Dios comenzó a comunicarse con el autor a través de un diálogo escrito en el que respondía las preguntas del autor. El autor transcribió las conversaciones durante 3 años sin comprender completamente lo que sucedía. Las respuestas de Dios abordaron temas personales y universales. El autor ahora entiende que el diálogo estaba destinado a ayudar no solo a él, sino a cualquier persona que lea el documento.