El caballito de mar, buscando fortuna, se encuentra con varios personajes que le ofrecen atajos y mejoras para su viaje. Al final, elige un camino riesgoso y desaparece dentro de un tiburón, ilustrando la importancia de tener un destino claro. La moraleja sugiere que sin un objetivo definido, las herramientas o rutas pueden ser ineficaces.