Osquitar, un niño de 5 años, jugaba con su tren imaginando ser el inspector de la estación terminal. Al llegar al tren usó lenguaje vulgar para hablarle a los pasajeros. Luego de dos horas de castigo, volvió a jugar pero usó un lenguaje más apropiado. Su madre lo escuchó y lo castigó otras dos horas por su vocabulario.