PRESENTADO POR:

      LILIANA VARGAS

       JAIRO MORA.

     MYRIAM MARTIN.
También llamada hora mágica, tiene lugar en esa
 franja del día tan apreciada por los fotógrafos de
 paisaje: el atardecer y el amanecer. De duración e
  intensidad variable en función de las condiciones
    atmosféricas, la hora dorada se refiere a esos
momentos previos a la puesta de sol o posteriores a
     la salida: la luz, de dirección horizontal casi
 paralela al suelo, adquiere un tono marcadamente
    cálido. El paisaje se tiñe de matices de colores
cálidos, confiriendo al paisaje un aspecto dramático
    muy diferente al que tiene el resto del día. Las
sombras se alargan, creando un interesante efecto
 de relieve y a su vez, de contraste de color entre
   las zonas iluminadas cálidas y las sombras frías.
Proviene de la expresión francesa l’heure bleue y
 hace referencia al período de penumbra que se
 produce en los extremos del día: la aurora y el
crepúsculo, donde no hay luz diurna completa ni
  oscuridad completa. En el caso de la tarde, se
  presenta inmediatamente después de la hora
  dorada, cuando el sol ya se ha ocultado. En el
caso de la mañana, entre la oscuridad nocturna y
  el alba. Al igual que la hora dorada, tiene una
duración en torno a los 30-45 minutos. La inmensa
 mayoría de fotografías de paisaje de los grandes
  autores están realizadas en estos dos grandes
 momentos: la hora dorada y su continuidad: la
                     hora azul.
Proceso de la hora azul al atardecer (extremo del día más
cómodo para presenciar)
El sol, una vez se ha ocultado tras el horizonte, deja de iluminar
    directamente la superficie de la Tierra. En ese período de
 tiempo, no obstante, los rayos solares iluminan las capas altas
     de la atmósfera sobre nosotros, en un proceso gradual de
atenuación hasta la oscuridad total de la noche. En ese lapso de
   tiempo —la transición entre el ocaso y la noche cerrada— el
paisaje se baña de una luz difusa, tenue, envolvente y cálida así
como de los matices de color más sutiles, en constante cambio.
    Esa porción de atmósfera iluminada por un sol ya oculto se
  convierte en una fuente de luz de bajo contraste que ilumina
       sugestivamente el paisaje ya sumido en las primeras
penumbras. El ambiente adquiere un tono marcadamente azul,
      que contrasta con la calidez de los objetos suavemente
iluminados. Asimismo, en los últimos momentos de la hora azul,
     minutos antes de la oscuridad, el crepúsculo puede venir
 acompañado de espléndidos efectos de color y luz en el cielo,
  sobre el horizonte donde el sol se ha ocultado. Obviamente el
          proceso es a la inversa en el caso del amanecer.
El cinturón de Venus
Escasos minutos después de la puesta de sol, a medida
 que el crepúsculo avanza —al inicio de la hora azul—, se
     alza lentamente una banda oscura en el horizonte
opuesto al ocaso. Es la sombra de la Tierra proyectada en
la atmósfera. Inmediatamente encima de ella, allí donde
    el sol aún ilumina el cielo, brilla una delgada banda
 luminosa de un hermoso y vivo tono rosado. Se trata del
   arco anti crepuscular, el cinturón de Venus —“Belt of
  Venus” en el mundo anglosajón—. El color rosado es el
resultante de la mezcla de la luz y la sombra: la luz solar
    rasante dispersa del extremo del día, intensamente
   enrojecida (dispersión de Rayleigh), se mezcla con el
 profundo azul de la penumbra que provoca la sombra de
  la Tierra, resultando en un encendido color rosado. El
    cinturón de Venus se observa siempre en el cielo de
      poniente al amanecer y en el cielo de levante al
     atardecer. El cinturón luminoso alcanza una altura
   aproximada de 20 grados sobre el horizonte antes de
    desvanecerse suavemente como consecuencia de la
            penumbra completa en la atmósfera.
El nombre de este fugaz efecto de luz hace alusión
 al momento del día en que Venus brilla, solitaria en
   el cielo, tanto al crepúsculo como en la aurora.
El cinturón de Venus suele aparecer en días de buena
       visibilidad, siempre y cuando las nubes no
   interrumpan su visión. Puede variar bastante de
      intensidad, dependiendo de las condiciones
atmosféricas del momento. Por regla general, cuanta
   menos humedad ambiental, más evidente será el
    efecto. Este interesante fenómeno, entre otras
 cosas, nos da la oportunidad de disfrutar de una de
  las escasas escenas en la naturaleza en las que el
tono rosa o magenta destaca poderosamente. Debido
a la conocida ineficacia de los sensores digitales para
    reproducir fielmente dicho color, éste aparece
        siempre más apagado en las fotografías.
La atmósfera —la capa más cercana a la superficie— además
   del aire necesario para la vida, contiene una determinada
 cantidad de partículas líquidas y sólidas en suspensión: vapor
      de agua (humedad ambiental, nubes), así como tierra,
  arena, polen, cenizas, aerosoles y cómo no, contaminación.
    La luz, al atravesar la atmósfera, se encuentra con estos
 diminutos elementos en suspensión, actuando éstos como un
 gran difusor: la luz se dispersa. Algo así como el foco de una
     linterna atravesando una nube de humo de tabaco en la
 oscuridad nocturna. Los rayos crepusculares surgen cuando la
luz, a su paso por la atmósfera, se ve interrumpida o atenuada
      por objetos de diversa densidad —típicamente nubes o
      montañas— que actúan como filtros o “máscaras”. Las
   máscaras bloquean el paso de la luz, creando sombras. Es
cuando se forman los característicos y llamativos haces de luz.
    Debido a la complejidad de los factores implicados en el
    fenómeno, pueden llegar a tener muy variados aspectos.
     Algunas veces pueden formarse auténticos espectáculos
   visuales que, como todo efecto de luz en la naturaleza, se
         prolongará sólo por un breve espacio de tiempo.
Uno de los ejemplos más corrientes podría ser la escena de una nube sobre
 el horizonte poco antes del ocaso. El sol, oculto tras la nube, despliega un
 vistoso abanico de haces de luz a través del cielo o las mismas nubes, que
   parecen surgir mágicamente desde un punto situado justo detrás. En la
  naturaleza se producen infinitas combinaciones, cada una de ellas dando
   lugar a una situación original. Su vistosidad dependerá del contexto: la
  posición del observador respecto al sol y los elementos, la naturaleza de
  dichos elementos, las condiciones meteorológicas y el momento del día.
    Pero ¿por qué razón percibimos los rayos crepusculares como si fueran
      divergentes, si sabemos que los rayos de sol son paralelos entre sí?
 Sencillamente, debido al efecto de la perspectiva. De la misma forma que
  percibimos las vías del tren en un terreno llano: a medida que las vías se
          alejan de nosotros, éstas van convergiendo hacia un punto.
Curiosamente, la acepción “rayos crepusculares” no hace mucho honor a su
      nombre, ya que el principio que los origina puede manifestarse en
cualquier momento del día, mientras exista luz en el ambiente. Eso sí, con
     mayor frecuencia en los extremos del día. El fenómeno recibe varios
        nombres distintos: rayos de Dios, efecto Tyndall, dispersión de
 Rayleigh, escalera de Jacob… En el ámbito de la fotografía de paisaje, fue
el fotógrafo norteamericano Galen Rowell quien se refirió a este fenómeno
como «rayos divinos». Un apelativo que a mí personalmente me parece el
                                 más acertado.
Uno de los fenómenos de luz más singulares que se pueden presenciar en
la naturaleza son los rayos anti-crepusculares. Este curioso efecto de luz
 de aspecto sobrenatural, originado por los rayos del sol en los extremos
                del día, se produce con muy poca frecuencia.
Los rayos anti-crepusculares son similares a los rayos crepusculares, pero
  se ven en el extremo opuesto al sol en el cielo (punto anti-solar). Los
 rayos anti-crepusculares son paralelos, aunque parecen converger en el
punto anti-solar, debido al efecto de la perspectiva (efecto vías del tren
                           rectas en terreno llano).
     En la mayoría de ocasiones, los rayos anti-crepusculares se hacen
      visibles en los momentos anteriores o posteriores al amanecer y
 atardecer. En el caso del atardecer, al término de la hora dorada o bien
   al inicio de la hora azul. Los rayos anti-crepusculares poseen menos
   brillo que los rayos crepusculares, a pesar de estar generados por la
  misma fuente. Esto es debido a que la luz de los rayos crepusculares,
vistos en la misma región del cielo donde se encuentra el sol, sufren una
      dispersión atmosférica menor que los rayos anti-crepusculares,
extendidos en la región opuesta del cielo, respecto al observador (teoría
  de Mie). Aunque los rayos anti-crepusculares parecen converger en un
   punto opuesto al sol, la convergencia es en realidad una ilusión. Los
  rayos de sol son, de hecho, paralelos y la aparente convergencia es el
                         punto de fuga en el infinito.
Este fenómeno no es una excepción en Mallorca y puede
    ser observado desde cualquier punto, mientras el
  observador disponga de vistas abiertas y despejadas
hacia la región en el cielo opuesta al sol. Al igual que los
rayos crepusculares, los rayos anti-crepusculares pueden
    tener un aspecto muy diferente en función de las
    condiciones ambientales del momento: desde un
  contrastado chorro de luz de vivos colores ocupando
gran parte del cielo hasta un débil juego de haces de luz
              dispersos casi imperceptible.
   Resultan imposibles de predecir, aunque podríamos
 generalizar sobre las condiciones más propicias para su
                         aparición:
 Observables momentos antes y después del amanecer y
                      del atardecer.
      Atmósfera con un nivel muy bajo de humedad
                        ambiental.
           Cielos completamente despejados.
Entre la infinidad de hermosos y delicados efectos de luz que
      encontramos en la naturaleza, hay uno que siempre me ha
llamado la atención por su especial belleza y por su vistosidad: las
 nubes iluminadas por el sol cuando éste permanece oculto tras el
 horizonte. Un motivo que suele plasmarse con gran efectismo en
   la fotografía y que puede verse, por lo general, durante los 30
minutos posteriores a la puesta de sol y anteriores a la salida. Se
     trata de un fenómeno relativamente común y visible desde
   prácticamente cualquier lugar. Afortunadamente, en Mallorca
  contamos con una amplia variedad de posibles escenarios: mar,
                             montaña, llano.
   Dependiendo de las condiciones ambientales del momento, el
 brillo de la luz solar en las nubes puede producir los más diversos
  efectos: desde unas tenues filas o pinceladas rosadas en el cielo
  hasta el espectáculo más dramático y colorista. La variedad es,
   por supuesto, infinita, siempre constituyendo una sorpresa en
               función de las condiciones del momento:
 • El tipo de nubes presentes en el cielo, la cantidad y su posición
                             respecto al sol.
      • El grado de limpieza del aire: cuanto más limpio, mayor
                    visibilidad y saturación de color
Durante el otoño y la primavera abundan un tipo de nubes altas
   llamadas Cirrus que suelen estar asociadas a los cambios de tiempo.
Formadas por capas de cristales de hielo, son conocidas por sus sinuosas
  y caprichosas formas que recuerdan a una cabellera. Se caracterizan
 por estar situadas a una gran altitud: entre los 8.000 y 12.000 metros.
 Son las “nubes iluminadas” por excelencia. Cuando el sol se encuentra
aún muy por debajo del horizonte, con frecuencia, el observador puede
 ver los Cirrus iluminados en el cielo cuando el paisaje se encuentra en
penumbra, creando un contraste de luz y color sumamente interesante.
Otro tipo de formaciones nubosas muy sugerentes son la llamadas nubes
 lenticulares (Altocumulus Lenticularis). Mucho menos frecuentes y de
  breve duración, tienen formas caprichosas de lente o platillo. Suelen
    formarse en condiciones de fuertes vientos . Si se presentan en los
     extremos del día y las condiciones ambientales son favorables, el
                       espectáculo está garantizado.
 A la hora de fotografiar las nubes iluminadas, prácticamente todas las
  escenas requerirán del uso de un filtro de densidad neutral graduado
para obtener resultados óptimos. De esta manera se consigue equilibrar
  las altas luces de la mitad superior y las sombras de la mitad inferior.
Este efecto óptico se produce cuando la luz solar
       atraviesa gotas de agua en suspensión,
   descomponiéndose en una gradación de siete
colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil
 y violeta. Como todos los fenómenos ópticos, su
    observación depende exclusivamente de la
 posición del observador respecto a la dirección
    de la luz y las gotas de agua. El observador
    visualizará el arcoíris frente a él cuando la
     fuente de luz se encuentre a sus espaldas.
  El arcoíris puede tener múltiples orígenes: una
   cortina de lluvia, una nube de vapor de agua
      generada por una cascada o un temporal
 marítimo… Resumiendo, en un ambiente donde
se reúnan simultáneamente la luz solar directa y
            gotas de agua en suspensión.
Uno de los efectos de luz más hermosos que pueden presenciarse en la
naturaleza: la sombra de la montaña sobre la que se sitúa el
observador, proyectada sobre el paisaje.
En los extremos del día —y si las condiciones ambientales son
adecuadas— la sombra proyectada por una montaña puede extenderse
a lo largo de una distancia extremadamente larga. Lógicamente, para
observar este fenómeno, el observador ha de encontrarse situado en la
cima de una montaña durante el alba o el ocaso. Cuanto más
prominente sea el relieve, más destacada será la sombra. Las largas
sombras de montañas aparecen retratadas con frecuencia en fotografías
de alta montaña. Siempre que se presenten las condiciones favorables,
podemos disfrutar con igual esplendor de este sugerente espectáculo en
Mallorca. La Serra de Tramuntana, recorrida por numerosos relieves
suficientemente prominentes, resulta el lugar idóneo para su
observación.
Condiciones favorables para contemplar sombras de montañas:
• El efecto se produce durante los primeros instantes posteriores a la
salida de sol por el horizonte o bien los últimos momentos antes de la
puesta.
• Ausencia total de nubes entre el observador y el sol.
• Humedad relativa baja.
• Atmósfera limpia, pese a que invariablemente ésta contiene gran
cantidad de macropartículas en suspensión.
Fenomenos de la luz

Fenomenos de la luz

  • 1.
    PRESENTADO POR: LILIANA VARGAS JAIRO MORA. MYRIAM MARTIN.
  • 9.
    También llamada horamágica, tiene lugar en esa franja del día tan apreciada por los fotógrafos de paisaje: el atardecer y el amanecer. De duración e intensidad variable en función de las condiciones atmosféricas, la hora dorada se refiere a esos momentos previos a la puesta de sol o posteriores a la salida: la luz, de dirección horizontal casi paralela al suelo, adquiere un tono marcadamente cálido. El paisaje se tiñe de matices de colores cálidos, confiriendo al paisaje un aspecto dramático muy diferente al que tiene el resto del día. Las sombras se alargan, creando un interesante efecto de relieve y a su vez, de contraste de color entre las zonas iluminadas cálidas y las sombras frías.
  • 15.
    Proviene de laexpresión francesa l’heure bleue y hace referencia al período de penumbra que se produce en los extremos del día: la aurora y el crepúsculo, donde no hay luz diurna completa ni oscuridad completa. En el caso de la tarde, se presenta inmediatamente después de la hora dorada, cuando el sol ya se ha ocultado. En el caso de la mañana, entre la oscuridad nocturna y el alba. Al igual que la hora dorada, tiene una duración en torno a los 30-45 minutos. La inmensa mayoría de fotografías de paisaje de los grandes autores están realizadas en estos dos grandes momentos: la hora dorada y su continuidad: la hora azul.
  • 17.
    Proceso de lahora azul al atardecer (extremo del día más cómodo para presenciar) El sol, una vez se ha ocultado tras el horizonte, deja de iluminar directamente la superficie de la Tierra. En ese período de tiempo, no obstante, los rayos solares iluminan las capas altas de la atmósfera sobre nosotros, en un proceso gradual de atenuación hasta la oscuridad total de la noche. En ese lapso de tiempo —la transición entre el ocaso y la noche cerrada— el paisaje se baña de una luz difusa, tenue, envolvente y cálida así como de los matices de color más sutiles, en constante cambio. Esa porción de atmósfera iluminada por un sol ya oculto se convierte en una fuente de luz de bajo contraste que ilumina sugestivamente el paisaje ya sumido en las primeras penumbras. El ambiente adquiere un tono marcadamente azul, que contrasta con la calidez de los objetos suavemente iluminados. Asimismo, en los últimos momentos de la hora azul, minutos antes de la oscuridad, el crepúsculo puede venir acompañado de espléndidos efectos de color y luz en el cielo, sobre el horizonte donde el sol se ha ocultado. Obviamente el proceso es a la inversa en el caso del amanecer.
  • 20.
  • 21.
    Escasos minutos despuésde la puesta de sol, a medida que el crepúsculo avanza —al inicio de la hora azul—, se alza lentamente una banda oscura en el horizonte opuesto al ocaso. Es la sombra de la Tierra proyectada en la atmósfera. Inmediatamente encima de ella, allí donde el sol aún ilumina el cielo, brilla una delgada banda luminosa de un hermoso y vivo tono rosado. Se trata del arco anti crepuscular, el cinturón de Venus —“Belt of Venus” en el mundo anglosajón—. El color rosado es el resultante de la mezcla de la luz y la sombra: la luz solar rasante dispersa del extremo del día, intensamente enrojecida (dispersión de Rayleigh), se mezcla con el profundo azul de la penumbra que provoca la sombra de la Tierra, resultando en un encendido color rosado. El cinturón de Venus se observa siempre en el cielo de poniente al amanecer y en el cielo de levante al atardecer. El cinturón luminoso alcanza una altura aproximada de 20 grados sobre el horizonte antes de desvanecerse suavemente como consecuencia de la penumbra completa en la atmósfera.
  • 23.
    El nombre deeste fugaz efecto de luz hace alusión al momento del día en que Venus brilla, solitaria en el cielo, tanto al crepúsculo como en la aurora. El cinturón de Venus suele aparecer en días de buena visibilidad, siempre y cuando las nubes no interrumpan su visión. Puede variar bastante de intensidad, dependiendo de las condiciones atmosféricas del momento. Por regla general, cuanta menos humedad ambiental, más evidente será el efecto. Este interesante fenómeno, entre otras cosas, nos da la oportunidad de disfrutar de una de las escasas escenas en la naturaleza en las que el tono rosa o magenta destaca poderosamente. Debido a la conocida ineficacia de los sensores digitales para reproducir fielmente dicho color, éste aparece siempre más apagado en las fotografías.
  • 27.
    La atmósfera —lacapa más cercana a la superficie— además del aire necesario para la vida, contiene una determinada cantidad de partículas líquidas y sólidas en suspensión: vapor de agua (humedad ambiental, nubes), así como tierra, arena, polen, cenizas, aerosoles y cómo no, contaminación. La luz, al atravesar la atmósfera, se encuentra con estos diminutos elementos en suspensión, actuando éstos como un gran difusor: la luz se dispersa. Algo así como el foco de una linterna atravesando una nube de humo de tabaco en la oscuridad nocturna. Los rayos crepusculares surgen cuando la luz, a su paso por la atmósfera, se ve interrumpida o atenuada por objetos de diversa densidad —típicamente nubes o montañas— que actúan como filtros o “máscaras”. Las máscaras bloquean el paso de la luz, creando sombras. Es cuando se forman los característicos y llamativos haces de luz. Debido a la complejidad de los factores implicados en el fenómeno, pueden llegar a tener muy variados aspectos. Algunas veces pueden formarse auténticos espectáculos visuales que, como todo efecto de luz en la naturaleza, se prolongará sólo por un breve espacio de tiempo.
  • 29.
    Uno de losejemplos más corrientes podría ser la escena de una nube sobre el horizonte poco antes del ocaso. El sol, oculto tras la nube, despliega un vistoso abanico de haces de luz a través del cielo o las mismas nubes, que parecen surgir mágicamente desde un punto situado justo detrás. En la naturaleza se producen infinitas combinaciones, cada una de ellas dando lugar a una situación original. Su vistosidad dependerá del contexto: la posición del observador respecto al sol y los elementos, la naturaleza de dichos elementos, las condiciones meteorológicas y el momento del día. Pero ¿por qué razón percibimos los rayos crepusculares como si fueran divergentes, si sabemos que los rayos de sol son paralelos entre sí? Sencillamente, debido al efecto de la perspectiva. De la misma forma que percibimos las vías del tren en un terreno llano: a medida que las vías se alejan de nosotros, éstas van convergiendo hacia un punto. Curiosamente, la acepción “rayos crepusculares” no hace mucho honor a su nombre, ya que el principio que los origina puede manifestarse en cualquier momento del día, mientras exista luz en el ambiente. Eso sí, con mayor frecuencia en los extremos del día. El fenómeno recibe varios nombres distintos: rayos de Dios, efecto Tyndall, dispersión de Rayleigh, escalera de Jacob… En el ámbito de la fotografía de paisaje, fue el fotógrafo norteamericano Galen Rowell quien se refirió a este fenómeno como «rayos divinos». Un apelativo que a mí personalmente me parece el más acertado.
  • 32.
    Uno de losfenómenos de luz más singulares que se pueden presenciar en la naturaleza son los rayos anti-crepusculares. Este curioso efecto de luz de aspecto sobrenatural, originado por los rayos del sol en los extremos del día, se produce con muy poca frecuencia. Los rayos anti-crepusculares son similares a los rayos crepusculares, pero se ven en el extremo opuesto al sol en el cielo (punto anti-solar). Los rayos anti-crepusculares son paralelos, aunque parecen converger en el punto anti-solar, debido al efecto de la perspectiva (efecto vías del tren rectas en terreno llano). En la mayoría de ocasiones, los rayos anti-crepusculares se hacen visibles en los momentos anteriores o posteriores al amanecer y atardecer. En el caso del atardecer, al término de la hora dorada o bien al inicio de la hora azul. Los rayos anti-crepusculares poseen menos brillo que los rayos crepusculares, a pesar de estar generados por la misma fuente. Esto es debido a que la luz de los rayos crepusculares, vistos en la misma región del cielo donde se encuentra el sol, sufren una dispersión atmosférica menor que los rayos anti-crepusculares, extendidos en la región opuesta del cielo, respecto al observador (teoría de Mie). Aunque los rayos anti-crepusculares parecen converger en un punto opuesto al sol, la convergencia es en realidad una ilusión. Los rayos de sol son, de hecho, paralelos y la aparente convergencia es el punto de fuga en el infinito.
  • 34.
    Este fenómeno noes una excepción en Mallorca y puede ser observado desde cualquier punto, mientras el observador disponga de vistas abiertas y despejadas hacia la región en el cielo opuesta al sol. Al igual que los rayos crepusculares, los rayos anti-crepusculares pueden tener un aspecto muy diferente en función de las condiciones ambientales del momento: desde un contrastado chorro de luz de vivos colores ocupando gran parte del cielo hasta un débil juego de haces de luz dispersos casi imperceptible. Resultan imposibles de predecir, aunque podríamos generalizar sobre las condiciones más propicias para su aparición: Observables momentos antes y después del amanecer y del atardecer. Atmósfera con un nivel muy bajo de humedad ambiental. Cielos completamente despejados.
  • 37.
    Entre la infinidadde hermosos y delicados efectos de luz que encontramos en la naturaleza, hay uno que siempre me ha llamado la atención por su especial belleza y por su vistosidad: las nubes iluminadas por el sol cuando éste permanece oculto tras el horizonte. Un motivo que suele plasmarse con gran efectismo en la fotografía y que puede verse, por lo general, durante los 30 minutos posteriores a la puesta de sol y anteriores a la salida. Se trata de un fenómeno relativamente común y visible desde prácticamente cualquier lugar. Afortunadamente, en Mallorca contamos con una amplia variedad de posibles escenarios: mar, montaña, llano. Dependiendo de las condiciones ambientales del momento, el brillo de la luz solar en las nubes puede producir los más diversos efectos: desde unas tenues filas o pinceladas rosadas en el cielo hasta el espectáculo más dramático y colorista. La variedad es, por supuesto, infinita, siempre constituyendo una sorpresa en función de las condiciones del momento: • El tipo de nubes presentes en el cielo, la cantidad y su posición respecto al sol. • El grado de limpieza del aire: cuanto más limpio, mayor visibilidad y saturación de color
  • 39.
    Durante el otoñoy la primavera abundan un tipo de nubes altas llamadas Cirrus que suelen estar asociadas a los cambios de tiempo. Formadas por capas de cristales de hielo, son conocidas por sus sinuosas y caprichosas formas que recuerdan a una cabellera. Se caracterizan por estar situadas a una gran altitud: entre los 8.000 y 12.000 metros. Son las “nubes iluminadas” por excelencia. Cuando el sol se encuentra aún muy por debajo del horizonte, con frecuencia, el observador puede ver los Cirrus iluminados en el cielo cuando el paisaje se encuentra en penumbra, creando un contraste de luz y color sumamente interesante. Otro tipo de formaciones nubosas muy sugerentes son la llamadas nubes lenticulares (Altocumulus Lenticularis). Mucho menos frecuentes y de breve duración, tienen formas caprichosas de lente o platillo. Suelen formarse en condiciones de fuertes vientos . Si se presentan en los extremos del día y las condiciones ambientales son favorables, el espectáculo está garantizado. A la hora de fotografiar las nubes iluminadas, prácticamente todas las escenas requerirán del uso de un filtro de densidad neutral graduado para obtener resultados óptimos. De esta manera se consigue equilibrar las altas luces de la mitad superior y las sombras de la mitad inferior.
  • 41.
    Este efecto ópticose produce cuando la luz solar atraviesa gotas de agua en suspensión, descomponiéndose en una gradación de siete colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta. Como todos los fenómenos ópticos, su observación depende exclusivamente de la posición del observador respecto a la dirección de la luz y las gotas de agua. El observador visualizará el arcoíris frente a él cuando la fuente de luz se encuentre a sus espaldas. El arcoíris puede tener múltiples orígenes: una cortina de lluvia, una nube de vapor de agua generada por una cascada o un temporal marítimo… Resumiendo, en un ambiente donde se reúnan simultáneamente la luz solar directa y gotas de agua en suspensión.
  • 45.
    Uno de losefectos de luz más hermosos que pueden presenciarse en la naturaleza: la sombra de la montaña sobre la que se sitúa el observador, proyectada sobre el paisaje. En los extremos del día —y si las condiciones ambientales son adecuadas— la sombra proyectada por una montaña puede extenderse a lo largo de una distancia extremadamente larga. Lógicamente, para observar este fenómeno, el observador ha de encontrarse situado en la cima de una montaña durante el alba o el ocaso. Cuanto más prominente sea el relieve, más destacada será la sombra. Las largas sombras de montañas aparecen retratadas con frecuencia en fotografías de alta montaña. Siempre que se presenten las condiciones favorables, podemos disfrutar con igual esplendor de este sugerente espectáculo en Mallorca. La Serra de Tramuntana, recorrida por numerosos relieves suficientemente prominentes, resulta el lugar idóneo para su observación. Condiciones favorables para contemplar sombras de montañas: • El efecto se produce durante los primeros instantes posteriores a la salida de sol por el horizonte o bien los últimos momentos antes de la puesta. • Ausencia total de nubes entre el observador y el sol. • Humedad relativa baja. • Atmósfera limpia, pese a que invariablemente ésta contiene gran cantidad de macropartículas en suspensión.