El documento define el éxito no como títulos, dinero u otros logros materiales, sino como la capacidad de ayudar a otros, inspirarlos y ser recordado positivamente. Luego contrasta las actitudes de un "triunfador", que aprende de los errores y enfrenta los desafíos, con un "perdedor", que se justifica y echa la culpa a otros. Finalmente, invoca al líder aprista Víctor Raúl Haya de la Torre como el único triunfador que logró inspirar al pueblo peruano.