El rey demanda a los sabios de Babilonia que le revelen su sueño y su interpretación, pero se enfrentan a la imposibilidad de cumplir con su pedido, lo que genera su ira y un edicto de ejecución. Daniel, mostrando sabiduría y prudencia, intercede al comprender la situación y busca entender la causa del edicto. A través de su fe, se muestra que solo Dios puede proporcionar respuestas a lo que el rey requiere, y se hace hincapié en la importancia de la tranquilidad en momentos difíciles.