Santa Rosa de Lima, nacida como Isabel Flores de Oliva en 1586, fue canonizada en 1671 y es considerada la primera santa de América, reconocida como patrona de Lima, Perú, y las Filipinas. A lo largo de su vida, se dedicó a ayudar a los enfermos, defender la fe católica y establecer un monasterio. Su legado incluye obras de caridad y una profunda influencia espiritual en su comunidad hasta su muerte en 1617.