Marisa le muestra a su amigo José un billete de 100 dólares arrugado y sucio para demostrarle que aunque las cosas no salgan como uno quiere o la vida lo maltrate, él sigue teniendo el mismo valor. Le dice que lo que importa no es lo golpeado que esté en un momento sino cuánto vale realmente y que puede lograr lo que se proponga tomando acción. José entiende el mensaje y se va renovado.