El documento trata sobre la evolución de las representaciones del budismo en Occidente a lo largo de la historia. En un principio, Europa se veía a sí misma como el centro del mundo y veía al budismo tibetano con escepticismo. Más tarde, con las contribuciones de intelectuales como Diderot, Montaigne y Rousseau, el budismo empezó a verse como una filosofía valiosa. A finales del siglo XIX, la Sociedad Teosófica trabajó para reconectar el esoterismo cristiano con elementos del budismo