Los edificios subterráneos se proponen como una solución viable para los problemas de concentración demográfica, falta de espacios públicos y contaminación en la Ciudad de México. Aunque presentan ventajas como permitir la expansión en una ciudad que no puede crecer hacia arriba, también enfrentan desventajas como altos costos de construcción y riesgos sísmicos. En conclusión, aunque son una alternativa interesante, la ciudad debe abordar primero asuntos más urgentes.