Tema: Vacunación Hospitales Pandemias Ecuador
Breve exposición de problemática de la pandemia en Ecuador En nuestra
cultura morir constituye un acontecimiento de intensa emotividad;
sufrimiento angustiante cuando los ciclos vitales nos obligan a despedirnos
de quienes no volverán a estar en nuestras cotidianidades. Abruptamente,
en el 2020, la muerte colmó nuestras emociones. Durante los meses de
marzo, abril y mayo, nos enterábamos de miles de fallecimientos a causa
de una pandemia planetaria deconnotacionessorpresivasytan aceleradas:
se supera ya el medio millón de fallecimientos a nivel mundial. El covid19
emergió como incontenible cascada. Específicamente, en Ecuador fue
trágico observar cadáveres arrojados en aceras de la ciudad de Guayaquil.
Una especie de atentado fatal en contra de tradiciones ceremoniales en
honor a quienes fallecieron. La mayoría de esos cadáveres provenían de
contextos de pobreza y pobreza extrema. Obviamente, personalidades
pertenecientes a las clases oligopólicas del país, jamás colocarían a sus
difuntos en la calle, dentro de miserables fundas, como estaba sucediendo.
Muchos relatos daban cuenta de inconsolables dolores, frustraciones e
impotencias; abandonaban a sus seres queridos, porque el dinero se
invertía en las difíciles condiciones de sobrevivencia, que la pandemia
agudizaba y no se contaba con lo suficiente para comprar un digno ataúd;
además porque las empresas funerarias habían ya colapsado; y porque el
peligro de contagio se tronaba en algo tristemente irremediable. A estas
personas, les obligaba a enfundarlos como si fueran desechos. No había
otro camino, mantenerlos en las viviendas hubiera significado una fatal
decisión.
Evidenciar las desigualdades sociales de manera tan notoria es como un
aterrizaje forzoso. Significaba toparse con una realidad que impedía a
conciudadanos despedirsede sus familiares conforme la sacralidad cultual
y las buenas costumbres.
Otro escenario desgarrador se generaba en los hospitales públicos. Miles
resistían a la enfermedad, por la lucha incansable de profesionales, que
además debían denunciar la situación precaria de la salud pública del país;
desmantelada nuevamente en apenas tres años de gobierno y en esa
condición se asumía una difícil emergencia sanitaria. Estos profesionales
estaban obligados a trabajar con un número insuficiente de camas y sin los
insumos de protección básica, ante la desbordante presencia de pacientes
con covid-19. Someterse a riesgos de contagio condicionaba el
funcionamiento de los hospitales públicos. El régimen del presidente
Moreno no se condolió de dicha situación; en vez de activar y agenciar los
recursos con la agilidad del caso, prefirió emitir una serie de desubicados
pronunciamientos contra médicos y enfermeras que difundían sus
angustias e impotencias; los arremetió con acusaciones, con llamados de
atención e incluso con prepotentes amenazas de despido, complicando
sobremanera la aguda e incontrolada crisis hospitalaria y sanitaria. Las
empresas de comunicación tampoco estaban al tono de las diarias
angustiaspopulares,manifiestas en las calles de la ciudad de Guayaquil.Las
noticias las recibíamos por medios alternativos, principalmente, de ciertos
sectores de redes sociales del mundo virtual, y digo de ciertos porque las
famosas redes sociales también pueden ser funcionales a un sistema en
franca decadencia. La angustiosa realidad obligó a que uno que otro medio
de TV difundiera la información de manera tardía y muy escasamente.
Para colmo, en términos de posturaoficial sobrela pandemia, el presidente
Moreno delegó a dos de sus funcionarios para explicar la situación en un
medio internacional. En un claro acto de temor, el mandatario ecuatoriano
rehuyó las invitaciones a entrevistas con Fernando del Rincón de CNN. Este
entrevistador arrasó con los delegados presidenciales, evidenciando una
imagen de mal manejo de los datos y de las necesarias estrategias para
atender una emergencia de esta envergadura. Como conclusión de la
entrevista, el gobierno quedó como un ente desubicado y sin planes
mínimamente claros, sobre todo para el contexto de la ciudad de
Guayaquil.
Todo este panorama demostraba no únicamente indolencia de las
autoridades, sino también una innegable incapacidad para planificar y
actuar en momentos de extrema emergencia. De justicia ni hablar, ese
concepto no pasa por sus códigos de interpretación y actuación. Una vez
más quedaba demostrado el alto nivel de marginación social, por una
inadmisible existencia de privilegios para sectores pudientes, y una
desvergonzada complicidad gubernamental con sectores que lucran
también con indebidos favores estatales. Así la decisión de pagar 324
millones en bonos de deuda nunca fue debidamente evaluada, pese a
recomendaciones del Banco Mundial de privilegiar la inversión en la
emergencia socio sanitaria, sobre todo, en contextos económicos de
pobreza, dentro de los cuales se ubica Ecuador.
PARAFRASEO
Una breve exposición de la enfermedad pandémica en Ecuador
En nuestra cultura fenecer constituye un evento de fuerte emotividad;
sufrimiento angustiante una vez que los ciclos vitales nos obligan a
despedirnos de quienes no volverán a estar en nuestras propias
cotidianidades. A lo largo de los meses de marzo, abril y mayo, nos
enterábamos de una cantidad enorme de fallecimientos gracias a una
enfermedad pandémica planetaria de connotaciones sorpresivas y tan
aceleradas: se supera ya el medio millón de fallecimientos en todo el
mundo. Especialmente, en Ecuador ha sido trágico mirar cadáveres
arrojados en aceras de la metrópoli de Guayaquil. La mayor parte de
aquellos cadáveres provenían de entornos de pobreza y pobreza
extrema. Varios relatos daban cuenta de inconsolables dolores,
frustraciones e impotencias; abandonaban a sus seres queridos, pues
el dinero se invertía en las difíciles condiciones de sobrevivencia, que
la enfermedad pandémica agudizaba y no se contaba con lo suficiente
para mercar un merecedor ataúd; además pues las organizaciones
funerarias habían ya colapsado; y pues el riesgo de contagio se
tronaba en algo tristemente irremediable. Evidenciar las desigualdades
sociales de forma tan notoria es como un aterrizaje obligatorio.
millares resistían a la patología, por la contienda incansable de
expertos, que también debían denunciar el caso precaria de la salud
pública del territorio; desmantelada nuevamente en apenas 3 años de
regimen y en dicha condición se asumía una difícil emergencia
sanitaria. El sistema del mandatario Moreno no se condolió de esa
situación; en lugar de activar y agenciar los recursos con la destreza
del caso, prefirió producir una secuencia de desubicados
pronunciamientos contra doctores y enfermeras que difundían sus
angustias e impotencias; los arremetió con acusaciones, con
denominados de atención e inclusive con prepotentes amenazas de
despido, complicando sobremanera la aguda e incontrolada crisis
hospitalaria y sanitaria. Las organizaciones de comunicación tampoco
estaban al tono de las cotidianas angustias famosas, manifiestas en
las calles de la metrópoli de Guayaquil. Las noticias las recibíamos por
medios alternativos, primordialmente, de ciertos sectores de redes
sociales de todo el mundo virtual, y menciono de ciertos pues las
exitosas redes sociales además tienen la posibilidad de ser
funcionales a un sistema en franca decadencia. Para colmo, en
términos de postura oficial sobre la enfermedad pandémica, el
mandatario Moreno dejó a 2 de sus burócratas para describir el caso
en un medio mundial. Este entrevistador arrasó con los delegados
presidenciales, probando una imagen de mal desempeño de los datos
y de las primordiales tácticas para atender una emergencia de esta
envergadura. Como conclusión de la entrevista, el regimen quedó
como un ente desubicado y sin planes mínimamente claros, más que
nada para el entorno de la localidad de Guayaquil. Todo este
panorama demostraba no sólo indolencia de las autoridades, sino
además una innegable inviabilidad para planear y actuar en instantes
de extrema emergencia. De esta forma la elección de abonar 324
millones en bonos de deuda jamás ha sido debidamente evaluada, a
pesar de sugerencias del Banco Mundial de privilegiar la inversión en
la emergencia socio sanitaria, más que nada, en entornos económicos
de pobreza, en los cuales se encuentra Ecuador.
Parafraseo 2 Resumen
Breve exposición de problemática de la enfermedad pandémica en
Ecuador.
En nuestra cultura fallecer constituye un evento de profunda
emotividad; sufrimiento angustiante una vez que los ciclos vitales
terminan nos obligan a despedirnos de quienes no volverán a estar en
nuestras propias cotidianidades. Especialmente, en Ecuador ha sido
trágico mirar cadáveres arrojados en aceras de la localidad de
Guayaquil. La mayor parte de aquellos cadáveres provenían de
entornos de pobreza y pobreza extrema. El sistema del mandatario
Moreno no se condolió de esa situación; en lugar de activar y agenciar
los recursos con la destreza del caso, prefirió producir una secuencia
de desubicados pronunciamientos contra doctores y enfermeras que
difundían sus angustias e impotencias; los arremetió con acusaciones,
con denominados de atención e inclusive con prepotentes amenazas
de despido, complicando sobremanera la aguda e incontrolada crisis
hospitalaria y sanitaria. Las organizaciones de comunicación tampoco
estaban al tono de las cotidianas angustias célebres, manifiestas en
las calles de la metrópoli de Guayaquil. Para colmo, en términos de
postura oficial sobre la enfermedad pandémica, el mandatario
Moreno dejó a 2 de sus burócratas para describir el caso en un medio
mundial. Como conclusión de la entrevista, el regimen quedó como un
ente desubicado y sin planes mínimamente claros, más que nada para
el entorno de la localidad de Guayaquil. De esta forma la elección de
costear 324 millones en bonos de deuda jamás ha sido debidamente
evaluada, a pesar de sugerencias del Banco Mundial de privilegiar la
inversión en la emergencia socio sanitaria, más que nada, en entornos
económicos de pobreza, en los cuales se localiza Ecuador.

Articulo de covit19

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    Tema: Vacunación HospitalesPandemias Ecuador Breve exposición de problemática de la pandemia en Ecuador En nuestra cultura morir constituye un acontecimiento de intensa emotividad; sufrimiento angustiante cuando los ciclos vitales nos obligan a despedirnos de quienes no volverán a estar en nuestras cotidianidades. Abruptamente, en el 2020, la muerte colmó nuestras emociones. Durante los meses de marzo, abril y mayo, nos enterábamos de miles de fallecimientos a causa de una pandemia planetaria deconnotacionessorpresivasytan aceleradas: se supera ya el medio millón de fallecimientos a nivel mundial. El covid19 emergió como incontenible cascada. Específicamente, en Ecuador fue trágico observar cadáveres arrojados en aceras de la ciudad de Guayaquil. Una especie de atentado fatal en contra de tradiciones ceremoniales en honor a quienes fallecieron. La mayoría de esos cadáveres provenían de contextos de pobreza y pobreza extrema. Obviamente, personalidades pertenecientes a las clases oligopólicas del país, jamás colocarían a sus difuntos en la calle, dentro de miserables fundas, como estaba sucediendo. Muchos relatos daban cuenta de inconsolables dolores, frustraciones e impotencias; abandonaban a sus seres queridos, porque el dinero se invertía en las difíciles condiciones de sobrevivencia, que la pandemia agudizaba y no se contaba con lo suficiente para comprar un digno ataúd; además porque las empresas funerarias habían ya colapsado; y porque el peligro de contagio se tronaba en algo tristemente irremediable. A estas personas, les obligaba a enfundarlos como si fueran desechos. No había otro camino, mantenerlos en las viviendas hubiera significado una fatal decisión. Evidenciar las desigualdades sociales de manera tan notoria es como un aterrizaje forzoso. Significaba toparse con una realidad que impedía a conciudadanos despedirsede sus familiares conforme la sacralidad cultual y las buenas costumbres. Otro escenario desgarrador se generaba en los hospitales públicos. Miles resistían a la enfermedad, por la lucha incansable de profesionales, que además debían denunciar la situación precaria de la salud pública del país; desmantelada nuevamente en apenas tres años de gobierno y en esa condición se asumía una difícil emergencia sanitaria. Estos profesionales estaban obligados a trabajar con un número insuficiente de camas y sin los
  • 2.
    insumos de protecciónbásica, ante la desbordante presencia de pacientes con covid-19. Someterse a riesgos de contagio condicionaba el funcionamiento de los hospitales públicos. El régimen del presidente Moreno no se condolió de dicha situación; en vez de activar y agenciar los recursos con la agilidad del caso, prefirió emitir una serie de desubicados pronunciamientos contra médicos y enfermeras que difundían sus angustias e impotencias; los arremetió con acusaciones, con llamados de atención e incluso con prepotentes amenazas de despido, complicando sobremanera la aguda e incontrolada crisis hospitalaria y sanitaria. Las empresas de comunicación tampoco estaban al tono de las diarias angustiaspopulares,manifiestas en las calles de la ciudad de Guayaquil.Las noticias las recibíamos por medios alternativos, principalmente, de ciertos sectores de redes sociales del mundo virtual, y digo de ciertos porque las famosas redes sociales también pueden ser funcionales a un sistema en franca decadencia. La angustiosa realidad obligó a que uno que otro medio de TV difundiera la información de manera tardía y muy escasamente. Para colmo, en términos de posturaoficial sobrela pandemia, el presidente Moreno delegó a dos de sus funcionarios para explicar la situación en un medio internacional. En un claro acto de temor, el mandatario ecuatoriano rehuyó las invitaciones a entrevistas con Fernando del Rincón de CNN. Este entrevistador arrasó con los delegados presidenciales, evidenciando una imagen de mal manejo de los datos y de las necesarias estrategias para atender una emergencia de esta envergadura. Como conclusión de la entrevista, el gobierno quedó como un ente desubicado y sin planes mínimamente claros, sobre todo para el contexto de la ciudad de Guayaquil. Todo este panorama demostraba no únicamente indolencia de las autoridades, sino también una innegable incapacidad para planificar y actuar en momentos de extrema emergencia. De justicia ni hablar, ese concepto no pasa por sus códigos de interpretación y actuación. Una vez más quedaba demostrado el alto nivel de marginación social, por una inadmisible existencia de privilegios para sectores pudientes, y una desvergonzada complicidad gubernamental con sectores que lucran también con indebidos favores estatales. Así la decisión de pagar 324 millones en bonos de deuda nunca fue debidamente evaluada, pese a recomendaciones del Banco Mundial de privilegiar la inversión en la
  • 3.
    emergencia socio sanitaria,sobre todo, en contextos económicos de pobreza, dentro de los cuales se ubica Ecuador. PARAFRASEO Una breve exposición de la enfermedad pandémica en Ecuador En nuestra cultura fenecer constituye un evento de fuerte emotividad; sufrimiento angustiante una vez que los ciclos vitales nos obligan a despedirnos de quienes no volverán a estar en nuestras propias cotidianidades. A lo largo de los meses de marzo, abril y mayo, nos enterábamos de una cantidad enorme de fallecimientos gracias a una enfermedad pandémica planetaria de connotaciones sorpresivas y tan aceleradas: se supera ya el medio millón de fallecimientos en todo el mundo. Especialmente, en Ecuador ha sido trágico mirar cadáveres arrojados en aceras de la metrópoli de Guayaquil. La mayor parte de aquellos cadáveres provenían de entornos de pobreza y pobreza extrema. Varios relatos daban cuenta de inconsolables dolores, frustraciones e impotencias; abandonaban a sus seres queridos, pues el dinero se invertía en las difíciles condiciones de sobrevivencia, que la enfermedad pandémica agudizaba y no se contaba con lo suficiente para mercar un merecedor ataúd; además pues las organizaciones funerarias habían ya colapsado; y pues el riesgo de contagio se tronaba en algo tristemente irremediable. Evidenciar las desigualdades sociales de forma tan notoria es como un aterrizaje obligatorio. millares resistían a la patología, por la contienda incansable de expertos, que también debían denunciar el caso precaria de la salud pública del territorio; desmantelada nuevamente en apenas 3 años de regimen y en dicha condición se asumía una difícil emergencia sanitaria. El sistema del mandatario Moreno no se condolió de esa situación; en lugar de activar y agenciar los recursos con la destreza del caso, prefirió producir una secuencia de desubicados pronunciamientos contra doctores y enfermeras que difundían sus angustias e impotencias; los arremetió con acusaciones, con denominados de atención e inclusive con prepotentes amenazas de despido, complicando sobremanera la aguda e incontrolada crisis hospitalaria y sanitaria. Las organizaciones de comunicación tampoco estaban al tono de las cotidianas angustias famosas, manifiestas en las calles de la metrópoli de Guayaquil. Las noticias las recibíamos por medios alternativos, primordialmente, de ciertos sectores de redes sociales de todo el mundo virtual, y menciono de ciertos pues las exitosas redes sociales además tienen la posibilidad de ser funcionales a un sistema en franca decadencia. Para colmo, en
  • 4.
    términos de posturaoficial sobre la enfermedad pandémica, el mandatario Moreno dejó a 2 de sus burócratas para describir el caso en un medio mundial. Este entrevistador arrasó con los delegados presidenciales, probando una imagen de mal desempeño de los datos y de las primordiales tácticas para atender una emergencia de esta envergadura. Como conclusión de la entrevista, el regimen quedó como un ente desubicado y sin planes mínimamente claros, más que nada para el entorno de la localidad de Guayaquil. Todo este panorama demostraba no sólo indolencia de las autoridades, sino además una innegable inviabilidad para planear y actuar en instantes de extrema emergencia. De esta forma la elección de abonar 324 millones en bonos de deuda jamás ha sido debidamente evaluada, a pesar de sugerencias del Banco Mundial de privilegiar la inversión en la emergencia socio sanitaria, más que nada, en entornos económicos de pobreza, en los cuales se encuentra Ecuador. Parafraseo 2 Resumen Breve exposición de problemática de la enfermedad pandémica en Ecuador. En nuestra cultura fallecer constituye un evento de profunda emotividad; sufrimiento angustiante una vez que los ciclos vitales terminan nos obligan a despedirnos de quienes no volverán a estar en nuestras propias cotidianidades. Especialmente, en Ecuador ha sido trágico mirar cadáveres arrojados en aceras de la localidad de Guayaquil. La mayor parte de aquellos cadáveres provenían de entornos de pobreza y pobreza extrema. El sistema del mandatario Moreno no se condolió de esa situación; en lugar de activar y agenciar los recursos con la destreza del caso, prefirió producir una secuencia de desubicados pronunciamientos contra doctores y enfermeras que difundían sus angustias e impotencias; los arremetió con acusaciones, con denominados de atención e inclusive con prepotentes amenazas de despido, complicando sobremanera la aguda e incontrolada crisis hospitalaria y sanitaria. Las organizaciones de comunicación tampoco estaban al tono de las cotidianas angustias célebres, manifiestas en las calles de la metrópoli de Guayaquil. Para colmo, en términos de postura oficial sobre la enfermedad pandémica, el mandatario Moreno dejó a 2 de sus burócratas para describir el caso en un medio mundial. Como conclusión de la entrevista, el regimen quedó como un ente desubicado y sin planes mínimamente claros, más que nada para el entorno de la localidad de Guayaquil. De esta forma la elección de costear 324 millones en bonos de deuda jamás ha sido debidamente
  • 5.
    evaluada, a pesarde sugerencias del Banco Mundial de privilegiar la inversión en la emergencia socio sanitaria, más que nada, en entornos económicos de pobreza, en los cuales se localiza Ecuador.