La devoción al Corazón Inmaculado de María se originó en el siglo XVII y ha ido creciendo a lo largo de los siglos. En Fátima en 1917, Nuestra Señora pidió la consagración del mundo a su Corazón Inmaculado. Consiste en entregar a María todo lo que somos para que nos moldee y una más a Jesús. Al consagrarse a Ella, confiamos en que nos ayudará a vivir como hijos de Dios y a llevar su mensaje de paz al mundo.