Santa Rosa de Lima, nacida el 30 de abril de 1586 como Isabel Flores de Oliva, se destacó por su ferviente piedad y dedicación a ayudar a los pobres, adoptando el nombre de Rosa al recibir la confirmación. Construyó una ermita en 1614 donde practicaba la oración y la penitencia, y pasó sus últimos meses de vida en la casa de otra familia, falleciendo el 24 de agosto de 1617. Fue canonizada en 1671 y se convirtió en la patrona del Perú, América y Filipinas, simbolizando la evangelización en el Nuevo Mundo.