Este poema cuestiona la fe ciega en una entidad divina y la necesidad de sacrificar la voluntad propia. Señala que la fe se desvanece como una flor marchita y que el hombre ha vivido encarcelado por creer ciegamente. Insta al lector a seguir su propia voluntad en lugar de ser un títere de fuerzas externas y a explorar un camino renovado guiado por su ser interior.