Akiane Kramarik es una niña prodigio estadounidense que comenzó a pintar de forma precisa a los 4 años de edad. Sus pinturas se venden por entre 25.000 y 55.000 dólares y dona grandes cantidades de dinero a obras de caridad. Akiane atribuye sus talentos artísticos y poéticos a visiones y conversaciones que tiene con Dios desde pequeña.