo, el jefe de los coperos se olvidó completamente de José.
  • 5. Los sueños del rey de Egipto 41 Dos años después, el rey de Egipto tuvo un sueño en el que se veía de pie, junto al río Nilo. 2 De pronto vio que del río salían siete vacas, gordas y bonitas, las cuales se ponían a comer el 3 pasto que había a la orilla del río. También vio salir del río otras siete vacas, flacas y feas, las 4 cuales se pararon junto a las primeras siete vacas. Y de repente, ¡las flacas y feas se comieron a las gordas y bonitas! 5 En ese momento el rey se despertó. Pero volvió a dormirse, y tuvo otro sueño. Soñó que de un 6 mismo tallo brotaron siete espigas, verdes y llenas de trigo. Tras ellas brotaron otras siete 7 espigas, sin trigo y marchitadas por el viento del desierto. ¡Y las espigas secas se tragaron a las verdes y llenas de trigo! 8 El rey se despertó, y vio que se trataba de un sueño. Sin embargo, al levantarse estaba tan preocupado que mandó llamar a todos los magos y sabios de Egipto. Les contó sus sueños, pero 9 ninguno pudo decirle lo que significaban. De pronto, el jefe de los coperos se acordó de José y le dijo al rey: —¡Soy un malagradecido! 10 Una vez usted se enojó conmigo y con el jefe de los panaderos, y mandó que nos encerraran en la cárcel, al cuidado del capitán de la guardia. tuvimos un sueño. 12 11 Una noche, los dos Allí en la cárcel estaba con nosotros un joven hebreo, que ayudaba al capitán de la guardia; le contamos nuestros sueños, y él nos dijo lo que significaban. 13 ¡Y dicho y hecho! A mí usted me devolvió a mi cargo, y al otro mandó que lo mataran. 14 El rey mandó llamar a José, y de inmediato lo sacaron de la cárcel. Entonces José se afeitó, se cambió de ropa, y luego se presentó ante el rey. 15 Y el rey le dijo: —Tuve un sueño, y nadie puede decirme lo que significa. Pero me han dicho que en cuanto oyes un sueño, sabes su significado. 16 José le respondió: —Yo no tengo ese poder, pero Dios sí lo tiene, y le dará a usted la respuesta esperada. 17 Entonces el rey le dijo: —Resulta que, en mi sueño, yo estaba de pie a la orilla del río Nilo. 18 De pronto vi que del río salían siete vacas gordas y bonitas, las cuales se pusieron a comer el pasto que había a la orilla del río. 19 Tras ellas salieron otras siete vacas, muy flacas y feas. ¡Jamás vi vacas tan feas en todo Egipto! 20 Y resulta que las vacas flacas y feas se comieron a las vacas gordas que habían salido primero. 21 Eran tan flacas y feas esas vacas, que después de comerse a las otras, no se les notaba nada; ¡seguían tan flacas como al principio! »Yo me desperté. 22 Pero volví a soñar, y en mi sueño vi también siete espigas verdes y llenas de trigo, que brotaban de un mismo tallo. 23 Después de ellas brotaron otras siete espigas, delgadas y marchitas, resecadas por el viento del desierto. 24 Esas espigas delgadas se comieron a las siete
  • 6. espigas llenas de trigo. Todo esto se lo he contado a los magos, pero ninguno ha podido explicármelo. 25 José le dijo al rey: —Los dos sueños que tuvo Su Majestad son uno solo. Dios le ha hecho saber a usted lo que piensa hacer. 26 Las siete vacas gordas son siete años, lo mismo que las siete espigas llenas de trigo; el sueño es uno solo. 27 Las siete vacas flacas y feas que salieron detrás de aquéllas son también siete años, lo mismo que las siete espigas marchitas y resecadas por el viento del desierto. Ellas significan siete años de hambre. 28 »Dios quiere que Su Majestad sepa lo que él está a punto de hacer. años de abundantes cosechas, 30-31 29 Egipto va a tener siete pero después vendrán siete años en que no habrá qué comer. Cuando eso suceda, nadie se acordará de la abundancia que antes hubo. Habrá tanta hambre que acabará con el país. 32 Su Majestad tuvo el mismo sueño en dos formas distintas, y eso significa que Dios ha decidido hacerlo, y lo va a hacer muy pronto. 33 »Yo le sugiero a Su Majestad que busque a alguien muy sabio e inteligente, y que lo ponga a cargo del país. 34 También le sugiero que nombre gente que se encargue de recoger la quinta parte de las cosechas durante los siete años de abundancia. 35 Durante los siete años buenos que van a venir, Su Majestad debe darles autoridad para que junten y almacenen en las ciudades todos los alimentos y el trigo. 36 Ese alimento quedará guardado, para usarlo durante los siete años de hambre que habrá en Egipto. Así el país no quedará arruinado por el hambre. 37 El rey y sus consejeros estuvieron de acuerdo en que el plan de José era bueno, 38 y el rey les comentó: «En ningún lado vamos a encontrar a nadie más inteligente que este joven». 39-41 Por eso le dijo a José: —Dios te ha dado a conocer todo esto, y eso quiere decir que no hay nadie tan sabio e inteligente como tú. Por eso, a partir de este momento quedas a cargo de mi palacio y de todo mi pueblo. Todos en Egipto tendrán que obedecerte. Sólo yo tendré más poder que tú, porque soy el rey. 42 Después, el rey se quitó el anillo que usaba para sellar sus cartas, y se lo puso a José. Luego ordenó que lo vistieran con ropas de lino fino y que le pusieran un collar de oro, 43 y le pidió que lo acompañara en su carro, como su gobernador. Delante de José gritaban: «¡Abran paso!» Así fue como el rey puso a José a cargo de todo su país. 44 Luego le dijo a José: «Aunque yo soy el rey de Egipto, nadie en este país hará nada sin tu permiso». 45 Además, el rey le cambió el nombre a José, y le puso Safenat-panéah, y le dio por esposa a la hija de Potifera, sacerdote de On, la cual se llamaba Asenat. Después de eso, José comenzó a recorrer todo Egipto. José se hace cargo de Egipto 46 José tenía treinta años cuando se despidió del rey y comenzó a viajar por todo Egipto. los siete años de abundancia, en todo Egipto hubo muy buenas cosechas, 48 47 Durante así que José juntó
  • 7. todo el alimento que se produjo en esos siete años y lo almacenó. En cada ciudad guardó el alimento que produjeron los campos vecinos. 49 José almacenó tanto trigo que parecía haber juntado toda la arena del mar; hasta dejó de anotar la cantidad de trigo guardada, porque ya no era posible llevar la cuenta. 50 Antes de que llegaran los años de escasez, Asenat y José tuvieron dos hijos. 51 Al primero de ellos José lo llamó Manasés porque dijo: «Dios ha hecho que me olvide de todos mis problemas y de la familia de mi padre». 52 A su segundo hijo lo llamó Efraín, porque dijo: «Dios permitió que yo tuviera hijos en este país donde he sufrido tanto». 53-54 Tal como lo había anunciado José, a los siete años de abundancia siguieron los siete años de escasez. Y aunque había hambre en todos los otros países, en Egipto había de comer. 55 Cuando comenzó a sentirse el hambre en Egipto, los egipcios fueron a pedirle al rey que les diera de comer. Entonces el rey les dijo: «Vayan a ver a José, y hagan lo que él les diga». 56 Cuando ya no había comida en todo el país, José abrió los almacenes y les vendió trigo a los egipcios. 57 Era tanta la escasez de alimentos que de todos los países iban a Egipto para comprarle trigo a José. Los hermanos de José van a Egipto 42 1-2 Cuando Jacob supo que en Egipto había trigo, les dijo a sus hijos: «¿Qué hacen allí, mirándose los unos a los otros? Me han dicho que en Egipto hay trigo. Si queremos seguir con vida y no morirnos de hambre, más vale que vayan allá y compren trigo para nosotros». 3-5 El hambre en Canaán iba en aumento, y mucha gente viajaba a Egipto para comprar trigo; entre esa gente iban diez hermanos de José. Jacob no dejó que Benjamín se fuera con ellos porque tenía miedo de que le sucediera alguna desgracia. Como sabemos, Benjamín era hermano de José por parte de padre y madre. 6 Cuando los hermanos de José llegaron a Egipto, se inclinaron ante José con mucho respeto, pues él gobernaba en Egipto y era el que vendía el trigo a todo su pueblo. 7-8 José reconoció a sus hermanos enseguida, pero ellos no lo reconocieron. Así que los dejó creer que era egipcio y con cara muy seria les preguntó: —Ustedes, ¿de dónde vienen? Ellos le respondieron: —Venimos de Canaán, y queremos comprar trigo. 9 Entonces él se acordó de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les contestó: —Yo creo que ustedes son espías, y sólo han venido a ver por dónde pueden atacarnos. 10 Ellos se defendieron: —¡De ninguna manera, señor! Nosotros estamos para servirle, y sólo hemos venido a comprar trigo. 11 Somos gente honrada, todos hijos del mismo padre. ¡No somos espías!
  • 8. 12 José insistió: —¡No les creo! Ustedes sólo han venido a ver por dónde pueden atacarnos. 13 Ellos le respondieron: —Nosotros somos doce hermanos, todos hijos de un mismo padre. El más joven se quedó con nuestro padre en Canaán, y el otro ya ha muerto. 14 José volvió a decirles: —¡Tal como les dije! ¡Ustedes son espías, 15 y les voy a probar que tengo la razón! Yo les juro, por la vida del rey de Egipto, que no van a salir de aquí hasta que traigan a su hermano menor. 16 Vamos a ver si es cierto lo que dicen: Uno de ustedes va a ir por su hermano, y los demás van a quedarse presos. Si no traen aquí a su hermano, quiere decir que ustedes son espías. ¡Lo juro por el rey de Egipto! 17 Y así, José los puso a todos bajo vigilancia durante tres días. 18-20 Pasado ese tiempo, les dijo: «Yo creo en Dios. Si ustedes realmente son gente honrada y quieren seguir con vida, hagan lo siguiente: dejen aquí a uno de ustedes, y vayan los demás a llevarles trigo a sus familiares, pues deben estar muriéndose de hambre. Pero tienen que traerme a su hermano menor. Así veré si es cierto lo que dicen». Ellos aceptaron lo que José les propuso, 21 pero se decían los unos a los otros: «Seguramente estamos recibiendo nuestro merecido por lo que le hicimos a nuestro hermano. Cuando nos rogaba que le perdonáramos la vida, no le hicimos caso, aunque podíamos ver su miedo. Ahora estamos pagando las consecuencias». 22 Entonces dijo Rubén: «¿Acaso no les decía yo que no le hicieran daño al muchacho? ¡Pero ustedes no me hicieron caso! ¡Por eso ahora recibimos este castigo!» 23 Como José estaba hablando con ellos por medio de un traductor, no se dieron cuenta de que él les podía entender. 24 Sin embargo, José se apartó de ellos y se echó a llorar. Luego regresó a donde estaban y ordenó que tomaran preso a Simeón, y que lo encadenaran. 25 Después ordenó que les llenaran de trigo sus sacos, y que pusieran en los sacos el dinero que habían pagado. También ordenó que les dieran comida para el viaje. Una vez hecho esto, 26 los hermanos de José echaron el trigo sobre los burros y se pusieron en camino. 27 Cuando llegaron al lugar donde iban a pasar la noche, uno de ellos abrió su saco para darle de comer a su burro, ¡y se encontró con que en el saco estaba su dinero! Enseguida les dijo a sus hermanos: 28 «¡Me devolvieron mi dinero! ¡Mírenlo, aquí está, dentro del saco!» Al ver esto, todos ellos se asustaron y empezaron a temblar de miedo, mientras se preguntaban: «¿Qué es lo que Dios está haciendo con nosotros?» 29 Cuando llegaron a Canaán, le contaron a su padre todo lo que les había pasado. Le dijeron: 30 «El gobernador de Egipto nos habló muy fuerte, y hasta nos acusó de ser espías. dijimos que no éramos espías, sino gente honrada. 32 31 Nosotros le También le dijimos que éramos doce hermanos, hijos del mismo padre; que uno de nosotros ya había muerto, y que el menor se había quedado contigo aquí en Canaán.
  • 9. 33 »Pero el gobernador nos dijo: “Ahora voy a ver si de veras son gente honrada: Dejen aquí a uno de sus hermanos, y váyanse a llevarles comida a sus familiares, que deben estar muriéndose de hambre. 34 Pero tienen que traerme a su hermano menor. Así sabré que no son espías, sino gente honrada, y yo les devolveré a su hermano. Entonces podrán hacer negocios aquí”». 35 Cuando comenzaron a vaciar sus sacos, se encontraron con que en cada uno de ellos estaba su dinero. Al ver las bolsas de dinero, tanto ellos como su padre se asustaron mucho. 36 Entonces su padre les dijo: —¡Ustedes me van a dejar sin hijos! José ya no está con nosotros; Simeón, tampoco; ¡y ahora quieren llevarse también a Benjamín! ¡Todo esto acabará por matarme! 37 Pero Rubén le propuso a su padre: —Tú deja a Benjamín en mis manos, que yo te lo devolveré. Y si no te lo traigo de vuelta, ¡te dejo que mates a mis dos hijos! 38 Sin embargo, Jacob respondió: —Mi hijo no va a ir con ustedes. Ya su hermano está muerto, y sólo me queda él. Si algo llega a pasarle en este viaje, viviré triste por el resto de mis días. Benjamín en Egipto 2 43 En todo Canaán el hambre seguía aumentando, así que cuando se acabó el trigo que habían traído de Egipto, su padre les dijo: —Vuelvan a Egipto y compren más trigo para que tengamos comida. 3-5 Pero Judá le dijo: —El gobernador de Egipto claramente nos dijo que no va a recibirnos si no llevamos a nuestro hermano. Así que iremos a comprar trigo sólo si dejas que él nos acompañe. 6 Su padre les dijo: —¿Y para qué le dijeron que tenían otro hermano? ¿Por qué me causan tantos problemas? 7 Ellos le respondieron: —Es que ese hombre nos hacía muchas preguntas acerca de nosotros y de nuestra familia. Que si todavía vivías, que si teníamos algún otro hermano. Nosotros no hicimos más que responderle. Jamás nos imaginamos que nos pediría llevar a nuestro hermano. 8 Por su parte, Judá le dijo a su padre: —Si queremos seguir con vida, Benjamín tiene que venir con nosotros. Déjalo ir, y nos iremos 9 enseguida. Yo me hago responsable por él. Si no te lo devuelvo aquí mismo, toda mi vida cargaré con la culpa. 10 Francamente, si no hubiéramos dejado pasar tanto tiempo, ¡ya hubiéramos ido y vuelto dos veces! 11-13 Ante esto, su padre no tuvo más remedio que aceptar: —Pues si no hay otra solución, llévense a su hermano y vuelvan ya a donde está ese hombre. Pero hagan lo siguiente: Llenen sus sacos con los mejores productos de nuestro país para
  • 10. regalárselos. Llévenle bálsamo, un poco de miel, algunas especias, y mirra, pistachos y almendras. Lleven también una doble cantidad de dinero, pues tienen que entregar el que les devolvieron en sus sacos. Tal vez lo pusieron allí por error. 14 Que el Dios todopoderoso haga que ese hombre les tenga compasión, y deje que Benjamín y su otro hermano regresen con ustedes. En cuanto a mí, si he de perder a todos mis hijos, tendré que aceptarlo. 15 Los hijos de Jacob tomaron los regalos, una doble cantidad de dinero, y a Benjamín, y a toda prisa se fueron a Egipto. Al llegar, se presentaron ante José, 16 y cuando José vio a Benjamín con ellos, le dijo al mayordomo de su palacio: «Lleva a esos hombres a mi casa, y prepara la comida. Mata un animal, porque al mediodía van a almorzar conmigo». 17 El mayordomo cumplió con sus órdenes y llevó a la casa de José a sus hermanos; 18 pero ellos se asustaron mucho y pensaron: «Este hombre nos ha traído a su casa por el dinero que se nos devolvió en el primer viaje. Lo que quiere es atacarnos, hacernos sus esclavos y quedarse con nuestros burros». 19 Por eso, al llegar a la entrada de la casa se acercaron al mayordomo de José y le dijeron: 20 —Señor, como usted sabe, la vez pasada vinimos a comprar trigo. 21-22 Y resulta que cuando paramos para pasar la noche, al abrir nuestros sacos cada uno de nosotros encontró allí su dinero. ¡No faltaba nada! Pero no sabemos quién lo haya puesto allí. Aquí lo traemos con nosotros, y también traemos más dinero para comprar más trigo. 23 El mayordomo los tranquilizó: —No se preocupen, que todo está en orden. Yo recibí el dinero que ustedes pagaron. Tal vez el Dios de ustedes y de su padre les puso en sus sacos ese regalo. Entonces sacó a Simeón 24 y a todos ellos los invitó a entrar en la casa de José; luego les dio agua para que se bañaran, y les dio de comer a sus burros. 25 Y como ellos ya sabían que José iba a comer con ellos al mediodía, prepararon los regalos para cuando él llegara. 26-28 Cuando José llegó a su casa, ellos se inclinaron delante de él y le entregaron los regalos que le habían llevado. Luego de saludarlos, José les preguntó si su padre aún vivía. Ellos le respondieron: —Así es, nuestro padre todavía vive, está bien de salud y listo para servirle. 29 José miró a su alrededor, y cuando vio a Benjamín, su hermano de padre y madre, les preguntó: —¿Es éste su hermano menor, del que me hablaron? ¡Que Dios te bendiga, hijo mío! 30 Tan conmovido quedó José al ver a su hermano, que salió de prisa, entró en su cuarto y se echó a llorar. 31 Luego se lavó la cara y, controlando sus emociones, salió y dijo: —¡Sirvan ya la comida! 32 A José le sirvieron de comer aparte, porque los egipcios no comen con los hebreos, pues los consideran gente repugnante. 33 Los hermanos de José se sentaron frente a él según su edad, del mayor al menor, y unos a otros se miraban sin salir de su asombro. 34 Cuando les sirvieron de lo que José tenía en su mesa, a Benjamín le sirvieron cinco veces más que a los otros. Y bebieron con José y estuvieron muy alegres.
  • 11. La copa de plata de José 44 1-2 Más tarde, José le ordenó al mayordomo de su casa que llenara los sacos de sus hermanos con todos los alimentos que cupieran en ellos, y que en cada uno de los sacos pusiera el dinero que habían pagado por el trigo. También le ordenó que en el saco del más joven pusiera, además del dinero, su copa de plata. 3 El mayordomo lo hizo así, y al amanecer los hermanos de José tomaron sus burros y se pusieron 4 en marcha. No habían avanzado mucho cuando José le dijo a su mayordomo: «Vete enseguida tras esos hombres, y cuando los alcances diles: “¿Por qué le han pagado mal a 5 mi señor? ¡Esta copa es la que mi señor usa para beber, y también para adivinar el futuro! ¡Realmente se han portado muy mal con él!”» 6 7 Cuando el mayordomo los alcanzó, les repitió todo esto, palabra por palabra. Pero ellos le respondieron: 8 —¿Por qué nos dice usted todo eso? ¡Nosotros jamás haríamos algo así! A usted le consta que desde nuestra tierra trajimos de vuelta el dinero que encontramos en nuestros sacos. ¿Por qué 9 habríamos de robar el oro y la plata de su señor? Si esa copa de plata se encuentra en poder de alguno de nosotros, que se le condene a muerte; y además todos nosotros nos haremos sus esclavos. 10 El mayordomo respondió: —De acuerdo. Que sea como ustedes quieran. Pero sólo quien tenga la copa será mi esclavo; a los demás no se les acusará de nada. 11 Rápidamente, todos ellos bajaron sus sacos y los abrieron. 12 Entonces el mayordomo comenzó a registrar cada saco, comenzando por el del mayor y acabando por el del más joven, ¡y resultó que la copa se encontró en el saco de Benjamín! 13 Cuando los hermanos de José vieron esto, se llenaron de miedo y tristeza; luego volvieron a cargar sus burros y regresaron a la ciudad. 14 Cuando llegaron, José todavía estaba en su casa. Judá y sus hermanos se arrojaron a sus pies, 15 pero él les dijo: —¿Por qué me han hecho esto? ¿No sabían que soy adivino? 16 Judá respondió: —¿Y qué podemos decirle a usted, mi señor? No podemos demostrar que somos inocentes. Dios nos ha encontrado culpables, y ahora todos somos esclavos de usted, junto con el que tenía la copa en su poder. 17 José les respondió: —¡Yo jamás haría tal cosa! Sólo será mi esclavo el que tenía la copa. Los demás pueden volver tranquilos a la casa de su padre. 18 Pero Judá se acercó a José y le dijo:
  • 12. —Mi señor, yo sé que hablar con usted es como hablar con el rey mismo. Pero yo le ruego que no se enoje conmigo y me permita decirle una sola cosa. nuestro padre, o algún otro hermano. 20 19 Usted nos preguntó si todavía teníamos a Nosotros le respondimos que nuestro padre ya era anciano, que había tenido dos hijos con su esposa Raquel. Uno de ellos murió y sólo queda el más joven, que nació cuando él ya era viejo. Por eso nuestro padre lo quiere mucho. pidió que lo trajéramos para conocerlo. 22 de tristeza si el muchacho lo dejaba solo. 21 Usted nos Nosotros le aclaramos que nuestro padre podría morirse 23 Con todo, usted nos dijo que volvería a recibirnos sólo si regresábamos con nuestro hermano. 24 »Cuando volvimos a la casa de nuestro padre, le contamos todo lo que usted nos dijo, cuando nuestro padre nos pidió que volviéramos acá para comprar más trigo, 26 25 así que nosotros le dijimos: “Iremos solamente si nuestro hermano menor nos acompaña. Si él no viene con nosotros, el gobernador de Egipto no volverá a recibirnos”. 27 »Nuestro padre nos dijo: “Ustedes bien saben que mi esposa Raquel me dio dos hijos. 28 Uno de ellos se marchó, y jamás he vuelto a verlo. Me imagino que alguna fiera se lo habrá comido. 29 Si también me quitan a este hijo mío, y algo malo llega a pasarle, viviré triste por el resto de mis días”. 30-31 »Como puede ver usted, si yo regreso a la casa de mi padre sin mi hermano, seguramente mi padre morirá. Tan apegado está a este muchacho que su vida depende de que él viva. Así que, si nuestro padre se muere de tristeza, nosotros tendremos la culpa. 32 Yo mismo me hice responsable ante mi padre de que a su hijo nada le pasaría. Hasta le dije: “Padre mío, si no te devuelvo a tu hijo, toda mi vida cargaré ante ti con esa culpa”. 33 »Yo le ruego a usted que me acepte como su esclavo, y que le permita al muchacho volver con sus hermanos. Yo me quedaré en su lugar. 34 ¿Cómo podría yo volver a la casa de mi padre, si mi hermano no vuelve conmigo? ¡No, yo no podría ver la desgracia que caería sobre mi padre! José se da a conocer a sus hermanos 45 1-3 José no aguantó más y les ordenó a todos sus ayudantes que salieran de allí, así que cuando se dio a conocer a sus hermanos, nadie más estaba con él. A sus hermanos les dijo: —¡Yo soy José! ¿Vive mi padre todavía? Y se echó a llorar. Fue tanto lo que lloró, que todos en Egipto y en el palacio del rey llegaron a saberlo. Sin embargo, sus hermanos se asustaron tanto de verlo vivo que no pudieron 4 responderle. Entonces José les dijo: —Vengan acá. Ellos se acercaron, y entonces José les dijo: —Yo soy José, el hermano que ustedes vendieron a los egipcios. 5-7 Pero no se preocupen, ni se reprochen nada. En los dos años anteriores no ha habido comida en toda esta región, y todavía
  • 13. faltan cinco años en que nadie va a sembrar ni a cosechar nada. Pero Dios me envió aquí antes que a ustedes, para que les salve la vida a ustedes y a sus hijos de una manera maravillosa. 8 »Como pueden ver, no fueron ustedes los que me enviaron acá, sino que fue Dios quien me 9 trajo. Él me ha convertido en amo y señor de todo Egipto, y en consejero del rey. Así que regresen pronto a donde está mi padre, y díganle de mi parte que Dios me ha hecho gobernador de todo Egipto, y que venga acá enseguida. 10 Díganle que va a vivir en la región de Gosen, junto con sus hijos, nietos, ovejas, vacas, y todo lo que tiene. Así estará cerca de mí. 11 Todavía vienen cinco años de hambre, pero yo voy a cuidar de él. De lo contrario, tanto él como su familia van a quedarse en la pobreza, y perderán todo lo que tienen. 12 »Ustedes y mi hermano Benjamín son testigos de que yo personalmente le mando a decir esto. 13 Cuéntenle a mi padre todo lo que han visto, y todo el poder que tengo en este país, y tráiganlo enseguida. 14 Después de haber dicho esto, José abrazó a Benjamín y ambos se echaron a llorar. 15 Luego José besó a todos sus hermanos y lloró con ellos; fue en ese momento cuando sus hermanos se atrevieron a hablarle. 16 Tanto gusto les dio al rey y a todos sus asistentes saber que los hermanos de José estaban en Egipto, 17 que el rey mismo mandó a decirles, por medio de José: «Carguen sus animales y regresen a Canaán 18 para que traigan a su padre y a sus familias. Yo voy a darles las mejores tierras de Egipto, para que disfruten de lo mejor del país. 19 Llévense algunas de nuestras carretas para que traigan a sus hijos, a sus esposas y a su padre. 20 Y no se preocupen por lo que dejen allá, pues aquí en Egipto tendrán todo lo mejor». 21 Los hermanos de José aceptaron la oferta del rey, así que José les dio carretas y comida para el viaje. 22 A cada uno de ellos les dio ropa nueva, pero a Benjamín le dio trescientas monedas de plata y cinco trajes muy finos. 23 A su padre le envió diez burros cargados con los mejores productos de Egipto, y diez burras cargadas de pan, trigo y otros alimentos para su viaje. 24 Luego despidió a sus hermanos, pero antes les recomendó que no se fueran peleando. 25-26 Los hermanos de José salieron de Egipto. Y cuando llegaron a Canaán y le contaron a Jacob que José todavía estaba vivo, y que era el gobernador de todo Egipto, Jacob casi se desmayó, pues no podía creer lo que le decían. 27 Sin embargo, recobró el aliento cuando le contaron lo que José mandaba a decirle, y vio las carretas que José había enviado para que lo llevaran a Egipto. 28 Entonces dijo: «¡Me han convencido! ¡Mi hijo José todavía está vivo! ¡Iré a verlo antes de que me muera!» Jacob llega a Egipto 46 El padre de José salió de Canaán con todas sus pertenencias, y al llegar a Beerseba ofreció 2 sacrificios al Dios de su padre Isaac. Esa noche Dios le habló en un sueño, y le dijo: —¡Jacob!
  • 14. —¡Sí, aquí estoy! —respondió Jacob. 3-4 Entonces Dios le dijo: «Yo soy el Dios de tu padre. No tengas miedo de ir a Egipto, porque yo voy a ir contigo. Te convertiré en una gran nación, y te haré volver de nuevo a Canaán. Además, cuando mueras, José estará a tu lado». 5-7 Entonces los hijos de Jacob lo ayudaron a subir a las carretas que había enviado el rey de Egipto. Así fue como Jacob se fue de Beerseba a Egipto con toda su familia, con todo su ganado y todo lo que tenía. Jacob y José se encuentran 28 Antes de salir de Canaán, Jacob envió a Judá para que le preguntara a José cómo llegar a la región de Gosen. Cuando todos ellos llegaron allá, 29 José mandó que le prepararan su carro, y salió a encontrarse con su padre. En cuanto José lo vio, corrió a sus brazos y se soltó a llorar un buen rato. 30 Y Jacob le dijo: —Con mis propios ojos te he visto, y sé que estás vivo. ¡Ya puedo morir en paz! 31 José les dijo a sus hermanos y a todos sus familiares: —Voy a hablar con el rey. Le diré que toda mi familia, que vivía en Canaán, ha venido a quedarse conmigo. 32 que tienen. Le diré que ustedes crían ovejas, y que se han traído sus rebaños y ganado, y todo lo 33 Cuando el rey los llame y les pregunte a qué se dedican, 34 respóndanle que siempre han sido pastores, como nuestros abuelos. Así los dejará quedarse en la región de Gosen.