El documento presenta una crítica del eneagrama, señalando que su origen está en el esoterismo y no en la tradición cristiana. Explica brevemente la historia del eneagrama y cómo fue popularizado, y analiza las distorsiones doctrinales que introduce sobre conceptos como el pecado, la naturaleza humana y la salvación. Finalmente, cita el documento de la Santa Sede que advierte sobre el uso del eneagrama.