El documento describe las capacidades y responsabilidades de los profetas bíblicos. Se les daba habilidades especiales para hablar en nombre de Dios y se les hacía responsables de transmitir fielmente los mensajes divinos. Aunque algunos profetas como Jeremías y Elías querían abandonar su llamado, Dios no les permitía renunciar, como se muestra en las historias de Jonás que intentó huir pero fue forzado a cumplir con su misión de advertir a Nínive.