La revolución liberal ecuatoriana liderada por Eloy Alfaro entre 1895 y 1901 trajo importantes reformas como la separación de la iglesia y el estado, la eliminación de impuestos a indígenas y la adopción de un patrón oro. Alfaro convocó una asamblea constituyente en 1896 que estableció una nueva constitución con estas reformas. Más tarde, su sucesor Leónidas Plaza mantuvo las políticas liberales pero se distanció del radicalismo de Alfaro.