Este poema rinde homenaje a las madres de la comunidad de Kolokoso. Describe cómo las madres traen luz, ternura y ánimo para comenzar cada día nuevo, y cómo luchan trabajando incansablemente desde el amanecer hasta el ocaso a pesar de las dificultades. Aunque sufren dolor, mantienen su fe que se expresa a través de la danza y el canto dirigido a Dios, agradeciéndole por la vida.