Minaya llevó treinta caballos del Cid como regalo al rey Alfonso de Castilla tras la victoria del Cid sobre los reyes moros. Aunque el rey dijo que era demasiado pronto para perdonar al Cid, aceptó el regalo y otorgó su gracia a Minaya, permitiendo la entrada y salida libre de su reino. El rey también permitió que los caballeros de sus tierras se unieran al Cid. Minaya informó al Cid sobre su conversación con el rey, lo que alegró al Cid aunque más contento