El documento describe el origen y propósito del ministerio extraordinario de la comunión durante el Concilio Vaticano II para permitir que más fieles reciban la comunión cuando haya pocos sacerdotes. Explica que los ministros deben tener una vida cristiana ejemplar, fe y buenas costumbres, y cultivar la devoción a la Eucaristía. También proporciona orientaciones sobre cómo distribuir apropiadamente la comunión y las normas diocesanas para seleccionar a los ministros.