Este capítulo discute dos dificultades del pensamiento crítico occidental: imaginar el fin del capitalismo y el fin del colonialismo. El autor argumenta que estas dificultades se deben a que el pensamiento crítico se ha distanciado de los movimientos sociales. Propone que para superar estas dificultades se necesita crear distancia con la tradición crítica eurocéntrica y basarse más en las luchas sociales emergentes.