El petrolero Exxon Valdez derramó 41,600 toneladas de crudo en el Prince William Sound de Alaska en marzo de 1989. Este desastre ecológico afectó más de 2,000 km de costa y llevó a la aprobación de nueva legislación ambiental en Estados Unidos. Exxon inicialmente negó responsabilidad y tuvo dificultades para manejar eficazmente la crisis de reputación, lo que perjudicó seriamente su imagen.