Dios comparte sus lecciones de vida más importantes con un soñador. En tres oraciones o menos, Dios se sorprende de que los humanos quieran crecer rápido pero luego deseen ser niños, malgasten la salud por dinero y luego gasten dinero por salud, y vivan como si no fueran a morir aunque mueran como si no hubieran vivido. Dios también enseña que lo más valioso no es lo que se tiene sino a quien se tiene, y que la felicidad no puede comprarse con dinero.