Serafín era un viejo mendigo que deambulaba por las calles de la ciudad con su fiel perro Moteado. A pesar de no tener un hogar o dinero, Serafín siempre estaba tranquilo y agradecido por cualquier comida que recibía. Un día, cuando alguien le compró un perro caliente, Serafín le dio la salchicha a Moteado porque "para el mejor amigo, el mejor pedazo". Esta sabiduría del mendigo enseñó al narrador que es bueno tener amigos en los que confiar.