Este documento discute la percepción del reggaetón como un género machista. Argumenta que el reggaetón debe evaluarse desde una perspectiva estética más que ética, y que otros géneros musicales populares también contienen letras con contenido machista sin recibir la misma critica. Concluye que despreciar el reggaetón solo por supuesto machismo ignora la complejidad del género y otros factores estéticos.