La computación cuántica utiliza qubits que pueden estar en una superposición de estados, permitiendo una capacidad de computación exponencialmente mayor comparada a los bits clásicos. Sin embargo, los qubits son sensibles a perturbaciones y su precisión es del 99,3%, lo que complica su funcionamiento. Las aplicaciones de esta tecnología incluyen criptografía, cálculos químicos, diseño de nuevos materiales, búsquedas en bases de datos y desarrollo de inteligencia artificial.