El graffiti comenzó en Tijuana y se extendió a Guadalajara, donde se fundó una escuela de graffiteros. Más tarde, las pandillas introdujeron el graffiti como símbolo de su grupo, dibujando letras y figuras representativas. Actualmente en la Ciudad de México existen alrededor de 50 grupos de graffiteros que siguen reglas establecidas por sus líderes sobre dónde y cómo pintar, excluyendo escuelas e iglesias.