Las actividades humanas como la quema para agricultura, la ganadería y la minería han degradado los ecosistemas de páramo en Cundinamarca, que son importantes para retener agua y fijar carbono. Los páramos más afectados son Guerrero, Río Bogotá, Chingaza, Sumapaz y Cruz Verde. Aunque existe normatividad para protegerlos, en 2011 se otorgaron títulos mineros de forma descontrolada que conducen a su degradación.