En la entrada del tercer milenio ningún estadista, filósofo
o especialista de las ciencias sociales duda que un
problema global de primerísima importancia es la conservación
del habitat del hombre. El desarrollo de una
conciencia ecológica en grupos progresivamente mayores
de seres humanos es resultado de la comprensión de
la relación hombre-naturaleza, de sus diferencias; pero,
asimismo, de su identidad.