relacional dei dirilogo nos ayudir ¿r (rrrrr:.rrrr.rrr: rr.il rnilnera 
lfueva problemas recurrentes err I¿l Iri I rI io¡ilr r lii r r rr I rrc¿rtiva. 
Atenderé, entonces, a saber c(¡rrlo nr¡rrsl,r.:*; t:rr¡rr«:itl¿r«les de 
furtercambio comunicativo se ven fi¡r¡rcrll,¡¡rLrs .), rlrolivadas 
en Ia ielación dialógica. 
Para prevenir un posible maler-¡tt»rrlirlo, rlr:soo señalar 
brevemente que Mijail Bajtin (lgS1, lf)8(;) <losarrolla la 
idea de una .relación dialógic¿,, y si l¡ie¡l rnc l>uso en algu_ 
rras de las concepciones de Bajtin, desig.. ",r' d,r. cx¡rresiórr 
algo distinto de lo que él entiende. Para Ilajtiú, la relación 
dialógica es una relación entre enuncíacio¡zes tleutro de un 
encuentro dialógico (en realidad, entre Ias enr¡nciaciones 
presentes y todas Ias enunciaciones hurnanas que ya han 
sido producidas). 
*Las relaciones dialógrcos tienen una natrraleza específica; 
rlo se las puede reducir ni a la purárnente lógica (aunque 
sea dialéctica) ni a la pura:nente lingüística (compositivo-sintáctica). 
Pueden darse sólo entre emrnciaciones comple- 
..,fu de distintos sujetos hablantes (. . .) Donde no hay pala- ., bra ni lenguaje, no puede haber .' relaciones dialógica-s; no pueden existir entre objetos de cantidades lógicas (con- - ceptos, juicios, etc.). Las relaciones dialógicas presuponen ' un lenguaje, pero no residen en el sistema del lengrraje, 
(1986, pág. 117). 
Lo que Bajtin define como relación dialógica es una relación 
entre lo que las personas realm.ente han dicho; su interés 
principal, según se vio en el capítulo 1, recae en la consti-tución 
de rnúItiples estratos de sentido gracias a los usos 
que hacemos del lenguaje y, bajo un aspecto, a los usos que 
el lenguaje hace de nosotros. Por ejemplo, es imposible 
enunciar un término corn-o "libertad" sin invocar, en un ni-vel 
sutil, Ia grt,¿ de sentidos y de connotaciones que erna-nan 
de los usos anteriores; el térrnino está cargado con la 
sigrrificación que otros han adherido a é1, y que pasa a ser 
parte del sentido con el que lo emplearnos de manera de-liberada 
o inadvertida. Sin discutir aquí esa irnagen del 
Ienguqje, sencillarnente deseo aclarar que ent,icndo por re-lación 
dialógica algo distinto: una relaci<in cntre l)ersoÍtrts, 
cua¡.do son llevadas a Ia dinámica ¡rar-ticurlar dc hablar y 
escucharse entre ellas. 
Las icle¿rs y slr corrtprensión 
Críticas dirigi.das reciententetrte a Freire ), a la pedugogúr. 
crítico. 
IJn punto de partida provechoso para todo análisis r.c 
lacional es el de considerar «que las nociones de yo y ()r.r-. r;r: 
constit,yerr m,tuamente, (Maranháo, 19gO, pag. 4). t,lst,,r 
perspectiva destruye ciertas dicotomias convencion¿rt r:s r k r I pensarriento social, sobre todo, en el presente c«>,Lexl,,, Irr 
díada de docente y alum,o- Freire, Dewey y r,uchos .l.r«r.s 
han hecho la observación de que cuando la enseñanz¿r v cl 
aprenüzaje son vistos como procesos interactivos, l«rs ¡,rr¡rr- les que corresponderr a esas dos posiciones n() ¡rr,t,rrt,,, 0.,,,,- 
asignados ya con claridad a individuos sep¿rr¿r(los. l,r» ,¡r,,,, 
resta aclarar es eI modo de conciliar esta cr¡nr:c¡x:i(rrr ¡:.r¡ rrl 
reconosirrriento de que a menudo hay üfert>nr:i¡¡s lrr¡rlcs rl. 
conosirrr"iento, aprehensión y especiali zación, r¡ rr«:, ¡ l. r. r I i li r 
rentes razones, llevan alas personas a los cnctrcrrl.r«,s rkl ,,r, 
señanza y aprendizaje. si bien nuestra visión ¡rerr,gógit:ir 
debe forjarse en un comprorniso en general igrl.iitr.iá I ,,,, 
un respeto rnutuo, ello no debe encubrir eI hecho de que trl_ 
gunos de los participantes cla¡arnente se benefician-con l,. 
oportu::idad de aprender de (y no sólo coz) otros, que con()- 
cen, cornprenden o saben hacer cosas que aquellos no co.(», 
cert, no comprenden o no saben hacer. En el contexto rlt: r¡n¡r 
relación üalógica, las actitudes de confianza y rle rr:r;¡x:1., 
. pueden admitir diferencias en conocimiento, com¡rr,,,,siii,, ,, ' especialización, sin cosifi carlas en condiciones o iclor r l, i r t r ¡ r k rr ¡ 
de papeles inflexibles o autoritarios. 
La posibilidad de establecer esta forsra de relació¡ <li¡r lri. 
gica, según la han planteado Freire y otros pedag«l¡¡os <:rí-ticos, 
ha sido cuestionada por Elizab*th fn"*o¿f, tigggl. 
"El^concepto de ¡redagogía crítica supone urr comprorniso tlel 
profesor o del maestro en eI sentido áe terminar con la oprc_ 
sión de los estudiantes. Sin embargo, la bibliografia.ro áÍi.- 
_ce ningún intento sostenido de problematízarlsa postura y 
hacer frente a la probabitidad d" qo. el profesor iitrod.rzc. 
en los moürnientos sociales (incluida la pedagogía cútica) 
intereses de su raza, su clase, su etnia, su sexo y otras ¡rosi-ciones 
» (pág. 8O6). 
48 49
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l)el mismo rnodo, a propósito del conocirniento del doc«:nl,o.y 
<kr su autoridad, escribe: 
""At¡tori«lad emancipatoria' 1. . .) irnplica (. . .) un docenl,o 
(lr() c().()ce el objeto de estudio'hejorD que los estudia,ll:s 
(. . -) ll,)sa autoridad subrayal la comprensión, menos aclo-r: 
rrrrrkl, rle los estudia¡rtes [y pe,rmite que] el docente imagine 
.sl,rnl,cgias más eficaces para "elevar" al estudiante al nivol 
rlo <rrnrJrrensión del maestro" (págs. 3O8 y SOG). 
l,lllswort,h sostiene que enlos casos en que eI tema de discu-sií 
»n es la opresión que los estudiantes padecen, y la finali-clatl 
es crear carninos educativos ypolíticos hacia una trans-fbr¡ 
nación de ese estado de cosas, los docentes, que son dis_ 
tintos de los grupos afectados, no pueden pretender poseer 
ninguna especialización o autoridad particular acerca del 
tema. En rea-tirlad, Ellsworbh parece decir que el m.ás sen-cill<¡ 
intento de afirmar u¡ra autoridad especial, an:nque se lo 
hnga con la rnejor de las intenciones en rnente, ineludible-r¡ 
xr¡rl,r¡ e¡rflenta al rnaestro con aquellos co¡L los que desea 
(:or r) | )r(¡rrt()t,t+rse. 
grnffa de la pedagogra crítica da a entender que los estu- 
«liantes y los docentes pueden, y deben, comprom.eterse los 
rrnos con los otros en el aula como sujetos plenam"ente racio- 
¡rales (. . .) El diálogo (. . .) consiste en reglas básicas para 
una interacción de aula donde se em.plea el lengrraje. Esas 
reglas incluyen el supuesto de que todos los miembros tie-nen 
la rnisma oportunidad de hablar, que todos los miem-bros 
respetan los derechos de todos los demás a hablar y a 
sentirse seguros aI hablar, y que todas las ideas son tolera-das 
y están sujetas a una valoración crítica racional según 
juicios y principios morales básicos (. . .) El diálogo err stl 
sentido formal es imposible en la cultura global trDrque en 
este rnornento tristorico las relaciones de poder entre estu-diantes 
y docentes, rn€u'cadas ¡rcr la raza,laclase y e} géne-ro, 
son injustas. La injusticia de esas relaciones y la distor-sión 
qrre introduce en la comrrnicación no pueden ser supe-radas 
en el aula, sea cual fuere el comprorniso de docen!é y 
estudiantes» (págs. 301,314y 316). l 
Me parece que toda prescripción acerca de 1o que debié-rárnos 
enseñar y la manera de hacerlo tiene que reoonocer 
los peligros que Ellsworth correctamente observa: los ries-gos 
de una corrfianza excesiva en el conocirniento y la pericia 
del docente, la falsa confi.anza err que sólo reglas de partici-pación 
justas y razonables pueden hacer que muchos estu-diantes 
sientan «segura» eI aula, Ios peligros de suponer que 
Ia buena voluntad y la razonabüdad acabarán con todas las 
injusticias políticas, y las muchas rnaneras en qne nuestras 
propias posiciones culturales estorban nuestra capacidad 
de cornprender y de hacer empatía conlas expériencias y los 
probleriras de los otros. 
Pero af rnismo tiem¡rc la versión de Ellsworth présenta 
supuestos que, si ha de tomarse 1o que dice en sentido li-teral, 
eliyninen la posibüdad rnisma de una intervención 
educativa. ¿Es útil decir que los maestros no tienen ningún 
conocimiento ni ninguna forrnación especial que Ios justifi-quen 
e+ rrn papel no reducido aI de un interlocutor igual en 
una colversación? ¿Es verosímil afirmar que el diálogo es 
imposi.ble? ¿Es provechoso suponer que los intentos por co-municarse 
sin üstorsiones fracasarán nsea cual fuere el 
compromiso del docente y los estuüantes"? Sin pretender 
pasar por alto las válidas observaciones críticas de Eils- 
( l.r:r» <¡ trr: l¡lllsworth tiene razón aI observar en parte de la 
,I r¡'r ¡ r lr r l"r.i rc (y cn la de aquellos en los que Fyeire ha ejer- 
.irlr¡ ¡¡¡fis irrflrrcrrcia) el supuesto latente de que el docente 
rlrrl¡irrr'¡r ll.v¡rr n l.s ostudiantes a conclusiones particulares 
rrrr r¡r¡¡l,ori¡r rkl crcencias o de acción, lo cual está en conflic-l, 
r¡ r'olr lrr r:olrt:<r¡rción básica de una pedagogÍa ,.Iiberadorar. 
( l' l,,rkl, ¡lr.rk,.^ hallarse en Fleire también otros lugares 
rlo¡r«l«l lrlr:lra.zn. la actitud de ..generosidad" (como en: ..Deje 
(lrr() y(, lo llcve a usted a mi nivel de comprensiónr), y donde 
ex¡rlícitarnente advierte que el maestro debe ser hunilde en 
presencia de aquellos que sonexpertos enlas condiciones de 
su propia opresión; dicho de ot¡o rr.odo, que eI docente debe 
ser un alumno (véase, ¡ror ejemplo, Fleire, Lg?0, págs. Bg, 
46-7, 53-6, 7g-9, 94, ]-2L4). 
La inquietud de Ellsworth (1989) por los peligros de la 
autoridad del maestro y su escepticismo posmoderno hacia 
la posibilidad de r¡n üscurso razonado entre grupos dispa-r_ 
es, le sugieren una visión rnuy negativa de lo que llarna 
"las fi.cciones represivas del diálogo éscolar, (pág. B1b). 
"Al prescribir deliberación moral, compromiso con todo el 
espectro de visiones presentes, y reflexión crítica, Ia biblio_ 
50 51
worth, debo decir que tales afi¡-lll¿¡«:i.¡¡()r; r)¡r.o(.orr nr¡table-rrrertte 
exageradas- concretarn.a1.., (:r-.() (|lr. <r«¡lrreten un 
error teórico (y político) fundanlc¡rl,rrl: ¡tr.t,.jttt¡1r¿r¡ saber si 
son posibles la comunicaciórr sir-¡ cl<¡n¡ir.r¿rt;irirr ¡, lir rxrrnpren_ 
sión sin distorsiones,y excluyen cl.e unl..tt¡r,,, l¿t ¡r<lsibilidad 
de que, en contextos esoecÍficos y cre r¡l¿r.()rrr rr. coercitiva, 
los que participan en una discusión o¡ll;cn por cccler cierto 
grado de autoridad a determinados iircliviáuos, nutoridad 
en la qrre todos consienten a causa del i¡rtcrós c<¡árún en que 
la discusión progrese 
IJna cosa es señalar el peligro de que, cuando parece que 
las reglas son neutra-les y todos Ios participa.rtes tie.r.n-r, 
"derecho a hablar y a sentirse seguros de habrar,, ra situa-ció: 
e pueda no ser experim.entad.a así por todos ellos. pero es 
mucho rnerros verosÍmil -en realidad, es a¡rtieducativo_ 
suponer que ese es necesariamente eI caso. La propia EIls_ 
worth ¡nanifiesta cierta a:nbivalencia hacia sui cJnclusio-nes, 
porque u¡ás adelante en el ¡nismo ensayo parece plan-tear 
la posibilidad de u¡ encuenl,ro dialógicó. 
¡.Si usted puede hablarne de u¡ra menera que muestre que 
bntiende que el gsngsirnisnto que tiene de r.,i, d"l mundJ, y 
'de'1o correcto", será siernpre parcial, interesado y poten_ 
eialmente opresivo para los demás, y si yo puedo iácer lo 
mis¡no, entonces trabajaríarrros juntos en la tarea de hacer 
¡r rehacer alianT¿s para construir circunstancias en las que 
puedan prosperar estudiantes diferentes, (19g9, pág. Jia; 
véase tarnbién Ellsworth, 1gg0). 
La relar:ión dialógica no exige la identidad de los pzrr_ ticipantes rri busca crearla. El diálo 
personas sean iguales, habren d" l;?l"LJH;;*Tt,':: 
i,teresen en ,as rrrismas cuestiones. supone las personas atienda¡r a un proceso de com,n"iocat..*iour.i,irl- r.,,1,,,,., 
tado hacia la comprensión interpersonal y qr; ;;;;,;;,, ,, estén dispuestas a cultivar, algún;uidado, intlré" v rll*,,,,r,,, 
para con el otro. Dentro de esa relación Ias person,." ¡rr,.i, t,,,, 
ser muy diferentes, pero es rrruchísimo lo que p.r,r.t,r,','i,r,.,,,,. 
para hallar formas de hablar la una 
i. oiru y prenderse entre ellas (Burbules y Rice, "n., 
,1., ,,,,,,, 1gg1, lgg2). t)isl,in 
tos trabajos etnográficos y relatos más inf.ormakr.s rlo virqil 
ros dan testimonio de que Ia comunicació¡r logran v Iu trlrrr¡rnrr¡¡i(»r¡ 
se asombrosamente incluso atraves,.rr «¡ diferencias lingüísticas y ¡ r r»i..r N. ¡ ¡ r ¡ ¡ r *r i culturales- ese proceso de traducción sea sencillo ni qrrc ".b" ",,¡r,,,r,,,-,s., I,,,, gre (en si<,r»1lr.t, realidad, ninguna 1,,. traducción es perfbd,:r,lxrro noimpide que r:ll<» sea útil). Aveces, esa comprensión por se ve i,l¡i_ bida discordancias cultural." y pu.rdigmáticas si so, orofundas, por relaciones de poa.a-.át"" o Jrrpr."t.", personales, , defectos n". como ra impaciencia y t. rrrtol..Áiir.. 
En esta etapa de rni argurnentaJión, sólo dlseo no obstante esas barreras, es posible que las personas ".aJm qr., jen llevar a una relación en la que .""üor"o. y respete"n" is.,_s diferencias, y consideren que ástas son oportunidádes tivas para posi_ alca n zar perspectiv"" rr.l"rra" üenen ]. ustamente p i, afirerar: q u." "de de una üsión del junto-de mgndo y de.-r¡1 .ár1- ex¡reriencias que son rtluy diferentes (Feinberg, dL las propitrs 1990). 
Ta.m,¡roco _ tiene el diáIogo por qué estar dirigido ciliación la e".i a la con_ o elirninaciOn de difu..rrcias presentan. cuando ellas se Encierra peligros evidentes la pretensión imponer aI cle otro la üsión propia o de elirninar reducir diversidad o la bajo el fplso pietlxto del <<consenso,,. por or:ha des- es lo que ocurre con frecuencia en muct¡os contextos educativos donde los moüivos que una persona (o tiene para impartir un grupo) *enseñaiza, a otras p"r"rrrr"-r.á"o consistan en incu-lcarles, <<por su bienr, las^creencias y los 
valores_ que a su juicio las-beneficiarán- Ningrrna oriJnta_ ción p1lítica, religiosa o curturar tiene er rnonopolio error. de este Pero rrna vez que hemos reconocido estJpehgro, brá fonrras ha_ de conceLir una comunicación pedagógica que 
Lo cual cornis¡12¿ a parecerse rnucho a la .relación üaló- 
Sica" ¿ss.¿pta en este libro. 
El didlogo en contextos de diuersid,ad, 
- IIna cuesüón l¡re surge una y otravezen la bibli<¡grafia 
rte la pedagogíe- crÍtica es Ia de sila difererzcio (culturáI, .r-cial, 
de sexo o de clase) crea potenciales barreras para el 
diálogo, o si se la debierave. cómo una oportunidad posil,iva 
para crear relaciones de comprensión y coopcrr¡(:ió» trans-versales 
a esa diferencia. Mi respuesta cn est,o lil¡ro será 
que las dos cosas son cierLas. 
52 
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rrorr u.yucle a ewitarlo, y el üáIogo, en particular, se fi»'rrrrrrli 
<lo l¡r¡rrr(:ra que busque preservar y m.antener las difr:rcrr 
r:i¡rs. I,l¡r realidad, si no fuérarnos sr¡stancia.lrnente difb¡ou-l, 
o¡r crrl,rc nosotros sn sxperiencias, en visión y en conor:i-rrriorrl, 
o, ¿por qué entrarÍarnos en situaciones educativas? 
I'or l,trnto, la búsqueda de una com.prensión mutua o «l«: 
r¡r¡ rr«:r¡rlr-d<¡ sobre alguna cuestión de interés común n<» 
li¡rzr¡str¡¡rente arnenaza la diferencia ni se ve a¡rrenazadn 
¡ror olltr. El criterio fundamental que corresponde aplicar 
rr«¡rrf os el de saber si la com.prensión o el acuerdo se alcarr-z¡ 
rrr de tal rnodo que los participantes tengan a su alcance 
todo un dorninio de oportunidades de cuestionar, someter a 
trrrueba o poner en duda el puntá de vista del otro. Si tras 
prolongados intercam.bios de esta natu¡a)eza,las personas 
llegan, desde sus varios puntos de partida dilferentes, a Lrna 
c<¡nclusión común, o si, afalta de esto, alcanzan almenos un 
all,o grado de comprensión y de aprecio por la posición del 
<ll,ro, cntonces no hay razones para suponer que ese resufta-rl<¡ 
sc¡r n'r«rnolÍtico o impuesto. No se puede ni se debe pre- 
.iuz¡¡rrr r¡rr<-' la cornprensión prepare el acuerdo: los parhici- 
¡rrnrl,on lo rlol;ermina¡án en el proceso de su interacción. Es 
un rit'r'(rr srrfx)ncr que de un esfuerzo así deba seguirse la 
corrr¡lrlursi(i¡l r¡ t-.1 acuerdo, y es un error suponer que debe 
ll ¡¡r'ruu¡l'. Nlr Hr-. ¡rucde recomenda¡ ninguna que supere los 
¡x olrlolrrrrr-r r:rlnl,«lxt,uales concretos en la búsquedá de las 
r ¡ r r rl,r ¡r ¡ r lr r r r r r ¡ r cor » ¡rrensión y un po sible acaerdo, sin prejuz- 
1lrrr rrolrro cl x-.sultado en nrr sentido o en otro. Esta actitud 
¡»'rrgrrrll,icn cs indispensable, sobre todo en educación: es 
¡rrr:ciso reconocer las diferencias sin pretender ahogarlas o 
superarlas, porque ss irnposible un aprendizaje que no en-frente 
diferencias. 
Diálogo, ígualdad y comunid.od 
Si bien muchos se ven atraÍdos por el diálogo como enfo-que 
pedagógico por senti¡nientos igualitaristas, la igualdad 
per se no es necesaria para que haya diálogo. Si no fuera así, 
no ¡rodría haber, ¡:or ejemplg, diálogo entre los adultos y los 
niños. El hecho de que los participantes no sean iguales en 
conocirniento, experiencia o inteligencia no disminuye las 
posibilidades del diálogo: al contrario, en rnuchos casos ex- 
54 
¡ rlir:rt <¡re los participantes se hayan visto llevados a estable- 
(;(lr una relación. Otras dos caracterfsticas son rnás iurpor- 
. ll,,¡frl t¡ tr t,.cs que lf aa irgg¡}Laarqldaaod para qtule ee§sraa rr eellatrc.uiórun[ duiaauló6grric;¡ar' trel-rnrEg.ar. 
I ¡r rc r_r rcsultadof,fiene qu.e ha-ber cierto Y.ld. -1"Tp1o1a.ad 
, <¡trr: ligue a los interlocuitorei en riiia relacióq putu-a de,iu: ". 
I 
' 
üer(:s y respeto.0a relacién reconocerá plenamente las dife- 
¡ r'encias); y una posibilidad real de que cada uno de los afec- 
' l,ad«rs participe en la discusión, haga sus a¡rortes a ella o Ia 
abandone. Aunque en situaeiones üalógicas es¡reclficas la 
naturaleza y grado de participación real de cada t'tiembro 
no será exactamente igrral a la de todos los demás, ello en 
modo alguno puede interpretarse corno una falla del diálo-go. 
A rrrenudo, cuando hay diferencias en conocirniento, ex- 
¡reriencia o visión, algunos de los participantes esti:marán 
, que les conviene dejar a otros mayor espacio para qne, por 
e.iemplo, les haga.t preguntas; o pueden preferir escuchary a 
habl#fEs innecesario decir que en contextos de poder t'de 
i privile-Sio institucional, el fondo contra el que se tornan' esas 
i áecisiones puede hacerlas problemática§¡ aun cuando patez' 
i carr voluntarias. Por cierto, está en eI espíritu del diálogo 
alcancLzar un estadio en el que los participantes alternen 
üversos pa¡reles, oscilantes entre el compromiso activo y el 
pasivo, el cuestionarniento de las autoridades y la atención 
prestada a ellas. Pero, para llevar a los parüicipantes a ese 
punto, es necesario trabajar dentro de una relación dialó-giea 
en, curso, y S,uizáno todos los pasos qne se den en ese 
carnino evolutivo se qiusten a un patrón de igual participa-ción 
(aunque en principio sea prerrogativa de todos los par-ticipantes) 
Por lo tanto, la relación dialóSica contiene un elemento 
rr.arcadamente pedagógico, en el que los participantes 
buscan enseñarse el rrno aI otro y aprender el uno del otro; y 
el aspecto voluntario de esa participación es decisivo, prresto 
que es improbable que rrn participante que se resista al diá-logo 
obtenga o aporte a1go. Pero dentro de ese conjunto de 
opciones comunes, Ios patrones de participación pueden 
variar. Más importante que la igual participación corno tal 
está el Üipi.itu que Seyla Benhabib (1"989) llama "reciproci-dad 
igualitaria". 
.Tbda acsión comr¡nicativa supone la simetría y la recipro-cidad 
de las expectativas normativas entre los'rniembros 
55
,] 
t 
del grupo (. ..) E1 "respeto" es una ¿rr:l,il,rrrl to mora-l que se adquiere prirnero il .1, rrrr l;r.lrl,irrrien_ l,r¡rv.r; rlr, r,.r¡' l)r.o(:csos de socia'lización comunicativa- EIr. ir.¡rri«:rr rrr¡. t¡r l,,,so trel respeto puede verse afectada si nrl s' ,r¿r¡r r,¡s rrrrrlit:i,,es p.rra que.se desarrolle,n sentido <1. tir ¡rrrr¡ri,, v¡,lr,r r,fa aprecio de los derrrás. El respeto puedc rl«f ,,r..1,, *,,,. ,,r, 
ponente de nuestra experiencia de virr¿r olr rxrltri«:i«r¡r".us. .dr_e guerra y de hostilidad extremas que llev.¡r *, to ,,,¡*,r,:, a. la reciprocidad, o reducirse en unJculturrr Prrclivo ú la indi_ ferencia extrema y a las forrnas extremas c.le un in.rlividua_ lismo atomizado" (pág. 1b2). 
Contodo,Ia posibilidad de esa comr¡rricación recíproca y res_ petuosa es puesta en duda por crÍticas como tas planteadas 
gol Ellsyorth, que ya hemos citado. Si de hecho U fri"á.r" de las relaciones de dominación entre grupos sociales y en_ 
lre indiüduos que los representen fija rírnite" i.relo¿i¡i"s . las posibilidades de comunicación y áu **prensión, y si la divergencia en las experienci"" .irt . categorías de ..dife_ 
.u3§11,] conduce a abismos insuperables dá falt. á" 
prensrón mutua, entonces el diálogo en el sentido desc"roipmto_ aquí es ,na dulce ilusión o, p"or,",rru. idealizada fatuidad 
-qug 
pasa por alto las infinitas rnaneras en que se silencia a Ios.grupos marginados, o estos se sienten silenciados, áe_ üante situaciones corrunicativas que no cre€¡.ron y no tie_ nen forma de m.orlificar.. 
Esta crítica ha sido profundizada por una teórica ferni_ nista posmoderna, Iris young (1gg0e). young.."fr.r. 
ideal mismo de comunidad, el cual, segúr, *o-"ti"rr., ";.i"_t vilegia la uridad en perjuicio de la diiereneia, la inmeüatez en perjuicio de la rneüación, la sirrrpatÍa en perjuicio del reconoci-rniento de los lÍrrites de la co*prensión qü r:no tie_ ne de los otros desde su punto de vista, (pag. g0d). Rechaza además la meta de una coxnprensión inler*sub¡eUá-aonae .las personas dejen de ser olu""u.", üferentes, r:o l*, , donde, en Iugar d" esol "ril.rai_ f,uarnsnts simpáticas, "" frr"iorrrr, pasa.n a ser rnu_ entienden 5r s€ entienden entre ellas como se a sí rnism¿s (. . .) Los teóricos de Ia polÍtica y Ios activistas debieran desconfiar de ese deseo de reconoci_ 
mi_ento-recÍproco e identificación con los otros, (¡lágs. Í)0g .y 311). Aboga, en cambro, por_una *grlítica ae Iu «iivrírsirlrrrl,, basada en lo que consiáeia t." 
"*j"tuncias ¡xrsit,ivas rlt: .l¿r 
56 
vi da uri¡an¿r .r.crerna" - l'r-a.s l¡.aber,criticacro ros rrroclelos auterioles de rxrrnunidad poI' ser ..salvajernente utópicos e indes e ab les ", pl ante. . rrtr. visi ó, d" l;H;; Nuestro ideal es la ciudad.ro 1".,1!"o r,, opruurrra» (págs. 816_T): 
"La vida ciudadana es un "estar juntos,, entre extrañ.s. exüraños se encuentran, sea I ¡r..r 
"a.r"a "*, dios' y muchas o a través de rr¡.s rrr.. veces permanecen extraños pero reaor)()(:.. su contigüidad en.la vida y e., t.s contribuciones «lr¡t: «:¡rrl¡r ¡no aporta a los otros. En esos encuentros, las persoll¡r.$ nir se relaciona¡r .tnternanlente,,, *o,, lo querrÍan lr¡s ...(l¡-i r.r ¡r ; de la comunidad 
propia r"."* ",,# §: ff :ffi:lH#[.i i:]",,1 I,;;X I ::, : 
mentan corno otros, : ;, como diferentes, como pert,elrcr:i«lrri,.r; ¡r grupos, historias, profesione", 
cornprenden" (pág. B1g). "r_lt_.." difcre,tt:.s, (lr¡o rr(, 
Es imposible estar en d.esacuerdo queYoung hace a ocelebrar h;;;t"."s con el llanra¡¡lir>nLr¡ que üstinguen y a-l-os aiferentes Ias caracl.erÍsl,ir:¿¡s esencial *r-üo", (pág. pert¡ reconocer 31g). que la,..roo"*J*a es diferencias para se tun{a^g" celebrar esas pos tienen !;;;;;;in * los de coexisti, d" *;;;;-;";;i";;;;",;;;""_ diferentes gru_ tuar de trna rnan 
que otro. Esos.r"Ior""*t" 
enriquece y fortalece la üda del 
coordi¡rar "*;;"r4:ffi .n hn:ii*3iffi:T: ::l;; l Bauer (1988) presenta una crítica ;i.rilm a la de yourr¡;, 
.y 11"tig": que no puede Bo "sin la tensión gntre" rl"d *";tgirr;;;;'J;;; Ioc ocrennutnriadla, d cle rrirlr<¡_ Por cierto q,e existe ..o- (páe. xiii). para t.,,Ii?r, ái. p".o no hay razrlrr suponer que er di:í'0go tr.n".r".*rr a ras diferencias necesariamente tr"iga 
ota elirninación Il""iT: la irn¡rosicián de "-o.r*=l""-igo 
id";;; 
de esas difé_ I,ap oad"a;_ptuatcüióánJ ogo'q".rr.,,."];;g;;;"Hf Tp.,,;r,".Infl puede ; pacto sostener f*Tñ"".rcias más general toler".A" d.entro de de y.""peto. un srtamss no Así, es una negación d.l;;"^;;dad, lo que nece_ sino fundar la 
,TTffiki"ff :,'ffi i;:*a"n"*ilt"v*",oshomogéneos 
Vemos aquí una vez más los problernas que se plantean cuando eI posmodernismo p*"-á" r" probrematizqción de los supuestos tradiciorr"t"! ¿u ü.-"o'"i*a.d moderna a Ia 
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t':tt:lt¿si.rht dc la posibüdad de alcanzan ciertas forrnas clo en_ l'.¡¡rlir¡ri.¡lto o de consenso. Es interesante observar que osrr 
r I i rr ¡ x rs i t:ión a abandonar ra posibüdJ J" lir..r¡rs «kr rliálogo eibli:g es co"'partia" tÁ"li.árü, rrplrolti.'orr,*,n,,- ¡r'¡r ¡rrr,,r.s de teoría política que proüenen de l" i.rdi"io,, lilx»'¡¡I. llruce Acker¡rran (1g8g) hi sostenido, por ejemplo, (r,() (t, «:¡rs. de desacuerdos omarentendid." ó;;;;".rn*_ l'i'¡r*s rlc' i.terés público (cuestione" *o.ir." polémica.s (:()r¡¡(, l¡r «l<:l nb«rrto), la única alternativa consistá L, i."o. osrrs <lis¡rr.rtas a un lado y centrarse, en su lugar, en los pun_ l''¡* rrr (rre es posible un acuerd, "oáúo,..i.iilar1""."" g."- v«:r-r rlob¿rtos mora-les a la esfera privada. 
"(lrr¡rn<lo usted y yo descubrimos qtre disentimos en una u otr¿r dirnensión de la verdad. moral-, no d.ebemos buscar un yato¡ cornún que anule el disensl ni debemos intentar trasladarlo a un marco supuestarnente neutral, ni intentar trascenclerlo habrando de la sol,ción que le d;;g"." creatura sobrenatural- sencillarrrente no d ebem.os d.ecir nbsolutamente nad.a acerca de ese üsenso y "Jo"r, f." irlcas morales que nos dividen fuera del prograrn¿ ds t.orrvorsn<:il¡rr rl<ll estado libera-I, (pág. 16)- 
Sirr rlrrrlrr, A«:kerrnan limita su defensa de Ia «restricción (!rrrv.rr.l{rr(:ilrl¡¡rr, . krs carnpos donde er desacuera" r,i[ri", lr¡¡ rrir'r ¡xrrsinl..rrl.u.y f,] ha visto 1"" f" resolución de las rlilir¡1r¡¡¡'i¡¡¡¡ .H irrr¡rr,'ntrle- Cree, urig".ruaal, que eI diálogo 
¡rr rlrlir:, ('(,, r(, r,o rrcr& «re cornpre""io.r y de varáraaJo ¿" p"_ ¡'r¡r:i,rr*., r'iv¡rr.¡r cs irrr¡xrrta.rü pr.rt,au-or.*áá. F"."o 
¡,rsir.isrrrr¡ .¡r crr¿,rto ¿r ra posrtüdad ¿" "o 
r.¡rt:i¡rs *n creter¡ninados "oo"iu", h;tf._ 
y <lel «li.scurso pú,lico y privado, """os, 
su marcada bifurcación con ta tesis le de que se dp,ben aplicar a cada uno normas y expectativas dif;;;;;;;"r_ cian a demasiadas cose s. nrr r""p..L"i, bib . e"k"**,'B;;"_ (1-g8g) sostiene que ese modálo sacional de ra restricción conver- <<irnpone lÍmites a¡bitrarios, les, conteni¡! opuestos al a ros rasiona- y al alcance á;i dtá;g" r!.s--Sre"", públicoo. en lugar .l Esta auto_ de eso, que público si p.ogru"o del en ro¡:ro discurso de temas "".i ¿"t"iiáou 
problemas ;;;"dtd;;. profundos polítiáo; ;¿ poder, """ 
te r¡na es justamen_ teoúa normativá la del diseurü ética corne comr¡nicatir.a ,ot"" *r-"ü, en el modelo de posibili.dad la (no que garantizada) nos ofrece la de rria averiguación pública 
rlo lns barreras ideológicas o institucionales que irnpiden la 
«nrrrprensión mutua y el acuerdo- «El modelo discursivo de 
k:gitimación es reflexivo, es decir, nos permite cuestionar- 
¡¡es¡ ¡'afligelmente a nosotros rnismosi es crítico, lo que equi-valo 
a decir que nos perrnite cuestionar las formas exis-l.<-'¡ 
rtes de relaciones de poder que impiden a la conversaeión 
scr legítirrra, justa o auténticam.ente abierta" (págs. 145-6). 
Volveré sobre este modelo habermasiano de la comuni-cación 
en el capítulo 4, pero por ahora conüene destacar dos 
puntos. El prirmero es que Ia respuesta de Benhabib a Ac-ker¡ 
nan vale también para el rechazo de Young de la posibi-lidad 
o la deseabilidad de una comunidad. El segundo es 
que la superioridad de esta versión del diálogo como forma 
de comunicación trrclftica reside en su capacidad y disposi-ción 
de ofrecer al exa.nen crítico sus propias prernisas y pa-trones 
dentro de la rnism.a situación comunicativa. Prefel 
rim.os eso a las concepciones que senfinan ese ¿rnálisis refle-xiwo 
al prístino discurso de un aivel su¡rerior, o a un dominio 
especial de actividad (por ejemplo, ciertos subgrupos rela-tivnrnente 
b.om.ogéneos o una esfera aparte de relaciones 
personales y privadas). En el m.odelo de la éfica dissursiva 
«podemos hacer dos cosas. Prirnero, podemos dejar que las 
condiciones del proceclirni.ento sea¡r tematizadas dentro de 
la propia situación de üálogo. El diálogo debe ser 1o bas-tante 
abierto para que podarnos discutir aun Ia forma de 
establecer las reglas del diálogo, siempre viendo que esta-rnos 
en el bote de Neurath y podemos arrojar por la borda 
sólo algunos de los tablones en ciertos momentos, pero que 
no ¡rodemos quitar todos los tablones del bote y'mantener-nos 
a flote. En otras palabras, aunque cuestionemos las 
reglas del diálogo, tene os que rcs¡:etar algunas reglas pa-ra 
qrre Ia conversación siga en curso. Segundo, trataremos 
de justificar los presupuestos del diálogo en el contexto de 
nuestros su¡mestos rnás explícitos acerca de la naturaleza 
hum.ana,lahistoria yla sociedad (. . .) No veo fonrra de jus-tiñcar 
un modelo dialógico o üscursivo de legiti:nación (. . .) 
sin aceptar supuestos fuertes acerca de Ia ¡noralidad y acer-ca 
de la rlbionatidad" (Benhabib, 1989, págs. 147-8). 
Por tanto, es posible elaborar unaversión de Ia comuni-cación 
pedagógica que responda simpáticamente a las cues-tiones 
planteadas por los críticos posmodernos sin suprimir 
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Iaposibitidadyrairnporta,cia <rcr .¡)r:rrrrrrr.r', rrrero, ,,a versiórr r.rrrrr:r¡t,ir,.. rrri- así debe rec()ll()(:()r. lir rrrrrlirl¡¡rl ,1.;,,; ;r.r_ flictos ylas relaciones de dorniltaciír,, ,,,,.,.xrsl..rr .rr ,uestro mundo y distorsionan las 
ción ocgrre. Seguldo, debe" o,,ai"i.,r,,,s rll¡rrr'r l¡r «;'r¡r,nica_ ""ii". i,r., ()r.r1)r(*i sirrrtll,ricos de 
r.l.¿t1z,1g1ar9 e*n . rsteonpt.id.folr " o un amargo descnrirrricrrl,«r; rro «lobe pre_ ni positivo ni negativ, s.rrrr: ú, ,,,r."tioi a. saber si la comunica"iOn pea"gó?JJ, tr,rl,l.,t óxito y cómo (Burbules, 1gg0). f"."*.o, áL¡.'*'.riru."" o. la ¡atu raleza { .l I11o1 del proceso-ed.ucativo, 
dominio de posibili$ad_es qru "lr, ".r"ili.ar ni lirnitar el arrojar como resultado .lr "* p.o"."u realrnente podrÍa 
cuarto, debe ser especia,-rne"ro.t"r r*t"Jr*"áiusl er eales de práctica. la experiencia y delo"..*o¿* a ra diversidad de pantes á. .-ü*ión que los partici_ üevan a una situación 
"o*rirri".tiva; no puede su_ iTtrff i:: ffl"."as hablarán de la *iu*,-*.,,1.., 
ocupacione"",",,iffi :r:,:.:?:r:"T:*iHi:i::::""itr: tan seguras para hablar)- p..o t-ailUién, y por último, si preteñde ser educativa, no puedu.árro"ir. a la aspiración dá-comrrni9a. y comprendei rt ,o*"Lao diferencias. Ar¡n_ que sea di:ffcil comunicarse y entenderse entre las diferen_ c.ias, esta situación rnisma p"*a" 
nos hace entenderla perspeti"", fr""- , la más instructiva si 
ciqs de un p_unto de vistaip"""iá.l" ""tefons..ió" ny ftu*n dua;r;n;e:"ntal que está en la base de la relación dialógi". 
que ser lo bastante sirnilare" p"r, qrr. la"" c"o"mt",u nt"ic.;a;c"ión ocurra, pero lo bastaate diferenies paia hacer q;;;rlg;i" pena (Burbules y Rice, 1gg1). _ '-- 
y Ia condicirin especiales qu(r u¡r docente puede tener- orr lir pedagogía crítica' Ellsworth t"*ti¿- señala otra cuesr.iri.: que erl u,a situació'de enseñ-rr-r- 
puede ser separada,de ""t.JJJpri"i,-r,, r ,,,, 
fri"lo"ia texto social que confi_eren "rru 
institucional d";;1. y l¡, al (:o¡r nes p¿*a priwilegios los que puede no u*ra.-ütui"aá. y Ei;;.;i:;; r:«rr«lir:irr de no desearlos, pero no se los L" ¡"""". Éji;;eüt¿ ,,,,,, 
no ros urigu o..-o á segúl treo* :"1;,'"T"0:":.:,;l'll:;;l;, que_unapostura plano más honesta esa situación y aLn.'r 
es rcr:orr<¡r,¡r.rlr, " fosI"t,r¿iantcs tionen' antes que,pretend". ár (Irrr! Ir r .rr.r¡ q.rJ, intenciones, Ugu"áIir*n"r, o.qr" sc se está l.i<:r¡.rr ae l¡r¡r:¡¡r¡rr cas. Desde ya, la presunciónde exenl.o rlc l¡¡r¡ r.r rlr ]a artoridacl,.y condición especial que la lo.s ¡rr.ivilo¡¡rorr y aunque esa autoridad pueda ju"s"trif_ic"arrrsñer rcrr lr l.lrr:¡r ,.ui(.,,,,,,,, p'dt;J;;;;neri r¿rz.(»rr r,r r¡¡¡¡, ¡¡1, 
Hfl:ff"T":cirniento 
r: r, t: i r r v r i,,:,,',i,, .,,,,, 
Con todo, no veo manera de eütar al¡lrrrrir li».¡¡r¡¡ rlr: ¡rr¡ 
1T-1:1_"^ cu alqr ¡i s-¡-int"nto-e-arllri.,ro,,r., 
i r r r ¡, r.t,i r s i oes,vrrnos por establecer reraciones ¡ ¡ r ¡r; tarias' A menudo comr¡rricuLiv¡rs i¡¡rrrrri jor e:rbraemos iorrÁá"i0, de un¿r rirc¡rtr¡ ¡rr: - inforrnada, recibi*o" 
cia, tomarnos ideas g" * "orr"J:á;;; tutor c.n experic^_ tación de un asistente gr""p*ról,--"ntá; Toanoos" conoce bie,, orie,_ de autoridad. para ellos son ejemplos que una autoridad sea creíble no se la puede dar por supuesta_sino que se la debs;;;;;;. , reinstituir de manera periódica,'p*o.". exarrl.err no se puc- de reali2¿¡ contiruarrrente, y en-ciertos momentos ra ar¡t¡¡- ridad será un elemento inseguro 
"r, corriente. La cuestiór, *, relación djalór{ic¿¡ tiu"Jq.ru;;. fir;;;I;;JiJi 
jff;#f"".::f "r"o ", s : ¿ qu é t ip o s áe.oio.i ara .¿rá"ur. Jiá,,' 
Lajusfificación de la autoridad. por el papel institucional cosifica las que son, en muchos .r"á", ai""utibles posiciones oe 3erarquía y priülefio; las ¡""tin"áliones de Ia autoridad por u¡r..conocirniento expert"" "rutá "er 
gaciones, apenas v"l"d.s, ;U:.."."uía sencillamente ale_ que deseo sugerir institucional. Lo aquí es q". 
nos relacionales proporcioria .r"itóe*ri"oli"r meál sd piárloovgeoc heons otés rmi- ra la evaluación de pa_ La autoridr;. -."- 
En el nivel básico,_una ,"tiira relacional respecto del diálogo supone formulars" ¿;;-";;;ad estas preg,ntas: 
Di.dlogo y autoridad 
Estas tesis acerca del poder, el privilegio y la autoridad tienen tarnfoi6¡ coosecuentiu.. dí""i"" para ra fundarnental cuestión de Ia autoridad en ra educacion. Muchas autoras fe¡ninistas, po1 ejelnrg, sg na concepción de autoridad l-engÁí-t ipLraJiiurnet a¿o si existe al gu_ el espíritu sea comp¿rtibre con de la enseñanza_y 
(Friedman, 1985). nfrswo*ri ("lt^ ru;ép.j,e rsdeigzúanje h iegrunoasli tarios reser-va algunas vi.sto, de s,s cúticas rnás ácidas a lr¡s irrLert.s de definir una .autoridad 
"*r.;;;;;;;; q,,. I cgi r,i r, * . I ¡ ra ¡rel 
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«¿.Qrrién soy yo?r, y «¿Con quién estoy hablando?.. por t¡l,r.rr 
¡lrr.l,., rr<l basta con defini¡ nuestra posición por'n pu¡xrl 
¡rr,l,i<:rrl^r (.Soy un docente") o justific*¡aru"tu. ,irrr¡r,:r.c.te autáid¡rrl por referencia a ese papel. En muchos senl;i- r,rs, ..s<r ¡ra¡rel ,os confiere privilágiá* y3.r".q..i" q,rl ,r,, !r(!r'.(:()¡ros- Al mismo tiem¡ro, debem.os ser honesti" ..r, r¡r¡sol,x¡s rrri,smos en cuanto al conocirniento, la pericia o l<ls l,¡rl.¡rl;,s rllr* poseemos, y q,e nos introdujeroo ao p-ri^.. 
l,ór'¡¡¡i,«r r:n la situación educativa. Es impártante til¡i¿, sor. lron<lsto c«rn las satisfacciones que nos procura desem¡re_ ii¡rr trn ¡rapel en el aprendizaje de otros: ai nrr y ¿ áÉo, ¿.ro ()s .)sn la razón prirnera por la que llegnrnos a ser docentes? 
. [)or otra parte, ss imFsrtantá cohfrender la p".=páJi"" 
de quienes son nuestros interlocutores en el ü¡áIigo,!.r¿ ro" r¡r<¡tiva para ingresar en el proceso; qrré ven " ,i."iau, y qué van a enseñarnos; qué tendencias pueden tenlr qrr. fr" Ileven a obedecernos, lo deseemos o no; qué experiencias o firct.res contextuares pueden estorbar su cap-acidad o su rlis¡xlsi«:ión de estat¡lecer con nosotros r:na asociación comu-r 
r i r:r r l, i v¡¡ o ¡ r l;o rar¡lcnte reclproca; etcétera. 
Mr'ir¡ ¡¡lL'r rl-r nivcl de la introspección y la reflexión indi_ virlr¡r¡1.*, ¡rrr.rlt-' rracer falta que esos támas se plaoteeo 
rrlrrr.r'1,¡r¡rrr.rrl,l: .lr l¡r conversacián y se discutan l,r»r r l. l¡¡ r.l¡¡r:iól¡ r-.¡r r:rrestión. En mucho" ";á;;;""_ 
v.¡¡, ¡rl rrx¡rtr(. «:rfr,i«:«¡ <re la autoridad pued"eo ,e,ts.t=atro ¿* "aráti_ rlrr ¡¡¡¡ ¡.(-x.,r()¡r rt. r.s fines y los métodos educativo".*. üp".iroo 
n(, (,1,r lnr!r¡(¡s <:l¡¡r<¡ (lrre una autoridad por conseriso, una ad_ rrrir'rií'r¡r lrrs¡r.l,rr«rsa do ra experiencia o ra pericia J" ,"""t , r:,lrr¡rrrfi.r. ¡ruede ser er resultado de esás discusiones. No veo razoncs para suponer que no pueda o no deba ser así. 
,. ffrS.tu de eso, por su naturaléza rnism&, tod,,.t""iO,, dialógica duradera es fluid.a: los papeles nes de interacción se modiñcan ypir"d"o "pi;rI"oqal..Á;-";";; "íi_lr-- tas reversiones. particularmentá án eI diáid", ;;;" *"iUf" establecer demarcaciones claras entre Io" dÁ";to":J;;"- señanza y los momentog de aprendizaje; ¡rcr f" t".á, á"._ qu_e una persona formule todas Ias preguntas y Ia oira dé todas las respuestas (para tomar ro'"."o exhemo), las dos partes aprenden. por otra parte, en el interio, a.íai,atogo los temas cambian, yeste 
""*bío-p""¿u "ienifi"; """; interlocutor que es más versado eJun camtr)o, aprenda del otro en un cayrrFo diferente. Este patrOn de cambios conti_ 
r¡u()s rro irnplica que rlo haya autoridatl, sino sólo que la 
¡rr¡toridad no puede ligarse a uno solo de los participantes. 
ICscucha¡ aI otro es un aspecto importante en una auto-ritlad 
legítirna, no sólo para poder aprender así algo mrevo 
sino porque esa actividad relacional concreta modtñca la 
condición de la autoridad que se posee. Escuchar es mues-tra 
cle respeto, interés y preocupación consreta por el inter-locutor. 
Es una forma específica de hacer posible que se oiga 
llayoz del otro. Cua:ado es urr esfirerzo activo, y no una recep-üividad 
pasiva, puede invitar a los otros a desarrollar y ex-presar 
sus propios puntos de vista. La relación dialógica re-quiere 
además ser sensible a las circunstancias ambienta-les, 
a los contextos institucionales, a las historias ¡rersona-les 
o a la dinárnica inter¡rersonal que pudiera ser un obs-táculo 
para la participación dialógica. Amenudo no bastará 
con sólo escuchar; puede que haya que trab4iar para que se 
cree url medio donde unavoz en silensio sientala conlñenza 
o la segrrridad indispensable para hablar. 
Por último,la autoridad dentro de una relación dialógica 
debe, hasta cierto punto, debilitarse a sí -nisma con el tiem-po. 
En alguaos easos una pretensión parbicular de autori-dad 
se deberá aceptar a libro cerrado, porque exigir una 
justificación completa restaría el tiempo y la atención que 
reclarna para sí e1 problema en cuestión. Pero la finalidad 
del diálogo debiera ser que esos casos sean cada vez menos 
frecuentes; crear una situación donde la autoridad ya no 
resulte apropiada corno base de deteminados privilegios 
comu¡,icativos; una situación imaginable donde nuestros 
interlocutores se vean llevados a un punto en que rechacen 
nuestra autoridad o ya no la consideren necesaria para su 
desanrollo. A m"i modo de ver, una autoridad que, de algu-na 
rnanera, no trabaje con visüas a ese fi., corre el riesgo de 
to r.arse su jerarquía dernasiado en serio. Pero, al rnismo 
tiempo, yo diría que un docente que puede ofrecer perspecti-vas 
e ideas que prornuevan el desarrollo y Ia autonornía de 
un interlocutor, pero se rehúsa a hacerlo a caus¡a de un re-cbaza 
equivocado o no sincero de toda forma de autoridad, 
no benefi¡ia al oüro, Aun olrciones como Ia de invitar a que 
cuestionen nuestra autoridad, o que la desconozcan proü-sional- 
mente, sorr decisiones que sólo rrna persona investida 
de autoridad tiene la libertad de tornar. En realifl¿d, esas 
decisiones producen su efecto en muchos casos justarnente 
62 
63
rH 
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porque toclo-s i,s interesados cr¡r,irrrtr<.rr r¡rrr,r;r,¡rr..rrrrt:eri ur] ntarco donde e,. se r:espeta a ull¡r ¡rr¡l,or.irl:rrl 
Parece indi-scutible que la rlrxririrr ¡lrir;,r¡¡ trt. s.r- ,, do- cente implica el recra'ro de cierro gr:r<r. rr. ¡rr¡r,.l.irlr,,t i"gi_ tirna; 
sr¡¡-sen cuestiones interesrrrt,t:s na qué 9ó.justifica 1.o 
. r autoridad, ¡ ¡ r esa ¡« r. .s. cxar,i- cuál *s lir rrrrii,r. ejercerla ,,,.,rrurá fines d" con educativos, y cuáles st¡rr 
que debiera lí¡rril,es a los ceñirse. Desde luego que no fi¡lt.¿'¡rrá, s 
ciones lus afirma- de autoridad problemailcás, y el pelignr caer ta¡to euüá en cada re_ en patrones de respaido instiiuci.;i;1.;;"_ 
chos de nosotros nos gusta que g,sta se rios considere nos autoridad, y acatar la autoridad" de otros. pero inclu"" cometen Jorr¿" se esos errores, los estudientes de todas pueden 1." uá"a." ser rnuy vivaces y creativos para hallar apartar forrnas una autoridad de sin garantías. bupon". qru loJ.-rn mación problemática _ de autoridad tendrá tador y ,rn áf"cto J*á"_ opresivo equivale (paradójicarrrente) poder a exagerar que los el docentes tienen en Áuchas situaciones. Á;- qrre debernos, desde ya, criticar las afirmaciones ticas p.oUfurrla* de autoridad en los demás y evitarlas en ta'donde noJotro. poda'nos, fr."_ no debemo"-ta,*rpo"o subestimar estudiantes a los suponiendo que lo que pietendemos riarngn¿s es lo necesa_ que nos conceden. 
_ 4"í, la autoridad en el contexto de una ula rel.ación puede tener üalógica legitirnidad que rro se base ni.r, privilegios p;;-Ja y institucionalizados ni en suposiciones das sin acepta- exarnen concernientes a la pericia. Ni hay qr. r'.rf. 
l:loev*eo auln a posesión estática de,n solo i:rterlocutár,-que encuentro este dialógico como L¡.na condición autoridad a pion-. L^ se debe ver más bien como algo que transcurso de un interca¡nbio comr¡nicativo dond".e" "s""e re,oA_ nocen üferencias c en conoci.miento, experiencia sin_reificarlas; o capacidad donde se adrnite qrre l.i relaciones dad de autorl_ carnbien err eI tiempo y de ,ri.tema . nifiestq otro; donde reciprocidad se ma_ y iespeto dejando que cada una p-artes hable y de las escuche, y donde sL oriente hacia el un que finar ya en no haga falta que Ia autoridád sea condición oeI. acpurronppiliarndiae nptoa ra nece_ 
o:1uToa1, ninguno de los participantes. Sin de estas intenciones no será perfecto; 
correo se ha señalado, un obstácr¡Io irnporüante finiciones serárr las institucionales de_ e históricas á. ,., papcl dad que persiste rre a.l¡¡ri- aunque ros particip.rt*" sr: r.esisr,¿¡. ¿r él- 
64 
Er: crl,crusió', rur.a relación crialógica autorida«I sea superflua; l" aehri busc.r"c1,. pero .oLr-rard, lir entendida y e.iercida consensibitiar.a, correctalnr:rrr,r, puede ser t¡n clc 
ilffitf,"'"T"r;l:,11T i :l* l" ñ"' "" " 
tr-specíri c a,,,.,,i,,,,, I 
c"eop-coion-reos .je,orá,rrq*u-*ic-aos' H;:§fr Hd?,#"ttrffi :i:]Tll:ili,, de Ia autoriáalcomo señ,r¿r Mi«:trrr.r oakeshott (1962),.Las voces n""-il"rrr"n en co.()xirir,, fof'3: una jerarqyr" (pas. igó.i;"rbri<tart sc rtr,t¡. r,r,, más bien constituida derla ni frascenderla. "f"r rlfi"."o;";;" relacirirr, sin ¡r.r,r.. la que, creíblemente, pued"ert oesJtáabJlneáirr" y, rrru rrr()r.o(:o f,r:r ¡r:r. .i¡ crédito que le nlarrl.t.,rror...irr¡¡rrr cl den los der"a*; *á-Jüoritr¿r, (rr¡() rro ¡rrrr,rrrr resistir ese examen carece de valor. 
Emociones y ürtudes 
Al examinar los intere_ses cognitivos que puedc l¡¿rbcr. en el dirílogo, como_ el de alcÁrri ir*l.riento o aprc,cler acerca de los de1ás o de sí misÁá, rr" .u.r..iaá ,1. ".iu._ rninos afecf,ivos corn1 cyi(ari-*"i*". En realidad, es irr_ posible, en eI contexto de la,uf""iOlaialógica, tratar los te_ mas cogrritivos v afectivos po. 
"*pr..do. 
p?,-tl á;l;;;-rr" 
al:l:re:¡n ta a" ope-prs.ois"t.irrr i"o comunicatiio con Ios otros, y que n()s en él aunqr. 
lérnis6' es n,estra simpatia h;;"'"ü.,;r álrroatr odsi,.f icNilu, eessttréorsil o ¡xr_ reses en el üráIogo no son i.r,e- únicarr¡ente cog:ritivos, y el placer que nos procura un buen diálogo 
intelectual; ot pero o" muchas "o., 
no es puramente dan esos factores emociona"oler".r "ñ-r"á; ;ñ;s"t ardíeal di¿ílogo descui_ algunos exa¡ninar de los elementos aquí 
creación y qrr* intervienen el ñ;#mantr LTi:,#".,,ili.?:"o"io.r.lE" e, la 
na, a nn á, 1:::xrH[il:x atención p"" 1'" ?::- 
X.,lT*:'"ff ffi :'#: sentlrnient.,",-i .,o 
El problema j:P se encua.rlra, para ernplear la fórrrrula 9"*.oerz, como 
de versacionaf» a" márt;; entre los que "r 
eI ..c6¡¡p.orniso parbicipan con_ do en Tannen, en un ü;; diá_logo (discuti_ 19gg, pács. tores b_rzl. de una pr.a..r't";;; más discusiá, de los interlocu- lecesidad de reflexio_ 
65
rlar acerca del propio proceso comunicativo y saber sOlrrrr ó1, 
c intcrvenir ocasionalrnente a fin de conservar Ia cgrrlill¡ul 
rlr-' l¡r relación, incluyendo en ello el estiro o el tono ern«rr:i«r, 
rrrrl, . a fin de que los interlocutores sigan cornprorneticlos .¡r .l ¡rr',ccso- I)eborah Tannen (1g8g) alude a los ..vínculos 
irrl,rlrlr.s, aun emocionales, que los individuos sienten, qrr* 
lrs.ligrrn a otras personas, así como a lugares, cosas, acl,ivi_ 
rlrrrlcs, irlcas, recuerdos y palabras (. . .) No lo veo como algo rlrrrl., sirro que se logra en la interacción conversacional, 
( ¡r¡f g. l0). Iilsas consideraciones empiezan a volver más vi_ 
sil¡lt-' el tejido de relaciones que une a los interlocutores de 
rrrr <liálogo- Muchos de los comentarios qrre los interrocuto- 
¡'«rs hacen en un diálogo 
-expresiores d. alisnf,6, elogio, 
gr:al,it,d, afirmaciones explícitas ü.e acuerdo, etc.- no ple_ 
rlen entenderse mera*ente corno comentario" 
""*r.a dal 
contenido de la discusión, sino que se los debe ver como in-tcnlos 
directos de crear y mantenerlos vínculos d.e cuidado, 
t:onfianza, respeto, aprecio y afecto mutuo qrre son decisivos 
pnra (llrc una relación dialógica se desenvuelva bien. 
I tm firt.lot'r's t,t¡tt¡t,fu¡rlttles ert el didtogo 
I ¡'nrrrrúgl I r), r.¡ r r ¡ l,s (:()r¡) r)rornetidos con nuestros gomFañe- *rr rl. rli/rlr1¡r», ilrr..¡rrs¡¡tlt¡s t:¡r ellos y en lo que tieneipara 
rlr*'ir, rtr¡ rrr¡¡r r¡¡.<lirl. (Il¡() v'¡nás allá del casual nivát ¿e 
f0rrr¡rr.,rrriil. (lurr l,.,rr(:n¡l¡.s e¡r la conversación en general. En 
r rrzl,, ¡kr l¡r i¡rl,r:llsirl¡rrl (:o. (Iuc consideramos a esfa persona 
I r ¡ r r'rilrr r ri l,r ¡ r r <:i (ir r (:()rn() alguien que es important" para oo"o-l, 
r'r»rr, .¡¡. vfrr<:rl. ha sido comparado 
ru. relaciói yo-tú Mrr.l.i¡¡ llrrber (Iluber, 1g5B; Crowell, "o.t 
de 199O; Keai, lg67; 
No<ltlirrgs, 1984). Como no lo hacemos en nuestros encuen_ 
l,r«¡s rlc hatrla cornurres, nos molesta,rnog en seguir lo que 
nu+.rstros compañeros de diálogo intentan decir, en pensar 
.itr.l,o <:on ellos, en irnagina¡ c.estiones desde s,, püto de 
visl,tr. I)e hecho, no 1rcdríamos estar tan compromltid.os en 
l.<xla couversación; nos agotaría y haría -rorro" nuestros rne_ 
.i.r<ls esf'erzos. Adem.ás, los temas de muchas conversacio-rros 
casuales rro rrerecental comprorniso. pero r,s en el diáIogo ernpeñarnos en estar pleqamente con nuestro interlocu-l, 
or, y en comprometerlo con nosoüros, porque reconocemos 
que está enjuego algo rnás que merarnentell tem.a en cues_ 
66 
l,ió¡r. Nos vemos llevados a un vínculo social que tiene para 
¡rrsotros una significación p¿[s arnplia, a saber, la oporüuni- 
<l¿r<l dc ligarnos a los otros por Iazos de empatÍa y cornpro-rniso 
mutuo. El interés es importante en el diálogo, entre 
«rLras razones fundarnentales, porque el desarrollo de las 
i<loas y de la comprensión lleva tiempo; el diálogo puede ser 
una forrna muy "ineficez, de buscar información- Para ¡rer-sistir, 
jr:nto con nuestro interlocutor, enla consideraeión de 
trn terna, tenem.os que sentir algn hacia la persona, lo rnis-mo 
que hacia el asunto en cuesüión. 
Cmr¡u¡tz¿"'rl-a couñsnza es otro factor emocional que en 
parte constituye la relación üalógica (trYeire, 1gZ0). Patri-cia 
White (1990) ha ex¡ruesto observaciones m-uy provecho-sas 
acerca del papel de la confianza enla educa.ción La con-frg. 
nza tiene un elemento de creencia (eomo muchas em.o-eiones): 
la creencia de que se puede confiar en alguien o eñ 
c§o eua-ndo existe un elemento de riesgo. Pero la confian¿a 
también induye ¿¡a sirnFatía, un compromiso que sustenta 
yrefuerza la creencia de que uno puede contar con la buena 
voluntad del otro. §g* Sgnlgs _aspectos pe la.-e4plircación d9 
White que result"-;sp"A;,ü.oL pertioentes aqui. E_f"pf 
.lgglges que la confianza es más grande cuando nó ié ia 
*clvierte, crrando es un su¡ruesto implícito que el interlocu-tonda 
por sentado. Cuanto mayor seala atención que se de-b* 
prestar a establecer y m.antener la confi.Fnza, más pro-bftemática 
e incierta será la relación- Esto vale sin duda 
para la relación dialógica. 
Por Io común se d.ebe hacer un esfuerzo al cornienzo, I 
em parbicular cuando iniciarnos una relación con algpien / 
ryevo, para cre¿rr un context6 ds simFatía y compromiso | | 
Qh'e, ofrezca seguridad a los dos parbicipanté" p** .rpr.- if 
sar sus creencia*, y las experiencias y los sentirnientos erre ii 
aaompañan a estas, aunque separr que el otro puede rlisen-tire 
Las seguridades explícitas y los gestos implícitos (acaso 
'ffiiverbales) de interés sirnpático serán parte de este pro-tilr 
eéso. Otro aspecto del desanollo de la conEenza es tomar la 
'{ 
ffiiativa de revelar aspectos delicados o personales, con lo 
efual hacef,nos demostiación de confi.aná antes d.e pedir 
Slos otros que confien en nosotros. En su momentol di"" 
sEhite, estos esfuerzos corlscientes ya no serán necesarios; 
eBando se los hace, son indicio de incertidurnbre o de des- 
67
t'l 
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confianza. La irrrporta¡rcia <Ie que ]¿r ¡_t:l¿r«:irirr rlrirl.lirr:¿1, ,,)a vez se ha estabiecido y nos ha nl,,r,¡,,,,kr crr st¡ r:spíritu de fdtigcilócna dper io, es qu,e la áodianz, t;,',;;.,i,, rri*.r¡r.¡r sor. ,.a con_ fondo indiscutida, ;É; [,,.,'.r,,,, i,,r r ¡ r I r ¡ r.¡ r l,c p,ede requerirde refuerzos, pero que la ,r,r,r,r. ¡riu.l,o rl«rl r.icrn¡ro es literalmenre tácila (rá". á;;;;; Illon¡¿r.s, tgrjg). 
^_^+qrydo aspecto au U u"fr"i"¡0".1,, Wlrit.. r¡rre resulta especralmente pertinente pará el üálogo ." ;i;;;;iiJa. riesgo en el que la confiani".."rrlü'recesaria. Illn general, nos preocupa la confianza como vínculo 
necesitarnos, como apoyo, de la fiabiliJad d"rer rl,ar "oirtrrrarl -p""e,r.oso1n¿ao. Según erplica Steven ó.á-.Ulillól,i*. Gadarnerel ries_ go está presente tan pronto cor.no noi revelamos nuestros prejuicios entre nosotros. 
'La indagación dialógica [supone] un esencial .altruismo,, 
de los interlocutores, esto es,-estar exentos de las intencio_ nes puramente retóricas_de la persuasión, ula ai"p""i"iO, común a poner en riesgo t"* p."]ol"io" .rr relación con (ver_ dades) que se dan por sentadal pero que se sostienen con firme1a porque hacen posible onlcercamiento inicial a.la cuestión"._La expresión de ese alt uis*o, 
riesgo, es la dialéctica de I" ;;";;ta y Ia r"e"s" p*u;e;;s ta (. ., ,.,) lEl üráIogo consisre] en un #;;;;;o simérrico hacia una fusión de horizontes entre participantes que se borran a sí mismos y que "arriesgan" i"" ;;;;;.ios he.edados dentro de una común orientación ird;;g"tiva hacia la verdad, (págs.344,947). 
Tarnbién en el üálogo hay riesgos en juego. Confiamos en que nuestros interlocutores mritendrán en reserva deter_ minadas cosas que decim"", 
interlocutores se abstendrán á"""jirrág""L, oaslg uenrro qsu e nuestros comentarios, al de nuestros menos al pllcipio; [..o tarnbién confiarnos en que nos dir¡í¡r conhonestidaá lo que piensan o sienten en relación con un terna, aunque esté en d;"";;rd";;i;;"" nosotros pensarnos o sentirnos. pormuch." .._r.",;i ¿"_ go fi:ndarnental del üáIogo, ."*o J'.special en contextr¡s ed.cativos, es el a_" q,r""rrá" 
mente, y nos em¡reñemo" ..r.*"p*ir.;.;"_áoi st" ., bciocn¡rv c<:rosrrar«c¡i opon«alal__ mos, rln punto de üsta, ,,r"I1u" *r"lrr.ia, ,r, solrLilrric¡¡1,() o .na experiencia, con la expectativa de q,rt, ,l,r.,"l,rrr i¡¡1,.r-lr¡c.1.«rr 
68 
responderá de mar 
si lo hará- I_, ."lr"irura 
reflexiva _y simpática, pero sin salrel. 
!3nrno prarqye ##:?;;to'i¿..n"" a""'ooi*"* J,l ,,r 
,""TÍ:;1",:nánirtaad;;"".";#,,=ffi "Lilffi".::;:ii,:1l:; 
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ApneClo.lluna ernoción estrecharn ente relacionada con o I 
rcs¡xrt.«r cs cl aprecio: valorar las cualidades singulares (lu(! 
krn r¡l,r'<¡s aportan al encuentro dialógico y sentir estima ¡ror 
olll»r. ()ol¡ro cI interés y la s6nfian2¿, el respeto y eI aprecio 
¡rrrrr«krrr, hasta cierto punto, preceder al diálogo, pero tien-rlr,¡ 
r ¡r li¡rl.¡¡lccerse con eI tiem¡ro a medida que el diálogo sc 
rlr.nr¡r'lr»ll¡r. lrll aprecio es ulL factor que parece revestir par-l, 
ir:ul¡¡r irrr¡l«rrtancia en contextos de diferencia, sea cultu-r'¡ 
rl o rk: ot,ra fndole. IJn sentimiento de aprecio desem¡reña-rl¡ 
r:ir-.rl;o ¡ln¡rel si hemos de ir más allá de l¿ sivnple .,toleran- 
<:i¡r" rl«: osas «liferencias, paravalorarlas de hecho com.o tales 
c inl,ercsarnos en aprender de ellas. 
- 
A-rrccróN",IJn sentir:riento que no recibe en la bibliogra-fia 
educativa Ia atención que rnerece es la afección, la sim- 
¡ratÍa y aFrnidad con nuestros i¡rterlocutores (Alston, l-991). 
f ,ns que somos educadores tenemos el comprorniso, firerte-rnr: 
nl;e inculcado, de ofrecer a cada uno de los estudiantes el 
r¡risr¡r«¡ gmdo de esfuerzo, al margen de nueshros sentirnien-l, 
oH ¡x-.r'srlrrnkls. I'ero una honesta reflexiórr rros dice que en 
ciorl,on (:ns()tt cstan.- og dispuestos a ejercer el esfuerzo en un 
¡irrrrkl oxr:o¡x:i«lnnl a causa de la afecciórr que sentimos más 
Irrrr'i¡¡ rlol,orr¡¡i¡rrr<l<ls estudiantes que hacia otros. En ningrr-lur 
¡lrrrl,o rr{ t.so r¡rls clarr¡ que en eI diálogo. La relación dia-ló¡¡ 
icrurrrJx,r¡() ol ar:t¡rcarniento de dos o m.ás personas, y lao 
Irrr.y rrraorr()H lrrrrn ¡lretender que no incluye elementos de 
r¡Errrrkr rcr:f ¡rrot:o () aun rnás. FYeire (1970) insiste mucho en 
<¡rrr-. «>l ¡l ¡¡r()r os un el<:rnento presente en todo üálogo verda-tlcrrr, 
y {rurr(lue pueda exagerar en este punto, viene a re-conocer 
el hecho general de que cierta afección, capaz de 
crecer y desarrollarse en el tiempo, es condición del diálogo. 
I)esde ya, esto es válido para eI diálogo en el contexbo de la 
arnistad, los lazos familiares y otras relaciones ¡rersonales. 
Mary Field Belenky y sus colaboradores (1g86) hacen 
una afirmación sirnilar al destacar el sentimiento de vincu-lación 
que sustenta a ciertos encuentros corrversacionales. 
Destacan la influencia.qr-re esa vinculación tiene en Ia sus-tancia 
y la forma del proceso conversacional; específica-mente, 
crrands los participantes hacen un esfirerzo especial 
por escuch¿¡-r corl simpatía 1o quá sus interlocutores tienen 
que decir, sus¡rendiendo el juicio al rrrenos hasta notar que 
han captado la tesis que el otro sostiene desde su punto de 
70 
vist,¡r: segúnla expresión de PeterElbow (198G), jugando "el 
.j r rcgo de creer,. Es sin duda una virtud general esta inclina- 
<:ió¡r. a conceder una respetuosa verosirnilitud a las creen-r; 
ias y a los valores de los otros, y amirarlos con cierta empa-l, 
ln, pero es preciso admitir que la ejercemos con más cui- 
«lado y atención cuando tratamos con aquellos por quienes 
l.cnernos una afección especial. Esta puede i¡ en un'a sola 
rtirección, arunqrre, desde luego, Ia relación será ¡más dura-dera 
si es rnutrra. 
Corno lo veremos en detalle más ad-ela¡te, BelenkSr y sus 
colaboradores (L986),lo rnism.o que Tannen (199O), sos-tienen 
que producir esa vinculación y cottfianza slrpone a 
veces contenidos conversacionales en apariencia triüales o 
marginales para el tema en cuestión, pero va]'iosos para es-tablecer 
esa cualidad de relación que hace posible ex¡rlorar 
el tema. IJn ejemplo, dicen, es el chisme 
Esos lazos emocionales de interés, confianza, respetÓ, 
aprecio y afección contribuyen a qrre nos vearaos üevadoé a 
.ot-r, y m.antenernos en rrna relación dialógica, y también 
plasm.an la manera particular en que optam-os por actuar 
án ella. Sobre todo, una parte sustancial de los benefi'cios 
que obtenemos del diálogo, puesto que es grato expel-mentar 
esas emociones hacia los otros y que los otros las 
experirnenten hacia nosotros. 
EsFmn¡m*.- Por últim.o, una actitud que no es puramente 
emocional, pero qtre es ¡rerbinente para el éxito del diálogo, 
es la esperryrtz¡.. Ent¡amos err ulla relación üalógica y per-sistimos 
en ella ¡rorqrre Ia vemos como u:ea posible fuente de 
ideas y formas d" 
"orop."oder 
nuevas, y tam.bién de un lazo 
entre nosotros ylos demás. Pero debemos estar atentos ala 
wisión teleológica del üálogo discutida antes, donde la justi-ficación 
para errprender un üálogo es ante todo la garan-tía 
de un resultado final. La esperan,.a nos a¡ruda a resolver 
esa aparente paradoja: con un sentbmiento de espera:raza, 
ürabaja:mos para obtener resultados posibles de compren-sión, 
ypersistimos aunque eI derrotero se vuelva diñcil o in-cierto, 
si! la prornesa de éxito. Tanto Gadamer (1"982) como 
!!-ejr;e{f'S70)apunta+quelaq§P9.rq+za_es-UsJiopponente 
é;éncial del diálogo, porque el proceso de discusión mtry a 
- [ rnen ao na tiene un término claro y porque lnuy a menudo 
";1* t hay m.uchas cosas qr¡e nos qrritan las ganaas de ernbarcarnos "*.$ 
7L
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er eL viaje (falta de tit--r,po, r¡ar'¡'.r-¿*-r ,¡ir:rrrr.l didos, co,flictos ar-d,os, r rrr. rrr¿¡r.llterr- inciert¿rli ¡r.r.s;¡xr:l.i'r*; rlr. Irrrcrt re_ sultado, etc.). Corrro lo típico .* ,i,,,, t,, ,..,1,,.,¡,,,, ,i;;i;;"" cambie y cobre forma en el cur.s«r <lcl l,icrrr¡,,,, l,,n',i,I.'i.._ ticipan en ella debe* tor,ar Ia acl,il,r¡rl ,1,, ,*rt.,,,. ,ti_i;.;;;;." a mirar hacia adelante para esti,r¿r. si I¡r rris«:r¡siri¡r vare la pena. En el corto plazo, ál diálogn ¡^rrxl. ,,,*,,1t,,,. i,,il;;;;r, la esperamza, lo mismo q,r" *á fr'".,.rrr, v«¡l,rrl,r¡rl r.ccí¡rroca, mueve a los interlocutores a clarle ticr»po a Ia ir*.eracción para.que tenga éxito: 
"[Ei'lialogo] ve la relación entre distintos üscursos c<¡.ro ros hilos de una conversación posible, una conversación que no presupone ninguna matriz disciplinaria que,.r". ü; h"_ blantes, pero en la que Ia 
"spurL. pierde r" a" acuerdo nunca se rrientras la convers""iór, dura. E*.."pÁ;;; 
urr? esperanza de descubrir un suelo cornún que existier"a" previarnente, sino simpletnenf.e esperanza de á",r".ao á, ¿ menos, de un desacuerdo estimulLb y Íluctifero, (Rorty, L979i,pág. 318). 
Esos sentimientos _interés, confianza, respeto, aprecio, afección y esperarrza- son decisivos p".. eivÍncuio q,re sgstiene u¡a relación dialógica en el ti"*p, ia.-"JJri."gr, hay otros; no prete-ndo que rá u"t" """;"-;#ñ;L. casi todo to que se ha escrito acerca J"idtái;;;á1"r"#*" podemos enseñar o aprender a través de é1, ese rot.rá" u"p._ cífi carnente cognitivo no es en *.d; ;;;; l;;;ffi ;1". 
v"le "d:"i^fi:c9il: toro p odléiarlnóigcioc.o o nos rr*ti"r.. en él cu¡ndo se vuel_ A veces hrblo-roos y escucharnos por otras_razones, y las gana,cias educatirá" 
beneficio marginal. En la *.¿iá" "r.g"., "o;;L 
", que las vemos como 
:1111.:" qr". 
": positivo sentir o que loi demás cta nosotros, hallaremos natr¡rafmente ocasione"si "p.r*á" , fr._ 
tivarlas y expresarlas- IJna a" ""f_ """" o.rsiones es el diálogo. 
Virtudes comunicatiuas y d,id.logo 
Ttrllio Maranháo (1gg0), apoyándose en la «rbra tlc llaj- tin, Buber y Maurice Leünas', 
una «ética de la respuesta (. . .) "e"l .r"e"stp"e.rl,ror , ,l rlitil«rg' .,),,.lo ¡xrr lrr all,irri<lacl y 
72 
la rer.elar:itiu dc I¿r id¿:ntid¿rd i.. .) Desde el punto cle visl.¿r ético, er núcreo del diálogo r-eside ur'r.r.iJíJilr* ál,.., el Otro, no en manifestacir.ru" p..ti.rrtr."",, lf üiEl] rr",, 
cualidades de la apertTs ),.liu"f"to " 
den equipararse a un ideál de rizona"boirhrrd.r;r;i "?Gu;rrlüí;. l1;,,,,,.*,_, t99ta, 1992). Como observa Stephen Touh¡in iróó, ,r,,. ejemplo, para los humanistas aet siglo XVI, esa er.¿¡ r¡n¡r virtud abarcadora del pensanri."iá v la conduct&r «l )1¡¡. ,,,,,, parte' ello significaba curtiva. la mLdestia en cua,l,<¡ ¿r r¡rs propias capacidades, y preseota.su a sí misnro con ¡rltrrrrr conciencia (. - -) por,otra parte, .uqr".i, toreranci¡r rrr: r¿¡ rri versidad sociar, curtura-r u irrtát""t1rJ. No era r-¿rci<¡r¡irr r;rr¡ denar inmediata¡¡rente a personas cuyas instit,r¡ci«rrr()s, (:lr yas costumbres o cuyas ideas fueran diferertes .i,; i;;;;;,,,,. tras" (págs. 199-200). Richard Rorty (1987) 
recido aI_di_stingrri¡ la racioo"lid;á corno *"rfnl;ó.;l;,o,;«;;l,ri¡r,; ;r;l c, ,,, racionalidad como conjunto l¡¡ de "v¡¿,r¿"s rnorales,: .l,r»lr:¡.¡¡r¡, cia' res¡reto por Ias opiniones a. r"" [ru nos r«rtrearr, rris¡xrsi . ción a escuchar, confiamza u" t^ p".Érasión a,tes qre c, lir fuerza" (pás' 4o). Esas disti*i o"r"nectivas arraiga. la razórt en aspectos del caráct". qrrá fo,,u*o" de manifiesto cunnds obramos en las relacione's 
más, ¿Qué son esas virtudes? "olru.rirrtivas con los de_ 
Las virtudes cornu¡ricativas generales que s on disposiciones y práctica s contribuyen 
comunicativas con distintas" p-"".r"áoIor."r" enbu eeln taiesm reploa.c ioncs prenden cuFlidades Corn_ como la tále.aJa, Ia paciencia, la tlis_ posición a hacer v a recibir criti"as, ü inclinación a admit,ir el propio error, uid""uo d;.;il;;;;tar o rraducir Ios inrc_ reses propios de malera que se¿Ln comprensibles .lo" oi.o", la autolirnitación Dara que los derrás tengan su ocasión de hablar y 
-un elánrento fundamental menudo det pasa diálogo se por alto_ que r" ai"po"i"ión a escuchar y la con cuidadoly atenciór:C;o proces"o",p e.lli ¿dáiáálo.gao. reqtriere la dis¡rosición a rever ta." p.á"rposiciones a cornpararlas propias y con las de los otrosl ser rrrenos I1o creer que dogrrráticos y el mundo necesariaJente Esas wirtudes dan fbr--";t;;;;ffi; es corrro nos parece. ridad *slntimientos 
las de expresar creenci con as. cla_ los ""to.u"] t-" 
a la de prestar propios, y atención y 
1985o). Pero no se las pr."¿""rLrál.ftr"a.rr áfr"" , a,.i oIoi"s. motreonst e(F reire, propiedades del carácter i¡aiviA"J. corno a.rrrqrre son personas 
73
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lrur r¡rrr (lxJ)ros¿ln (o no expresan) esas virtudes en sus accro-rr,, 
r¡, ¡Iol»o r-.¡rl.endérselas cotno propiedades sociales, mani-livrl,¡ 
rrl¡¡rr clr <ll rnarco de relaciones que vinsulrn a las perso-n¡ 
ur; l,o¡'cjrlrrrpl«r, al prestar más atención cuanado estoy con 
rrrrrillou r¡rro r:rrando estoy con extraños. 
l,I¡¡¡s virl,rrrlt:s se fornentan y se desarrollan enlas for- 
¡¡r¡rrr rkr ¡'cl¡rr:ión co¡nunicativa que cultivamos desde la ni- 
I ioy, I ¡ ¡ r rl,r r I ¡r virl a adulta. El aprendizqje de reglas y de man-rI¡ 
rl,os ox¡rlf«:il,os (colrro "üIaverdad") sólo enparte contribu- 
.yrr t lirrrrrnr csas rnisrnas drsposiciones y patrones de con-rlrrr: 
l,lr (lr¡c nacen de las virtudes más profi:ndas del carácter 
(rxr¡nr¡ l¿r «veracidad"). Las virtudes sen no sóIo actitudes 
sin<¡ üarrrbién cornportarnientos. No se las adquiere porque a 
unt¡ lc digan que lo haga, sino por la asociación con otros que 
t,i«:nen clisposiciones parecidas. Las virtudes se adqrrieren 
t..n las relaciones y se las perfecciona en la práctica; desarro-llnr¡ 
l«rs virtudes porque las valorarnos y aspiramos a ellas, 
n() lx)r(Iu() s() no.s for¡rre en deterrninados hábitos. 
I ¡rs virlr¡rkls cornunicativas, en especial, se desarrollan 
r. r r ¡r r I ¡ rr: io ¡lcs corr «rtros que n<¡s tratan y se tratan entre sí de 
r lr rl,r u'r r ¡ i r rr x l¡ r ¡¡ ¡r¡ ¡ ¡ora (escuchan con atención, explican con 
|lr('rtl rcin, ol,r'.), .y rlrro l)r()curan hacer explícito qué hacen y 
¡)r¡r (lu(r I1»"r.r¡o cl rkrs¡r¡'roll<¡ de las'rirtudes comunicativas 
rrn rrrrur¡rlrr'¡i n liu'r¡l¡rs rlcfirridas de relación comunicativa. 
( lor¡ro ol rlorr¡r¡'¡r¡llo rk> osas virt,udes llevatiempo, es profun-rl¡ 
urrr'¡rl,o ¡xu'sorrrrl .y so r-.ntrclaza con otros factores em.ocio- 
¡r¡rkrs o ilrl,cl<rcl,unl«rs, los escenarios de la edueación formal 
¡rr¡ ¡rl«:¡t¡rzun [)arn tlesarrollar esas virtud.es cuendo falten. 
L«r n«rrrnal es que se las desarrolle en las relaciones familia-res 
y en las arnistades ajenas a la escuela (por eso apena.s se 
han desarrollado en muchos alumnos). Pero si nos esforza-rrros 
en crear relasiones dialógicas con nuestros alurnnos, y 
con otros, casi rao hay otra posibilidad que seguir modelando 
csas prácticas con la esperrnza de ..captar. presuntos futu-r<¡ 
s interlocutores en el esplritu de la conversación. 
lJna vez que destaqué el papel de las virtudes corno con- 
«licii¡n de una buena relación dialógica, no quiero cosifi.car 
r-'sas ürtudes o transformarlas en absolutos universales-l, 
as virtudes comunicativas son, hasta cierto punto, sensi-bles 
al contexto. Las condisiones en las que se producen 
encuentros de hablafavorecen o intriben el desarrollo de las 
wirtudes com.unicativas. De ahí que el no ejercicio de deter- 
74 
rrrirradas virtudes en determinados contextos no se puede 
¡rl.ribuir automáticaynente a defect¡rs personales. En situa-ciones 
donde historias de dorninación o de alienación han 
losionado a los indiüduos de ciertos grupos -son situacio-nc's 
que expresamente desalientan o castigan el ejercicio de 
determinadas virtud."-, el peso de la crítica debe recaer 
rnás en el contexto que en el carácter defectuoso queha pro-ducido. 
Así, trrcr ejemplo, anutque en general reconocerÍarnos 
una virfud com.unicativa en la receptiüdad a las pregun-tas 
críticas de otros, sería sencillam.ente excesiYo ¡redirla a 
personas que han sido psicológicarnente desmoralizadas al 
punto de que esa crítica es vista coilro una amenaza. 
La fama atribuye a Aristóteles (1973) haber señalado 
que el ejercicio de 1o que en una situación puede ser urra 
virtud, será un vicio si se Io ejerce en demasía o ae lo lleva a 
situaciones inapropiadas. Se puede escuchar demasiado sin 
comprometerse; se puede ser demasiado resen¡ado para evi-tar 
eljuicio o el desacuerdo con otros; se puedellevar la irn-parcialidad 
hasta rrn punto en que se conviert¿ sn insensi-bitidad- 
Estas consideraciones se proponen m.ostra¡ que las 
virtudes comrrnicativas no se adeeuan a una situación dia-lógica 
especíñca según una regla. La sensibilidad al contex-to 
y a los efectos de habla nos a¡ruda a juzgar con prudencia 
cuánd.o y córno son apropiadas las virtudes comunicativas. 
Está en la naturaleza de las virhrdes (a diferencia del acata-rniento 
de regl.as) eI que sean selecbivas, se qiusten alas cir-cunstancias 
y a las personas en cuestión- Algunas personas 
ejercerá n esos jrricios con ¡nás sabiduría que otras. 
Esta observación nos pone ante el problema de las 
conüciones generales que promueven o no promueven el 
desarrollo de las virtudes comurricativas. El acto de la ense-ña¡ 
rza dialógica, en especial, a menudo se ocupará de crear 
esas condiciones, aun dentro de rrna esfera lirnitcrda. David 
Bridges (1988@) considerala importancia de promover en el 
aula rrna "cultura m.oral" particular, que aliente y apoye la 
razonabüdad, el sosiego,la veracidad, lalibertad de partici-par, 
Ia igualdad y eI respeto mutuo (págs. 214). En ám.bi-tos 
esprylñcos, en nuestro sistema educativo puede estable-cerse 
un clima así. Aunque los esfuerzos de un d.ocente no lo 
determinan todo en este aspecto, hacer de la búsqueda de 
esa cultura m.oral un tema abierto ¿ l¿ discusión puede en 
muchos casos alentar a los participantes a considerar si 
75
ii 
están, o no están, rriüend, xió, .segrirr ori()¡i r¡¡rr,r..rr.ri. r,a refle_ acerca del proceso conruni<:¿rlir,«r (!, ,r¡¡r rr. rirs fbr-rnas en que un grupo de individ,os ¿risl¿rrlr»s ¡rrrrr,r .,,,_"rrru. . converbirse en una comurüdad clialógir:rr. 
Pero la cornunicación sora,o 
de corrrrrtridad, rri ni,puuae ".,ru 
s«¡¡¡r,i*r¡rr r¡, sentido donde faclores institucion""ti.."* po.-oia .rfl-trrr,.grri",,,r,,,, (:o. cl¡ co,textos cipación (R. Bernstein, 1,,i,it * fá lgg3). nirr*r"o" o""i_ mr¡ndo us¡l.rf,os social han dc nuestro producido tanto contextos en individ 
donde lns ¡fersonas, esPednco s, r*""iil:i ¿*,1H :' ;T:ffi *fii:; tereses entran en un conflicto fi_Jarrerrtal 11: :::ll: que las enfrentan. con los Esos inter."u" 
de otros "lr "orrflicto patologías son una de las de ,¡r sistema sociar 
poder y del privilegi_o indiscutia""ot"ilb"rr"¡.ri1d"o" , soiébBre; ;r.a ;b;;a"s"e_ der sis y la naturaleza de ese ui"tum." 
rni interés. pero, ¿.d. no "ocial 
es aquí tema de 
re"fiJ"a, ." creer que, con tal que las_"sa 
una neta ingenuidad p.r"orra mu:ricativas, posearr las virtudes Ia buena_voh]ntad i; co_ milirán y perseverancia sobrepasar í"."" les per_ todas tas y bn incffi.á"iio, el prejuicio. 
de Ia En lugar de las condiciones de intereses engendra un en eonflicto sistema que gg q"¿"., pásible nidades es (o establecer subcornunidaáes) ¿if"áot." comu_ municación y basadas un en la en sentido co_ de solid.ari¿oA, poilo;;.rr_ tiendo relaciones de interés y *rr"ia...ciOn m..tuas;;;;."- ción en las actividades p_rááü"^" y tos r""otución mediante de los procesos conflic_ áemocráticos (1989) participativos. caracteriza i*, esa solidaridad 
amplia y "o*o una abarcadora conversación en la que vista diversos; es *" _"*,."put* voces y puntos de ggrlyrrdad que urre «el .,nosotros,, 
Ias personas que han sido lt.v"¿asá de trismo" (pás. ¿esconfiar del etnocen_ 198). La solidariá"gieren rnis comentarios acerc. á;"á i;"gi.,. t nrrüo deas, acro-nmeon aloz asdua_ por contextos de diversidad. U. iá;; poktico merece un arnplio de esta índole f,¡¿'q¡nisnto para por sí; aqrú señalan lo menciono una arnplia sóIo ria en procura de una comunicación" condi&ón ;driIa lógyipcoa fibtuicean aá. ;;;"_ 
"si la solidaridad consiste en coordinr. t." con las accio,es acciones ,r: rr¡r. de otro (. sirnisnto . .) consiste tambié¡r positivo on ur¡ del ¡.o(:ono_ otro, "a."""¿" a., t¡rr: rr<:lrr«r.s "r'gr-,., 
r,,- 
76 
rnado conr¡ciruiento de las acciones del otr«¡ y comprendido 
su "significadr¡" (. . .) Al rnismo tiernpo, f"" ¿lai"S"I-*"o, ,rl_ dicativos de que la solidaridad está presente en la interac_ ción lingüística específrca donde se aplican,;;-;;: 
ta-mbién "rnoderos d e" soridaridad" (urb'Á; t r'ró; ;;.- i o" "grlr. 
[s qhí que el tema de las virtudes nos lleve a una consi_ deración mucho má¡ amplia sobre la sociedad ", qrr" ,iri_ mos v sobre ra sociedad que desearnos. Destacarl" iiir""r" de la relación diatógica, y situar esa relaciór, 
1..'.-aá* relaciones socia-les en las que sentimos, percibimo" "o 
t." y r"tr"_ mos en reciprocidad, nos obliga pedagógico de promove_r eI diáogo ",u*cor,,o"iderar el pioüi"or" ypo,tico, o un problema cuestionar social a ros con,.x]*s insüituciona-res gicos que impiden e ideoló- el diáJogo, y a moüñcarlos crear o, a-lternativas sustentablls a_l rnenos, a frente a ellos. 
"si re¡'lrnente hemos de apropiarnos de esta idea l1arrá* "ot"l para que nuestra es fi¡¡r- situación histórica, ella tareas prácticas nos y seña_ políticas ds irnportancia. gran distorsión imaginar Sería una que podrÍamos concebir dornini6 ¡rcIítico organizadJ..sú; 
todo el principio de la conversación, en üsta aJlas "tágites i 
del dialogo o *rrai"iorr."'qrr" hacen-fhlta pa_ra una conversación y un dirílogo De todos "que auténticos. así, que 'nodos, si pensarnos en lo reqrriere r:r: basa diálogo se en Ia com.prensiOn- mutua, üsposición y 
e1 respeto, la a escuchar e propias niones y los propios preju^iá ioo"r,.,,opi_ o .ui.ú ps.oqeuUead .laas comecciónde mutua q,e de la Io se dice, habremos ¿efirriao;p;;;;"" ideal regulador capaz de orientar mrestra vida práctica üda y 
luestqa ¡rolítica. Si Ia q,intaesencia pri"iilá; de lo qrrá el ser dialógicos, y esto 1o ." de unos joco"",o á*oá". _"" ces, sean cuales fueren las lirnitacioáes prácticas za.ción de ia reari- de ese ideal, él puede y debe, orientación de todos modos, á;;;" práctica a nuestra üda. Tene*o" qr"'ff"r.rr_ tarnos qué detiene e impide (. ese üálogo, y qué . .) para hay que hacer que ese diálágo 
"rtg.r1i"o""ea una realid¿¿ 
creta" (R. Bernstein, 1998, págs. 162_8). "olr_ 
cr¡ltivar buenas reraciones üalógicas es un aspecto esencia-l tle r:se proceso de carnbio social,;;;;;;" proceso no se agota c¡r sí mismo (Barber, 1gg4).
Iil desarrollo de las virtudes com.r¡nicativas es ulr proco- 
Hr, (llrc incluye nada rnenos que la transformación de nues-l, 
ru i,l'nl¡r rccfproco, de nuestras tradiciones y de nuest-ras 
¡ I r.i r»ri dtrrles educativas. convertir cuqli dades ¡rersonal,es, 
,r,,,r,, la l;olerancia, la paciencia o la dis¡tosición y capacidad 
rlrr rrs«:u«:hnr, en objetivos educativos prim'a'rias tiene conse-r: 
t¡<lrlt;itrs enorrnes para la organi2¿giiin del aula' nuestros 
Hrr¡rtrosl,<ls acerca del curriculum y Ia enseñanza, y Ia rela- 
«:ión cutre la escuela y eI hogar (donde reabmente se de- 
¡¡rrrr«rllan muchas de esas virtudes)' El aspecto esencial de 
cna tar:ea ed.ucativa es' ctreo, llegar a ser rnás claros y explíci-tos 
sobre las normas dehonesbidad, claridad, empatíayres-peto 
que son inherentes ya a nuestro§ intentos de comuni- 
"r.rro" 
entre nosotros. Estos patrones comunicativos ftallan 
ejemplificación en su for:na rnás pura en Ia activid'ad del 
¿iatogo y, específicamente, en la form'ación y el sustento d'e 
lu".u[rcib., üalógica- Llegamos a apreciar esos valores y 
aprendemos a expresarlos conscientemente en nuestros 
^.t,r" clo habla, pár las relaciones err que crecemos desde 
niños, ¡xrr nuoetras amistades y por algunas actiwid'ades 
,,,rrr,,,,,i,,,,l,ivtn ¡r(rtrlicas que comienzan en nrrestra familia y 
Iroi'o ¡r l)rx:o rlr! oxl;ienden a nuestro vecindario, nuestra co-r¡¡ 
rrr¡¡l¡irl .y ,rf1-r ¡rll¡i. No lrace ¡^lta decir que de esta.o rela- 
..ll)rrr,ñ lttry l¡¡¡'¡H rf 0rrr¡rlos rrr:gativos que positivos' Pero el 
r,ru.lrr.l,nt' ¡rt¡l,orr¡rttlxivrl tkll cultivo de las virtudes comunica-l, 
lvrrn l¡lrr.rr r¡rrrr Hókr lnn p«rdarnos desarrollar si buscamos y 
-l 
rro¡ l,o ¡ l rp¡r 
r¡ ¡r t,i vns mqiores, incor¡roralnos a ellas a loS 
¡ r ¡ l l,r l r ¡rrrrl,it:i¡ltutl,oH, .y lirrtnlocclnos asl su capacidad y Ia nuestra 
o¡r ol «rsñl<lrzo «lo llevar adelante el diálogo. 
Ar:1, el problerra más complejo de la formación y el sus-tento 
de una relación dialógica atañe a as¡rectos del carácter 
de los propios participantes- Pese a todo Io que pueda de-cirse 
acerca de los patrones explícitos de la interacsión ver-bal, 
el buen resultado fund.amental de un ensuentro dia-lógíco 
nace de la personalidad, los valores y los hábitos de 
krs ¡larticipantes rnismos, con todos sus prrntosfirertes y sus 
¡r,,rit.r" déLiles. Acerca de esas wirtudes hace falta decirmu-r: 
lro rnás, y no ¡rodemos hacerlo en este libro; aparbe de que 
irrllrryen podeiosamente en la conducta de los que partici-t) 
rtrl err el diálogo, constituyenr^por derecho propio, metas 
cducativas d'e importancia (véanse Burbules y Rice, 1992; 
Rice y Burbules, 1,993). 
78 
Creación y mantenimiento de la relación 
dialógica 
Mantener lo que Grrmperz, citado antes, llnrna «compro-miso 
conversacional, es parüicular¡rrente importante en Ia 
enseñarrza, donde hacen falta interés y comprorniso mutuo 
para equilibrar el tono potencialmente crítico o conflictivo 
de las preguntas, los cuestionamientos o las contraargu-rnentaciones. 
Iln diálogo sin cuestionarnientos o sin desa-cuerd. 
os se em¡robrece, pero cuestionamientos o desacuerdos 
sin una relación de comprorniso personal en su base muy 
pronto harán que el proceso comu:ricativo se internrm¡ra' Ya 
Le exo"rir.ado el papel de los vínculos emocionales en eI 
m.antenirniento de ese cornpromiso, tr)ero cuando larelación 
dialógica se desanrolla durante un tiem¡ro, se transfotma 
err urf. vínculo de asociación en sí mismo. Los participantes 
llegan a sentir motivaciones independientes y cornpatibles 
(pero no necesariamente idénticas) parallegar al encuentro 
dialógico y pelnnanecer en é1. 
"¿Qué eb, pues, el habla vista desd'e el punto d'e vista de la 
i:ateracción? Es un ejemplo de ese ordenamiento ¡ror eI cual 
los individuos se reúnen y anirnan temas con un reclamo de 
atención ratificadó, co ún, corriente y operante, urr re-clamo 
que los introduce en rrna especie de mundo:mental 
intersubjetivo" (Goffinan, 1983, págs. 70-1). 
"El diálogo suministra las circunstancias por las qrre los 
oyentes y los hablantes colaboron sa im¿g:inan mundos si-rni'leu'es 
y en participar en ellos, (Tbnnen, 1989, páS. 17B). 
En este contexto comienza a d.ernrmbarse la dicotomía en-tre 
intereses cognitivos y emocionales. 
Visto en este sentido relacional firerte, y no como un pa-trón 
ñjo de aetos de habla, eI diálogo pone de m"anifi-esto rrna 
natrrraleza euolutiua, díarrónica. Los diálogos cambian con 
eltiempq paser¡ por distintas fases o estadios; cobren forma 
gradualttente, a rnedida que los participantes descubren 
.m.ás acerca del proceso comunicativo' acerca de los otros y 
del tema en cuesbión. Amenudo una conversación comienza 
con un patrón de interacción pero pasa a otro: una rliscusión 
pued.e uoluerse dialógica, o puede iniciarse co rro uin diálogo 
79
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ideal y lo que rrarÍarn"";;;";orr,rr,r*,.,,,r....r r,,,i,rr,,.,, l..st¡.(:1.(¡ de ese ese conocimiento rü t:.sl,o. r,or.srrpuesto, ni Io" L*fu""r,r., .r, er buen ..Jñ" 
j; ;;"*á;''J, relación :;:T; dialógica aunque _;; 
L,i, Jili,;i, :lil1f interesadas. la Ias partes buen"---'" 
a vr¡lunl,acl ,r,,i.r. a todas Para considerar con más deta-lle las actividades con Ias que estableceml-l-a relación d**r*, 
Tannen ( 1 g "*rrr;;;;;;J; nr" B g) ll.arna 
actos comunicativos ¿_i,r,eigstrraatoe"g-ia".s; ;d -e compromiso» : diversos Io que uno tiene forma a ra sustancia de que deJia;;.;;; en mente aI interlocu_ to¡r' y e'o para fortarecer ái 
tre los interlocuto-res. En "-.,t -r.nto de ünculación en- "t a" p"l"bras, actos como el de r,oTggla:s- "qtu e laor mquoen iecle inn terlocu-iJr"r:;;" de decir, usande ¿¡1._ con Ia experiencia del ,É"-.r J""á*_ -blecer referencias internas #;;;;r Ia conversación (por ' ejernflo, ..Eso se parece a Io que *t"A decÍa antesrr); el em_ pleo de imágenes aüractivas;;;;;, al humor; el ofreci_ miento espontán eo d",r,,- ilfoÁ-"Ja" nueva significativa, .y otras operacionef,_§o. ejemplos de ciertos actos de habla producidos en un y afecüvo: comu¡i*cfalnrr mo enqs;a;óje;s; ;a=c"enrc a Ios nivetes cogntivo también establecen_un del significado, pero senüimiento de confianza y wincuia_ ción. En esas actiüdades a;lc.-;lál elas pueden también no ser verbales). se pone d";"rifi;io Ia interdependencia de comprensión y ernpatía. 
Hay tambiéri experiencias extracomunicativas qrr" 
l,*f_L,¿l;i:oJ"";i.i"á¿iáliun;;.*"";:^"á 
, +; ü* ffi r;iHTlxi: lsh:::lH t?i:i§ culturales que hemos_experimentado en común, las coin_ cidencias por prorirnid"d;;;;;;H" gundo nornbre, (rener et mismo se_ como-una vez observó I{uri Vonneg.ut), una dre<el mde áresla;cti"odne"s" usoocipale;;s; ;i";d;;i;;';"":t;"""";::"":§H;:,l,T,i]i:; 
entrar en una situacron comu:eicativ. pe'n'mecer en era cuando ra ";;;;;*;:1":T1.ffi:il;:,i: En muchos contexto", ;;il;ü;.li' ol"r.,r,r¡rtr¡ r:r¡¡rr ri, en 
80 
asociaciolros cxtt trabajo.i.nr,,;,;,i"::ilH:#Ifr :ü'"'#'#J:;,T:lffiH: tiempo, tener amigos en corrrúr, etc.) puede ser una co,di_ ción para establecer y mantener r¡l buen arnbiente. En con_ textos educativos, esos elementos en comú¡r en la práctictr, la experiencia o la asociación prr"d". ser indispensables mo factores que fa,ci]if1 .l ¿i,A"g", y cc¡_ los docenl;es acaso so vean en la necesüad de buscar fo"áas de apelar a el,rs «r mo parte del cultivo de una relación dialógi;;; *;;irrr- nos o entre estos. 
Considerar el dialogo en for¡na diacrónica y evoltrtiv:r implica tarnfoi6¡ qr" .,, el corto plazo pueden har:er fhlt.ir algrrnas acomodaciones para .."á.,:r" relació¡r c.,,2 tl. tener un desa*o,o diverso en er tiempo: acomod¿¡ci.rrt:s r¡rrrr en sí rnismas podrían no ajustar"ra. lo" patrones irr.¡rr.s rr. Ia comunicación (como eI áe hace.á * Iado aer.orr¡ir¡r¡rrr¡r¡ puntos de üsta o eludir temas q.r. i.rti.oidan). J,as <:olrsirkr raciones evolutivas, juzgadas á-,üo.rt.*to, puec*».r I rrr <:.,. que se pase por alto ra aplicación estricta de l.ls rnisr¡¿¡s 
d1aess ll3ass de participación p"." toáo" lás interrocutores e'r.«¡- etapas- Comoquier-a que 
t"*¡lén reconocer que esas concesiones de "u", 
es importante plazo breve za:n a ,a relación dialógica definiiiáque deseam""o s".i .S"i. tn"o¡ _tiene en sencillarne"mente se breve nTte fpi.u"lei_dde"nd ;Ci;'comprornisos de plazo 
alentar nuevo desequilibrio a los parbicipLtes "r.-*-rl, o 
" r.-t rri. tos desafios con ros r¡u<,. aI fin tendrán que eiÍientars; tt". no podran dejar rr. c.rr- siderar. 
,. I"l esa razón, es importa:ate, en er curso de una rerrrr:ir)r üalógica, expres¿r y defender ú;;" r más plena_mente de crear un rliá1.¡3«» participativo 
" 
ig"¿it".i". il; ";;;rtr, ",,, 
nes de la propia palabra _ influencia rro.-.[i.1" qrr" "aialo[oñ".r*o.ro"l;;;;;1"r. 
que las personas siéntl_n".y.it".á. ";'uá" ;r;J ratu¿n"q.*ure la asociación mente rrauy poco sea relativa_ lo que las una ("orr1á cuando los jefes ¡rcIí_ ticos de naciones en confricto irrsistl., en la necesidad de u¡r 
"diálogo" para resolver las di"ñ;;i. 
"El d,d'logo es una forma curturar e históricarrrente especí- fica de concebir determinad"s t ro"""ciones verba_les y, co_ mo tal, tiene una considerable f,r".r"-r"t¿rica (. . ts;gi..* amistad, reciprocidad, autenticidr* r.ra relación igualita_ 
I 
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ria. Así entendido, el diálogo no sola¡mente define esas rela-ciones 
sino que puede crear la ilusión de ellas donde no 
oxisten,' (Crapanzano, 199O, pág.. 27 O). 
Lo r¡uc Vincent Crapanzano llama..la ideología del diálogo" 
oH ¡rr:rlrl;ado, creo, salvo en un as¡recto: la fuerza retórica que 
cl rxrrrr:opto de diálogo lleva consigo no crea sirnFlernente la 
i,l.u.sión «lc esas relaciones (aunqrre, colalo cualquier tétmino 
¡rr¡rrnal;ivo, pueda ser empleado ideológicernente)- En la 
¡ncclicla en que ernpqia a los parhicipantes hacia relaciones 
tle esa clase, con las ilteracciones e¡rnunicativas qrre las 
suste¡rtan, puede prornover eI desarro[o real de esas rela-ciones 
tanto que pasarr a sustentarse a sí rnism.as. 
También aquí verrros eI carácter reflexivo de la relación 
dialógica: desarrollam,os nuestras capacidades para crear y 
rnantener una relación así sólo estando en ella, y debemos 
operar al rnenos con algunas -y dentro de algunas- de las 
rtilnciones dc que dis¡ronerrros. Es¡rerar a que se den las con-r 
I i<:ior¡os idonles ¡rara buscar o expresar esos valores implica 
l¡r¡r:orl¡r l)()r lrn ln¡rso terriblemente prolongado. Este pro-cr! 
n(, (luo Ho rrrrl,«r¡rro¡rulsa es la problemática esencial de 
rr¡rrrrrrrlizrlio orr ol tliálogo y por eI diálogo. Enseñarnos a 
rruorrl,rorr ilrl,o¡'lr¡«:r¡lxrrcs, ellos nos enseñan a nosotros, rtos 
nl¡rrr11¡ur¡oH ¡r ¡xr¡l<)l,ros misrnos en el contexto del sosteni-r¡ 
rirrrrl,r¡ .y ol rloHrrrr«rllo rle las relaciones d:ialógicas qrre real-l¡ 
ror¡l.o l,clurnrr¡s. Moj«lramos por vía de i:nitaci6n, práctica y 
ox¡rr:r'irnolrLrrción, en medio de acbividades qrre se desarro-lkr¡ 
r r:n l,icrtr¡ro real. De ese rnodo, diría yo, aprender a esta-blcccr 
un l¡ucn diálogo es como a¡rrender unjuego. 
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82 
í|. Jugar eI juego del diálogo 
El juego puede ser tanto serio como divertido. En el aná-lisis 
de lInns-Georg Gadamer (1982), el juego (Spi¿l) flrrge 
en una variedad de contextos: jugamos ----ejecutarn6s- ins-tnrmentos 
musicales, jugamos juegos, y jugamos 
senta.m.os-papeles. Podemos jugar eon una intenci-ónne epnr ela-mente 
-para ganar, para impresionar, para lograr nuesho fin- o ¡rodemos jugar de m.anera frlvola, "sólo por diyer-sión". 
Gadamer observa también empleos más insóIitc/s de 
"juego" de una puerta sobre sus goures, o el ..juego" de la luz 
sobre la superficie del agua. áQué hace que todas ese.q ct>- 
sas sean ejemplos de juego? Gadamer ve la esencia de todo 
juego en url molgg-g $I9 -d" 1gg#_€*.. 
"Si considerarnos eI uso de la palabra'Juego" y nos cen-tramos 
en los lla'rnados sentidos metafóricos, halla-naos que 
se habla de juego de Ia luz, del juego de las olas, de un juego 
de engranqjes, del juego recíproco de los miem.bros, del jue-go 
de firerzas, del juego de tensiones, hasta de un juego de 
palabras. En cada caso, se alude a un movimiento de vai-vén, 
que no está ligado ¿ ningurrá. meta alcanaada por la 
cual se pusiera ñn al juego (. . .) El movimiento hacia atrás 
y hacia adelante es sin duda tan fu¡rdamental para la de-finición 
de un juego qrre no tiene imlrcrtancia qrrién o qué 
realiza ese movimiento (. . .) El juego es la ejecución del mo-vimiento 
couro tal" (páS. 93). 
En este capítulo exploraré la metáfora de jugar al diálo, 
go, y describiré el diálogo corrro una forma de juego. f,6 rnis-mo 
queTotra.s cosas alas que jugamos, el diálogo constituye 
una relación en Ia que son posibles la espontaneidad y la 
seatividad. En el vaivén del intercambio de comentarios y 
de respuestas, el diálogo se alx¡ya sobre sí rnisrno para lle-gar 
a ¡esuftados nrrevos e ines¡rerados, lo que puede propor- 
83

Burbules cap 2

  • 1.
    relacional dei dirilogonos ayudir ¿r (rrrrr:.rrrr.rrr: rr.il rnilnera lfueva problemas recurrentes err I¿l Iri I rI io¡ilr r lii r r rr I rrc¿rtiva. Atenderé, entonces, a saber c(¡rrlo nr¡rrsl,r.:*; t:rr¡rr«:itl¿r«les de furtercambio comunicativo se ven fi¡r¡rcrll,¡¡rLrs .), rlrolivadas en Ia ielación dialógica. Para prevenir un posible maler-¡tt»rrlirlo, rlr:soo señalar brevemente que Mijail Bajtin (lgS1, lf)8(;) <losarrolla la idea de una .relación dialógic¿,, y si l¡ie¡l rnc l>uso en algu_ rras de las concepciones de Bajtin, desig.. ",r' d,r. cx¡rresiórr algo distinto de lo que él entiende. Para Ilajtiú, la relación dialógica es una relación entre enuncíacio¡zes tleutro de un encuentro dialógico (en realidad, entre Ias enr¡nciaciones presentes y todas Ias enunciaciones hurnanas que ya han sido producidas). *Las relaciones dialógrcos tienen una natrraleza específica; rlo se las puede reducir ni a la purárnente lógica (aunque sea dialéctica) ni a la pura:nente lingüística (compositivo-sintáctica). Pueden darse sólo entre emrnciaciones comple- ..,fu de distintos sujetos hablantes (. . .) Donde no hay pala- ., bra ni lenguaje, no puede haber .' relaciones dialógica-s; no pueden existir entre objetos de cantidades lógicas (con- - ceptos, juicios, etc.). Las relaciones dialógicas presuponen ' un lenguaje, pero no residen en el sistema del lengrraje, (1986, pág. 117). Lo que Bajtin define como relación dialógica es una relación entre lo que las personas realm.ente han dicho; su interés principal, según se vio en el capítulo 1, recae en la consti-tución de rnúItiples estratos de sentido gracias a los usos que hacemos del lenguaje y, bajo un aspecto, a los usos que el lenguaje hace de nosotros. Por ejemplo, es imposible enunciar un término corn-o "libertad" sin invocar, en un ni-vel sutil, Ia grt,¿ de sentidos y de connotaciones que erna-nan de los usos anteriores; el térrnino está cargado con la sigrrificación que otros han adherido a é1, y que pasa a ser parte del sentido con el que lo emplearnos de manera de-liberada o inadvertida. Sin discutir aquí esa irnagen del Ienguqje, sencillarnente deseo aclarar que ent,icndo por re-lación dialógica algo distinto: una relaci<in cntre l)ersoÍtrts, cua¡.do son llevadas a Ia dinámica ¡rar-ticurlar dc hablar y escucharse entre ellas. Las icle¿rs y slr corrtprensión Críticas dirigi.das reciententetrte a Freire ), a la pedugogúr. crítico. IJn punto de partida provechoso para todo análisis r.c lacional es el de considerar «que las nociones de yo y ()r.r-. r;r: constit,yerr m,tuamente, (Maranháo, 19gO, pag. 4). t,lst,,r perspectiva destruye ciertas dicotomias convencion¿rt r:s r k r I pensarriento social, sobre todo, en el presente c«>,Lexl,,, Irr díada de docente y alum,o- Freire, Dewey y r,uchos .l.r«r.s han hecho la observación de que cuando la enseñanz¿r v cl aprenüzaje son vistos como procesos interactivos, l«rs ¡,rr¡rr- les que corresponderr a esas dos posiciones n() ¡rr,t,rrt,,, 0.,,,,- asignados ya con claridad a individuos sep¿rr¿r(los. l,r» ,¡r,,,, resta aclarar es eI modo de conciliar esta cr¡nr:c¡x:i(rrr ¡:.r¡ rrl reconosirrriento de que a menudo hay üfert>nr:i¡¡s lrr¡rlcs rl. conosirrr"iento, aprehensión y especiali zación, r¡ rr«:, ¡ l. r. r I i li r rentes razones, llevan alas personas a los cnctrcrrl.r«,s rkl ,,r, señanza y aprendizaje. si bien nuestra visión ¡rerr,gógit:ir debe forjarse en un comprorniso en general igrl.iitr.iá I ,,,, un respeto rnutuo, ello no debe encubrir eI hecho de que trl_ gunos de los participantes cla¡arnente se benefician-con l,. oportu::idad de aprender de (y no sólo coz) otros, que con()- cen, cornprenden o saben hacer cosas que aquellos no co.(», cert, no comprenden o no saben hacer. En el contexto rlt: r¡n¡r relación üalógica, las actitudes de confianza y rle rr:r;¡x:1., . pueden admitir diferencias en conocimiento, com¡rr,,,,siii,, ,, ' especialización, sin cosifi carlas en condiciones o iclor r l, i r t r ¡ r k rr ¡ de papeles inflexibles o autoritarios. La posibilidad de establecer esta forsra de relació¡ <li¡r lri. gica, según la han planteado Freire y otros pedag«l¡¡os <:rí-ticos, ha sido cuestionada por Elizab*th fn"*o¿f, tigggl. "El^concepto de ¡redagogía crítica supone urr comprorniso tlel profesor o del maestro en eI sentido áe terminar con la oprc_ sión de los estudiantes. Sin embargo, la bibliografia.ro áÍi.- _ce ningún intento sostenido de problematízarlsa postura y hacer frente a la probabitidad d" qo. el profesor iitrod.rzc. en los moürnientos sociales (incluida la pedagogía cútica) intereses de su raza, su clase, su etnia, su sexo y otras ¡rosi-ciones » (pág. 8O6). 48 49
  • 2.
    rp't i.f Ja l,a t1a. l. Ll ttD +ó I't iil, ## flfi 1? l)el mismo rnodo, a propósito del conocirniento del doc«:nl,o.y <kr su autoridad, escribe: ""At¡tori«lad emancipatoria' 1. . .) irnplica (. . .) un docenl,o (lr() c().()ce el objeto de estudio'hejorD que los estudia,ll:s (. . -) ll,)sa autoridad subrayal la comprensión, menos aclo-r: rrrrrkl, rle los estudia¡rtes [y pe,rmite que] el docente imagine .sl,rnl,cgias más eficaces para "elevar" al estudiante al nivol rlo <rrnrJrrensión del maestro" (págs. 3O8 y SOG). l,lllswort,h sostiene que enlos casos en que eI tema de discu-sií »n es la opresión que los estudiantes padecen, y la finali-clatl es crear carninos educativos ypolíticos hacia una trans-fbr¡ nación de ese estado de cosas, los docentes, que son dis_ tintos de los grupos afectados, no pueden pretender poseer ninguna especialización o autoridad particular acerca del tema. En rea-tirlad, Ellsworbh parece decir que el m.ás sen-cill<¡ intento de afirmar u¡ra autoridad especial, an:nque se lo hnga con la rnejor de las intenciones en rnente, ineludible-r¡ xr¡rl,r¡ e¡rflenta al rnaestro con aquellos co¡L los que desea (:or r) | )r(¡rrt()t,t+rse. grnffa de la pedagogra crítica da a entender que los estu- «liantes y los docentes pueden, y deben, comprom.eterse los rrnos con los otros en el aula como sujetos plenam"ente racio- ¡rales (. . .) El diálogo (. . .) consiste en reglas básicas para una interacción de aula donde se em.plea el lengrraje. Esas reglas incluyen el supuesto de que todos los miembros tie-nen la rnisma oportunidad de hablar, que todos los miem-bros respetan los derechos de todos los demás a hablar y a sentirse seguros aI hablar, y que todas las ideas son tolera-das y están sujetas a una valoración crítica racional según juicios y principios morales básicos (. . .) El diálogo err stl sentido formal es imposible en la cultura global trDrque en este rnornento tristorico las relaciones de poder entre estu-diantes y docentes, rn€u'cadas ¡rcr la raza,laclase y e} géne-ro, son injustas. La injusticia de esas relaciones y la distor-sión qrre introduce en la comrrnicación no pueden ser supe-radas en el aula, sea cual fuere el comprorniso de docen!é y estudiantes» (págs. 301,314y 316). l Me parece que toda prescripción acerca de 1o que debié-rárnos enseñar y la manera de hacerlo tiene que reoonocer los peligros que Ellsworth correctamente observa: los ries-gos de una corrfianza excesiva en el conocirniento y la pericia del docente, la falsa confi.anza err que sólo reglas de partici-pación justas y razonables pueden hacer que muchos estu-diantes sientan «segura» eI aula, Ios peligros de suponer que Ia buena voluntad y la razonabüdad acabarán con todas las injusticias políticas, y las muchas rnaneras en qne nuestras propias posiciones culturales estorban nuestra capacidad de cornprender y de hacer empatía conlas expériencias y los probleriras de los otros. Pero af rnismo tiem¡rc la versión de Ellsworth présenta supuestos que, si ha de tomarse 1o que dice en sentido li-teral, eliyninen la posibüdad rnisma de una intervención educativa. ¿Es útil decir que los maestros no tienen ningún conocimiento ni ninguna forrnación especial que Ios justifi-quen e+ rrn papel no reducido aI de un interlocutor igual en una colversación? ¿Es verosímil afirmar que el diálogo es imposi.ble? ¿Es provechoso suponer que los intentos por co-municarse sin üstorsiones fracasarán nsea cual fuere el compromiso del docente y los estuüantes"? Sin pretender pasar por alto las válidas observaciones críticas de Eils- ( l.r:r» <¡ trr: l¡lllsworth tiene razón aI observar en parte de la ,I r¡'r ¡ r lr r l"r.i rc (y cn la de aquellos en los que Fyeire ha ejer- .irlr¡ ¡¡¡fis irrflrrcrrcia) el supuesto latente de que el docente rlrrl¡irrr'¡r ll.v¡rr n l.s ostudiantes a conclusiones particulares rrrr r¡r¡¡l,ori¡r rkl crcencias o de acción, lo cual está en conflic-l, r¡ r'olr lrr r:olrt:<r¡rción básica de una pedagogÍa ,.Iiberadorar. ( l' l,,rkl, ¡lr.rk,.^ hallarse en Fleire también otros lugares rlo¡r«l«l lrlr:lra.zn. la actitud de ..generosidad" (como en: ..Deje (lrr() y(, lo llcve a usted a mi nivel de comprensiónr), y donde ex¡rlícitarnente advierte que el maestro debe ser hunilde en presencia de aquellos que sonexpertos enlas condiciones de su propia opresión; dicho de ot¡o rr.odo, que eI docente debe ser un alumno (véase, ¡ror ejemplo, Fleire, Lg?0, págs. Bg, 46-7, 53-6, 7g-9, 94, ]-2L4). La inquietud de Ellsworth (1989) por los peligros de la autoridad del maestro y su escepticismo posmoderno hacia la posibilidad de r¡n üscurso razonado entre grupos dispa-r_ es, le sugieren una visión rnuy negativa de lo que llarna "las fi.cciones represivas del diálogo éscolar, (pág. B1b). "Al prescribir deliberación moral, compromiso con todo el espectro de visiones presentes, y reflexión crítica, Ia biblio_ 50 51
  • 3.
    worth, debo decirque tales afi¡-lll¿¡«:i.¡¡()r; r)¡r.o(.orr nr¡table-rrrertte exageradas- concretarn.a1.., (:r-.() (|lr. <r«¡lrreten un error teórico (y político) fundanlc¡rl,rrl: ¡tr.t,.jttt¡1r¿r¡ saber si son posibles la comunicaciórr sir-¡ cl<¡n¡ir.r¿rt;irirr ¡, lir rxrrnpren_ sión sin distorsiones,y excluyen cl.e unl..tt¡r,,, l¿t ¡r<lsibilidad de que, en contextos esoecÍficos y cre r¡l¿r.()rrr rr. coercitiva, los que participan en una discusión o¡ll;cn por cccler cierto grado de autoridad a determinados iircliviáuos, nutoridad en la qrre todos consienten a causa del i¡rtcrós c<¡árún en que la discusión progrese IJna cosa es señalar el peligro de que, cuando parece que las reglas son neutra-les y todos Ios participa.rtes tie.r.n-r, "derecho a hablar y a sentirse seguros de habrar,, ra situa-ció: e pueda no ser experim.entad.a así por todos ellos. pero es mucho rnerros verosÍmil -en realidad, es a¡rtieducativo_ suponer que ese es necesariamente eI caso. La propia EIls_ worth ¡nanifiesta cierta a:nbivalencia hacia sui cJnclusio-nes, porque u¡ás adelante en el ¡nismo ensayo parece plan-tear la posibilidad de u¡ encuenl,ro dialógicó. ¡.Si usted puede hablarne de u¡ra menera que muestre que bntiende que el gsngsirnisnto que tiene de r.,i, d"l mundJ, y 'de'1o correcto", será siernpre parcial, interesado y poten_ eialmente opresivo para los demás, y si yo puedo iácer lo mis¡no, entonces trabajaríarrros juntos en la tarea de hacer ¡r rehacer alianT¿s para construir circunstancias en las que puedan prosperar estudiantes diferentes, (19g9, pág. Jia; véase tarnbién Ellsworth, 1gg0). La relar:ión dialógica no exige la identidad de los pzrr_ ticipantes rri busca crearla. El diálo personas sean iguales, habren d" l;?l"LJH;;*Tt,':: i,teresen en ,as rrrismas cuestiones. supone las personas atienda¡r a un proceso de com,n"iocat..*iour.i,irl- r.,,1,,,,., tado hacia la comprensión interpersonal y qr; ;;;;,;;,, ,, estén dispuestas a cultivar, algún;uidado, intlré" v rll*,,,,r,,, para con el otro. Dentro de esa relación Ias person,." ¡rr,.i, t,,,, ser muy diferentes, pero es rrruchísimo lo que p.r,r.t,r,','i,r,.,,,,. para hallar formas de hablar la una i. oiru y prenderse entre ellas (Burbules y Rice, "n., ,1., ,,,,,,, 1gg1, lgg2). t)isl,in tos trabajos etnográficos y relatos más inf.ormakr.s rlo virqil ros dan testimonio de que Ia comunicació¡r logran v Iu trlrrr¡rnrr¡¡i(»r¡ se asombrosamente incluso atraves,.rr «¡ diferencias lingüísticas y ¡ r r»i..r N. ¡ ¡ r ¡ ¡ r *r i culturales- ese proceso de traducción sea sencillo ni qrrc ".b" ",,¡r,,,r,,,-,s., I,,,, gre (en si<,r»1lr.t, realidad, ninguna 1,,. traducción es perfbd,:r,lxrro noimpide que r:ll<» sea útil). Aveces, esa comprensión por se ve i,l¡i_ bida discordancias cultural." y pu.rdigmáticas si so, orofundas, por relaciones de poa.a-.át"" o Jrrpr."t.", personales, , defectos n". como ra impaciencia y t. rrrtol..Áiir.. En esta etapa de rni argurnentaJión, sólo dlseo no obstante esas barreras, es posible que las personas ".aJm qr., jen llevar a una relación en la que .""üor"o. y respete"n" is.,_s diferencias, y consideren que ástas son oportunidádes tivas para posi_ alca n zar perspectiv"" rr.l"rra" üenen ]. ustamente p i, afirerar: q u." "de de una üsión del junto-de mgndo y de.-r¡1 .ár1- ex¡reriencias que son rtluy diferentes (Feinberg, dL las propitrs 1990). Ta.m,¡roco _ tiene el diáIogo por qué estar dirigido ciliación la e".i a la con_ o elirninaciOn de difu..rrcias presentan. cuando ellas se Encierra peligros evidentes la pretensión imponer aI cle otro la üsión propia o de elirninar reducir diversidad o la bajo el fplso pietlxto del <<consenso,,. por or:ha des- es lo que ocurre con frecuencia en muct¡os contextos educativos donde los moüivos que una persona (o tiene para impartir un grupo) *enseñaiza, a otras p"r"rrrr"-r.á"o consistan en incu-lcarles, <<por su bienr, las^creencias y los valores_ que a su juicio las-beneficiarán- Ningrrna oriJnta_ ción p1lítica, religiosa o curturar tiene er rnonopolio error. de este Pero rrna vez que hemos reconocido estJpehgro, brá fonrras ha_ de conceLir una comunicación pedagógica que Lo cual cornis¡12¿ a parecerse rnucho a la .relación üaló- Sica" ¿ss.¿pta en este libro. El didlogo en contextos de diuersid,ad, - IIna cuesüón l¡re surge una y otravezen la bibli<¡grafia rte la pedagogíe- crÍtica es Ia de sila difererzcio (culturáI, .r-cial, de sexo o de clase) crea potenciales barreras para el diálogo, o si se la debierave. cómo una oportunidad posil,iva para crear relaciones de comprensión y coopcrr¡(:ió» trans-versales a esa diferencia. Mi respuesta cn est,o lil¡ro será que las dos cosas son cierLas. 52 aF{ eell U¿ el e.4 Frl r-rl ?t F1 F4 AAd Fl F-4 F¡I tE]] E4 GJ] r-Ll o-¡l FT'I AÉl F,i FI €1 ?4 dd *4 53 4
  • 4.
    i++ I Il. É. tl't llil.i ilo iiP lr,ñ? lr'lil; tt'tei lrPi i'iñ l'!t hilr lilü i |t llt¡i ilt ll4, i iril, {firi flii lfil I iít I hflt, I it: ñ rOañ ñ rrorr u.yucle a ewitarlo, y el üáIogo, en particular, se fi»'rrrrrrli <lo l¡r¡rrr(:ra que busque preservar y m.antener las difr:rcrr r:i¡rs. I,l¡r realidad, si no fuérarnos sr¡stancia.lrnente difb¡ou-l, o¡r crrl,rc nosotros sn sxperiencias, en visión y en conor:i-rrriorrl, o, ¿por qué entrarÍarnos en situaciones educativas? I'or l,trnto, la búsqueda de una com.prensión mutua o «l«: r¡r¡ rr«:r¡rlr-d<¡ sobre alguna cuestión de interés común n<» li¡rzr¡str¡¡rente arnenaza la diferencia ni se ve a¡rrenazadn ¡ror olltr. El criterio fundamental que corresponde aplicar rr«¡rrf os el de saber si la com.prensión o el acuerdo se alcarr-z¡ rrr de tal rnodo que los participantes tengan a su alcance todo un dorninio de oportunidades de cuestionar, someter a trrrueba o poner en duda el puntá de vista del otro. Si tras prolongados intercam.bios de esta natu¡a)eza,las personas llegan, desde sus varios puntos de partida dilferentes, a Lrna c<¡nclusión común, o si, afalta de esto, alcanzan almenos un all,o grado de comprensión y de aprecio por la posición del <ll,ro, cntonces no hay razones para suponer que ese resufta-rl<¡ sc¡r n'r«rnolÍtico o impuesto. No se puede ni se debe pre- .iuz¡¡rrr r¡rr<-' la cornprensión prepare el acuerdo: los parhici- ¡rrnrl,on lo rlol;ermina¡án en el proceso de su interacción. Es un rit'r'(rr srrfx)ncr que de un esfuerzo así deba seguirse la corrr¡lrlursi(i¡l r¡ t-.1 acuerdo, y es un error suponer que debe ll ¡¡r'ruu¡l'. Nlr Hr-. ¡rucde recomenda¡ ninguna que supere los ¡x olrlolrrrrr-r r:rlnl,«lxt,uales concretos en la búsquedá de las r ¡ r r rl,r ¡r ¡ r lr r r r r r ¡ r cor » ¡rrensión y un po sible acaerdo, sin prejuz- 1lrrr rrolrro cl x-.sultado en nrr sentido o en otro. Esta actitud ¡»'rrgrrrll,icn cs indispensable, sobre todo en educación: es ¡rrr:ciso reconocer las diferencias sin pretender ahogarlas o superarlas, porque ss irnposible un aprendizaje que no en-frente diferencias. Diálogo, ígualdad y comunid.od Si bien muchos se ven atraÍdos por el diálogo como enfo-que pedagógico por senti¡nientos igualitaristas, la igualdad per se no es necesaria para que haya diálogo. Si no fuera así, no ¡rodría haber, ¡:or ejemplg, diálogo entre los adultos y los niños. El hecho de que los participantes no sean iguales en conocirniento, experiencia o inteligencia no disminuye las posibilidades del diálogo: al contrario, en rnuchos casos ex- 54 ¡ rlir:rt <¡re los participantes se hayan visto llevados a estable- (;(lr una relación. Otras dos caracterfsticas son rnás iurpor- . ll,,¡frl t¡ tr t,.cs que lf aa irgg¡}Laarqldaaod para qtule ee§sraa rr eellatrc.uiórun[ duiaauló6grric;¡ar' trel-rnrEg.ar. I ¡r rc r_r rcsultadof,fiene qu.e ha-ber cierto Y.ld. -1"Tp1o1a.ad , <¡trr: ligue a los interlocuitorei en riiia relacióq putu-a de,iu: ". I ' üer(:s y respeto.0a relacién reconocerá plenamente las dife- ¡ r'encias); y una posibilidad real de que cada uno de los afec- ' l,ad«rs participe en la discusión, haga sus a¡rortes a ella o Ia abandone. Aunque en situaeiones üalógicas es¡reclficas la naturaleza y grado de participación real de cada t'tiembro no será exactamente igrral a la de todos los demás, ello en modo alguno puede interpretarse corno una falla del diálo-go. A rrrenudo, cuando hay diferencias en conocirniento, ex- ¡reriencia o visión, algunos de los participantes esti:marán , que les conviene dejar a otros mayor espacio para qne, por e.iemplo, les haga.t preguntas; o pueden preferir escuchary a habl#fEs innecesario decir que en contextos de poder t'de i privile-Sio institucional, el fondo contra el que se tornan' esas i áecisiones puede hacerlas problemática§¡ aun cuando patez' i carr voluntarias. Por cierto, está en eI espíritu del diálogo alcancLzar un estadio en el que los participantes alternen üversos pa¡reles, oscilantes entre el compromiso activo y el pasivo, el cuestionarniento de las autoridades y la atención prestada a ellas. Pero, para llevar a los parüicipantes a ese punto, es necesario trabajar dentro de una relación dialó-giea en, curso, y S,uizáno todos los pasos qne se den en ese carnino evolutivo se qiusten a un patrón de igual participa-ción (aunque en principio sea prerrogativa de todos los par-ticipantes) Por lo tanto, la relación dialóSica contiene un elemento rr.arcadamente pedagógico, en el que los participantes buscan enseñarse el rrno aI otro y aprender el uno del otro; y el aspecto voluntario de esa participación es decisivo, prresto que es improbable que rrn participante que se resista al diá-logo obtenga o aporte a1go. Pero dentro de ese conjunto de opciones comunes, Ios patrones de participación pueden variar. Más importante que la igual participación corno tal está el Üipi.itu que Seyla Benhabib (1"989) llama "reciproci-dad igualitaria". .Tbda acsión comr¡nicativa supone la simetría y la recipro-cidad de las expectativas normativas entre los'rniembros 55
  • 5.
    ,] t delgrupo (. ..) E1 "respeto" es una ¿rr:l,il,rrrl to mora-l que se adquiere prirnero il .1, rrrr l;r.lrl,irrrien_ l,r¡rv.r; rlr, r,.r¡' l)r.o(:csos de socia'lización comunicativa- EIr. ir.¡rri«:rr rrr¡. t¡r l,,,so trel respeto puede verse afectada si nrl s' ,r¿r¡r r,¡s rrrrrlit:i,,es p.rra que.se desarrolle,n sentido <1. tir ¡rrrr¡ri,, v¡,lr,r r,fa aprecio de los derrrás. El respeto puedc rl«f ,,r..1,, *,,,. ,,r, ponente de nuestra experiencia de virr¿r olr rxrltri«:i«r¡r".us. .dr_e guerra y de hostilidad extremas que llev.¡r *, to ,,,¡*,r,:, a. la reciprocidad, o reducirse en unJculturrr Prrclivo ú la indi_ ferencia extrema y a las forrnas extremas c.le un in.rlividua_ lismo atomizado" (pág. 1b2). Contodo,Ia posibilidad de esa comr¡rricación recíproca y res_ petuosa es puesta en duda por crÍticas como tas planteadas gol Ellsyorth, que ya hemos citado. Si de hecho U fri"á.r" de las relaciones de dominación entre grupos sociales y en_ lre indiüduos que los representen fija rírnite" i.relo¿i¡i"s . las posibilidades de comunicación y áu **prensión, y si la divergencia en las experienci"" .irt . categorías de ..dife_ .u3§11,] conduce a abismos insuperables dá falt. á" prensrón mutua, entonces el diálogo en el sentido desc"roipmto_ aquí es ,na dulce ilusión o, p"or,",rru. idealizada fatuidad -qug pasa por alto las infinitas rnaneras en que se silencia a Ios.grupos marginados, o estos se sienten silenciados, áe_ üante situaciones corrunicativas que no cre€¡.ron y no tie_ nen forma de m.orlificar.. Esta crítica ha sido profundizada por una teórica ferni_ nista posmoderna, Iris young (1gg0e). young.."fr.r. ideal mismo de comunidad, el cual, segúr, *o-"ti"rr., ";.i"_t vilegia la uridad en perjuicio de la diiereneia, la inmeüatez en perjuicio de la rneüación, la sirrrpatÍa en perjuicio del reconoci-rniento de los lÍrrites de la co*prensión qü r:no tie_ ne de los otros desde su punto de vista, (pag. g0d). Rechaza además la meta de una coxnprensión inler*sub¡eUá-aonae .las personas dejen de ser olu""u.", üferentes, r:o l*, , donde, en Iugar d" esol "ril.rai_ f,uarnsnts simpáticas, "" frr"iorrrr, pasa.n a ser rnu_ entienden 5r s€ entienden entre ellas como se a sí rnism¿s (. . .) Los teóricos de Ia polÍtica y Ios activistas debieran desconfiar de ese deseo de reconoci_ mi_ento-recÍproco e identificación con los otros, (¡lágs. Í)0g .y 311). Aboga, en cambro, por_una *grlítica ae Iu «iivrírsirlrrrl,, basada en lo que consiáeia t." "*j"tuncias ¡xrsit,ivas rlt: .l¿r 56 vi da uri¡an¿r .r.crerna" - l'r-a.s l¡.aber,criticacro ros rrroclelos auterioles de rxrrnunidad poI' ser ..salvajernente utópicos e indes e ab les ", pl ante. . rrtr. visi ó, d" l;H;; Nuestro ideal es la ciudad.ro 1".,1!"o r,, opruurrra» (págs. 816_T): "La vida ciudadana es un "estar juntos,, entre extrañ.s. exüraños se encuentran, sea I ¡r..r "a.r"a "*, dios' y muchas o a través de rr¡.s rrr.. veces permanecen extraños pero reaor)()(:.. su contigüidad en.la vida y e., t.s contribuciones «lr¡t: «:¡rrl¡r ¡no aporta a los otros. En esos encuentros, las persoll¡r.$ nir se relaciona¡r .tnternanlente,,, *o,, lo querrÍan lr¡s ...(l¡-i r.r ¡r ; de la comunidad propia r"."* ",,# §: ff :ffi:lH#[.i i:]",,1 I,;;X I ::, : mentan corno otros, : ;, como diferentes, como pert,elrcr:i«lrri,.r; ¡r grupos, historias, profesione", cornprenden" (pág. B1g). "r_lt_.." difcre,tt:.s, (lr¡o rr(, Es imposible estar en d.esacuerdo queYoung hace a ocelebrar h;;;t"."s con el llanra¡¡lir>nLr¡ que üstinguen y a-l-os aiferentes Ias caracl.erÍsl,ir:¿¡s esencial *r-üo", (pág. pert¡ reconocer 31g). que la,..roo"*J*a es diferencias para se tun{a^g" celebrar esas pos tienen !;;;;;;in * los de coexisti, d" *;;;;-;";;i";;;;",;;;""_ diferentes gru_ tuar de trna rnan que otro. Esos.r"Ior""*t" enriquece y fortalece la üda del coordi¡rar "*;;"r4:ffi .n hn:ii*3iffi:T: ::l;; l Bauer (1988) presenta una crítica ;i.rilm a la de yourr¡;, .y 11"tig": que no puede Bo "sin la tensión gntre" rl"d *";tgirr;;;;'J;;; Ioc ocrennutnriadla, d cle rrirlr<¡_ Por cierto q,e existe ..o- (páe. xiii). para t.,,Ii?r, ái. p".o no hay razrlrr suponer que er di:í'0go tr.n".r".*rr a ras diferencias necesariamente tr"iga ota elirninación Il""iT: la irn¡rosicián de "-o.r*=l""-igo id";;; de esas difé_ I,ap oad"a;_ptuatcüióánJ ogo'q".rr.,,."];;g;;;"Hf Tp.,,;r,".Infl puede ; pacto sostener f*Tñ"".rcias más general toler".A" d.entro de de y.""peto. un srtamss no Así, es una negación d.l;;"^;;dad, lo que nece_ sino fundar la ,TTffiki"ff :,'ffi i;:*a"n"*ilt"v*",oshomogéneos Vemos aquí una vez más los problernas que se plantean cuando eI posmodernismo p*"-á" r" probrematizqción de los supuestos tradiciorr"t"! ¿u ü.-"o'"i*a.d moderna a Ia af, art, é UT v Jú se 1Á 6 ;q 6 la jri Gq st F F Já ct }i 3r tr }| c¡ Gr e* Ff F iFF lo* let hr l"'i lcrl I I rt I ,t t 57
  • 6.
    Dht{{ ba ¡,t, 'pit ie ia itl il l. ,] lr) I ln ñ rl n TT út III c H ll 4{t t':tt:lt¿si.rht dc la posibüdad de alcanzan ciertas forrnas clo en_ l'.¡¡rlir¡ri.¡lto o de consenso. Es interesante observar que osrr r I i rr ¡ x rs i t:ión a abandonar ra posibüdJ J" lir..r¡rs «kr rliálogo eibli:g es co"'partia" tÁ"li.árü, rrplrolti.'orr,*,n,,- ¡r'¡r ¡rrr,,r.s de teoría política que proüenen de l" i.rdi"io,, lilx»'¡¡I. llruce Acker¡rran (1g8g) hi sostenido, por ejemplo, (r,() (t, «:¡rs. de desacuerdos omarentendid." ó;;;;".rn*_ l'i'¡r*s rlc' i.terés público (cuestione" *o.ir." polémica.s (:()r¡¡(, l¡r «l<:l nb«rrto), la única alternativa consistá L, i."o. osrrs <lis¡rr.rtas a un lado y centrarse, en su lugar, en los pun_ l''¡* rrr (rre es posible un acuerd, "oáúo,..i.iilar1""."" g."- v«:r-r rlob¿rtos mora-les a la esfera privada. "(lrr¡rn<lo usted y yo descubrimos qtre disentimos en una u otr¿r dirnensión de la verdad. moral-, no d.ebemos buscar un yato¡ cornún que anule el disensl ni debemos intentar trasladarlo a un marco supuestarnente neutral, ni intentar trascenclerlo habrando de la sol,ción que le d;;g"." creatura sobrenatural- sencillarrrente no d ebem.os d.ecir nbsolutamente nad.a acerca de ese üsenso y "Jo"r, f." irlcas morales que nos dividen fuera del prograrn¿ ds t.orrvorsn<:il¡rr rl<ll estado libera-I, (pág. 16)- Sirr rlrrrlrr, A«:kerrnan limita su defensa de Ia «restricción (!rrrv.rr.l{rr(:ilrl¡¡rr, . krs carnpos donde er desacuera" r,i[ri", lr¡¡ rrir'r ¡xrrsinl..rrl.u.y f,] ha visto 1"" f" resolución de las rlilir¡1r¡¡¡'i¡¡¡¡ .H irrr¡rr,'ntrle- Cree, urig".ruaal, que eI diálogo ¡rr rlrlir:, ('(,, r(, r,o rrcr& «re cornpre""io.r y de varáraaJo ¿" p"_ ¡'r¡r:i,rr*., r'iv¡rr.¡r cs irrr¡xrrta.rü pr.rt,au-or.*áá. F"."o ¡,rsir.isrrrr¡ .¡r crr¿,rto ¿r ra posrtüdad ¿" "o r.¡rt:i¡rs *n creter¡ninados "oo"iu", h;tf._ y <lel «li.scurso pú,lico y privado, """os, su marcada bifurcación con ta tesis le de que se dp,ben aplicar a cada uno normas y expectativas dif;;;;;;;"r_ cian a demasiadas cose s. nrr r""p..L"i, bib . e"k"**,'B;;"_ (1-g8g) sostiene que ese modálo sacional de ra restricción conver- <<irnpone lÍmites a¡bitrarios, les, conteni¡! opuestos al a ros rasiona- y al alcance á;i dtá;g" r!.s--Sre"", públicoo. en lugar .l Esta auto_ de eso, que público si p.ogru"o del en ro¡:ro discurso de temas "".i ¿"t"iiáou problemas ;;;"dtd;;. profundos polítiáo; ;¿ poder, """ te r¡na es justamen_ teoúa normativá la del diseurü ética corne comr¡nicatir.a ,ot"" *r-"ü, en el modelo de posibili.dad la (no que garantizada) nos ofrece la de rria averiguación pública rlo lns barreras ideológicas o institucionales que irnpiden la «nrrrprensión mutua y el acuerdo- «El modelo discursivo de k:gitimación es reflexivo, es decir, nos permite cuestionar- ¡¡es¡ ¡'afligelmente a nosotros rnismosi es crítico, lo que equi-valo a decir que nos perrnite cuestionar las formas exis-l.<-'¡ rtes de relaciones de poder que impiden a la conversaeión scr legítirrra, justa o auténticam.ente abierta" (págs. 145-6). Volveré sobre este modelo habermasiano de la comuni-cación en el capítulo 4, pero por ahora conüene destacar dos puntos. El prirmero es que Ia respuesta de Benhabib a Ac-ker¡ nan vale también para el rechazo de Young de la posibi-lidad o la deseabilidad de una comunidad. El segundo es que la superioridad de esta versión del diálogo como forma de comunicación trrclftica reside en su capacidad y disposi-ción de ofrecer al exa.nen crítico sus propias prernisas y pa-trones dentro de la rnism.a situación comunicativa. Prefel rim.os eso a las concepciones que senfinan ese ¿rnálisis refle-xiwo al prístino discurso de un aivel su¡rerior, o a un dominio especial de actividad (por ejemplo, ciertos subgrupos rela-tivnrnente b.om.ogéneos o una esfera aparte de relaciones personales y privadas). En el m.odelo de la éfica dissursiva «podemos hacer dos cosas. Prirnero, podemos dejar que las condiciones del proceclirni.ento sea¡r tematizadas dentro de la propia situación de üálogo. El diálogo debe ser 1o bas-tante abierto para que podarnos discutir aun Ia forma de establecer las reglas del diálogo, siempre viendo que esta-rnos en el bote de Neurath y podemos arrojar por la borda sólo algunos de los tablones en ciertos momentos, pero que no ¡rodemos quitar todos los tablones del bote y'mantener-nos a flote. En otras palabras, aunque cuestionemos las reglas del diálogo, tene os que rcs¡:etar algunas reglas pa-ra qrre Ia conversación siga en curso. Segundo, trataremos de justificar los presupuestos del diálogo en el contexto de nuestros su¡mestos rnás explícitos acerca de la naturaleza hum.ana,lahistoria yla sociedad (. . .) No veo fonrra de jus-tiñcar un modelo dialógico o üscursivo de legiti:nación (. . .) sin aceptar supuestos fuertes acerca de Ia ¡noralidad y acer-ca de la rlbionatidad" (Benhabib, 1989, págs. 147-8). Por tanto, es posible elaborar unaversión de Ia comuni-cación pedagógica que responda simpáticamente a las cues-tiones planteadas por los críticos posmodernos sin suprimir 58 59
  • 7.
    l¡¡ I Iaposibitidadyrairnporta,cia<rcr .¡)r:rrrrrrr.r', rrrero, ,,a versiórr r.rrrrr:r¡t,ir,.. rrri- así debe rec()ll()(:()r. lir rrrrrlirl¡¡rl ,1.;,,; ;r.r_ flictos ylas relaciones de dorniltaciír,, ,,,,.,.xrsl..rr .rr ,uestro mundo y distorsionan las ción ocgrre. Seguldo, debe" o,,ai"i.,r,,,s rll¡rrr'r l¡r «;'r¡r,nica_ ""ii". i,r., ()r.r1)r(*i sirrrtll,ricos de r.l.¿t1z,1g1ar9 e*n . rsteonpt.id.folr " o un amargo descnrirrricrrl,«r; rro «lobe pre_ ni positivo ni negativ, s.rrrr: ú, ,,,r."tioi a. saber si la comunica"iOn pea"gó?JJ, tr,rl,l.,t óxito y cómo (Burbules, 1gg0). f"."*.o, áL¡.'*'.riru."" o. la ¡atu raleza { .l I11o1 del proceso-ed.ucativo, dominio de posibili$ad_es qru "lr, ".r"ili.ar ni lirnitar el arrojar como resultado .lr "* p.o"."u realrnente podrÍa cuarto, debe ser especia,-rne"ro.t"r r*t"Jr*"áiusl er eales de práctica. la experiencia y delo"..*o¿* a ra diversidad de pantes á. .-ü*ión que los partici_ üevan a una situación "o*rirri".tiva; no puede su_ iTtrff i:: ffl"."as hablarán de la *iu*,-*.,,1.., ocupacione"",",,iffi :r:,:.:?:r:"T:*iHi:i::::""itr: tan seguras para hablar)- p..o t-ailUién, y por último, si preteñde ser educativa, no puedu.árro"ir. a la aspiración dá-comrrni9a. y comprendei rt ,o*"Lao diferencias. Ar¡n_ que sea di:ffcil comunicarse y entenderse entre las diferen_ c.ias, esta situación rnisma p"*a" nos hace entenderla perspeti"", fr""- , la más instructiva si ciqs de un p_unto de vistaip"""iá.l" ""tefons..ió" ny ftu*n dua;r;n;e:"ntal que está en la base de la relación dialógi". que ser lo bastante sirnilare" p"r, qrr. la"" c"o"mt",u nt"ic.;a;c"ión ocurra, pero lo bastaate diferenies paia hacer q;;;rlg;i" pena (Burbules y Rice, 1gg1). _ '-- y Ia condicirin especiales qu(r u¡r docente puede tener- orr lir pedagogía crítica' Ellsworth t"*ti¿- señala otra cuesr.iri.: que erl u,a situació'de enseñ-rr-r- puede ser separada,de ""t.JJJpri"i,-r,, r ,,,, fri"lo"ia texto social que confi_eren "rru institucional d";;1. y l¡, al (:o¡r nes p¿*a priwilegios los que puede no u*ra.-ütui"aá. y Ei;;.;i:;; r:«rr«lir:irr de no desearlos, pero no se los L" ¡"""". Éji;;eüt¿ ,,,,,, no ros urigu o..-o á segúl treo* :"1;,'"T"0:":.:,;l'll:;;l;, que_unapostura plano más honesta esa situación y aLn.'r es rcr:orr<¡r,¡r.rlr, " fosI"t,r¿iantcs tionen' antes que,pretend". ár (Irrr! Ir r .rr.r¡ q.rJ, intenciones, Ugu"áIir*n"r, o.qr" sc se está l.i<:r¡.rr ae l¡r¡r:¡¡r¡rr cas. Desde ya, la presunciónde exenl.o rlc l¡¡r¡ r.r rlr ]a artoridacl,.y condición especial que la lo.s ¡rr.ivilo¡¡rorr y aunque esa autoridad pueda ju"s"trif_ic"arrrsñer rcrr lr l.lrr:¡r ,.ui(.,,,,,,,, p'dt;J;;;;neri r¿rz.(»rr r,r r¡¡¡¡, ¡¡1, Hfl:ff"T":cirniento r: r, t: i r r v r i,,:,,',i,, .,,,,, Con todo, no veo manera de eütar al¡lrrrrir li».¡¡r¡¡ rlr: ¡rr¡ 1T-1:1_"^ cu alqr ¡i s-¡-int"nto-e-arllri.,ro,,r., i r r r ¡, r.t,i r s i oes,vrrnos por establecer reraciones ¡ ¡ r ¡r; tarias' A menudo comr¡rricuLiv¡rs i¡¡rrrrri jor e:rbraemos iorrÁá"i0, de un¿r rirc¡rtr¡ ¡rr: - inforrnada, recibi*o" cia, tomarnos ideas g" * "orr"J:á;;; tutor c.n experic^_ tación de un asistente gr""p*ról,--"ntá; Toanoos" conoce bie,, orie,_ de autoridad. para ellos son ejemplos que una autoridad sea creíble no se la puede dar por supuesta_sino que se la debs;;;;;;. , reinstituir de manera periódica,'p*o.". exarrl.err no se puc- de reali2¿¡ contiruarrrente, y en-ciertos momentos ra ar¡t¡¡- ridad será un elemento inseguro "r, corriente. La cuestiór, *, relación djalór{ic¿¡ tiu"Jq.ru;;. fir;;;I;;JiJi jff;#f"".::f "r"o ", s : ¿ qu é t ip o s áe.oio.i ara .¿rá"ur. Jiá,,' Lajusfificación de la autoridad. por el papel institucional cosifica las que son, en muchos .r"á", ai""utibles posiciones oe 3erarquía y priülefio; las ¡""tin"áliones de Ia autoridad por u¡r..conocirniento expert"" "rutá "er gaciones, apenas v"l"d.s, ;U:.."."uía sencillamente ale_ que deseo sugerir institucional. Lo aquí es q". nos relacionales proporcioria .r"itóe*ri"oli"r meál sd piárloovgeoc heons otés rmi- ra la evaluación de pa_ La autoridr;. -."- En el nivel básico,_una ,"tiira relacional respecto del diálogo supone formulars" ¿;;-";;;ad estas preg,ntas: Di.dlogo y autoridad Estas tesis acerca del poder, el privilegio y la autoridad tienen tarnfoi6¡ coosecuentiu.. dí""i"" para ra fundarnental cuestión de Ia autoridad en ra educacion. Muchas autoras fe¡ninistas, po1 ejelnrg, sg na concepción de autoridad l-engÁí-t ipLraJiiurnet a¿o si existe al gu_ el espíritu sea comp¿rtibre con de la enseñanza_y (Friedman, 1985). nfrswo*ri ("lt^ ru;ép.j,e rsdeigzúanje h iegrunoasli tarios reser-va algunas vi.sto, de s,s cúticas rnás ácidas a lr¡s irrLert.s de definir una .autoridad "*r.;;;;;;;; q,,. I cgi r,i r, * . I ¡ ra ¡rel 60 61
  • 8.
    f'! ¡. ¡.l{ ¡. b J. b 1., j. i. i" ñ. i? il" tr !p l. p ID p t) oDI rp PpI n fi rl a Í. a «¿.Qrrién soy yo?r, y «¿Con quién estoy hablando?.. por t¡l,r.rr ¡lrr.l,., rr<l basta con defini¡ nuestra posición por'n pu¡xrl ¡rr,l,i<:rrl^r (.Soy un docente") o justific*¡aru"tu. ,irrr¡r,:r.c.te autáid¡rrl por referencia a ese papel. En muchos senl;i- r,rs, ..s<r ¡ra¡rel ,os confiere privilágiá* y3.r".q..i" q,rl ,r,, !r(!r'.(:()¡ros- Al mismo tiem¡ro, debem.os ser honesti" ..r, r¡r¡sol,x¡s rrri,smos en cuanto al conocirniento, la pericia o l<ls l,¡rl.¡rl;,s rllr* poseemos, y q,e nos introdujeroo ao p-ri^.. l,ór'¡¡¡i,«r r:n la situación educativa. Es impártante til¡i¿, sor. lron<lsto c«rn las satisfacciones que nos procura desem¡re_ ii¡rr trn ¡rapel en el aprendizaje de otros: ai nrr y ¿ áÉo, ¿.ro ()s .)sn la razón prirnera por la que llegnrnos a ser docentes? . [)or otra parte, ss imFsrtantá cohfrender la p".=páJi"" de quienes son nuestros interlocutores en el ü¡áIigo,!.r¿ ro" r¡r<¡tiva para ingresar en el proceso; qrré ven " ,i."iau, y qué van a enseñarnos; qué tendencias pueden tenlr qrr. fr" Ileven a obedecernos, lo deseemos o no; qué experiencias o firct.res contextuares pueden estorbar su cap-acidad o su rlis¡xlsi«:ión de estat¡lecer con nosotros r:na asociación comu-r r i r:r r l, i v¡¡ o ¡ r l;o rar¡lcnte reclproca; etcétera. Mr'ir¡ ¡¡lL'r rl-r nivcl de la introspección y la reflexión indi_ virlr¡r¡1.*, ¡rrr.rlt-' rracer falta que esos támas se plaoteeo rrlrrr.r'1,¡r¡rrr.rrl,l: .lr l¡r conversacián y se discutan l,r»r r l. l¡¡ r.l¡¡r:iól¡ r-.¡r r:rrestión. En mucho" ";á;;;""_ v.¡¡, ¡rl rrx¡rtr(. «:rfr,i«:«¡ <re la autoridad pued"eo ,e,ts.t=atro ¿* "aráti_ rlrr ¡¡¡¡ ¡.(-x.,r()¡r rt. r.s fines y los métodos educativo".*. üp".iroo n(, (,1,r lnr!r¡(¡s <:l¡¡r<¡ (lrre una autoridad por conseriso, una ad_ rrrir'rií'r¡r lrrs¡r.l,rr«rsa do ra experiencia o ra pericia J" ,"""t , r:,lrr¡rrrfi.r. ¡ruede ser er resultado de esás discusiones. No veo razoncs para suponer que no pueda o no deba ser así. ,. ffrS.tu de eso, por su naturaléza rnism&, tod,,.t""iO,, dialógica duradera es fluid.a: los papeles nes de interacción se modiñcan ypir"d"o "pi;rI"oqal..Á;-";";; "íi_lr-- tas reversiones. particularmentá án eI diáid", ;;;" *"iUf" establecer demarcaciones claras entre Io" dÁ";to":J;;"- señanza y los momentog de aprendizaje; ¡rcr f" t".á, á"._ qu_e una persona formule todas Ias preguntas y Ia oira dé todas las respuestas (para tomar ro'"."o exhemo), las dos partes aprenden. por otra parte, en el interio, a.íai,atogo los temas cambian, yeste ""*bío-p""¿u "ienifi"; """; interlocutor que es más versado eJun camtr)o, aprenda del otro en un cayrrFo diferente. Este patrOn de cambios conti_ r¡u()s rro irnplica que rlo haya autoridatl, sino sólo que la ¡rr¡toridad no puede ligarse a uno solo de los participantes. ICscucha¡ aI otro es un aspecto importante en una auto-ritlad legítirna, no sólo para poder aprender así algo mrevo sino porque esa actividad relacional concreta modtñca la condición de la autoridad que se posee. Escuchar es mues-tra cle respeto, interés y preocupación consreta por el inter-locutor. Es una forma específica de hacer posible que se oiga llayoz del otro. Cua:ado es urr esfirerzo activo, y no una recep-üividad pasiva, puede invitar a los otros a desarrollar y ex-presar sus propios puntos de vista. La relación dialógica re-quiere además ser sensible a las circunstancias ambienta-les, a los contextos institucionales, a las historias ¡rersona-les o a la dinárnica inter¡rersonal que pudiera ser un obs-táculo para la participación dialógica. Amenudo no bastará con sólo escuchar; puede que haya que trab4iar para que se cree url medio donde unavoz en silensio sientala conlñenza o la segrrridad indispensable para hablar. Por último,la autoridad dentro de una relación dialógica debe, hasta cierto punto, debilitarse a sí -nisma con el tiem-po. En alguaos easos una pretensión parbicular de autori-dad se deberá aceptar a libro cerrado, porque exigir una justificación completa restaría el tiempo y la atención que reclarna para sí e1 problema en cuestión. Pero la finalidad del diálogo debiera ser que esos casos sean cada vez menos frecuentes; crear una situación donde la autoridad ya no resulte apropiada corno base de deteminados privilegios comu¡,icativos; una situación imaginable donde nuestros interlocutores se vean llevados a un punto en que rechacen nuestra autoridad o ya no la consideren necesaria para su desanrollo. A m"i modo de ver, una autoridad que, de algu-na rnanera, no trabaje con visüas a ese fi., corre el riesgo de to r.arse su jerarquía dernasiado en serio. Pero, al rnismo tiempo, yo diría que un docente que puede ofrecer perspecti-vas e ideas que prornuevan el desarrollo y Ia autonornía de un interlocutor, pero se rehúsa a hacerlo a caus¡a de un re-cbaza equivocado o no sincero de toda forma de autoridad, no benefi¡ia al oüro, Aun olrciones como Ia de invitar a que cuestionen nuestra autoridad, o que la desconozcan proü-sional- mente, sorr decisiones que sólo rrna persona investida de autoridad tiene la libertad de tornar. En realifl¿d, esas decisiones producen su efecto en muchos casos justarnente 62 63
  • 9.
    rH I porquetoclo-s i,s interesados cr¡r,irrrtr<.rr r¡rrr,r;r,¡rr..rrrrt:eri ur] ntarco donde e,. se r:espeta a ull¡r ¡rr¡l,or.irl:rrl Parece indi-scutible que la rlrxririrr ¡lrir;,r¡¡ trt. s.r- ,, do- cente implica el recra'ro de cierro gr:r<r. rr. ¡rr¡r,.l.irlr,,t i"gi_ tirna; sr¡¡-sen cuestiones interesrrrt,t:s na qué 9ó.justifica 1.o . r autoridad, ¡ ¡ r esa ¡« r. .s. cxar,i- cuál *s lir rrrrii,r. ejercerla ,,,.,rrurá fines d" con educativos, y cuáles st¡rr que debiera lí¡rril,es a los ceñirse. Desde luego que no fi¡lt.¿'¡rrá, s ciones lus afirma- de autoridad problemailcás, y el pelignr caer ta¡to euüá en cada re_ en patrones de respaido instiiuci.;i;1.;;"_ chos de nosotros nos gusta que g,sta se rios considere nos autoridad, y acatar la autoridad" de otros. pero inclu"" cometen Jorr¿" se esos errores, los estudientes de todas pueden 1." uá"a." ser rnuy vivaces y creativos para hallar apartar forrnas una autoridad de sin garantías. bupon". qru loJ.-rn mación problemática _ de autoridad tendrá tador y ,rn áf"cto J*á"_ opresivo equivale (paradójicarrrente) poder a exagerar que los el docentes tienen en Áuchas situaciones. Á;- qrre debernos, desde ya, criticar las afirmaciones ticas p.oUfurrla* de autoridad en los demás y evitarlas en ta'donde noJotro. poda'nos, fr."_ no debemo"-ta,*rpo"o subestimar estudiantes a los suponiendo que lo que pietendemos riarngn¿s es lo necesa_ que nos conceden. _ 4"í, la autoridad en el contexto de una ula rel.ación puede tener üalógica legitirnidad que rro se base ni.r, privilegios p;;-Ja y institucionalizados ni en suposiciones das sin acepta- exarnen concernientes a la pericia. Ni hay qr. r'.rf. l:loev*eo auln a posesión estática de,n solo i:rterlocutár,-que encuentro este dialógico como L¡.na condición autoridad a pion-. L^ se debe ver más bien como algo que transcurso de un interca¡nbio comr¡nicativo dond".e" "s""e re,oA_ nocen üferencias c en conoci.miento, experiencia sin_reificarlas; o capacidad donde se adrnite qrre l.i relaciones dad de autorl_ carnbien err eI tiempo y de ,ri.tema . nifiestq otro; donde reciprocidad se ma_ y iespeto dejando que cada una p-artes hable y de las escuche, y donde sL oriente hacia el un que finar ya en no haga falta que Ia autoridád sea condición oeI. acpurronppiliarndiae nptoa ra nece_ o:1uToa1, ninguno de los participantes. Sin de estas intenciones no será perfecto; correo se ha señalado, un obstácr¡Io irnporüante finiciones serárr las institucionales de_ e históricas á. ,., papcl dad que persiste rre a.l¡¡ri- aunque ros particip.rt*" sr: r.esisr,¿¡. ¿r él- 64 Er: crl,crusió', rur.a relación crialógica autorida«I sea superflua; l" aehri busc.r"c1,. pero .oLr-rard, lir entendida y e.iercida consensibitiar.a, correctalnr:rrr,r, puede ser t¡n clc ilffitf,"'"T"r;l:,11T i :l* l" ñ"' "" " tr-specíri c a,,,.,,i,,,,, I c"eop-coion-reos .je,orá,rrq*u-*ic-aos' H;:§fr Hd?,#"ttrffi :i:]Tll:ili,, de Ia autoriáalcomo señ,r¿r Mi«:trrr.r oakeshott (1962),.Las voces n""-il"rrr"n en co.()xirir,, fof'3: una jerarqyr" (pas. igó.i;"rbri<tart sc rtr,t¡. r,r,, más bien constituida derla ni frascenderla. "f"r rlfi"."o;";;" relacirirr, sin ¡r.r,r.. la que, creíblemente, pued"ert oesJtáabJlneáirr" y, rrru rrr()r.o(:o f,r:r ¡r:r. .i¡ crédito que le nlarrl.t.,rror...irr¡¡rrr cl den los der"a*; *á-Jüoritr¿r, (rr¡() rro ¡rrrr,rrrr resistir ese examen carece de valor. Emociones y ürtudes Al examinar los intere_ses cognitivos que puedc l¡¿rbcr. en el dirílogo, como_ el de alcÁrri ir*l.riento o aprc,cler acerca de los de1ás o de sí misÁá, rr" .u.r..iaá ,1. ".iu._ rninos afecf,ivos corn1 cyi(ari-*"i*". En realidad, es irr_ posible, en eI contexto de la,uf""iOlaialógica, tratar los te_ mas cogrritivos v afectivos po. "*pr..do. p?,-tl á;l;;;-rr" al:l:re:¡n ta a" ope-prs.ois"t.irrr i"o comunicatiio con Ios otros, y que n()s en él aunqr. lérnis6' es n,estra simpatia h;;"'"ü.,;r álrroatr odsi,.f icNilu, eessttréorsil o ¡xr_ reses en el üráIogo no son i.r,e- únicarr¡ente cog:ritivos, y el placer que nos procura un buen diálogo intelectual; ot pero o" muchas "o., no es puramente dan esos factores emociona"oler".r "ñ-r"á; ;ñ;s"t ardíeal di¿ílogo descui_ algunos exa¡ninar de los elementos aquí creación y qrr* intervienen el ñ;#mantr LTi:,#".,,ili.?:"o"io.r.lE" e, la na, a nn á, 1:::xrH[il:x atención p"" 1'" ?::- X.,lT*:'"ff ffi :'#: sentlrnient.,",-i .,o El problema j:P se encua.rlra, para ernplear la fórrrrula 9"*.oerz, como de versacionaf» a" márt;; entre los que "r eI ..c6¡¡p.orniso parbicipan con_ do en Tannen, en un ü;; diá_logo (discuti_ 19gg, pács. tores b_rzl. de una pr.a..r't";;; más discusiá, de los interlocu- lecesidad de reflexio_ 65
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    rlar acerca delpropio proceso comunicativo y saber sOlrrrr ó1, c intcrvenir ocasionalrnente a fin de conservar Ia cgrrlill¡ul rlr-' l¡r relación, incluyendo en ello el estiro o el tono ern«rr:i«r, rrrrl, . a fin de que los interlocutores sigan cornprorneticlos .¡r .l ¡rr',ccso- I)eborah Tannen (1g8g) alude a los ..vínculos irrl,rlrlr.s, aun emocionales, que los individuos sienten, qrr* lrs.ligrrn a otras personas, así como a lugares, cosas, acl,ivi_ rlrrrlcs, irlcas, recuerdos y palabras (. . .) No lo veo como algo rlrrrl., sirro que se logra en la interacción conversacional, ( ¡r¡f g. l0). Iilsas consideraciones empiezan a volver más vi_ sil¡lt-' el tejido de relaciones que une a los interlocutores de rrrr <liálogo- Muchos de los comentarios qrre los interrocuto- ¡'«rs hacen en un diálogo -expresiores d. alisnf,6, elogio, gr:al,it,d, afirmaciones explícitas ü.e acuerdo, etc.- no ple_ rlen entenderse mera*ente corno comentario" ""*r.a dal contenido de la discusión, sino que se los debe ver como in-tcnlos directos de crear y mantenerlos vínculos d.e cuidado, t:onfianza, respeto, aprecio y afecto mutuo qrre son decisivos pnra (llrc una relación dialógica se desenvuelva bien. I tm firt.lot'r's t,t¡tt¡t,fu¡rlttles ert el didtogo I ¡'nrrrrúgl I r), r.¡ r r ¡ l,s (:()r¡) r)rornetidos con nuestros gomFañe- *rr rl. rli/rlr1¡r», ilrr..¡rrs¡¡tlt¡s t:¡r ellos y en lo que tieneipara rlr*'ir, rtr¡ rrr¡¡r r¡¡.<lirl. (Il¡() v'¡nás allá del casual nivát ¿e f0rrr¡rr.,rrriil. (lurr l,.,rr(:n¡l¡.s e¡r la conversación en general. En r rrzl,, ¡kr l¡r i¡rl,r:llsirl¡rrl (:o. (Iuc consideramos a esfa persona I r ¡ r r'rilrr r ri l,r ¡ r r <:i (ir r (:()rn() alguien que es important" para oo"o-l, r'r»rr, .¡¡. vfrr<:rl. ha sido comparado ru. relaciói yo-tú Mrr.l.i¡¡ llrrber (Iluber, 1g5B; Crowell, "o.t de 199O; Keai, lg67; No<ltlirrgs, 1984). Como no lo hacemos en nuestros encuen_ l,r«¡s rlc hatrla cornurres, nos molesta,rnog en seguir lo que nu+.rstros compañeros de diálogo intentan decir, en pensar .itr.l,o <:on ellos, en irnagina¡ c.estiones desde s,, püto de visl,tr. I)e hecho, no 1rcdríamos estar tan compromltid.os en l.<xla couversación; nos agotaría y haría -rorro" nuestros rne_ .i.r<ls esf'erzos. Adem.ás, los temas de muchas conversacio-rros casuales rro rrerecental comprorniso. pero r,s en el diáIogo ernpeñarnos en estar pleqamente con nuestro interlocu-l, or, y en comprometerlo con nosoüros, porque reconocemos que está enjuego algo rnás que merarnentell tem.a en cues_ 66 l,ió¡r. Nos vemos llevados a un vínculo social que tiene para ¡rrsotros una significación p¿[s arnplia, a saber, la oporüuni- <l¿r<l dc ligarnos a los otros por Iazos de empatÍa y cornpro-rniso mutuo. El interés es importante en el diálogo, entre «rLras razones fundarnentales, porque el desarrollo de las i<loas y de la comprensión lleva tiempo; el diálogo puede ser una forrna muy "ineficez, de buscar información- Para ¡rer-sistir, jr:nto con nuestro interlocutor, enla consideraeión de trn terna, tenem.os que sentir algn hacia la persona, lo rnis-mo que hacia el asunto en cuesüión. Cmr¡u¡tz¿"'rl-a couñsnza es otro factor emocional que en parte constituye la relación üalógica (trYeire, 1gZ0). Patri-cia White (1990) ha ex¡ruesto observaciones m-uy provecho-sas acerca del papel de la confianza enla educa.ción La con-frg. nza tiene un elemento de creencia (eomo muchas em.o-eiones): la creencia de que se puede confiar en alguien o eñ c§o eua-ndo existe un elemento de riesgo. Pero la confian¿a también induye ¿¡a sirnFatía, un compromiso que sustenta yrefuerza la creencia de que uno puede contar con la buena voluntad del otro. §g* Sgnlgs _aspectos pe la.-e4plircación d9 White que result"-;sp"A;,ü.oL pertioentes aqui. E_f"pf .lgglges que la confianza es más grande cuando nó ié ia *clvierte, crrando es un su¡ruesto implícito que el interlocu-tonda por sentado. Cuanto mayor seala atención que se de-b* prestar a establecer y m.antener la confi.Fnza, más pro-bftemática e incierta será la relación- Esto vale sin duda para la relación dialógica. Por Io común se d.ebe hacer un esfuerzo al cornienzo, I em parbicular cuando iniciarnos una relación con algpien / ryevo, para cre¿rr un context6 ds simFatía y compromiso | | Qh'e, ofrezca seguridad a los dos parbicipanté" p** .rpr.- if sar sus creencia*, y las experiencias y los sentirnientos erre ii aaompañan a estas, aunque separr que el otro puede rlisen-tire Las seguridades explícitas y los gestos implícitos (acaso 'ffiiverbales) de interés sirnpático serán parte de este pro-tilr eéso. Otro aspecto del desanollo de la conEenza es tomar la '{ ffiiativa de revelar aspectos delicados o personales, con lo efual hacef,nos demostiación de confi.aná antes d.e pedir Slos otros que confien en nosotros. En su momentol di"" sEhite, estos esfuerzos corlscientes ya no serán necesarios; eBando se los hace, son indicio de incertidurnbre o de des- 67
  • 11.
    t'l r' confianza.La irrrporta¡rcia <Ie que ]¿r ¡_t:l¿r«:irirr rlrirl.lirr:¿1, ,,)a vez se ha estabiecido y nos ha nl,,r,¡,,,,kr crr st¡ r:spíritu de fdtigcilócna dper io, es qu,e la áodianz, t;,',;;.,i,, rri*.r¡r.¡r sor. ,.a con_ fondo indiscutida, ;É; [,,.,'.r,,,, i,,r r ¡ r I r ¡ r.¡ r l,c p,ede requerirde refuerzos, pero que la ,r,r,r,r. ¡riu.l,o rl«rl r.icrn¡ro es literalmenre tácila (rá". á;;;;; Illon¡¿r.s, tgrjg). ^_^+qrydo aspecto au U u"fr"i"¡0".1,, Wlrit.. r¡rre resulta especralmente pertinente pará el üálogo ." ;i;;;;iiJa. riesgo en el que la confiani".."rrlü'recesaria. Illn general, nos preocupa la confianza como vínculo necesitarnos, como apoyo, de la fiabiliJad d"rer rl,ar "oirtrrrarl -p""e,r.oso1n¿ao. Según erplica Steven ó.á-.Ulillól,i*. Gadarnerel ries_ go está presente tan pronto cor.no noi revelamos nuestros prejuicios entre nosotros. 'La indagación dialógica [supone] un esencial .altruismo,, de los interlocutores, esto es,-estar exentos de las intencio_ nes puramente retóricas_de la persuasión, ula ai"p""i"iO, común a poner en riesgo t"* p."]ol"io" .rr relación con (ver_ dades) que se dan por sentadal pero que se sostienen con firme1a porque hacen posible onlcercamiento inicial a.la cuestión"._La expresión de ese alt uis*o, riesgo, es la dialéctica de I" ;;";;ta y Ia r"e"s" p*u;e;;s ta (. ., ,.,) lEl üráIogo consisre] en un #;;;;;o simérrico hacia una fusión de horizontes entre participantes que se borran a sí mismos y que "arriesgan" i"" ;;;;;.ios he.edados dentro de una común orientación ird;;g"tiva hacia la verdad, (págs.344,947). Tarnbién en el üálogo hay riesgos en juego. Confiamos en que nuestros interlocutores mritendrán en reserva deter_ minadas cosas que decim"", interlocutores se abstendrán á"""jirrág""L, oaslg uenrro qsu e nuestros comentarios, al de nuestros menos al pllcipio; [..o tarnbién confiarnos en que nos dir¡í¡r conhonestidaá lo que piensan o sienten en relación con un terna, aunque esté en d;"";;rd";;i;;"" nosotros pensarnos o sentirnos. pormuch." .._r.",;i ¿"_ go fi:ndarnental del üáIogo, ."*o J'.special en contextr¡s ed.cativos, es el a_" q,r""rrá" mente, y nos em¡reñemo" ..r.*"p*ir.;.;"_áoi st" ., bciocn¡rv c<:rosrrar«c¡i opon«alal__ mos, rln punto de üsta, ,,r"I1u" *r"lrr.ia, ,r, solrLilrric¡¡1,() o .na experiencia, con la expectativa de q,rt, ,l,r.,"l,rrr i¡¡1,.r-lr¡c.1.«rr 68 responderá de mar si lo hará- I_, ."lr"irura reflexiva _y simpática, pero sin salrel. !3nrno prarqye ##:?;;to'i¿..n"" a""'ooi*"* J,l ,,r ,""TÍ:;1",:nánirtaad;;"".";#,,=ffi "Lilffi".::;:ii,:1l:; tt ri ar EJ YJ e e; F FF F ltl st F F t+t F cf, Fd 3rl -l ecl el 4 "F4i ñ"rj d 414 ,r'i
  • 12.
    ! -!o !. !O !t ID b f, li I r] iO r¡ I ¡o b J. I ,o aü {a /a ra p l, la 5a {l ra rt fi! o ApneClo.lluna ernoción estrecharn ente relacionada con o I rcs¡xrt.«r cs cl aprecio: valorar las cualidades singulares (lu(! krn r¡l,r'<¡s aportan al encuentro dialógico y sentir estima ¡ror olll»r. ()ol¡ro cI interés y la s6nfian2¿, el respeto y eI aprecio ¡rrrrr«krrr, hasta cierto punto, preceder al diálogo, pero tien-rlr,¡ r ¡r li¡rl.¡¡lccerse con eI tiem¡ro a medida que el diálogo sc rlr.nr¡r'lr»ll¡r. lrll aprecio es ulL factor que parece revestir par-l, ir:ul¡¡r irrr¡l«rrtancia en contextos de diferencia, sea cultu-r'¡ rl o rk: ot,ra fndole. IJn sentimiento de aprecio desem¡reña-rl¡ r:ir-.rl;o ¡ln¡rel si hemos de ir más allá de l¿ sivnple .,toleran- <:i¡r" rl«: osas «liferencias, paravalorarlas de hecho com.o tales c inl,ercsarnos en aprender de ellas. - A-rrccróN",IJn sentir:riento que no recibe en la bibliogra-fia educativa Ia atención que rnerece es la afección, la sim- ¡ratÍa y aFrnidad con nuestros i¡rterlocutores (Alston, l-991). f ,ns que somos educadores tenemos el comprorniso, firerte-rnr: nl;e inculcado, de ofrecer a cada uno de los estudiantes el r¡risr¡r«¡ gmdo de esfuerzo, al margen de nueshros sentirnien-l, oH ¡x-.r'srlrrnkls. I'ero una honesta reflexiórr rros dice que en ciorl,on (:ns()tt cstan.- og dispuestos a ejercer el esfuerzo en un ¡irrrrkl oxr:o¡x:i«lnnl a causa de la afecciórr que sentimos más Irrrr'i¡¡ rlol,orr¡¡i¡rrr<l<ls estudiantes que hacia otros. En ningrr-lur ¡lrrrl,o rr{ t.so r¡rls clarr¡ que en eI diálogo. La relación dia-ló¡¡ icrurrrJx,r¡() ol ar:t¡rcarniento de dos o m.ás personas, y lao Irrr.y rrraorr()H lrrrrn ¡lretender que no incluye elementos de r¡Errrrkr rcr:f ¡rrot:o () aun rnás. FYeire (1970) insiste mucho en <¡rrr-. «>l ¡l ¡¡r()r os un el<:rnento presente en todo üálogo verda-tlcrrr, y {rurr(lue pueda exagerar en este punto, viene a re-conocer el hecho general de que cierta afección, capaz de crecer y desarrollarse en el tiempo, es condición del diálogo. I)esde ya, esto es válido para eI diálogo en el contexbo de la arnistad, los lazos familiares y otras relaciones ¡rersonales. Mary Field Belenky y sus colaboradores (1g86) hacen una afirmación sirnilar al destacar el sentimiento de vincu-lación que sustenta a ciertos encuentros corrversacionales. Destacan la influencia.qr-re esa vinculación tiene en Ia sus-tancia y la forma del proceso conversacional; específica-mente, crrands los participantes hacen un esfirerzo especial por escuch¿¡-r corl simpatía 1o quá sus interlocutores tienen que decir, sus¡rendiendo el juicio al rrrenos hasta notar que han captado la tesis que el otro sostiene desde su punto de 70 vist,¡r: segúnla expresión de PeterElbow (198G), jugando "el .j r rcgo de creer,. Es sin duda una virtud general esta inclina- <:ió¡r. a conceder una respetuosa verosirnilitud a las creen-r; ias y a los valores de los otros, y amirarlos con cierta empa-l, ln, pero es preciso admitir que la ejercemos con más cui- «lado y atención cuando tratamos con aquellos por quienes l.cnernos una afección especial. Esta puede i¡ en un'a sola rtirección, arunqrre, desde luego, Ia relación será ¡más dura-dera si es rnutrra. Corno lo veremos en detalle más ad-ela¡te, BelenkSr y sus colaboradores (L986),lo rnism.o que Tannen (199O), sos-tienen que producir esa vinculación y cottfianza slrpone a veces contenidos conversacionales en apariencia triüales o marginales para el tema en cuestión, pero va]'iosos para es-tablecer esa cualidad de relación que hace posible ex¡rlorar el tema. IJn ejemplo, dicen, es el chisme Esos lazos emocionales de interés, confianza, respetÓ, aprecio y afección contribuyen a qrre nos vearaos üevadoé a .ot-r, y m.antenernos en rrna relación dialógica, y también plasm.an la manera particular en que optam-os por actuar án ella. Sobre todo, una parte sustancial de los benefi'cios que obtenemos del diálogo, puesto que es grato expel-mentar esas emociones hacia los otros y que los otros las experirnenten hacia nosotros. EsFmn¡m*.- Por últim.o, una actitud que no es puramente emocional, pero qtre es ¡rerbinente para el éxito del diálogo, es la esperryrtz¡.. Ent¡amos err ulla relación üalógica y per-sistimos en ella ¡rorqrre Ia vemos como u:ea posible fuente de ideas y formas d" "orop."oder nuevas, y tam.bién de un lazo entre nosotros ylos demás. Pero debemos estar atentos ala wisión teleológica del üálogo discutida antes, donde la justi-ficación para errprender un üálogo es ante todo la garan-tía de un resultado final. La esperan,.a nos a¡ruda a resolver esa aparente paradoja: con un sentbmiento de espera:raza, ürabaja:mos para obtener resultados posibles de compren-sión, ypersistimos aunque eI derrotero se vuelva diñcil o in-cierto, si! la prornesa de éxito. Tanto Gadamer (1"982) como !!-ejr;e{f'S70)apunta+quelaq§P9.rq+za_es-UsJiopponente é;éncial del diálogo, porque el proceso de discusión mtry a - [ rnen ao na tiene un término claro y porque lnuy a menudo ";1* t hay m.uchas cosas qr¡e nos qrritan las ganaas de ernbarcarnos "*.$ 7L
  • 13.
    ,t) - Véd yr yf YT t JA Jr4 J4 6 ad J4 6 cr er eL viaje (falta de tit--r,po, r¡ar'¡'.r-¿*-r ,¡ir:rrrr.l didos, co,flictos ar-d,os, r rrr. rrr¿¡r.llterr- inciert¿rli ¡r.r.s;¡xr:l.i'r*; rlr. Irrrcrt re_ sultado, etc.). Corrro lo típico .* ,i,,,, t,, ,..,1,,.,¡,,,, ,i;;i;;"" cambie y cobre forma en el cur.s«r <lcl l,icrrr¡,,,, l,,n',i,I.'i.._ ticipan en ella debe* tor,ar Ia acl,il,r¡rl ,1,, ,*rt.,,,. ,ti_i;.;;;;." a mirar hacia adelante para esti,r¿r. si I¡r rris«:r¡siri¡r vare la pena. En el corto plazo, ál diálogn ¡^rrxl. ,,,*,,1t,,,. i,,il;;;;r, la esperamza, lo mismo q,r" *á fr'".,.rrr, v«¡l,rrl,r¡rl r.ccí¡rroca, mueve a los interlocutores a clarle ticr»po a Ia ir*.eracción para.que tenga éxito: "[Ei'lialogo] ve la relación entre distintos üscursos c<¡.ro ros hilos de una conversación posible, una conversación que no presupone ninguna matriz disciplinaria que,.r". ü; h"_ blantes, pero en la que Ia "spurL. pierde r" a" acuerdo nunca se rrientras la convers""iór, dura. E*.."pÁ;;; urr? esperanza de descubrir un suelo cornún que existier"a" previarnente, sino simpletnenf.e esperanza de á",r".ao á, ¿ menos, de un desacuerdo estimulLb y Íluctifero, (Rorty, L979i,pág. 318). Esos sentimientos _interés, confianza, respeto, aprecio, afección y esperarrza- son decisivos p".. eivÍncuio q,re sgstiene u¡a relación dialógica en el ti"*p, ia.-"JJri."gr, hay otros; no prete-ndo que rá u"t" """;"-;#ñ;L. casi todo to que se ha escrito acerca J"idtái;;;á1"r"#*" podemos enseñar o aprender a través de é1, ese rot.rá" u"p._ cífi carnente cognitivo no es en *.d; ;;;; l;;;ffi ;1". v"le "d:"i^fi:c9il: toro p odléiarlnóigcioc.o o nos rr*ti"r.. en él cu¡ndo se vuel_ A veces hrblo-roos y escucharnos por otras_razones, y las gana,cias educatirá" beneficio marginal. En la *.¿iá" "r.g"., "o;;L ", que las vemos como :1111.:" qr". ": positivo sentir o que loi demás cta nosotros, hallaremos natr¡rafmente ocasione"si "p.r*á" , fr._ tivarlas y expresarlas- IJna a" ""f_ """" o.rsiones es el diálogo. Virtudes comunicatiuas y d,id.logo Ttrllio Maranháo (1gg0), apoyándose en la «rbra tlc llaj- tin, Buber y Maurice Leünas', una «ética de la respuesta (. . .) "e"l .r"e"stp"e.rl,ror , ,l rlitil«rg' .,),,.lo ¡xrr lrr all,irri<lacl y 72 la rer.elar:itiu dc I¿r id¿:ntid¿rd i.. .) Desde el punto cle visl.¿r ético, er núcreo del diálogo r-eside ur'r.r.iJíJilr* ál,.., el Otro, no en manifestacir.ru" p..ti.rrtr."",, lf üiEl] rr",, cualidades de la apertTs ),.liu"f"to " den equipararse a un ideál de rizona"boirhrrd.r;r;i "?Gu;rrlüí;. l1;,,,,,.*,_, t99ta, 1992). Como observa Stephen Touh¡in iróó, ,r,,. ejemplo, para los humanistas aet siglo XVI, esa er.¿¡ r¡n¡r virtud abarcadora del pensanri."iá v la conduct&r «l )1¡¡. ,,,,,, parte' ello significaba curtiva. la mLdestia en cua,l,<¡ ¿r r¡rs propias capacidades, y preseota.su a sí misnro con ¡rltrrrrr conciencia (. - -) por,otra parte, .uqr".i, toreranci¡r rrr: r¿¡ rri versidad sociar, curtura-r u irrtát""t1rJ. No era r-¿rci<¡r¡irr r;rr¡ denar inmediata¡¡rente a personas cuyas instit,r¡ci«rrr()s, (:lr yas costumbres o cuyas ideas fueran diferertes .i,; i;;;;;,,,,. tras" (págs. 199-200). Richard Rorty (1987) recido aI_di_stingrri¡ la racioo"lid;á corno *"rfnl;ó.;l;,o,;«;;l,ri¡r,; ;r;l c, ,,, racionalidad como conjunto l¡¡ de "v¡¿,r¿"s rnorales,: .l,r»lr:¡.¡¡r¡, cia' res¡reto por Ias opiniones a. r"" [ru nos r«rtrearr, rris¡xrsi . ción a escuchar, confiamza u" t^ p".Érasión a,tes qre c, lir fuerza" (pás' 4o). Esas disti*i o"r"nectivas arraiga. la razórt en aspectos del caráct". qrrá fo,,u*o" de manifiesto cunnds obramos en las relacione's más, ¿Qué son esas virtudes? "olru.rirrtivas con los de_ Las virtudes cornu¡ricativas generales que s on disposiciones y práctica s contribuyen comunicativas con distintas" p-"".r"áoIor."r" enbu eeln taiesm reploa.c ioncs prenden cuFlidades Corn_ como la tále.aJa, Ia paciencia, la tlis_ posición a hacer v a recibir criti"as, ü inclinación a admit,ir el propio error, uid""uo d;.;il;;;;tar o rraducir Ios inrc_ reses propios de malera que se¿Ln comprensibles .lo" oi.o", la autolirnitación Dara que los derrás tengan su ocasión de hablar y -un elánrento fundamental menudo det pasa diálogo se por alto_ que r" ai"po"i"ión a escuchar y la con cuidadoly atenciór:C;o proces"o",p e.lli ¿dáiáálo.gao. reqtriere la dis¡rosición a rever ta." p.á"rposiciones a cornpararlas propias y con las de los otrosl ser rrrenos I1o creer que dogrrráticos y el mundo necesariaJente Esas wirtudes dan fbr--";t;;;;ffi; es corrro nos parece. ridad *slntimientos las de expresar creenci con as. cla_ los ""to.u"] t-" a la de prestar propios, y atención y 1985o). Pero no se las pr."¿""rLrál.ftr"a.rr áfr"" , a,.i oIoi"s. motreonst e(F reire, propiedades del carácter i¡aiviA"J. corno a.rrrqrre son personas 73
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    ? -tt J. It a ]a l. ta t, Jr iD ll |' t ]o b 'la ]. I a00 aap poa ia if ro ri rl rf lrur r¡rrr (lxJ)ros¿ln (o no expresan) esas virtudes en sus accro-rr,, r¡, ¡Iol»o r-.¡rl.endérselas cotno propiedades sociales, mani-livrl,¡ rrl¡¡rr clr <ll rnarco de relaciones que vinsulrn a las perso-n¡ ur; l,o¡'cjrlrrrpl«r, al prestar más atención cuanado estoy con rrrrrillou r¡rro r:rrando estoy con extraños. l,I¡¡¡s virl,rrrlt:s se fornentan y se desarrollan enlas for- ¡¡r¡rrr rkr ¡'cl¡rr:ión co¡nunicativa que cultivamos desde la ni- I ioy, I ¡ ¡ r rl,r r I ¡r virl a adulta. El aprendizqje de reglas y de man-rI¡ rl,os ox¡rlf«:il,os (colrro "üIaverdad") sólo enparte contribu- .yrr t lirrrrrnr csas rnisrnas drsposiciones y patrones de con-rlrrr: l,lr (lr¡c nacen de las virtudes más profi:ndas del carácter (rxr¡nr¡ l¿r «veracidad"). Las virtudes sen no sóIo actitudes sin<¡ üarrrbién cornportarnientos. No se las adquiere porque a unt¡ lc digan que lo haga, sino por la asociación con otros que t,i«:nen clisposiciones parecidas. Las virtudes se adqrrieren t..n las relaciones y se las perfecciona en la práctica; desarro-llnr¡ l«rs virtudes porque las valorarnos y aspiramos a ellas, n() lx)r(Iu() s() no.s for¡rre en deterrninados hábitos. I ¡rs virlr¡rkls cornunicativas, en especial, se desarrollan r. r r ¡r r I ¡ rr: io ¡lcs corr «rtros que n<¡s tratan y se tratan entre sí de r lr rl,r u'r r ¡ i r rr x l¡ r ¡¡ ¡r¡ ¡ ¡ora (escuchan con atención, explican con |lr('rtl rcin, ol,r'.), .y rlrro l)r()curan hacer explícito qué hacen y ¡)r¡r (lu(r I1»"r.r¡o cl rkrs¡r¡'roll<¡ de las'rirtudes comunicativas rrn rrrrur¡rlrr'¡i n liu'r¡l¡rs rlcfirridas de relación comunicativa. ( lor¡ro ol rlorr¡r¡'¡r¡llo rk> osas virt,udes llevatiempo, es profun-rl¡ urrr'¡rl,o ¡xu'sorrrrl .y so r-.ntrclaza con otros factores em.ocio- ¡r¡rkrs o ilrl,cl<rcl,unl«rs, los escenarios de la edueación formal ¡rr¡ ¡rl«:¡t¡rzun [)arn tlesarrollar esas virtud.es cuendo falten. L«r n«rrrnal es que se las desarrolle en las relaciones familia-res y en las arnistades ajenas a la escuela (por eso apena.s se han desarrollado en muchos alumnos). Pero si nos esforza-rrros en crear relasiones dialógicas con nuestros alurnnos, y con otros, casi rao hay otra posibilidad que seguir modelando csas prácticas con la esperrnza de ..captar. presuntos futu-r<¡ s interlocutores en el esplritu de la conversación. lJna vez que destaqué el papel de las virtudes corno con- «licii¡n de una buena relación dialógica, no quiero cosifi.car r-'sas ürtudes o transformarlas en absolutos universales-l, as virtudes comunicativas son, hasta cierto punto, sensi-bles al contexto. Las condisiones en las que se producen encuentros de hablafavorecen o intriben el desarrollo de las wirtudes com.unicativas. De ahí que el no ejercicio de deter- 74 rrrirradas virtudes en determinados contextos no se puede ¡rl.ribuir automáticaynente a defect¡rs personales. En situa-ciones donde historias de dorninación o de alienación han losionado a los indiüduos de ciertos grupos -son situacio-nc's que expresamente desalientan o castigan el ejercicio de determinadas virtud."-, el peso de la crítica debe recaer rnás en el contexto que en el carácter defectuoso queha pro-ducido. Así, trrcr ejemplo, anutque en general reconocerÍarnos una virfud com.unicativa en la receptiüdad a las pregun-tas críticas de otros, sería sencillam.ente excesiYo ¡redirla a personas que han sido psicológicarnente desmoralizadas al punto de que esa crítica es vista coilro una amenaza. La fama atribuye a Aristóteles (1973) haber señalado que el ejercicio de 1o que en una situación puede ser urra virtud, será un vicio si se Io ejerce en demasía o ae lo lleva a situaciones inapropiadas. Se puede escuchar demasiado sin comprometerse; se puede ser demasiado resen¡ado para evi-tar eljuicio o el desacuerdo con otros; se puedellevar la irn-parcialidad hasta rrn punto en que se conviert¿ sn insensi-bitidad- Estas consideraciones se proponen m.ostra¡ que las virtudes comrrnicativas no se adeeuan a una situación dia-lógica especíñca según una regla. La sensibilidad al contex-to y a los efectos de habla nos a¡ruda a juzgar con prudencia cuánd.o y córno son apropiadas las virtudes comunicativas. Está en la naturaleza de las virhrdes (a diferencia del acata-rniento de regl.as) eI que sean selecbivas, se qiusten alas cir-cunstancias y a las personas en cuestión- Algunas personas ejercerá n esos jrricios con ¡nás sabiduría que otras. Esta observación nos pone ante el problema de las conüciones generales que promueven o no promueven el desarrollo de las virtudes comurricativas. El acto de la ense-ña¡ rza dialógica, en especial, a menudo se ocupará de crear esas condiciones, aun dentro de rrna esfera lirnitcrda. David Bridges (1988@) considerala importancia de promover en el aula rrna "cultura m.oral" particular, que aliente y apoye la razonabüdad, el sosiego,la veracidad, lalibertad de partici-par, Ia igualdad y eI respeto mutuo (págs. 214). En ám.bi-tos esprylñcos, en nuestro sistema educativo puede estable-cerse un clima así. Aunque los esfuerzos de un d.ocente no lo determinan todo en este aspecto, hacer de la búsqueda de esa cultura m.oral un tema abierto ¿ l¿ discusión puede en muchos casos alentar a los participantes a considerar si 75
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    ii están, ono están, rriüend, xió, .segrirr ori()¡i r¡¡rr,r..rr.ri. r,a refle_ acerca del proceso conruni<:¿rlir,«r (!, ,r¡¡r rr. rirs fbr-rnas en que un grupo de individ,os ¿risl¿rrlr»s ¡rrrrr,r .,,,_"rrru. . converbirse en una comurüdad clialógir:rr. Pero la cornunicación sora,o de corrrrrtridad, rri ni,puuae ".,ru s«¡¡¡r,i*r¡rr r¡, sentido donde faclores institucion""ti.."* po.-oia .rfl-trrr,.grri",,,r,,,, (:o. cl¡ co,textos cipación (R. Bernstein, 1,,i,it * fá lgg3). nirr*r"o" o""i_ mr¡ndo us¡l.rf,os social han dc nuestro producido tanto contextos en individ donde lns ¡fersonas, esPednco s, r*""iil:i ¿*,1H :' ;T:ffi *fii:; tereses entran en un conflicto fi_Jarrerrtal 11: :::ll: que las enfrentan. con los Esos inter."u" de otros "lr "orrflicto patologías son una de las de ,¡r sistema sociar poder y del privilegi_o indiscutia""ot"ilb"rr"¡.ri1d"o" , soiébBre; ;r.a ;b;;a"s"e_ der sis y la naturaleza de ese ui"tum." rni interés. pero, ¿.d. no "ocial es aquí tema de re"fiJ"a, ." creer que, con tal que las_"sa una neta ingenuidad p.r"orra mu:ricativas, posearr las virtudes Ia buena_voh]ntad i; co_ milirán y perseverancia sobrepasar í"."" les per_ todas tas y bn incffi.á"iio, el prejuicio. de Ia En lugar de las condiciones de intereses engendra un en eonflicto sistema que gg q"¿"., pásible nidades es (o establecer subcornunidaáes) ¿if"áot." comu_ municación y basadas un en la en sentido co_ de solid.ari¿oA, poilo;;.rr_ tiendo relaciones de interés y *rr"ia...ciOn m..tuas;;;;."- ción en las actividades p_rááü"^" y tos r""otución mediante de los procesos conflic_ áemocráticos (1989) participativos. caracteriza i*, esa solidaridad amplia y "o*o una abarcadora conversación en la que vista diversos; es *" _"*,."put* voces y puntos de ggrlyrrdad que urre «el .,nosotros,, Ias personas que han sido lt.v"¿asá de trismo" (pás. ¿esconfiar del etnocen_ 198). La solidariá"gieren rnis comentarios acerc. á;"á i;"gi.,. t nrrüo deas, acro-nmeon aloz asdua_ por contextos de diversidad. U. iá;; poktico merece un arnplio de esta índole f,¡¿'q¡nisnto para por sí; aqrú señalan lo menciono una arnplia sóIo ria en procura de una comunicación" condi&ón ;driIa lógyipcoa fibtuicean aá. ;;;"_ "si la solidaridad consiste en coordinr. t." con las accio,es acciones ,r: rr¡r. de otro (. sirnisnto . .) consiste tambié¡r positivo on ur¡ del ¡.o(:ono_ otro, "a."""¿" a., t¡rr: rr<:lrr«r.s "r'gr-,., r,,- 76 rnado conr¡ciruiento de las acciones del otr«¡ y comprendido su "significadr¡" (. . .) Al rnismo tiernpo, f"" ¿lai"S"I-*"o, ,rl_ dicativos de que la solidaridad está presente en la interac_ ción lingüística específrca donde se aplican,;;-;;: ta-mbién "rnoderos d e" soridaridad" (urb'Á; t r'ró; ;;.- i o" "grlr. [s qhí que el tema de las virtudes nos lleve a una consi_ deración mucho má¡ amplia sobre la sociedad ", qrr" ,iri_ mos v sobre ra sociedad que desearnos. Destacarl" iiir""r" de la relación diatógica, y situar esa relaciór, 1..'.-aá* relaciones socia-les en las que sentimos, percibimo" "o t." y r"tr"_ mos en reciprocidad, nos obliga pedagógico de promove_r eI diáogo ",u*cor,,o"iderar el pioüi"or" ypo,tico, o un problema cuestionar social a ros con,.x]*s insüituciona-res gicos que impiden e ideoló- el diáJogo, y a moüñcarlos crear o, a-lternativas sustentablls a_l rnenos, a frente a ellos. "si re¡'lrnente hemos de apropiarnos de esta idea l1arrá* "ot"l para que nuestra es fi¡¡r- situación histórica, ella tareas prácticas nos y seña_ políticas ds irnportancia. gran distorsión imaginar Sería una que podrÍamos concebir dornini6 ¡rcIítico organizadJ..sú; todo el principio de la conversación, en üsta aJlas "tágites i del dialogo o *rrai"iorr."'qrr" hacen-fhlta pa_ra una conversación y un dirílogo De todos "que auténticos. así, que 'nodos, si pensarnos en lo reqrriere r:r: basa diálogo se en Ia com.prensiOn- mutua, üsposición y e1 respeto, la a escuchar e propias niones y los propios preju^iá ioo"r,.,,opi_ o .ui.ú ps.oqeuUead .laas comecciónde mutua q,e de la Io se dice, habremos ¿efirriao;p;;;;"" ideal regulador capaz de orientar mrestra vida práctica üda y luestqa ¡rolítica. Si Ia q,intaesencia pri"iilá; de lo qrrá el ser dialógicos, y esto 1o ." de unos joco"",o á*oá". _"" ces, sean cuales fueren las lirnitacioáes prácticas za.ción de ia reari- de ese ideal, él puede y debe, orientación de todos modos, á;;;" práctica a nuestra üda. Tene*o" qr"'ff"r.rr_ tarnos qué detiene e impide (. ese üálogo, y qué . .) para hay que hacer que ese diálágo "rtg.r1i"o""ea una realid¿¿ creta" (R. Bernstein, 1998, págs. 162_8). "olr_ cr¡ltivar buenas reraciones üalógicas es un aspecto esencia-l tle r:se proceso de carnbio social,;;;;;;" proceso no se agota c¡r sí mismo (Barber, 1gg4).
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    Iil desarrollo delas virtudes com.r¡nicativas es ulr proco- Hr, (llrc incluye nada rnenos que la transformación de nues-l, ru i,l'nl¡r rccfproco, de nuestras tradiciones y de nuest-ras ¡ I r.i r»ri dtrrles educativas. convertir cuqli dades ¡rersonal,es, ,r,,,r,, la l;olerancia, la paciencia o la dis¡tosición y capacidad rlrr rrs«:u«:hnr, en objetivos educativos prim'a'rias tiene conse-r: t¡<lrlt;itrs enorrnes para la organi2¿giiin del aula' nuestros Hrr¡rtrosl,<ls acerca del curriculum y Ia enseñanza, y Ia rela- «:ión cutre la escuela y eI hogar (donde reabmente se de- ¡¡rrrr«rllan muchas de esas virtudes)' El aspecto esencial de cna tar:ea ed.ucativa es' ctreo, llegar a ser rnás claros y explíci-tos sobre las normas dehonesbidad, claridad, empatíayres-peto que son inherentes ya a nuestro§ intentos de comuni- "r.rro" entre nosotros. Estos patrones comunicativos ftallan ejemplificación en su for:na rnás pura en Ia activid'ad del ¿iatogo y, específicamente, en la form'ación y el sustento d'e lu".u[rcib., üalógica- Llegamos a apreciar esos valores y aprendemos a expresarlos conscientemente en nuestros ^.t,r" clo habla, pár las relaciones err que crecemos desde niños, ¡xrr nuoetras amistades y por algunas actiwid'ades ,,,rrr,,,,,i,,,,l,ivtn ¡r(rtrlicas que comienzan en nrrestra familia y Iroi'o ¡r l)rx:o rlr! oxl;ienden a nuestro vecindario, nuestra co-r¡¡ rrr¡¡l¡irl .y ,rf1-r ¡rll¡i. No lrace ¡^lta decir que de esta.o rela- ..ll)rrr,ñ lttry l¡¡¡'¡H rf 0rrr¡rlos rrr:gativos que positivos' Pero el r,ru.lrr.l,nt' ¡rt¡l,orr¡rttlxivrl tkll cultivo de las virtudes comunica-l, lvrrn l¡lrr.rr r¡rrrr Hókr lnn p«rdarnos desarrollar si buscamos y -l rro¡ l,o ¡ l rp¡r r¡ ¡r t,i vns mqiores, incor¡roralnos a ellas a loS ¡ r ¡ l l,r l r ¡rrrrl,it:i¡ltutl,oH, .y lirrtnlocclnos asl su capacidad y Ia nuestra o¡r ol «rsñl<lrzo «lo llevar adelante el diálogo. Ar:1, el problerra más complejo de la formación y el sus-tento de una relación dialógica atañe a as¡rectos del carácter de los propios participantes- Pese a todo Io que pueda de-cirse acerca de los patrones explícitos de la interacsión ver-bal, el buen resultado fund.amental de un ensuentro dia-lógíco nace de la personalidad, los valores y los hábitos de krs ¡larticipantes rnismos, con todos sus prrntosfirertes y sus ¡r,,rit.r" déLiles. Acerca de esas wirtudes hace falta decirmu-r: lro rnás, y no ¡rodemos hacerlo en este libro; aparbe de que irrllrryen podeiosamente en la conducta de los que partici-t) rtrl err el diálogo, constituyenr^por derecho propio, metas cducativas d'e importancia (véanse Burbules y Rice, 1992; Rice y Burbules, 1,993). 78 Creación y mantenimiento de la relación dialógica Mantener lo que Grrmperz, citado antes, llnrna «compro-miso conversacional, es parüicular¡rrente importante en Ia enseñarrza, donde hacen falta interés y comprorniso mutuo para equilibrar el tono potencialmente crítico o conflictivo de las preguntas, los cuestionamientos o las contraargu-rnentaciones. Iln diálogo sin cuestionarnientos o sin desa-cuerd. os se em¡robrece, pero cuestionamientos o desacuerdos sin una relación de comprorniso personal en su base muy pronto harán que el proceso comu:ricativo se internrm¡ra' Ya Le exo"rir.ado el papel de los vínculos emocionales en eI m.antenirniento de ese cornpromiso, tr)ero cuando larelación dialógica se desanrolla durante un tiem¡ro, se transfotma err urf. vínculo de asociación en sí mismo. Los participantes llegan a sentir motivaciones independientes y cornpatibles (pero no necesariamente idénticas) parallegar al encuentro dialógico y pelnnanecer en é1. "¿Qué eb, pues, el habla vista desd'e el punto d'e vista de la i:ateracción? Es un ejemplo de ese ordenamiento ¡ror eI cual los individuos se reúnen y anirnan temas con un reclamo de atención ratificadó, co ún, corriente y operante, urr re-clamo que los introduce en rrna especie de mundo:mental intersubjetivo" (Goffinan, 1983, págs. 70-1). "El diálogo suministra las circunstancias por las qrre los oyentes y los hablantes colaboron sa im¿g:inan mundos si-rni'leu'es y en participar en ellos, (Tbnnen, 1989, páS. 17B). En este contexto comienza a d.ernrmbarse la dicotomía en-tre intereses cognitivos y emocionales. Visto en este sentido relacional firerte, y no como un pa-trón ñjo de aetos de habla, eI diálogo pone de m"anifi-esto rrna natrrraleza euolutiua, díarrónica. Los diálogos cambian con eltiempq paser¡ por distintas fases o estadios; cobren forma gradualttente, a rnedida que los participantes descubren .m.ás acerca del proceso comunicativo' acerca de los otros y del tema en cuesbión. Amenudo una conversación comienza con un patrón de interacción pero pasa a otro: una rliscusión pued.e uoluerse dialógica, o puede iniciarse co rro uin diálogo 79
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    _l I é*é é V é t'f Fi ¿cc .d ¡,|1 ?irr d7.i ?ri -i glíl J -l -J -l J-J J¿ 7¿ ¿ d4 A :r.J:Jili"##:1I:" *" alg' clisr,irrr, (r¡.,r r..,r(r.v.r.sia, por contribuye" ; ;:'_'rJ:.T:#t JI : l, I - ll : i i ll I : ; I, i ; ;, I ; ;,d:: "r,i:; coqiunto Ou ,o",::: l",irrt i¡.r,,',,,,* ,,,,,,,,ri1,r¡ r..t:r.<¡c.r las i-nsuficiencias de.nuestras ideal y lo que rrarÍarn"";;;";orr,rr,r*,.,,,r....r r,,,i,rr,,.,, l..st¡.(:1.(¡ de ese ese conocimiento rü t:.sl,o. r,or.srrpuesto, ni Io" L*fu""r,r., .r, er buen ..Jñ" j; ;;"*á;''J, relación :;:T; dialógica aunque _;; L,i, Jili,;i, :lil1f interesadas. la Ias partes buen"---'" a vr¡lunl,acl ,r,,i.r. a todas Para considerar con más deta-lle las actividades con Ias que estableceml-l-a relación d**r*, Tannen ( 1 g "*rrr;;;;;;J; nr" B g) ll.arna actos comunicativos ¿_i,r,eigstrraatoe"g-ia".s; ;d -e compromiso» : diversos Io que uno tiene forma a ra sustancia de que deJia;;.;;; en mente aI interlocu_ to¡r' y e'o para fortarecer ái tre los interlocuto-res. En "-.,t -r.nto de ünculación en- "t a" p"l"bras, actos como el de r,oTggla:s- "qtu e laor mquoen iecle inn terlocu-iJr"r:;;" de decir, usande ¿¡1._ con Ia experiencia del ,É"-.r J""á*_ -blecer referencias internas #;;;;r Ia conversación (por ' ejernflo, ..Eso se parece a Io que *t"A decÍa antesrr); el em_ pleo de imágenes aüractivas;;;;;, al humor; el ofreci_ miento espontán eo d",r,,- ilfoÁ-"Ja" nueva significativa, .y otras operacionef,_§o. ejemplos de ciertos actos de habla producidos en un y afecüvo: comu¡i*cfalnrr mo enqs;a;óje;s; ;a=c"enrc a Ios nivetes cogntivo también establecen_un del significado, pero senüimiento de confianza y wincuia_ ción. En esas actiüdades a;lc.-;lál elas pueden también no ser verbales). se pone d";"rifi;io Ia interdependencia de comprensión y ernpatía. Hay tambiéri experiencias extracomunicativas qrr" l,*f_L,¿l;i:oJ"";i.i"á¿iáliun;;.*"";:^"á , +; ü* ffi r;iHTlxi: lsh:::lH t?i:i§ culturales que hemos_experimentado en común, las coin_ cidencias por prorirnid"d;;;;;;H" gundo nornbre, (rener et mismo se_ como-una vez observó I{uri Vonneg.ut), una dre<el mde áresla;cti"odne"s" usoocipale;;s; ;i";d;;i;;';"":t;"""";::"":§H;:,l,T,i]i:; entrar en una situacron comu:eicativ. pe'n'mecer en era cuando ra ";;;;;*;:1":T1.ffi:il;:,i: En muchos contexto", ;;il;ü;.li' ol"r.,r,r¡rtr¡ r:r¡¡rr ri, en 80 asociaciolros cxtt trabajo.i.nr,,;,;,i"::ilH:#Ifr :ü'"'#'#J:;,T:lffiH: tiempo, tener amigos en corrrúr, etc.) puede ser una co,di_ ción para establecer y mantener r¡l buen arnbiente. En con_ textos educativos, esos elementos en comú¡r en la práctictr, la experiencia o la asociación prr"d". ser indispensables mo factores que fa,ci]if1 .l ¿i,A"g", y cc¡_ los docenl;es acaso so vean en la necesüad de buscar fo"áas de apelar a el,rs «r mo parte del cultivo de una relación dialógi;;; *;;irrr- nos o entre estos. Considerar el dialogo en for¡na diacrónica y evoltrtiv:r implica tarnfoi6¡ qr" .,, el corto plazo pueden har:er fhlt.ir algrrnas acomodaciones para .."á.,:r" relació¡r c.,,2 tl. tener un desa*o,o diverso en er tiempo: acomod¿¡ci.rrt:s r¡rrrr en sí rnismas podrían no ajustar"ra. lo" patrones irr.¡rr.s rr. Ia comunicación (como eI áe hace.á * Iado aer.orr¡ir¡r¡rrr¡r¡ puntos de üsta o eludir temas q.r. i.rti.oidan). J,as <:olrsirkr raciones evolutivas, juzgadas á-,üo.rt.*to, puec*».r I rrr <:.,. que se pase por alto ra aplicación estricta de l.ls rnisr¡¿¡s d1aess ll3ass de participación p"." toáo" lás interrocutores e'r.«¡- etapas- Comoquier-a que t"*¡lén reconocer que esas concesiones de "u", es importante plazo breve za:n a ,a relación dialógica definiiiáque deseam""o s".i .S"i. tn"o¡ _tiene en sencillarne"mente se breve nTte fpi.u"lei_dde"nd ;Ci;'comprornisos de plazo alentar nuevo desequilibrio a los parbicipLtes "r.-*-rl, o " r.-t rri. tos desafios con ros r¡u<,. aI fin tendrán que eiÍientars; tt". no podran dejar rr. c.rr- siderar. ,. I"l esa razón, es importa:ate, en er curso de una rerrrr:ir)r üalógica, expres¿r y defender ú;;" r más plena_mente de crear un rliá1.¡3«» participativo " ig"¿it".i". il; ";;;rtr, ",,, nes de la propia palabra _ influencia rro.-.[i.1" qrr" "aialo[oñ".r*o.ro"l;;;;;1"r. que las personas siéntl_n".y.it".á. ";'uá" ;r;J ratu¿n"q.*ure la asociación mente rrauy poco sea relativa_ lo que las una ("orr1á cuando los jefes ¡rcIí_ ticos de naciones en confricto irrsistl., en la necesidad de u¡r "diálogo" para resolver las di"ñ;;i. "El d,d'logo es una forma curturar e históricarrrente especí- fica de concebir determinad"s t ro"""ciones verba_les y, co_ mo tal, tiene una considerable f,r".r"-r"t¿rica (. . ts;gi..* amistad, reciprocidad, autenticidr* r.ra relación igualita_ I i i I I I B1
  • 18.
    r ria. Asíentendido, el diálogo no sola¡mente define esas rela-ciones sino que puede crear la ilusión de ellas donde no oxisten,' (Crapanzano, 199O, pág.. 27 O). Lo r¡uc Vincent Crapanzano llama..la ideología del diálogo" oH ¡rr:rlrl;ado, creo, salvo en un as¡recto: la fuerza retórica que cl rxrrrr:opto de diálogo lleva consigo no crea sirnFlernente la i,l.u.sión «lc esas relaciones (aunqrre, colalo cualquier tétmino ¡rr¡rrnal;ivo, pueda ser empleado ideológicernente)- En la ¡ncclicla en que ernpqia a los parhicipantes hacia relaciones tle esa clase, con las ilteracciones e¡rnunicativas qrre las suste¡rtan, puede prornover eI desarro[o real de esas rela-ciones tanto que pasarr a sustentarse a sí rnism.as. También aquí verrros eI carácter reflexivo de la relación dialógica: desarrollam,os nuestras capacidades para crear y rnantener una relación así sólo estando en ella, y debemos operar al rnenos con algunas -y dentro de algunas- de las rtilnciones dc que dis¡ronerrros. Es¡rerar a que se den las con-r I i<:ior¡os idonles ¡rara buscar o expresar esos valores implica l¡r¡r:orl¡r l)()r lrn ln¡rso terriblemente prolongado. Este pro-cr! n(, (luo Ho rrrrl,«r¡rro¡rulsa es la problemática esencial de rr¡rrrrrrrlizrlio orr ol tliálogo y por eI diálogo. Enseñarnos a rruorrl,rorr ilrl,o¡'lr¡«:r¡lxrrcs, ellos nos enseñan a nosotros, rtos nl¡rrr11¡ur¡oH ¡r ¡xr¡l<)l,ros misrnos en el contexto del sosteni-r¡ rirrrrl,r¡ .y ol rloHrrrr«rllo rle las relaciones d:ialógicas qrre real-l¡ ror¡l.o l,clurnrr¡s. Moj«lramos por vía de i:nitaci6n, práctica y ox¡rr:r'irnolrLrrción, en medio de acbividades qrre se desarro-lkr¡ r r:n l,icrtr¡ro real. De ese rnodo, diría yo, aprender a esta-blcccr un l¡ucn diálogo es como a¡rrender unjuego. ra I lo lir. b t, laa Jñ l¡ i0 lo {¡ IIp a5 p ,, ap p ?p?pp It aa lt a 82 í|. Jugar eI juego del diálogo El juego puede ser tanto serio como divertido. En el aná-lisis de lInns-Georg Gadamer (1982), el juego (Spi¿l) flrrge en una variedad de contextos: jugamos ----ejecutarn6s- ins-tnrmentos musicales, jugamos juegos, y jugamos senta.m.os-papeles. Podemos jugar eon una intenci-ónne epnr ela-mente -para ganar, para impresionar, para lograr nuesho fin- o ¡rodemos jugar de m.anera frlvola, "sólo por diyer-sión". Gadamer observa también empleos más insóIitc/s de "juego" de una puerta sobre sus goures, o el ..juego" de la luz sobre la superficie del agua. áQué hace que todas ese.q ct>- sas sean ejemplos de juego? Gadamer ve la esencia de todo juego en url molgg-g $I9 -d" 1gg#_€*.. "Si considerarnos eI uso de la palabra'Juego" y nos cen-tramos en los lla'rnados sentidos metafóricos, halla-naos que se habla de juego de Ia luz, del juego de las olas, de un juego de engranqjes, del juego recíproco de los miem.bros, del jue-go de firerzas, del juego de tensiones, hasta de un juego de palabras. En cada caso, se alude a un movimiento de vai-vén, que no está ligado ¿ ningurrá. meta alcanaada por la cual se pusiera ñn al juego (. . .) El movimiento hacia atrás y hacia adelante es sin duda tan fu¡rdamental para la de-finición de un juego qrre no tiene imlrcrtancia qrrién o qué realiza ese movimiento (. . .) El juego es la ejecución del mo-vimiento couro tal" (páS. 93). En este capítulo exploraré la metáfora de jugar al diálo, go, y describiré el diálogo corrro una forma de juego. f,6 rnis-mo queTotra.s cosas alas que jugamos, el diálogo constituye una relación en Ia que son posibles la espontaneidad y la seatividad. En el vaivén del intercambio de comentarios y de respuestas, el diálogo se alx¡ya sobre sí rnisrno para lle-gar a ¡esuftados nrrevos e ines¡rerados, lo que puede propor- 83