Marisa le da un billete de 100 dólares arrugado a su amigo Felipe para enseñarle que aunque la vida lo maltrate, su valor intrínseco no cambia. Aunque el billete esté dañado, sigue valiendo 100 dólares. Del mismo modo, aunque Felipe esté pasando por un mal momento, su valía como persona no depende de las circunstancias. Marisa lo anima a enfocarse en lo que realmente vale y en su capacidad para lograr sus metas a través de la acción.