La pandemia de COVID-19 en Ecuador expuso drásticamente las desigualdades sociales, con cadáveres de personas de escasos recursos abandonados en las calles de Guayaquil, mientras el gobierno, bajo el mandato de Moreno, mostró indolencia y falta de planificación ante la crisis de salud pública. Los profesionales de la salud enfrentaron condiciones precarias y amenazas por parte del gobierno, complicando aún más la atención sanitaria. A pesar de la recomendación del Banco Mundial para priorizar la inversión en salud, el gobierno optó por pagar deuda, reflejando una administración desubicada ante la emergencia.