Constantemente repito: «Heme aquí» Señor hago mía la actitud interior y el
abandono confiado de aquella joven que hace dos mil años pronunció su "sí" al
Padre, que la escogía para ser tu Madre. El Padre la eligió porque era dócil y
obediente a su voluntad». Y como ella, como la pequeña María, yo repito a Dios
con fe: «Heme aquí, hágase en mí según tu palabra».
Nada es imposible para quien se fía de Dios y se entrega a Dios. Mirad a la joven María. El ángel
le propuso algo realmente inconcebible: participar del modo más comprometedor posible en el
más grandioso de los planes de Dios, la salvación de la humanidad. Ante esa propuesta María se
turbó, pues era consciente de la pequeñez de su ser frente a la omnipotencia de Dios, y se
preguntó: ¿Por qué precisamente yo? Sin embargo, dispuesta a cumplir la voluntad divina,
pronunció prontamente su «sí», que cambió su vida y la historia de la humanidad entera.


                                                  Me pregunto y os pregunto: lo que Dios nos
                                                  pide,    por    más    arduo   que     pueda
                                                  parecernos, ¿podrá equipararse a lo que pidió
                                                  a la joven María? aprendamos de María a
                                                  pronunciar nuestro «sí», porque ella sabe de
                                                  verdad lo que significa responder con
                                                  generosidad a lo que pide el Señor.
                                                  María, conoce vuestras aspiraciones más
                                                  nobles y profundas. Conoce bien, sobre
                                                  todo, vuestro gran anhelo de amor, vuestra
                                                  necesidad de amar y ser amados. Mirándola a
                                                  ella, siguiéndola dócilmente, descubriréis la
                                                  belleza del amor, un amor verdadero y
                                                  profundo.
La valentía de la fe en el «Sí» de María

•   María respondió con fe y aceptó con valentía el proyecto de Dios para su vida.

•   María pronunció su fiat por medio de la fe, «se confió a Dios sin reservas y se consagró
    totalmente a sí misma, cual esclava del Señor, a la persona y a la obra de su Hijo»

•   María creyó verdaderamente que «para Dios nada hay imposible»

•   ¿Cómo no desear para nuestra vida el mismo abandono confiado de María? ¿Cómo
    podríamos renunciar a esta bienaventuranza que nace de una relación tan íntima y profunda
    con Jesús?

•   Dirigiéndonos a la llena de gracia, le pedimos obtenga también para nosotras, de la divina
    providencia, poder pronunciar cada día nuestro «Sí» a los planes de Dios con la misma fe
    humilde y pura con la cual ella pronunció su «sí».

•   Ella que acogiendo en sí, la Palabra de Dios, se abandonó a Él sin reservas, nos guíe a una
    respuesta cada vez más generosa e incondicional a sus proyectos, incluso cuando en ellos
    estamos llamados a abrazar la cruz.
ORACIÓN A LA VÍGEN MARÍA DE BENEDICTO XVI

                  María, Madre del «sí», tú has escuchado a Jesús
              y conoces el timbre de su voz y los latidos de su corazón.
                         Estrella de la mañana, háblanos de Él
        y cuéntanos cómo es tu camino para seguirle por la senda de la fe.
                        María, que en Nazaret viviste con Jesús,
                       imprime en nuestra vida tus sentimientos,
                          tu docilidad, tu silencio que escucha
             y haz florecer la Palabra en opciones de auténtica libertad.
            María, háblanos de Jesús, para que la frescura de nuestra fe
brille en nuestros ojos y caliente el corazón de quien se encuentra con nosotros,
                           como lo hiciste al visitar a Isabel,
            que en la ancianidad se alegró contigo por el don de la vida.
                            María, Virgen del «Magnificat»,
               ayúdanos a llevar la alegría al mundo y, como en Caná,
          lleva a todo joven, comprometido en el servicio a los hermanos,
                             a hacer sólo lo que Jesús diga.
                   María, dirige tu mirada al Ágora de los jóvenes,
                 para que sea terreno fecundo de la Iglesia italiana.
           Reza para que Jesús, muerto y resucitado, renazca en nosotros
               y nos transforme en una noche llena de luz, llena de Él.
                       María, Virgen de Loreto, puerta del cielo,
                              ayúdanos a elevar la mirada.
                         Queremos ver a Jesús. Hablar con Él
                               y anunciar a todos su amor.

Benedicto xvi (2)

  • 2.
    Constantemente repito: «Hemeaquí» Señor hago mía la actitud interior y el abandono confiado de aquella joven que hace dos mil años pronunció su "sí" al Padre, que la escogía para ser tu Madre. El Padre la eligió porque era dócil y obediente a su voluntad». Y como ella, como la pequeña María, yo repito a Dios con fe: «Heme aquí, hágase en mí según tu palabra».
  • 3.
    Nada es imposiblepara quien se fía de Dios y se entrega a Dios. Mirad a la joven María. El ángel le propuso algo realmente inconcebible: participar del modo más comprometedor posible en el más grandioso de los planes de Dios, la salvación de la humanidad. Ante esa propuesta María se turbó, pues era consciente de la pequeñez de su ser frente a la omnipotencia de Dios, y se preguntó: ¿Por qué precisamente yo? Sin embargo, dispuesta a cumplir la voluntad divina, pronunció prontamente su «sí», que cambió su vida y la historia de la humanidad entera. Me pregunto y os pregunto: lo que Dios nos pide, por más arduo que pueda parecernos, ¿podrá equipararse a lo que pidió a la joven María? aprendamos de María a pronunciar nuestro «sí», porque ella sabe de verdad lo que significa responder con generosidad a lo que pide el Señor. María, conoce vuestras aspiraciones más nobles y profundas. Conoce bien, sobre todo, vuestro gran anhelo de amor, vuestra necesidad de amar y ser amados. Mirándola a ella, siguiéndola dócilmente, descubriréis la belleza del amor, un amor verdadero y profundo.
  • 4.
    La valentía dela fe en el «Sí» de María • María respondió con fe y aceptó con valentía el proyecto de Dios para su vida. • María pronunció su fiat por medio de la fe, «se confió a Dios sin reservas y se consagró totalmente a sí misma, cual esclava del Señor, a la persona y a la obra de su Hijo» • María creyó verdaderamente que «para Dios nada hay imposible» • ¿Cómo no desear para nuestra vida el mismo abandono confiado de María? ¿Cómo podríamos renunciar a esta bienaventuranza que nace de una relación tan íntima y profunda con Jesús? • Dirigiéndonos a la llena de gracia, le pedimos obtenga también para nosotras, de la divina providencia, poder pronunciar cada día nuestro «Sí» a los planes de Dios con la misma fe humilde y pura con la cual ella pronunció su «sí». • Ella que acogiendo en sí, la Palabra de Dios, se abandonó a Él sin reservas, nos guíe a una respuesta cada vez más generosa e incondicional a sus proyectos, incluso cuando en ellos estamos llamados a abrazar la cruz.
  • 5.
    ORACIÓN A LAVÍGEN MARÍA DE BENEDICTO XVI María, Madre del «sí», tú has escuchado a Jesús y conoces el timbre de su voz y los latidos de su corazón. Estrella de la mañana, háblanos de Él y cuéntanos cómo es tu camino para seguirle por la senda de la fe. María, que en Nazaret viviste con Jesús, imprime en nuestra vida tus sentimientos, tu docilidad, tu silencio que escucha y haz florecer la Palabra en opciones de auténtica libertad. María, háblanos de Jesús, para que la frescura de nuestra fe brille en nuestros ojos y caliente el corazón de quien se encuentra con nosotros, como lo hiciste al visitar a Isabel, que en la ancianidad se alegró contigo por el don de la vida. María, Virgen del «Magnificat», ayúdanos a llevar la alegría al mundo y, como en Caná, lleva a todo joven, comprometido en el servicio a los hermanos, a hacer sólo lo que Jesús diga. María, dirige tu mirada al Ágora de los jóvenes, para que sea terreno fecundo de la Iglesia italiana. Reza para que Jesús, muerto y resucitado, renazca en nosotros y nos transforme en una noche llena de luz, llena de Él. María, Virgen de Loreto, puerta del cielo, ayúdanos a elevar la mirada. Queremos ver a Jesús. Hablar con Él y anunciar a todos su amor.