Una mamá lucha con un cocodrilo para salvar a su hijo en Florida, mostrando el poder del amor maternal. A pesar de las cicatrices que el niño lleva en las piernas, él recuerda con orgullo las marcas de las manos de su madre que lo sostuvieron con fuerza. La historia enfatiza que nuestras cicatrices pueden ser recordatorios de la protección divina en momentos difíciles.