El pobre indio consigue un trabajo como sirviente en la casa de un hacendado. Una noche, el indio tiene un sueño extraño donde él y el hacendado se están muriendo de sed en el desierto. En el sueño, una anciana le da agua al indio pero no al hacendado, diciendo que los buenos que sufren deben ser recompensados, mientras que a los malos no. Al contarle el sueño al hacendado, este comprende que debe tratar a todos por igual y pide disculpas al indio por tratarlo mal.