Este diseñador francés de zapatos de alto prestigio comenzó su carrera a los 16 años dibujando calzado para bailarinas en el cabaret Folies Bergère. A pesar de no tener dinero para producirlos, persistió en su pasión por el diseño de zapatos. Más tarde abrió su propia tienda en París en 1992 y ganó fama internacional cuando la princesa Carolina de Mónaco fue vista comprando sus zapatos. Un sello distintivo de sus creaciones es que pinta la suela de todos sus zapatos con barniz de uñas