El autor sacó a Jesús del sagrario para dar un paseo por la calle. Jesús se sentía feliz viendo el mundo creado por su Padre y acariciando a los niños, pero tuvo que aprender a respetar los semáforos y no sabía usar las escaleras mecánicas. También visitaron un bar, donde Jesús se sorprendió de ver a la gente tomando cervezas y café, aunque él no pudo invitar. El autor disfrutó enseñándole a Jesús sobre la vida de las personas.