El emperador ordenó pintar un dragón protector en un templo. El artista Chang Seng-Yu lo pintó sin ojos para evitar que cobrara vida y buscara su hogar, pero su aprendiz Lu Shi no le creyó y le pintó los ojos, haciendo que el dragón cobrara vida y quemara a Lu Shi al irse en busca de su hogar, demostrando que Chang Seng-Yu tenía razón.