El sabio le muestra tres milagros diarios al terrateniente poderoso - el amanecer del sol, el nacimiento de su hijo, y la cosecha en el campo - pero el terrateniente no los aprecia y pide ver uno espectacular como curar un conejo herido. Más tarde, el sabio cura al conejo cuando nadie más puede ver, explicando que se debe apreciar los pequeños milagros diarios en lugar de buscar solo espectáculos.